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Roban 30.000 botellas de vino de lujo por cinco millones en Toscana

Una banda roba 30.000 botellas de vino de lujo en Toscana por cinco millones de euros, con etiquetas como Solaia, Tignanello y Guado al Tasso.

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30.000 botellas de vino

Resumen

  • Una banda roba 30.000 botellas de vino de lujo valoradas en cinco millones
  • El golpe afecta a Marchesi Antinori y a etiquetas como Solaia y Tignanello
  • La policía busca dos camiones y vigila la posible reventa del vino robado

Una banda organizada ha robado unas 30.000 botellas de vino de alta gama, valoradas en alrededor de cinco millones de euros, de unas instalaciones de Marchesi Antinori próximas a Cortona, en la Toscana italiana. Por volumen y valor, la propia compañía lo considera uno de los mayores robos de vino registrados en Italia.

El botín no estaba formado precisamente por vino corriente. Entre las cajas desaparecidas había miles de botellas de Solaia, Tignanello y Guado al Tasso, algunas de las etiquetas italianas más conocidas en el mercado internacional. Las botellas sustraídas pertenecían a la añada 2023 y alcanzan precios de entre unos 150 y 500 euros por unidad, según la referencia y el mercado.

Un robo preparado para sacar 30.000 botellas en una noche

La reconstrucción inicial apunta a una operación cuidadosamente preparada. Al menos siete personas habrían participado en el asalto y los ladrones consiguieron inutilizar los sistemas de alarma y las cámaras de vigilancia antes de acceder al recinto con dos camiones de gran tamaño.

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Una vez dentro utilizaron incluso carretillas elevadoras de la propia empresa para mover los palés y cargar el vino. No fue, por tanto, un golpe rápido de unas pocas cajas metidas en una furgoneta. Sacar decenas de miles de botellas exige tiempo, espacio, vehículos pesados y una logística poco compatible con la improvisación.

El robo se produjo durante la noche del fin de semana y fue descubierto cuando los trabajadores regresaron a las instalaciones. Marchesi Antinori retrasó la comunicación pública del asalto para evitar interferencias con una investigación que trata de reconstruir tanto la entrada de los delincuentes como la ruta seguida después por los camiones.

Solaia, Tignanello y Guado al Tasso, las joyas del botín

Uno de los detalles más llamativos está en la mercancía elegida. Entre las botellas sustraídas figuran referencias con una fuerte demanda entre distribuidores, restaurantes y coleccionistas. Unas 10.000 botellas serían de Solaia, uno de los vinos emblemáticos de la casa y una parte considerable de su producción.

También desaparecieron partidas de Tignanello y Guado al Tasso. El valor de estas etiquetas no depende únicamente del líquido que contienen: importan la añada, la procedencia, la conservación y la posibilidad de demostrar que una botella ha seguido correctamente la cadena de distribución. Ahí puede empezar el verdadero quebradero de cabeza para los autores del robo.

Marchesi Antinori, seis siglos de vino italiano

La dimensión del golpe se entiende mejor al mirar a la empresa atacada. Marchesi Antinori fue fundada en 1385 y continúa vinculada a la misma familia después de 26 generaciones. Es uno de los nombres históricos del vino italiano y comercializa algunas de sus etiquetas más prestigiosas en mercados de todo el mundo.

La compañía no se enfrenta únicamente a una pérdida de cinco millones de euros. Existe también un problema de trazabilidad y reputación comercial: miles de botellas auténticas podrían intentar regresar al mercado mediante distribuidores no autorizados, intermediarios, restaurantes o compradores privados.

Y esa diferencia importa. Una falsificación puede ser detectada por el envase, el etiquetado o el contenido. Una botella robada, en cambio, sigue siendo auténtica. Lo ilícito está en su procedencia. De ahí que Antinori haya alertado a su red internacional ante eventuales ofertas fuera de los canales oficiales de distribución.

El mercado negro es el gran problema del golpe

Robar treinta mil botellas es complicado; venderlas sin llamar la atención, quizá más. El vino de lujo puede circular durante años entre comerciantes, coleccionistas, restaurantes y casas especializadas, pero una partida de semejante tamaño deja inevitablemente un rastro. Hay que almacenarla, transportarla y colocarla.

El volumen juega, paradójicamente, contra los ladrones. Treinta mil botellas ocupan mucho espacio y pesan varias toneladas. Una salida repentina al mercado de grandes cantidades de Solaia, Tignanello o Guado al Tasso de la cosecha 2023, especialmente a precios sospechosamente bajos, podría atraer rápidamente la atención.

La policía intenta reconstruir el recorrido de los camiones

Los investigadores italianos revisan imágenes de vigilancia y otros indicios para determinar hacia dónde se dirigieron los vehículos después del asalto. El responsable de Antinori, Renzo Cotarella, ha descrito a los autores como una banda muy preparada y ha señalado la posible conexión con otros robos sufridos por bodegas italianas, aunque esa relación deberá ser confirmada por la investigación.

La presencia de dos camiones cargados de vino ofrece también una oportunidad a los investigadores. Vehículos de esas dimensiones son difíciles de esconder durante un trayecto largo y pueden haber quedado registrados en cámaras instaladas en carreteras, estaciones de servicio, áreas industriales o accesos urbanos.

Un robo excepcional incluso para el mercado del vino de lujo

Italia había sufrido antes robos de botellas valiosas, pero la cantidad sustraída en Toscana coloca este caso en otra escala. En 2017, por ejemplo, fueron robadas unas 2.000 botellas de vinos raros valoradas en unos 750.000 euros de un depósito cercano a Cervia. Ahora hablamos de 30.000 botellas y cinco millones de euros.

El episodio refleja también hasta qué punto algunos vinos han dejado de ser simplemente una bebida de alto precio. Determinadas etiquetas funcionan como objetos de colección y bienes de lujo, con demanda internacional y una cotización que puede aumentar según la añada, la escasez y su estado de conservación.

Eso las convierte en mercancía atractiva para organizaciones que saben dónde buscar compradores. A diferencia de otros productos robados, una botella de alta gama puede pasar de una caja a una vinoteca sin levantar sospechas a simple vista. El problema aparece cuando alguien intenta mover miles de ellas al mismo tiempo.

Cinco millones embotellados que todavía deben encontrar comprador

El golpe de Toscana impresiona por la cifra, pero también por su contradicción: los ladrones consiguieron sacar del almacén cinco millones de euros en vino, aunque transformar ese cargamento en dinero será bastante más complejo. Cada caja necesita un destino y cada intermediario añadido aumenta la posibilidad de dejar un rastro.

Antinori ha puesto sobre aviso a clientes y distribuidores mientras la policía sigue la pista de los vehículos y de cualquier movimiento anómalo en el mercado. Las 30.000 botellas robadas pueden haber desaparecido del almacén, pero difícilmente pueden evaporarse. En algún lugar necesitan espacio, transporte y compradores; justo ahí empieza la parte más difícil del robo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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