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Vance y Rubio, favoritos para suceder a Trump en los comicios de 2028

JD Vance y Marco Rubio destacan en la carrera sucesoria de Trump en 2028, mientras Harris, Newsom y Ossoff toman posiciones entre los demócratas.

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Vance y Rubio con Zelensky

Foto: Freddie Everett / U.S. Department of State, dominio público.

Resumen

  • Vance y Rubio encabezan la carrera republicana para suceder a Trump en 2028
  • Los demócratas recuperan las dos cámaras del Congreso tras las legislativas
  • Harris, Newsom, Ossoff y Ocasio-Cortez figuran entre las opciones demócratas

Las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, celebradas el 3 de noviembre de 2026, han abierto una nueva etapa política que va mucho más allá del control del Congreso. Con Donald Trump constitucionalmente impedido para optar a un tercer mandato, el Partido Republicano empieza a perfilar su sucesión. JD Vance y Marco Rubio encabezan las opciones, mientras los demócratas contemplan nombres como Kamala Harris, Gavin Newsom, Jon Ossoff y Alexandria Ocasio-Cortez para recuperar la Casa Blanca en 2028.

El escenario ha cambiado considerablemente después de la victoria demócrata en las elecciones legislativas, que ha permitido a la oposición recuperar el control tanto del Senado como de la Cámara de Representantes. El resultado debilita políticamente a Trump y obliga a sus posibles herederos a replantearse una cuestión fundamental: cómo conservar el apoyo del movimiento MAGA sin asumir todo el desgaste acumulado por la Administración republicana.

Las próximas elecciones presidenciales están previstas para el 7 de noviembre de 2028. Quedan dos años, pero la carrera ya se mueve. Ninguno de los principales aspirantes mencionados ha formalizado todavía una candidatura presidencial. Lo que existe es una combinación de encuestas, movimientos políticos, apoyos internos y dirigentes que empiezan a medir sus posibilidades.

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JD Vance, el favorito republicano que afronta su primera gran prueba

El vicepresidente JD Vance, de 42 años, parte con una ventaja evidente dentro del Partido Republicano. Fue elegido por Trump como compañero de candidatura en 2024, ocupó anteriormente un escaño en el Senado por Ohio y mantiene una estrecha relación con el movimiento conservador MAGA, que sigue siendo decisivo para obtener la nominación republicana.

Las encuestas internas sobre las preferencias republicanas para 2028 lo sitúan entre los principales favoritos, habitualmente por delante del resto de posibles aspirantes. Su posición institucional también le proporciona visibilidad nacional, acceso a los principales dirigentes del partido y contactos con donantes.

Sin embargo, la derrota del 3 de noviembre ha complicado sus perspectivas. Vance participó activamente en la campaña legislativa y su identificación con Trump hace difícil presentarse como una figura completamente ajena a los resultados.

El principal problema es la guerra con Irán, uno de los asuntos que más ha erosionado la popularidad del Gobierno estadounidense. Tras las elecciones, Vance se distanció públicamente de la defensa que Trump mantiene del conflicto y relacionó el rechazo de los votantes con la intervención militar, el coste de la vida y otras prioridades de la Administración.

Ese movimiento resulta especialmente significativo porque el vicepresidente había respaldado anteriormente aspectos de la operación militar. Su intento de recuperar un discurso más contrario a las intervenciones exteriores puede ayudarle entre los sectores republicanos más críticos con la guerra, pero también plantea dudas sobre su relación política con Trump.

El presidente, por su parte, no ha comunicado un respaldo definitivo a ningún candidato. Incluso ha planteado públicamente que Vance podría no presentarse. El vicepresidente ha señalado que tomaría una decisión sobre 2028 después de las legislativas.

Marco Rubio, la alternativa republicana que no confirma su candidatura

El otro gran nombre de la posible sucesión es Marco Rubio, actual secretario de Estado y una de las figuras con mayor experiencia institucional del Gobierno estadounidense.

Rubio ya intentó conseguir la nominación republicana en 2016, cuando se enfrentó al propio Trump durante las primarias. Tras aquella rivalidad terminó integrándose en su entorno político hasta convertirse en uno de los principales responsables de la política exterior de la Administración.

Su trayectoria representa una alternativa parcialmente distinta a la de Vance. Mientras el vicepresidente mantiene vínculos especialmente estrechos con la nueva generación del movimiento MAGA, Rubio procede del republicanismo más tradicional y acumula experiencia en el Senado, diplomacia y seguridad nacional.

De origen cubano, es el primer latino al frente del Departamento de Estado. Su papel en las negociaciones sobre Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro y su presión diplomática sobre Cuba han incrementado su protagonismo internacional.

Hay, sin embargo, un matiz importante: Rubio no ha anunciado que quiera presentarse en 2028. En septiembre afirmó que no tenía planes de concurrir y que estaba completamente concentrado en sus responsabilidades gubernamentales. No descartó expresamente una candidatura futura, pero tampoco dio señales de estar preparándola.

Trump ha elogiado en distintas ocasiones tanto a Vance como a Rubio e incluso ha planteado públicamente la posibilidad de que formen una candidatura conjunta. Por ahora, no ha decidido quién debería encabezarla.

La cuestión para los republicanos será determinar si prefieren a un dirigente estrechamente identificado con la continuidad del trumpismo o a alguien capaz de mantener una parte de ese electorado y recuperar apoyos entre sectores conservadores menos vinculados al presidente.

Kamala Harris y Gavin Newsom, dos opciones para los demócratas

En el Partido Demócrata, el abanico de posibles candidatos es más amplio y la victoria legislativa ha reforzado a varias figuras que llevaban meses preparando su proyección nacional.

Kamala Harris, exvicepresidenta de Estados Unidos, conserva una importante notoriedad después de su derrota frente a Trump en las presidenciales de 2024. Su candidatura llegó en circunstancias excepcionales, tras la retirada de Joe Biden en julio de aquel año, lo que redujo considerablemente el tiempo disponible para organizar la campaña.

Una nueva candidatura le permitiría competir desde el principio en unas primarias ordinarias, aunque también la obligaría a convencer al electorado demócrata de que puede ganar una elección presidencial después de haber perdido la anterior.

La otra figura destacada es Gavin Newsom, gobernador saliente de California y uno de los dirigentes demócratas que más abiertamente ha confrontado con Trump durante su segundo mandato.

Newsom abandonará el Gobierno californiano en enero de 2027, después de dos mandatos. Durante la campaña legislativa ha recorrido numerosos estados, incluidos territorios tradicionalmente republicanos, y ha fortalecido sus relaciones con organizaciones y dirigentes del partido.

Su estrategia tiene un componente nacional evidente. No obstante, ha condicionado públicamente sus propias aspiraciones a la decisión de Harris, al señalar que no competiría por la Presidencia si ella opta por presentarse.

Ese compromiso podría cambiar el desarrollo de las primarias demócratas, aunque todavía es pronto para dar por definitiva cualquier decisión.

Jon Ossoff y Alexandria Ocasio-Cortez ganan protagonismo

Uno de los nombres que más ha mejorado su posición tras las elecciones es el del senador Jon Ossoff, reelegido en Georgia con una ventaja cercana a los 20 puntos porcentuales.

El resultado adquiere importancia porque Georgia es uno de los estados decisivos para las presidenciales estadounidenses. Trump consiguió imponerse allí en 2024, pero Ossoff ha demostrado que un candidato demócrata puede obtener una victoria contundente en ese mismo territorio.

El senador llegó a la Cámara Alta en 2021, cuando tenía 33 años, y representa una generación más joven que buena parte de la antigua dirección demócrata. Su éxito electoral lo coloca entre los dirigentes a los que habrá que prestar atención durante los próximos meses.

También gana peso Alexandria Ocasio-Cortez, congresista por Nueva York y una de las principales representantes del sector progresista del Partido Demócrata.

Ocasio-Cortez ha renovado su escaño y mantiene una considerable capacidad de movilización entre los votantes jóvenes y los movimientos de izquierda. Su proximidad política al alcalde neoyorquino Zohran Mamdani y su apoyo al nuevo senador por Míchigan, Abdul El-Sayed, refuerzan su influencia dentro de esa corriente.

La victoria de El-Sayed, convertido en el primer musulmán elegido para el Senado estadounidense, supone un éxito relevante para el sector progresista. Su campaña ha defendido propuestas económicas y sanitarias ambiciosas en un estado electoralmente competitivo.

Para Ocasio-Cortez, el resultado ofrece un argumento político: las candidaturas situadas a la izquierda del aparato tradicional demócrata también pueden ganar fuera de los territorios más favorables al partido.

Su eventual salto a las presidenciales abriría una competición ideológica dentro de los demócratas, especialmente frente a quienes defienden recuperar votantes moderados con programas menos rupturistas.

Otros dirigentes que podrían competir por la Casa Blanca

La lista de posibles aspirantes demócratas no termina en Harris, Newsom, Ossoff y Ocasio-Cortez.

El gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro, figura entre los perfiles con mayor proyección nacional por su capacidad electoral en uno de los estados más importantes para decidir unas presidenciales. También aparecen el gobernador de Illinois, JB Pritzker; el de Kentucky, Andy Beshear; el de Maryland, Wes Moore, y Pete Buttigieg, antiguo secretario de Transporte durante la presidencia de Biden.

Cada uno ofrece un perfil distinto. Shapiro y Beshear pueden reivindicar su experiencia electoral en territorios competitivos o tradicionalmente republicanos. Pritzker cuenta con importantes recursos económicos y una presencia creciente en la política nacional, mientras Buttigieg lleva meses recorriendo el país para apoyar a candidatos demócratas.

En el campo republicano tampoco está descartada la aparición de alternativas a Vance y Rubio. El gobernador de Florida, Ron DeSantis, que ya disputó las primarias de 2024, y el senador por Texas Ted Cruz, aspirante presidencial en 2016, figuran entre los nombres que podrían intervenir en la competición.

Las derrotas legislativas pueden proporcionar espacio a candidatos que quieran revisar la estrategia republicana, aunque ningún dirigente tiene garantizado que las bases del partido acepten un alejamiento significativo de Trump.

La derrota republicana cambia el escenario de las presidenciales de 2028

El resultado de las legislativas de noviembre representa mucho más que una alternancia parlamentaria. Los demócratas han logrado recuperar ambas cámaras del Congreso y han registrado avances en territorios donde los republicanos confiaban en conservar una ventaja considerable.

El coste de la vida, la guerra con Irán y el rechazo a distintas decisiones de Trump han pesado en la campaña. La amplitud de los resultados sugiere que el Partido Republicano tendrá que revisar su estrategia electoral antes de 2028, especialmente entre los sectores que respaldaron al presidente hace dos años.

Para los demócratas, el desafío es diferente. Su éxito legislativo les devuelve protagonismo institucional, pero no garantiza que cualquiera de sus dirigentes pueda reproducir esa victoria en unas elecciones presidenciales. La participación, los candidatos y los asuntos centrales de una campaña nacional son distintos.

Tampoco debe confundirse el liderazgo en las encuestas de unas primarias con una ventaja en las elecciones generales. Vance puede ser favorito entre los republicanos y, al mismo tiempo, encontrar dificultades para atraer a votantes independientes. Los posibles aspirantes demócratas afrontan exactamente el mismo problema desde el otro lado.

Hay otro factor que todavía puede cambiarlo todo: el apoyo del propio Trump. Aunque su popularidad nacional se ha resentido, conserva influencia sobre una parte considerable del electorado republicano. Su posición ante los distintos aspirantes puede resultar determinante para las primarias.

El futuro del trumpismo se decidirá sin Trump como candidato

La Vigesimosegunda Enmienda de la Constitución estadounidense impide que una misma persona sea elegida presidente más de dos veces. Trump, vencedor en 2016 y 2024, no puede conseguir constitucionalmente un tercer mandato mediante una nueva elección presidencial.

Su segundo periodo presidencial finalizará el 20 de enero de 2029, cuando deberá tomar posesión quien resulte elegido en noviembre de 2028.

La incógnita no consiste únicamente en determinar qué republicano puede reemplazarlo. También está en juego la continuidad del trumpismo, una corriente política que ha transformado profundamente al Partido Republicano y que deberá encontrar un nuevo liderazgo sin su principal protagonista en la papeleta.

Vance parte con ventaja dentro de ese movimiento. Rubio representa una alternativa relevante, aunque por el momento niega tener planes de concurrir. En el otro partido, Harris, Newsom, Ossoff y Ocasio-Cortez representan diferentes generaciones y estrategias para regresar a la Presidencia.

Las elecciones de 2026 han dado el primer impulso a esa competición, pero todavía falta lo decisivo: que los posibles aspirantes anuncien sus candidaturas, consigan apoyos y convenzan a sus propios partidos.

La sucesión de Donald Trump está abierta. Y, después del resultado de las legislativas, el favorito de noviembre de 2026 no tiene por qué ser el candidato que llegue a las urnas en 2028.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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