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El Supremo confirma 36 años por el triple crimen de Morata de Tajuña

El Tribunal Supremo ratifica los 36 años de cárcel a Dilawar Hussein por matar a tres hermanos de Morata de Tajuña. Su confesión no reduce la pena.

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triple crimen de Morata

Resumen

  • El Supremo mantiene los 36 años de cárcel por matar a tres hermanos en Morata
  • La confesión de Dilawar Hussein no permite reducir su condena
  • El crimen tuvo como trasfondo una deuda de 60.000 euros y una estafa amorosa

El Tribunal Supremo ha confirmado la condena a 36 años de prisión impuesta a Dilawar Hussein por matar a tres hermanos en Morata de Tajuña (Madrid) el 17 de diciembre de 2023. El alto tribunal ratifica las penas por tres delitos de homicidio y un delito de quebrantamiento de condena, y rechaza que su confesión permita reducir el castigo. Los crímenes estuvieron motivados por una deuda económica.

La resolución mantiene la responsabilidad penal del hombre que mató a golpes a Amelia, Ángeles y Pepe Gutiérrez Ayuso, tres hermanos septuagenarios, y regresó dos días después a su vivienda para prender fuego a sus cadáveres. Los tribunales han destacado la extraordinaria violencia empleada y la gravedad de una conducta que terminó con la muerte de los tres miembros de la familia.

El caso, que conmocionó a la localidad madrileña en enero de 2024, tiene detrás una historia de préstamos, amenazas y una estafa amorosa por Internet que había llevado a las dos hermanas a perder importantes cantidades de dinero. La deuda de 60.000 euros que mantenían con Hussein desencadenó un conflicto que terminó con el asesinato de los tres hermanos.

La sentencia del Supremo mantiene el castigo establecido por la Audiencia Provincial de Madrid y posteriormente avalado por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM). La defensa había tratado de conseguir una reducción de la condena mediante el reconocimiento de circunstancias atenuantes que los tribunales han descartado.

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Por qué el Supremo rechaza reducir la condena

Uno de los aspectos centrales de la resolución es la negativa a aplicar la atenuante de confesión solicitada por la defensa. Hussein reconoció su responsabilidad en el triple crimen cuando acudió a dependencias de la Guardia Civil, pero los magistrados consideran que lo hizo demasiado tarde para que ese reconocimiento tuviera consecuencias favorables en la pena.

El condenado se presentó ante los agentes el 21 de enero de 2024, aproximadamente 35 días después de los asesinatos. Para entonces, la investigación ya se dirigía contra él. Los agentes habían reunido indicios que lo relacionaban con los hechos, entre ellos datos sobre el posicionamiento de su teléfono móvil.

La investigación policial había comenzado a señalarlo como sospechoso el 18 de enero. El Supremo también tuvo en cuenta que Hussein había consultado en su teléfono noticias sobre el triple crimen y conocía que los investigadores buscaban a un prestamista relacionado con las víctimas.

Por eso, los magistrados entienden que su declaración no constituyó una colaboración decisiva con la Justicia ni permitió un avance sustancial en unas pesquisas que ya habían identificado al sospechoso.

La legislación penal española contempla la posibilidad de reducir una condena cuando el responsable reconoce los hechos ante las autoridades antes de conocer que existe un procedimiento dirigido contra él. No basta, por tanto, con admitir la autoría de un delito. Importan también el momento y las circunstancias de esa confesión.

El alto tribunal respalda el criterio de las instancias anteriores y mantiene que la condena estaba suficientemente fundamentada. La defensa tampoco consiguió que prosperara su petición de aplicar una atenuante de arrebato u obcecación.

Durante el proceso sí se tuvo en cuenta una atenuante analógica de alteración psíquica. Los informes periciales apreciaron que Hussein presentaba un trastorno de personalidad con rasgos paranoides que disminuía levemente sus capacidades en el momento de los hechos. Sin embargo, esa circunstancia no eliminaba su responsabilidad penal.

Cómo ocurrió el triple crimen de Morata de Tajuña

Los hechos se remontan al 17 de diciembre de 2023, cuando Hussein acudió a la vivienda de los hermanos Gutiérrez Ayuso, situada en la Travesía del Calvario de Morata de Tajuña.

El condenado superó el muro perimetral de la propiedad y se aproximó a la entrada. Pepe, el hermano de las dos mujeres, le abrió la puerta. Una vez dentro, Hussein lo golpeó repetidamente en la cara y la cabeza con un palo de hierro o un objeto contundente de características similares, largo, rígido y pesado.

El ataque continuó contra Amelia y Ángeles, que también recibieron numerosos golpes en la cabeza y el rostro. Los tres hermanos fallecieron como consecuencia de traumatismos craneoencefálicos.

La violencia no terminó con las muertes. El 19 de diciembre de 2023, dos días después de matar a los hermanos, Hussein regresó al inmueble y prendió fuego a los cadáveres, que permanecían en el interior de la vivienda.

Los investigadores reconstruyeron esta segunda visita durante las pesquisas. La presencia de huellas de calzado y otros indicios permitió relacionar al acusado con el escenario del crimen y establecer la secuencia de los hechos.

Los cuerpos no fueron encontrados hasta enero de 2024, después de que la prolongada ausencia de los hermanos despertara la preocupación de sus vecinos. La Guardia Civil localizó los cadáveres en el domicilio, apilados y parcialmente quemados.

La extraordinaria violencia que destacó el tribunal

La gravedad de las agresiones tuvo un peso importante en la valoración judicial. Los magistrados destacaron la violencia, agresividad y peligrosidad de la conducta del condenado, especialmente por el objeto empleado y los repetidos golpes dirigidos contra zonas vitales de las víctimas.

La edad de los tres hermanos y las circunstancias de los ataques también forman parte del contexto de unos hechos que el jurado popular consideró suficientemente acreditados.

El regreso del condenado a la vivienda para intentar quemar los cadáveres permitió reconstruir otra parte fundamental del caso. Los investigadores relacionaron aquella actuación con un intento de eliminar los rastros del triple homicidio.

Durante el juicio, Hussein admitió que había golpeado a las víctimas, aunque sostuvo que escuchaba voces y que su estado mental había influido en su comportamiento. Los informes psiquiátricos permitieron apreciar una afectación leve de sus capacidades, pero no que hubiera perdido la comprensión de sus actos.

Una estafa amorosa y una deuda de 60.000 euros

El origen del conflicto económico que desembocó en el triple homicidio se encuentra en una estafa sentimental a través de Internet que afectó a Amelia y Ángeles Gutiérrez Ayuso.

Las dos hermanas habían mantenido contactos con personas que se presentaban como militares estadounidenses destinados en Afganistán. Sus supuestas relaciones sentimentales terminaron convirtiéndose en una sucesión de peticiones de dinero.

Los estafadores utilizaron promesas personales y económicas para conseguir transferencias cada vez mayores. Las hermanas llegaron a vender propiedades y solicitar préstamos para atender aquellas exigencias, sin recibir las contraprestaciones prometidas.

Entre las personas que les prestaron dinero estaba Dilawar Hussein, al que conocían porque anteriormente había residido en una habitación de la vivienda familiar. También mantenían relación con él a través del locutorio desde el que realizaban envíos de dinero.

La deuda con el condenado alcanzó aproximadamente 60.000 euros. Cuando las hermanas dejaron de poder devolver el dinero, el conflicto se agravó y derivó en amenazas y agresiones.

La investigación estableció que Hussein actuó movido por el resentimiento relacionado con aquella deuda. Durante el proceso también se abordó su situación personal, incluida la muerte de su madre en Pakistán, a quien no había podido enviar dinero.

No se acreditó que Hussein formara parte de la organización responsable de la estafa sentimental. Su papel en esta historia fue el de un prestamista que terminó asesinando a los tres hermanos después de que las mujeres no pudieran devolverle el dinero.

Las agresiones anteriores y la orden de alejamiento

La relación entre Hussein y las víctimas ya había derivado en episodios violentos antes del triple crimen.

En febrero de 2023, el hombre agredió a Amelia, uno de los hechos que desembocaron en una condena previa. El acusado llegó a cumplir varios meses de prisión por aquella agresión y posteriormente quedó sujeto a una orden de alejamiento respecto de una de las hermanas.

La prohibición judicial seguía vigente cuando el condenado acudió a la vivienda familiar en diciembre de 2023. Su presencia en el inmueble constituyó, por tanto, un quebrantamiento de condena, delito que también forma parte de la sentencia confirmada.

Estos antecedentes resultaron importantes para reconstruir la evolución del conflicto y valorar las circunstancias en las que se produjeron las muertes. Los tribunales examinaron tanto las agresiones anteriores como el comportamiento del acusado durante las semanas previas al triple homicidio.

De la condena del jurado a la decisión del Tribunal Supremo

El proceso judicial pasó por distintas instancias antes de llegar al Supremo.

El 30 de octubre de 2025, un jurado popular declaró por unanimidad culpable a Hussein por los tres homicidios. La resolución condenatoria de la Audiencia Provincial de Madrid, dictada el 5 de noviembre, estableció posteriormente una pena de 12 años de prisión por cada víctima, hasta sumar 36 años de cárcel.

La sentencia también contempló una multa de 15 meses por el delito de quebrantamiento de condena, una sanción distinta de las penas de prisión impuestas por las tres muertes.

La defensa recurrió alegando errores en la valoración de las circunstancias atenuantes y cuestionando la decisión de no aplicar una reducción de la pena por la confesión. También sostuvo que el jurado no había valorado correctamente determinadas cuestiones relacionadas con el estado mental del acusado.

En febrero de 2026, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid desestimó el recurso y ratificó la condena. Los magistrados entendieron que el veredicto del jurado estaba correctamente fundamentado y que no existían contradicciones o irregularidades que justificaran repetir el juicio.

El condenado acudió entonces al Tribunal Supremo, que volvió a respaldar las decisiones anteriores y descartó reducir la pena por una confesión realizada cuando la investigación ya había reunido elementos suficientes contra él.

Conviene distinguir la denominación popular del caso de su calificación jurídica: aunque se conoce como el triple asesinato de Morata de Tajuña, la condena corresponde a tres delitos de homicidio, además del quebrantamiento de condena. Esa es la calificación penal recogida en las resoluciones judiciales.

Los 36 años de cárcel se mantienen sin rebajas

La resolución del Supremo confirma la condena impuesta a Dilawar Hussein y rechaza el principal argumento con el que su defensa pretendía conseguir una pena inferior.

Los magistrados consideran que el jurado valoró correctamente las pruebas y que no existen motivos suficientes para modificar la decisión judicial. La confesión del condenado, producida cuando la Guardia Civil ya lo investigaba, no reúne los requisitos para justificar la atenuante solicitada.

La sentencia deja así intactos los 36 años de prisión por la muerte de los tres hermanos de Morata de Tajuña, un caso marcado por una estafa sentimental, una deuda económica, las agresiones anteriores y el incumplimiento de una orden judicial de alejamiento.

Casi tres años después de los asesinatos, el Supremo respalda el castigo impuesto por unos hechos cuya gravedad queda reflejada tanto en las pruebas examinadas como en las resoluciones judiciales. La condena por el triple crimen de Morata de Tajuña se mantiene sin la reducción que había solicitado la defensa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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