Historia
Topless masculino: así dejó de estar prohibido en las playas públicas
Durante décadas, mostrar el torso masculino en la playa podía acabar en multa. La prohibición cayó entre cambios legales, turismo y nuevas costumbres.
Resumen
- El torso masculino desnudo estuvo prohibido en numerosas playas
- El gran cambio llegó en Estados Unidos entre 1936 y 1937
- En España las normas franquistas controlaron durante décadas el bañador
Hubo un tiempo, no tan remoto, en que un hombre podía meterse en problemas con la policía por hacer algo que resulta completamente anodino: quitarse la camiseta en la playa. En buena parte de Estados Unidos, el torso masculino descubierto estuvo sujeto a prohibiciones y normas de decencia hasta bien entrada la década de 1930. El cambio decisivo llegó entre 1936 y 1937, cuando distintas administraciones comenzaron a permitir que los hombres se bañaran únicamente con pantalón. No existió, sin embargo, una fecha universal que legalizara de golpe el llamado topless masculino: cada ciudad, estado y playa fue retirando sus restricciones a su manera.
España tampoco fue ajena a esa obsesión por reglamentar cuánta piel podía enseñarse junto al mar. Durante el franquismo, una circular de la Dirección General de Seguridad impuso desde 1941 reglas estrictas sobre el traje de baño y la conducta en playas y piscinas. Las restricciones sobrevivieron durante años. Todavía en 1957 se recordaban oficialmente las normas contra los bañadores considerados indecorosos, aunque para entonces la exigencia de cubrir pecho y espalda recaía expresamente sobre las mujeres, mientras a los hombres se les reclamaba pantalón de deporte. La costumbre, como tantas veces, iba unos metros por delante del reglamento.
Cuando enseñar el pecho masculino se consideraba indecente
La imagen resulta extraña desde el presente. A comienzos del siglo XX, los hombres acudían a muchas playas estadounidenses con bañadores de una pieza que cubrían el torso y parte de las piernas. La cuestión no era únicamente estética. En numerosos lugares existían reglamentos sobre moralidad pública que permitían sancionar al bañista cuyo traje mostrase demasiado cuerpo.
Lo que conocemos como topless masculino ni siquiera necesitaba entonces ese nombre. Se hablaba de bañarse con el torso desnudo, de trajes sin parte superior o de bareback bathing. La idea de que el pecho de un hombre era una zona perfectamente neutra todavía no estaba asentada socialmente. La frontera entre lo decoroso y lo indecente se movía con una facilidad que, vista desde el presente, parece casi cómica.
Coney Island convirtió el bañador en una cuestión policial
Nueva York fue uno de los escenarios de aquella peculiar guerra textil. En 1934 hubo hombres detenidos o multados en Coney Island por aparecer en la playa sin la parte superior del bañador. Las autoridades podían considerar indecente esa cantidad de piel y los propios jueces no siempre interpretaban las normas de la misma manera. El resultado era bastante surrealista: lo permitido en una playa podía acabar en multa unos kilómetros más allá.
La resistencia creció. Algunos bañistas se quitaban deliberadamente la parte superior del traje; otros dejaban caer los tirantes sobre los hombros, una especie de rebelión mínima pero muy visible. En Atlantic City, una de las grandes ciudades turísticas de la costa de Nueva Jersey, 42 hombres fueron detenidos en 1935 por bañarse con el torso descubierto. Pagaron multas. Y las autoridades locales llegaron a utilizar comparaciones con “gorilas” para defender que la playa debía mantener cierta apariencia. El lenguaje envejeció bastante peor que los bañadores.
1936 y 1937, los años que cambiaron el topless masculino
El gran giro se produjo a mediados de los años treinta. En 1936, distintas zonas de Nueva York comenzaron a levantar las restricciones que obligaban a los hombres a cubrirse el torso en la playa. Durante un tiempo convivieron espacios permisivos con otros en los que todavía se exigía una prenda superior, una muestra bastante gráfica de cómo una vieja norma puede desaparecer a trompicones y no mediante un único decreto.
Atlantic City cedió en 1937. Su alcalde, C. D. White, había defendido durante el verano anterior que los bañadores masculinos sin camiseta simplemente no resultaban apropiados. Tras regresar de unas vacaciones en Florida, cambió de opinión y la ciudad permitió el baño con el torso desnudo. Aquella decisión tuvo un considerable valor simbólico porque Atlantic City había sido precisamente uno de los bastiones de la prohibición.
No hubo una gigantesca sentencia que liberara simultáneamente todos los pezones masculinos del planeta. Hubo algo más prosaico: ordenanzas que cambiaban, jueces que anulaban restricciones, autoridades que dejaban de aplicarlas y bañistas que seguían quitándose la camiseta hasta que la prohibición empezó a parecer más extravagante que la conducta perseguida.
De conducta provocadora a bañador convencional
La transformación fue rápida. En 1938, apenas unos años después de aquellas detenciones, las revistas estadounidenses ya mostraban a hombres de distintas edades usando bañadores sin parte superior. Lo que había provocado multas se estaba convirtiendo en la silueta convencional del bañista masculino. Una costumbre castigada por indecente pasaba, casi sin ceremonia, al escaparate de la moda.
Hollywood ayudó a convertir el torso masculino en algo normal
Las normas jurídicas explican una parte de la historia; la cultura popular explica bastante del resto. Johnny Weissmuller, campeón olímpico de natación convertido en Tarzán, apareció mostrando el torso en el cine a comienzos de los años treinta. Aquella anatomía cinematográfica poco tenía que ver con los bañadores recatados exigidos todavía en numerosas playas.
Después llegó Clark Gable. En Sucedió una noche, estrenada en 1934, el actor aparecía quitándose la camisa. La escena tuvo una enorme repercusión cultural y coincidió con el avance de una estética masculina cada vez menos cubierta. Sería excesivo atribuir a Hollywood la desaparición de las prohibiciones, pero películas, publicidad, deporte y turismo hicieron que el pecho masculino desnudo dejase de parecer excepcional. La ley terminó persiguiendo una imagen que el público empezaba a ver continuamente fuera de la playa.
El cambio revela algo bastante sencillo sobre las convenciones sociales: aquello que una generación considera escandaloso puede convertirse en el uniforme informal de la siguiente. Pantalón corto, gafas de sol, crema solar y torso al aire. Nada especialmente revolucionario. Ochenta años antes, suficiente para conocer a un policía.
En España también hubo una policía del bañador
La España de posguerra llevó la vigilancia de las playas bastante más lejos. La Dirección General de Seguridad dictó normas sobre moralidad pública, trajes de baño, albornoces y comportamiento de los bañistas. Las disposiciones implantadas desde 1941 perseguían las prendas consideradas indecorosas y regulaban incluso la permanencia fuera del agua en traje de baño.
La playa no era todavía ese territorio relativamente informal que conocemos. Hubo lugares con separación entre hombres y mujeres y zonas donde el albornoz debía utilizarse al abandonar el agua. Las autoridades civiles y religiosas vigilaban una escena cotidiana que se entendía como una cuestión de moral pública. El bañador, en definitiva, podía ser casi un documento administrativo.
Una circular de 1957 seguía prohibiendo prendas consideradas indecorosas, entre ellas determinados modelos femeninos de dos piezas y los slips masculinos. Exigía a las mujeres llevar pecho y espalda cubiertos y usar faldilla; para los hombres establecía pantalones de deporte. El matiz resulta importante: a esas alturas, el torso masculino descubierto ya no aparecía sometido a la misma prohibición explícita de las primeras normas de posguerra.
Durante los años siguientes, el turismo internacional, la apertura económica y unas costumbres que cambiaban a pie de playa fueron erosionando aquel rígido código moral. El bañador masculino moderno había encontrado su sitio; el bikini femenino todavía tendría que librar una batalla social bastante más larga. La España turística empezaba a comprobar que resultaba difícil vender sol y playa mientras se medían los centímetros de tela.
Una prohibición que dejó de parecernos imaginable
La historia del topless masculino resulta llamativa precisamente porque su desenlace ha sido casi completo. Enseñar el pecho de un hombre en una playa parece hoy una conducta tan corriente que cuesta imaginarla convertida en infracción de decencia. Hace menos de un siglo, sin embargo, hubo detenciones, multas, protestas y normas administrativas dedicadas a impedirlo.
En Estados Unidos, 1936 y 1937 marcan el gran punto de inflexión, aunque la desaparición de las prohibiciones fue local y gradual. En España, el control de la indumentaria playera sobrevivió con especial intensidad durante las primeras décadas del franquismo y fue perdiendo terreno conforme avanzaron los años cincuenta y sesenta. No hubo un interruptor. Hubo costumbres que cambiaron, normas que quedaron viejas y administraciones que terminaron aceptando lo evidente.
Quizá ahí esté lo más interesante de aquella historia. No en la camiseta que desapareció, sino en la rapidez con la que desapareció también la idea de que debía existir. Un pecho masculino pasó de ser asunto de policía a no ser asunto de nadie. Y lo hizo en apenas una generación.
-
EspañaCuatro jóvenes agreden a un conductor del tranvía durante el Pilar
-
TecnologíaMuere Richard ‘Levelord’ Gray, el diseñador detrás de Duke Nukem 3D
-
EconomíaVillajoyosa plantea dos años sin nuevas licencias de pisos turísticos
-
MundoJapón sopesa submarinos de propulsión nuclear con Takaichi al frente
-
SaludNavarra registra 305 casos de salmonelosis y alerta por las tortillas
-
CienciaRejuvenecen células de sangre de 80 años y las convierten en neuronas
-
EstiloCabello en la menopausia: cuidados, color y tratamientos adecuados
-
EspañaUna lista única puede arrebatar al PP el control del Senado el 29-N
-
MundoMarruecos negocia con Israel misiles LORA de hasta 430 km de alcance
-
MundoVenezuela retoma el diálogo y negocia una reforma electoral clave
-
TecnologíaLa PS5 con jailbreak emula Xbox, Switch y PS2 y avanza hacia el PC
-
CienciaTres galaxias sin materia oscura refuerzan la idea de que sí existe