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El radar SV3 detecta adelantamientos ilegales y ya funciona en Italia
El radar SV3 controla adelantamientos ilegales en Italia con sensores bajo el asfalto y cámaras que registran la maniobra completa del vehículo.
Resumen
- El SV3 detecta adelantamientos prohibidos con sensores y cámaras
- Funciona en Italia y no es, por ahora, un nuevo radar de la DGT
- En España, un adelantamiento indebido puede costar 200 euros y 4 puntos
Un nuevo sistema de control de tráfico capaz de detectar automáticamente adelantamientos prohibidos vuelve a poner el foco sobre una de las maniobras más peligrosas de las carreteras convencionales. Se llama SV3, aunque en Italia ha terminado imponiéndose un nombre bastante más gráfico: sorpassometro, algo así como “medidor de adelantamientos”.
Conviene aclarar pronto el dato que más interesa al conductor español: no es un nuevo radar de la DGT ni está sancionando en España. El dispositivo funciona en Italia y combina sensores instalados en la calzada, cámaras de alta resolución y procesamiento automático de imágenes para registrar vehículos que adelantan donde la maniobra está prohibida.
Tampoco es un radar convencional. No está pendiente de si un coche pasa a 97 o a 112 km/h. Su trabajo es otro: reconstruir lo que hace el vehículo sobre la carretera y dejar constancia de una maniobra concreta. En especial, el cruce de una línea continua para adelantar.
Cómo funciona el nuevo radar de adelantamientos
La tecnología del SV3 se apoya en sensores integrados en el asfalto y cámaras capaces de seguir la trayectoria del vehículo. Cuando el sistema detecta una posible infracción, registra una secuencia de vídeo de alrededor de 15 segundos.
Esa grabación permite observar el antes, el durante y el después del adelantamiento. No es una simple fotografía congelada que pueda dejar dudas sobre dónde empezó la maniobra. El sistema puede identificar la matrícula, el tipo de vehículo, el carril utilizado y la posición en la que se produjo la infracción.
Ahí está la diferencia importante. Un cinemómetro tradicional responde a una cuestión muy concreta —a qué velocidad circulaba el coche— mientras el SV3 analiza cómo se ha movido ese coche respecto a las líneas, los carriles y el resto de la vía.
Sensores bajo el asfalto y una cámara que guarda la prueba
Los sensores instalados en la calzada detectan el paso y desplazamiento de los vehículos. Las cámaras aportan después la prueba visual. El sistema une ambas informaciones para determinar si se ha producido un adelantamiento en un tramo donde estaba prohibido.
El resultado es un pequeño expediente digital con imágenes y vídeo. El proceso automatiza buena parte de la detección, aunque la existencia de tecnología no convierte mágicamente cada imagen en una sanción: la infracción debe quedar documentada y ser tramitada por la autoridad competente.
El dispositivo SV3 fue aprobado por el Ministerio de Infraestructuras y Transportes italiano mediante un decreto de diciembre de 2024, que extendió a esta versión la autorización que ya tenían generaciones anteriores del denominado sorpassometro. De modo que la idea no nació ayer, aunque el salto tecnológico sí es considerable.
El primer SV3 funciona en una carretera de Calabria
Uno de los primeros dispositivos de esta generación comenzó a funcionar el 4 de agosto de 2025 en Acquappesa, una localidad de la provincia italiana de Cosenza, en Calabria. Está instalado en la carretera estatal SS18, un eje con tramos delicados y antecedentes de maniobras peligrosas.
La elección del lugar tampoco es casual. Este tipo de vigilancia está pensado para puntos donde un adelantamiento mal calculado puede acabar muy mal: curvas con poca visibilidad, cambios de rasante, rectas engañosas o zonas con línea continua en las que invadir el sentido contrario multiplica el riesgo de colisión frontal.
La noticia ha vuelto a circular con fuerza en octubre de 2026 y puede dar la impresión de que se trata de un aparato recién estrenado. En realidad, el SV3 lleva más de un año funcionando en Italia. Lo nuevo es el interés que está despertando fuera del país y la posibilidad técnica de extender controles semejantes por otras carreteras europeas.
No es, por ahora, un radar de la DGT
Aquí aparece la confusión. Algunos titulares han presentado el dispositivo casi como “el nuevo radar de la DGT”, pero el SV3 del que se habla está instalado en Italia. No hay constancia de que este modelo concreto esté actualmente sancionando adelantamientos en las carreteras españolas.
España sí conoce sistemas automáticos capaces de vigilar movimientos sobre una línea continua. La DGT ha empleado cámaras para controlar, por ejemplo, determinadas incorporaciones en las que algunos conductores abandonan el carril de aceleración y entran en la vía principal antes de que termine la línea continua.
El funcionamiento guarda cierto parecido, aunque no es idéntico. Dos cámaras pueden registrar el vehículo en diferentes puntos y comprobar posteriormente si ha atravesado la marca vial donde no debía. El SV3 italiano lleva esa filosofía un poco más lejos: está concebido específicamente para documentar adelantamientos prohibidos completos.
En España adelantar mal puede costar 200 euros y cuatro puntos
Que el SV3 no esté instalado en España no cambia las normas. La legislación española prohíbe adelantar en curvas y cambios de rasante con visibilidad insuficiente y en otros lugares donde la maniobra no pueda realizarse con seguridad.
Los adelantamientos peligrosos o indebidos pueden suponer una sanción de 200 euros y la pérdida de cuatro puntos del permiso. La propia DGT ha mostrado casos de adelantamientos efectuados sin respetar una línea continua en los que se aplica precisamente esa combinación.
Hay matices, como casi siempre en tráfico. Cruzar una línea continua no significa automáticamente que cualquier situación sea idéntica a cualquier otra. Existen supuestos excepcionales regulados, entre ellos determinadas maniobras para rebasar vehículos inmovilizados o adelantar a ciclistas cuando concurren las condiciones de seguridad exigidas. La línea pintada en el suelo manda, sí, pero el Reglamento no cabe entero en un brochazo blanco.
Por qué estos sistemas interesan en carreteras convencionales
El adelantamiento tiene una característica incómoda para los sistemas tradicionales de vigilancia: dura poco y ocurre sobre un espacio relativamente amplio. Para detectarlo mediante observación directa hace falta estar allí, en el momento adecuado y con una perspectiva suficiente para comprobar toda la maniobra.
Un dispositivo capaz de guardar automáticamente la secuencia cambia esa lógica. No necesita medir únicamente un instante, sino documentar varios segundos de circulación y relacionarlos entre sí. La matrícula entra en escena, el coche abandona su carril, atraviesa la zona prohibida y vuelve a incorporarse. Queda la película, no solo la foto.
Eso puede resultar especialmente útil en carreteras secundarias, donde una invasión del sentido contrario tiene consecuencias potencialmente mucho más graves que un simple incumplimiento formal. Una curva ciega no admite demasiadas teorías cuando aparece un coche de frente.
Las cifras españolas ayudan a entender la preocupación. En el balance provisional de siniestralidad de 2024, la DGT contabilizó 252 fallecidos en colisiones frontales y otros 132 en choques laterales o frontolaterales. La inmensa mayoría de esos siniestros no se produjo en autopistas y autovías.
El salto está en vigilar la maniobra, no la velocidad
Durante décadas, hablar de radar era hablar casi exclusivamente de velocidad. Esa asociación empieza a quedarse corta. Las cámaras actuales pueden leer matrículas, comprobar cinturones, detectar el uso del teléfono, controlar semáforos o reconstruir desplazamientos entre carriles.
El SV3 representa precisamente ese cambio. No persigue únicamente la velocidad, sino una conducta concreta sobre la carretera: adelantar donde hacerlo está prohibido y puede colocar dos vehículos frente a frente.
En España todavía no puede hablarse de una implantación del sorpassometro italiano. Sí existe, en cambio, la tecnología necesaria para controlar automáticamente líneas continuas y una tendencia clara hacia sistemas capaces de vigilar algo más complejo que un número en el velocímetro. El ojo electrónico ya no mira únicamente cuánto corre un coche. Empieza a mirar también por dónde va.
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