Mundo
Europa investiga la pista rusa tras las amenazas de bomba en vuelos
Los servicios europeos investigan si activistas prorrusos o hackers están detrás de los avisos de bomba que han provocado desvíos y evacuaciones.
Resumen
- Europa investiga una posible conexión rusa con las amenazas de bomba
- Decenas de vuelos han sufrido desvíos y controles por las alertas
- También hubo evacuaciones en televisiones, sin explosivos hallados
Los servicios de inteligencia y seguridad europeos investigan si Rusia está detrás de la oleada de falsas amenazas de bomba que ha afectado a decenas de vuelos comerciales en distintos países durante esta semana. La investigación, coordinada entre varios Estados, examina la posible participación de activistas próximos al Kremlin o grupos de piratas informáticos, según ha publicado este sábado 7 de noviembre el Financial Times.
Algunos responsables de los servicios de inteligencia consideran que la pista rusa es una de las hipótesis más probables, atendiendo a los posibles motivos, los métodos empleados, los antecedentes y los primeros indicios técnicos. Sin embargo, todavía no existen pruebas concluyentes que permitan identificar a los autores ni atribuir las amenazas al Gobierno de Vladímir Putin.
La sucesión de avisos ha obligado a desviar aviones, movilizar cazas militares, inspeccionar aeronaves y activar protocolos de emergencia en numerosos aeropuertos europeos. No se han encontrado explosivos ni se han registrado heridos relacionados con estas amenazas. Lo que preocupa a las autoridades es la aparente coordinación de los mensajes y su capacidad para alterar el transporte aéreo sin necesidad de ejecutar un atentado.
Los servicios europeos investigan una posible conexión rusa
La investigación intenta determinar si los avisos proceden de una misma estructura organizada y si sus responsables actuaron desde territorio ruso o utilizaron medios vinculados a ese país.
Según la información publicada por el Financial Times, las agencias de seguridad europeas están intercambiando información para reconstruir el origen de las comunicaciones y establecer posibles relaciones entre los incidentes.
Una de las principales hipótesis apunta a grupos de activistas favorables al Kremlin o colectivos de piratas informáticos capaces de organizar campañas de intimidación mediante comunicaciones anónimas. No obstante, incluso si se confirmase la participación de personas vinculadas ideológicamente a Moscú, eso no demostraría necesariamente que actuaron siguiendo instrucciones de los servicios secretos rusos.
La dificultad está precisamente ahí. Las amenazas se han distribuido mediante correos electrónicos enviados desde distintas cuentas, con mensajes adaptados lingüísticamente a sus destinatarios. Algunos investigadores han encontrado indicios compatibles con un origen ruso, aunque la procedencia técnica de un mensaje no identifica por sí sola a quien lo escribió.
Tampoco se descartan imitadores, grupos independientes o personas que intenten fabricar pistas falsas para orientar las sospechas hacia un responsable concreto.
Decenas de vuelos afectados y aviones escoltados por cazas
La oleada comenzó a adquirir una dimensión especialmente preocupante durante los primeros días de noviembre.
Los datos comunicados por las autoridades europeas reflejan al menos siete vuelos amenazados el martes 3 de noviembre y una escalada que, al terminar el jueves 5, había afectado a cerca de treinta vuelos, con nuevos avisos registrados el viernes 6.
Los incidentes han afectado a operaciones aéreas en Francia, Italia, Bulgaria, Hungría, República Checa y otros países. Algunas tripulaciones recibieron instrucciones para aterrizar en aeropuertos alternativos, mientras que las fuerzas de seguridad inspeccionaron los aparatos y sus equipajes.
Uno de los episodios más destacados afectó a un vuelo de Wizz Air que viajaba desde Praga hasta Roma y tuvo que desviarse a Venecia el viernes. Sus pasajeros fueron evacuados después del aterrizaje.
En Hungría, aviones de combate escoltaron tres vuelos comerciales que habían recibido amenazas mientras atravesaban el espacio aéreo del país. Francia también activó procedimientos de seguridad para inspeccionar cuatro aeronaves que aterrizaron en el aeropuerto parisino de Orly.
La magnitud del dispositivo contrasta con el resultado de las inspecciones: hasta el momento, las autoridades no han localizado artefactos explosivos relacionados con los avisos.
España también figura entre los países afectados
La situación ha alcanzado igualmente a vuelos con origen o destino en España.
Durante la semana se han registrado amenazas que afectaron a operaciones de compañías como Ryanair y a conexiones relacionadas con aeropuertos españoles. Los avisos han provocado comprobaciones de seguridad y alteraciones operativas en distintos trayectos europeos.
El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, declaró el viernes 6 de noviembre que Europa podría estar enfrentándose a una forma de «agresión híbrida y guerra psicológica».
El responsable de la diplomacia española considera que la acumulación de incidentes difícilmente puede explicarse únicamente por el azar, aunque reconoció que determinar su origen requerirá tiempo.
Sus declaraciones sitúan las amenazas dentro de un contexto más amplio de operaciones destinadas a desestabilizar servicios esenciales, instituciones y actividades económicas europeas.
Los correos electrónicos y las pistas que apuntan a Rusia
Uno de los elementos que examinan los investigadores es la utilización de identidades y organizaciones cuya vinculación real con los mensajes todavía no ha podido acreditarse.
Entre las comunicaciones recibidas por autoridades aeroportuarias italianas figura una que afirmaba proceder de integrantes de Male State, un movimiento ultranacionalista y antifeminista que fue prohibido en Rusia.
La supuesta reivindicación no ha sido verificada. El fundador del movimiento, Vladislav Pozdniakov, negó su implicación y aseguró que la organización ya no existía.
Este detalle resulta especialmente relevante porque muestra uno de los principales problemas de la investigación: cualquier persona puede enviar un mensaje atribuyéndoselo a una organización conocida para provocar confusión o dirigir las sospechas hacia ella.
Los investigadores buscan, por tanto, elementos que vayan más allá del contenido de los correos: rastros digitales, coincidencias técnicas y posibles vínculos operativos entre los distintos remitentes.
La existencia de mensajes similares, enviados en un periodo reducido y contra objetivos relacionados con el transporte europeo, alimenta la sospecha de una campaña coordinada. Pero la coordinación, por sí sola, tampoco demuestra la participación de un Estado.
Las amenazas se extienden a medios de comunicación
La situación dejó de afectar exclusivamente al transporte aéreo el viernes 6 de noviembre, cuando varias empresas de comunicación europeas recibieron también amenazas.
La radiotelevisión pública irlandesa RTÉ evacuó temporalmente sus instalaciones de Dublín y suspendió parte de su programación habitual después de recibir un aviso de bomba.
La cadena búlgara Nova TV también recibió un mensaje amenazante. En Reino Unido, Sky comunicó igualmente una alerta de seguridad.
Los correos enviados a algunas redacciones incluían una supuesta reivindicación de los incidentes aéreos y advertencias sobre futuros ataques contra medios de transporte europeos.
Sin embargo, la autenticidad de esas reivindicaciones continúa sin confirmarse. Tampoco se ha demostrado que sus autores sean los mismos que enviaron los avisos a las aerolíneas.
La extensión de las amenazas a los medios de comunicación incrementa las sospechas sobre una posible estrategia de intimidación dirigida contra diferentes actividades civiles.
La guerra híbrida y la respuesta de la Unión Europea
Las autoridades comunitarias analizan los incidentes en un contexto de creciente preocupación por las denominadas operaciones híbridas, actuaciones que buscan perjudicar a un adversario sin recurrir necesariamente a una confrontación militar directa.
Estas operaciones pueden incluir sabotajes, ataques informáticos, campañas de desinformación, interferencias en infraestructuras críticas o amenazas destinadas a provocar respuestas costosas.
En el caso de la aviación, una falsa alarma obliga a movilizar recursos de seguridad, alterar rutas y revisar aeronaves. Aunque finalmente no exista ningún explosivo, los efectos económicos y operativos son reales.
El mecanismo es relativamente sencillo: una amenaza anónima puede provocar una respuesta de seguridad de gran envergadura. Las compañías aéreas y los aeropuertos no pueden permitirse ignorar una advertencia cuya credibilidad todavía no ha sido descartada.
La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea responsable de Soberanía Tecnológica, Seguridad y Democracia, Henna Virkkunen, ha advertido de que las actividades híbridas buscan desestabilizar las sociedades europeas y erosionar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones.
Virkkunen ha señalado que Rusia aparece con frecuencia detrás de este tipo de operaciones, pero también ha precisado que no todos los incidentes pueden atribuirse a Moscú.
Por su parte, el comisario europeo de Transportes, Apostolos Tzitzikostas, ha anunciado una reunión de expertos en seguridad aérea en Bruselas durante la próxima semana para estudiar medidas frente a la oleada de amenazas.
La prioridad comunitaria es mantener la seguridad de los pasajeros y reducir las alteraciones del tráfico aéreo.
La autoría de las amenazas sigue sin demostrarse
La investigación europea se encuentra ante dos cuestiones diferentes: averiguar quién envió los mensajes y establecer si esas personas actuaron por iniciativa propia o siguiendo instrucciones de alguna organización o servicio de inteligencia.
La hipótesis rusa ha ganado relevancia, pero todavía no constituye una atribución oficial. Las autoridades no han presentado pruebas públicas concluyentes que permitan responsabilizar directamente al Kremlin de los incidentes.
También permanece abierta la posibilidad de que algunos avisos procedan de autores distintos o de imitadores que aprovecharon la repercusión de las primeras amenazas.
Mientras continúan las pesquisas, las autoridades aeronáuticas mantienen los procedimientos habituales para responder a cualquier advertencia creíble. Los vuelos afectados hasta el momento han aterrizado sin que se hayan encontrado explosivos.
La principal preocupación europea va más allá de los retrasos y las inspecciones. Si se confirma que los avisos forman parte de una operación organizada de intimidación, el continente se encontraría ante una campaña capaz de perturbar infraestructuras civiles mediante amenazas anónimas, con un coste relativamente bajo para sus responsables y consecuencias inmediatas para miles de pasajeros.
Por ahora, lo comprobado es la existencia de una oleada de falsas alarmas y una investigación internacional sobre su origen. La responsabilidad rusa continúa siendo una hipótesis, no un hecho demostrado.
-
NaturalezaTerremotos en España el 6 de noviembre: sismos en Granada y Canarias
-
NaturalezaIncendios en España hoy, 6 de noviembre: focos detectados y riesgo
-
NaturalezaLos embalses de España caen al 56 % tras perder 407 hm³ en una semana
-
TecnologíaAssassin’s Creed Valhalla estrena Nueva Partida+ gratis en PS5 y Xbox
-
SaludSanidad limita las guardias MIR a 17 horas y sube su sueldo en 2027
-
CulturaEstrenos de cine del 6 al 8 de noviembre: Godzilla y Sacamantecas
-
Cultura‘Sacamantecas’ llega al cine: la historia real del asesino de Álava
-
DeportesQué deporte ver del 6 al 8 de noviembre: fútbol, F1, MotoGP y tenis
-
CulturaAgenda cultural del 6 al 8 de noviembre: museos y planes en España
-
EconomíaLas siete magníficas pierden 1,13 billones en Wall Street en un día
-
EconomíaLas bolsas de Asia se hunden hasta un 9 % por el temor a la IA en EEUU
-
CulturaUltraligera en Madrid: cómo conseguir entradas y código de preventa