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El reloj de 12.400 dólares y las joyas indígenas de los demócratas

Las victorias demócratas en Estados Unidos dejan símbolos muy distintos: un Grand Seiko de 12.400 dólares, pendientes indígenas y un traje fucsia.

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las joyas de los demócratas

Resumen

  • El senador Abdul El-Sayed celebró su victoria con un reloj de 12.400 dólares
  • Deb Haaland y Peggy Flanagan reivindicaron su herencia con joyas indígenas
  • Keisha Lance Bottoms eligió un traje fucsia tras su victoria en Georgia

Las elecciones legislativas del 3 de noviembre de 2026 en Estados Unidos han dejado una nueva generación de dirigentes demócratas y varias victorias históricas. Pero también una imagen bastante diferente de la política tradicional estadounidense: pendientes indígenas, trajes fucsias y un reloj de 12.400 dólares que ha despertado tanta curiosidad como controversia.

Entre los protagonistas están Deb Haaland, primera mujer indígena elegida gobernadora de un estado estadounidense; Peggy Flanagan, primera mujer indígena elegida para el Senado federal; Keisha Lance Bottoms, primera mujer negra que gobernará un estado del país, y Abdul El-Sayed, primer musulmán elegido senador. Sus triunfos representan cambios importantes en la composición del poder político, pero también han situado su forma de vestir en el centro de la atención pública.

Los complementos elegidos para celebrar sus victorias no responden a una estética común. Algunos reivindican tradiciones ancestrales y la identidad de comunidades históricamente excluidas de los principales cargos institucionales. Otros reflejan gustos personales bastante más caros.

La diferencia es interesante. Mientras unas joyas recuerdan siglos de cultura indígena, un reloj japonés de edición limitada ha abierto un debate sobre el lujo y la imagen pública de los políticos progresistas. Y todo ello en unas elecciones en las que los demócratas han conseguido importantes avances frente al Partido Republicano.

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Abdul El-Sayed y el reloj Grand Seiko de 12.400 dólares

El nuevo senador demócrata por Michigan, Abdul El-Sayed, ha protagonizado una de las anécdotas más comentadas de la noche electoral gracias a su afición por la relojería.

El epidemiólogo de 42 años celebró su victoria con un Grand Seiko Spring Drive Chronograph SBGC249, un reloj japonés de esfera azul cuyo precio de referencia es de 12.400 dólares.

No es precisamente un complemento corriente. Se trata de una edición limitada a 700 ejemplares, con caja de titanio, movimiento Spring Drive y funciones de cronógrafo y GMT, que permite consultar una segunda zona horaria.

La elección resulta singular porque El-Sayed no ha recurrido a los Rolex habitualmente asociados a determinadas figuras del poder estadounidense. Su Grand Seiko es una pieza reconocida entre los aficionados a la relojería, aunque bastante menos identificable para el público general.

El precio, sin embargo, ha provocado críticas. No tanto por llevar un reloj caro como por el contraste entre semejante accesorio y el discurso económico de un político que ha defendido medidas progresistas y cuestionado las desigualdades de riqueza.

Una colección de relojes que incluye marcas alemanas y estadounidenses

El Grand Seiko no es una compra aislada dentro de los gustos del senador electo. A lo largo de su campaña se le ha visto con distintos modelos de Mühle-Glashütte, Sinn y Omega, además de piezas clásicas de Elgin.

También posee un Shinola Runwell, un reloj vinculado a Detroit, ciudad especialmente representativa del pasado industrial de Michigan. Esa elección sí permite apreciar una conexión territorial evidente.

Otra de sus costumbres es llevar una pulsera Whoop para controlar la actividad física, el sueño y la recuperación, mientras utiliza un reloj convencional en la otra muñeca.

El-Sayed reconoció en una entrevista concedida en mayo a LGBT Detroit su afición por los relojes automáticos y los modelos clásicos. No parece que haya intentado convertir cada pieza de su colección en una declaración política.

Hay, no obstante, una contradicción aparente que ayuda a explicar el debate: en su libro Healing Politics, publicado en 2020, el propio político reflexionó sobre la desigualdad económica a partir de los anuncios de Rolex que veía en las carreteras estadounidenses.

Una cosa es cuestionar la concentración de riqueza y otra poseer un reloj costoso. Pero en política, donde los símbolos se examinan con particular atención, 12.400 dólares en la muñeca difícilmente pasan desapercibidos.

Deb Haaland y los pendientes indígenas de libélula

La historia de Deb Haaland tiene un significado distinto. La exsecretaria del Interior durante la presidencia de Joe Biden se ha convertido en la primera mujer nativa americana elegida gobernadora de Estados Unidos, tras imponerse en Nuevo México.

Para celebrar su victoria escogió unos pendientes de titanio con forma de libélula, creados por el artista indígena Pat Pruitt, perteneciente a las comunidades Laguna Pueblo y Chiricahua Apache.

El diseño combina técnicas contemporáneas de trabajo del metal con referencias culturales indígenas. La libélula representa ideas relacionadas con el cambio, el movimiento y la transformación, especialmente apropiadas para una elección que rompe una barrera histórica.

Pruitt desarrolló las primeras versiones de estos pendientes en 2015, incorporando motivos tradicionales y elementos inspirados en otros creadores indígenas.

La elección de Haaland tampoco es una novedad en su trayectoria. Durante años ha utilizado joyería y prendas confeccionadas por artistas nativos americanos, una manera de dar visibilidad a creadores que normalmente no ocupan el escaparate de la moda política nacional.

Cuando juró su cargo como secretaria del Interior en 2021, ya había incorporado una falda tradicional decorada con cintas, una prenda de gran significado en distintas comunidades indígenas norteamericanas.

Los pendientes de su victoria electoral prolongan esa relación entre identidad cultural y representación institucional. No se trata simplemente de recuperar una tradición, sino de demostrar que esa tradición también tiene espacio en los lugares donde se ejerce el poder.

Peggy Flanagan lleva al Senado la tradición ojibwe

En Minnesota, Peggy Flanagan celebró otro resultado histórico luciendo unos largos pendientes confeccionados con conchas de dentalium, un material utilizado desde hace siglos por distintas comunidades indígenas norteamericanas.

Flanagan pertenece a la comunidad White Earth Band of Ojibwe y será la primera mujer nativa americana que ocupe un escaño en el Senado de Estados Unidos.

Las conchas de dentalium proceden de moluscos marinos y tienen una forma tubular característica. Históricamente fueron empleadas como adornos, elementos de prestigio e incluso objetos de intercambio comercial entre pueblos indígenas.

Los pendientes elegidos para su celebración fueron realizados por Jessica Mendez, una artista perteneciente al pueblo yurok, de California.

Su valor cultural no depende del precio. Para numerosas comunidades, estas piezas representan vínculos familiares, conocimientos artesanales y formas de identidad que han sobrevivido a siglos de discriminación y desplazamiento.

Flanagan lleva tiempo utilizando su vestuario para apoyar a diseñadores indígenas. Durante su trayectoria política ha aparecido con prendas de Jamie Okuma, joyas artesanales y faldas tradicionales.

En su caso, los complementos no son una ocurrencia de campaña. Constituyen una seña de identidad pública que probablemente continuará acompañándola cuando llegue al Senado en Washington.

Keisha Lance Bottoms y el significado del traje fucsia

Otra de las grandes vencedoras de las elecciones fue Keisha Lance Bottoms, exalcaldesa de Atlanta y primera mujer negra elegida gobernadora en la historia de Estados Unidos.

La dirigente demócrata celebró su victoria en Georgia con un llamativo traje pantalón fucsia, acompañado por una camisa de seda del mismo color.

El conjunto fue diseñado por Dedrick Thomas, de la firma Hideoki Bespoke, vinculada a Georgia.

La elección cromática ha despertado distintas interpretaciones. El uso de colores vivos y conjuntos monocromáticos recuerda a una tradición de elegancia presente en numerosas comunidades afroamericanas, particularmente en celebraciones y encuentros religiosos.

También conecta con la evolución de la indumentaria femenina en la política estadounidense. Durante décadas, el traje pantalón fue objeto de controversia en instituciones dominadas por hombres. Con el tiempo terminó convirtiéndose en una prenda habitual entre congresistas, ministras y gobernadoras.

El rosa, por otra parte, ha adquirido visibilidad como color de protesta y reivindicación política. En 2025, varias congresistas demócratas lo utilizaron para expresar su oposición a determinadas políticas de Donald Trump relacionadas con los derechos de las mujeres.

No existe, sin embargo, una única interpretación obligatoria del traje de Bottoms. Su elección puede entenderse como una celebración personal, una afirmación de identidad o una combinación de ambas cosas.

La nueva imagen del poder demócrata en Estados Unidos

Los resultados de las elecciones de noviembre de 2026 han ampliado la representación de mujeres y minorías en cargos políticos que, durante buena parte de la historia estadounidense, estuvieron reservados a perfiles mucho más homogéneos.

Haaland y Bottoms gobernarán estados, mientras que Flanagan y El-Sayed ocuparán escaños en el Senado federal. Sus responsabilidades institucionales son diferentes y también lo son las experiencias culturales que representan.

Lo que comparten es una creciente disposición a incorporar elementos personales a su imagen pública. Ya no todos los políticos parecen interesados en vestir siguiendo un mismo código de discreción institucional.

Hay una diferencia fundamental entre los pendientes indígenas de Haaland y Flanagan y el reloj de lujo de El-Sayed. Los primeros conectan explícitamente con la historia de sus comunidades; el segundo responde principalmente a una afición personal, aunque pueda provocar interpretaciones políticas.

La representación cultural no sustituye a las decisiones de gobierno, del mismo modo que el precio de un reloj no determina por sí solo la coherencia de un programa electoral.

Pero esos pequeños objetos ayudan a entender una transformación visible en Estados Unidos: los nuevos representantes llegan a las instituciones con historias, referencias y maneras de presentarse que no siempre encajan en los moldes tradicionales de Washington.

Los pendientes pueden reivindicar una herencia colectiva. Un traje fucsia puede romper una convención. Y un reloj de 12.400 dólares, incluso sin pretenderlo, puede recordar que la relación entre política, dinero e imagen pública sigue siendo bastante complicada.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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