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Ciencia

NASA y Google prueban un robot de apoyo médico en misiones a Marte

La NASA y Google desarrollan un asistente robótico para futuras misiones a Marte. Sus pruebas apuntan a tareas logísticas y de apoyo médico a bordo.

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un robot de apoyo médico

Resumen

  • La NASA y Google prueban un robot para asistir a astronautas en Marte
  • El prototipo logró un 85% de éxito al mover una bolsa médica en laboratorio
  • Las comunicaciones con la Tierra pueden tardar hasta 44 minutos en responder

La NASA y Google están probando un sistema robótico con inteligencia artificial diseñado para ayudar a los astronautas durante futuras misiones a la Luna y Marte. El proyecto busca desarrollar un asistente capaz de manipular equipos, realizar tareas logísticas y prestar apoyo en situaciones médicas, especialmente cuando la distancia con la Tierra impida recibir instrucciones inmediatas.

La iniciativa, presentada el 27 de octubre de 2026, reúne a Google Public Sector con varios equipos especializados de la agencia espacial estadounidense. Su objetivo es que las tripulaciones puedan resolver determinados problemas sin depender constantemente del centro de control terrestre. El robot ya ha superado pruebas iniciales de manipulación de objetos con un 85% de éxito, aunque todavía se encuentra en una fase experimental y no está preparado para viajar al espacio.

El avance responde a uno de los grandes desafíos de la exploración humana de Marte: la autonomía. Los astronautas que lleguen al planeta rojo tendrán que gestionar incidencias técnicas, necesidades médicas y operaciones cotidianas durante expediciones prolongadas. Y no siempre podrán consultar a los especialistas de la Tierra antes de actuar.

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Hasta 44 minutos para recibir una respuesta desde Marte

La distancia entre Marte y nuestro planeta cambia continuamente debido a sus respectivas órbitas alrededor del Sol. En determinadas posiciones, una comunicación de ida y vuelta puede demorarse hasta 44 minutos, según los cálculos utilizados por Google y la NASA.

Ese retraso supone un problema especialmente delicado ante una emergencia médica en el espacio. Una consulta que en la Estación Espacial Internacional puede resolverse mediante comunicación directa con especialistas terrestres necesitaría mucho más tiempo durante una misión marciana.

La situación obliga a replantear la asistencia sanitaria espacial. No basta con transportar medicamentos y equipos de diagnóstico: las tripulaciones necesitan herramientas que les permitan actuar con autonomía cuando la ayuda externa no llegue a tiempo.

Aquí entra el nuevo proyecto. La NASA pretende combinar sistemas de inteligencia artificial con capacidades robóticas de asistencia física, de manera que un astronauta pueda solicitar ayuda para localizar material, preparar instrumentos o completar determinadas operaciones.

La idea no consiste en sustituir a los profesionales sanitarios ni en entregar las decisiones clínicas a una máquina. Se trata de proporcionar apoyo práctico a la tripulación que, en caso de necesidad, tendrá que actuar con los recursos disponibles a bordo.

Un robot capaz de preparar una ecografía y organizar equipos

El sistema está concebido como un asistente robótico versátil. Durante las operaciones habituales podría encargarse de gestionar materiales, mover pequeños cargamentos, organizar herramientas o ayudar a asegurar compartimentos.

Estas actividades tienen una importancia considerable en una nave espacial. El espacio disponible es reducido, los procedimientos están cuidadosamente establecidos y cualquier tarea consume tiempo de una tripulación que también debe realizar experimentos científicos, mantenimiento y actividades de exploración.

Sin embargo, la asistencia médica es una de sus aplicaciones más interesantes.

Google plantea un ejemplo concreto: un astronauta comienza a sufrir un dolor intenso de espalda, uno de los síntomas que podrían estar relacionados con un cálculo renal. En esa situación, el robot podría localizar el equipo de ultrasonidos, trasladarlo y prepararlo para su utilización.

El responsable médico de la tripulación conservaría el control del procedimiento, la interpretación de las imágenes y las decisiones sobre el tratamiento.

Es importante distinguir entre lo que se pretende conseguir y lo que ya se ha demostrado. La preparación autónoma de una ecografía sigue siendo una capacidad prevista, no una intervención médica completa cuya eficacia haya quedado acreditada en una misión espacial.

El propósito final es que el asistente pueda recibir instrucciones sencillas y realizar movimientos útiles bajo supervisión humana, incluso en circunstancias en las que resulte complicado disponer de ayuda presencial.

Las primeras pruebas alcanzan un 85% de éxito

Uno de los resultados más concretos de la investigación procede de los ensayos realizados en el Centro Espacial Johnson, en Houston.

Los investigadores utilizaron un sistema robótico equipado con cámaras y un modelo de inteligencia artificial capaz de relacionar información visual, instrucciones y movimientos físicos.

La tarea consistía en localizar y trasladar una bolsa de material médico. En las pruebas iniciales de laboratorio, el sistema alcanzó una tasa de éxito del 85%.

El porcentaje resulta significativo porque demuestra que la tecnología puede ejecutar determinadas operaciones de manipulación. Pero también revela que todavía existe margen de error.

En una misión espacial, un fallo al recoger una bolsa puede resultar relativamente sencillo de corregir. La situación cambia si el robot debe manipular equipos delicados, trabajar cerca de una persona enferma o intervenir en procedimientos donde un movimiento incorrecto pueda comprometer la seguridad de los astronautas.

Por eso, el 85% no debe interpretarse como una fiabilidad general del robot ni como una tasa de éxito en operaciones médicas. Es el resultado de una tarea específica en condiciones controladas.

Pi0, el modelo que permite transformar instrucciones en movimientos

La tecnología utilizada incluye Pi0, un modelo de inteligencia artificial desarrollado por Physical Intelligence, que se ha adaptado mediante la infraestructura de Google Cloud.

Pertenece a la categoría de modelos de visión, lenguaje y acción. Estos sistemas procesan información visual y órdenes expresadas mediante lenguaje para generar movimientos robóticos.

Dicho de forma sencilla, permiten que una máquina relacione una instrucción con los objetos que tiene delante y decida cómo manipularlos.

El Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, conocido como JPL, también participa en el desarrollo de herramientas para mejorar la percepción espacial del robot. Parte del trabajo aprovecha tecnologías concebidas originalmente para identificar y seguir objetos en el entorno orbital.

Los investigadores han utilizado además MuJoCo, un simulador físico desarrollado por Google DeepMind, para ensayar movimientos en entornos virtuales antes de trasladarlos a equipos reales.

Esta fase es especialmente importante porque los sistemas tendrán que desenvolverse en espacios reducidos, con obstáculos y personas trabajando a poca distancia.

Inteligencia artificial que funciona sin depender de internet

Otra dificultad de las futuras misiones marcianas será la capacidad de procesamiento informático.

Los modelos avanzados de inteligencia artificial suelen necesitar recursos informáticos considerables. En la Tierra pueden utilizar grandes centros de datos, pero una nave espacial no dispone de una conexión permanente y rápida con esas instalaciones.

Google ha trabajado precisamente en trasladar parte de esa capacidad a dispositivos más pequeños, eficientes y capaces de funcionar localmente.

Durante el desarrollo, el equipo utilizó instancias G4 de Google Cloud para ajustar un modelo Pi0 de 4.000 millones de parámetros en aproximadamente dos horas y media.

Posteriormente, los investigadores demostraron que los modelos adaptados podían ejecutarse en dispositivos compactos de procesamiento local.

En los últimos dos años han evaluado alrededor de 15 dispositivos informáticos para identificar aquellos que ofrecen un equilibrio adecuado entre capacidad de cálculo, consumo energético y dimensiones.

Esta cuestión no es secundaria. En el espacio, cada kilogramo transportado y cada vatio de electricidad disponible cuentan. Un asistente que necesite una infraestructura desproporcionada difícilmente resultará práctico.

El objetivo consiste en que el robot pueda interpretar su entorno y completar tareas sin consultar permanentemente servidores terrestres.

La colaboración también aprovecha un proyecto anterior de la NASA y Google presentado en agosto de 2025: el Crew Medical Officer Digital Assistant (CMO-DA), un asistente digital de apoyo a las decisiones clínicas.

A diferencia del nuevo sistema robótico, aquella herramienta estaba orientada a proporcionar información médica y ayudar a evaluar síntomas. La investigación actual incorpora un componente físico: no solo orientar a la tripulación, sino también ayudarla a manipular los instrumentos necesarios.

Los desafíos pendientes antes de enviar el robot a Marte

El siguiente objetivo de los investigadores es desarrollar un asistente que pueda ejecutar diferentes tareas mediante instrucciones de voz, siempre bajo el control directo de los astronautas.

En las pruebas descritas hasta ahora se han utilizado instrucciones textuales en inglés para guiar los movimientos. La interacción por voz forma parte de las capacidades previstas para futuras etapas.

Todavía quedan obstáculos importantes. La tecnología deberá demostrar que funciona de manera fiable durante periodos prolongados, que responde correctamente ante situaciones imprevistas y que puede operar con las limitaciones energéticas y materiales de una misión espacial.

También será necesario evaluar su comportamiento en condiciones representativas del vuelo espacial y establecer procedimientos de seguridad que permitan a los astronautas intervenir cuando el sistema cometa un error.

No se ha anunciado una fecha para enviar este robot a la Luna o Marte, ni existe constancia pública de que el prototipo haya completado las pruebas necesarias para incorporarse a una misión tripulada.

El desarrollo encaja, no obstante, en los objetivos del programa Artemis, con el que la NASA pretende establecer una presencia humana sostenida en la Luna y preparar futuras expediciones al planeta rojo.

La agencia ya dispone de una amplia experiencia utilizando sistemas robóticos en exploración planetaria. En diciembre de 2025, por ejemplo, el vehículo Perseverance ejecutó desplazamientos por Marte cuyas rutas habían sido planificadas mediante inteligencia artificial. Aquella demostración, desarrollada en colaboración con Anthropic, pertenece a una línea de investigación distinta, pero refleja el creciente interés por aumentar la autonomía de las máquinas fuera de la Tierra.

El proyecto con Google aborda un desafío diferente: conseguir que un robot trabaje junto a los seres humanos, especialmente cuando una tarea requiera asistencia física inmediata.

La posibilidad de disponer de un ayudante capaz de preparar instrumentos médicos, organizar materiales y responder a órdenes sencillas podría reducir parte de la carga de trabajo de las futuras tripulaciones.

De momento, el avance es prometedor, pero limitado a ensayos experimentales. La distancia entre mover correctamente una bolsa en un laboratorio y prestar asistencia fiable durante una misión a Marte sigue siendo considerable.

Lo verdaderamente relevante es el cambio de enfoque. La NASA ya no estudia únicamente cómo enviar astronautas más lejos, sino cómo proporcionarles herramientas para actuar con mayor autonomía cuando la Tierra esté demasiado lejos para responder a tiempo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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