España
Récord de la universidad privada: suma 172.000 alumnos en una década
Las universidades privadas rozan ya uno de cada cuatro alumnos de grado y dominan los másteres, impulsadas por la enseñanza online y Sanidad.
Resumen
- La universidad privada suma unos 172.000 alumnos de grado en una década
- Casi uno de cada cuatro estudiantes de grado ya elige una privada
- En los másteres, las privadas concentran ya más de la mitad del alumnado
La universidad privada atraviesa una expansión inédita en España. El avance oficial del curso 2025-2026 sitúa en 347.276 los estudiantes matriculados en grados privados, frente a 1.107.428 en las universidades públicas. La diferencia sigue siendo enorme, pero la fotografía cambia cuando se mira hacia atrás: las privadas han incorporado alrededor de 172.000 alumnos en una década, mientras que el crecimiento de la pública ha sido prácticamente plano.
Hay, además, un dato que explica buena parte del ruido alrededor de estas cifras. El Ministerio ya había constatado un incremento del 49,2% de la matrícula privada de grado en apenas cinco años, entre los cursos 2019-2020 y 2024-2025. En ese mismo periodo, la pública avanzó solo un 1,2%. El famoso “50% más” no es, por tanto, una impresión ni una redondez publicitaria: describe una aceleración muy concreta del sistema privado. Y los datos posteriores apuntan a que la tendencia no se ha detenido.
La universidad privada deja de ser una opción minoritaria
Durante décadas, estudiar en una universidad privada en España era una posibilidad relativamente minoritaria, muy vinculada a determinadas familias, carreras o centros históricos. Ese mapa se está borrando. Poco a poco primero; deprisa, últimamente.
En el curso 2025-2026 había 1.454.704 estudiantes de grado en España. De ellos, casi uno de cada cuatro estaba matriculado en una institución privada. La pública conserva algo más del 76% del alumnado de grado, de modo que hablar de sustitución sería exagerado. Hablar de cambio estructural, no tanto.
La comparación con hace diez años resulta todavía más gráfica. España ha pasado de 32 universidades privadas a 45 en una década, mientras el número de públicas permanece en 50. Más universidades, más titulaciones y una oferta que ha encontrado hueco allí donde la demanda era fuerte.
El dato del 50% esconde un crecimiento todavía mayor
Conviene afinar aquí las cifras, porque los porcentajes universitarios tienen cierta tendencia a terminar mezclados en la misma coctelera.
El 49,2% corresponde al incremento de estudiantes de grado en universidades privadas entre 2019-2020 y 2024-2025: se pasó de 217.204 a 324.028 matriculados. Si la mirada se amplía a diez años, el crecimiento era ya del 84,1% hasta 2024-2025. Las privadas presenciales aumentaron un 78,4% y las privadas no presenciales, un 97,9%.
El avance de 2025-2026 lleva el número de matriculados privados hasta 347.276 alumnos. La noticia, por tanto, no es simplemente que la universidad privada haya crecido un 50%. Es que lleva varios cursos creciendo mucho más rápido que la pública y se acerca a duplicar en una década su número de alumnos de grado.
La pública, mientras tanto, sigue siendo la columna vertebral del sistema. Mantiene más de 1,1 millones de alumnos de grado, concentra buena parte de la investigación y continúa siendo la opción mayoritaria. Pero apenas ha absorbido el aumento global de estudiantes. Ahí está la grieta por la que ha entrado el sector privado.
La formación online y las carreras sanitarias pisan el acelerador
Uno de los motores más visibles está detrás de una pantalla. Las universidades privadas no presenciales han aumentado con especial intensidad y han convertido la enseñanza online en un mercado universitario de gran tamaño. En el quinquenio analizado hasta 2024-2025, su matrícula de grado creció un 53,6%, mientras la de las universidades públicas no presenciales descendió un 3%.
Es una transformación bastante doméstica: portátil sobre la mesa, clases por la tarde, estudiante que trabaja, alguien que vive lejos de un campus o que busca una segunda titulación. La universidad ya no necesita necesariamente césped, cafetería y tres edificios de ladrillo. Para los centros privados, esa flexibilidad permite ampliar alumnado sin reproducir exactamente la estructura del campus tradicional.
También pesa la demanda en Educación y Ciencias de la Salud. Enfermería ofrece uno de los ejemplos más llamativos: las universidades privadas han incorporado alrededor de 28.000 estudiantes más en una década, frente a unos 3.500 adicionales en las públicas. En Medicina, las privadas pasaron de 6.958 matriculados hace diez años a 11.028 en 2025-2026; de las casi 5.000 matrículas adicionales registradas en ese periodo, más de 4.000 corresponden al sector privado.
No es difícil entender el atractivo. Las titulaciones sanitarias soportan una fuerte presión de acceso en la universidad pública. Los últimos datos disponibles situaban la nota media de admisión de Medicina cerca de 13 puntos sobre 14, con Veterinaria y Enfermería también entre los estudios más exigentes. Cuando la plaza pública no llega, la privada aparece —para quien puede pagarla— como una segunda puerta.
En los másteres, la privada ya ha adelantado a la pública
Si en los grados todavía domina claramente el sistema público, en los másteres la carrera ya ha cambiado de líder. En el curso 2025-2026 las universidades privadas matricularon 184.412 estudiantes de máster, frente a 149.902 en las públicas. Más del 55% del alumnado de este nivel estudia ya en el sector privado.
La modalidad a distancia tiene aquí un peso enorme: unos 119.900 estudiantes cursan online un máster privado, alrededor de dos de cada tres alumnos de posgrado del sector. El máster encaja especialmente bien en un modelo flexible, compatible con el empleo y con una oferta que puede captar alumnos de cualquier comunidad autónoma.
El caso del máster de formación del profesorado es revelador. Es obligatorio para ejercer en buena parte de la enseñanza secundaria y, mientras la oferta pública se mantiene muy tensionada, la privada ha seguido ampliando capacidad. Cuando un título es habilitante, la demanda no desaparece porque falten plazas; sencillamente busca otra ventanilla.
Madrid concentra buena parte de la expansión
La geografía también cuenta. Madrid encabeza el mercado universitario privado, con 96.028 alumnos en el curso 2025-2026, seguida por Cataluña, con 85.555. En el conjunto del sistema, Madrid registra además el mayor número de universitarios de España, por delante de Cataluña, Andalucía y la Comunidad Valenciana.
La evolución de la última década es especialmente intensa en Madrid y Castilla y León, donde el alumnado de grado de las privadas se ha duplicado. Andalucía lo ha multiplicado aproximadamente por cuatro. La universidad privada ya no es, pues, un fenómeno confinado a unos cuantos campus de las grandes capitales; se ha convertido en una pieza relevante de las políticas universitarias autonómicas.
Y mientras crece el alumnado, crece también la oferta. Más grados, dobles titulaciones, programas internacionales, campus nuevos y formación digital. El catálogo privado se mueve con rapidez hacia las carreras donde existe demanda suficiente para sostenerlo.
El precio marca la frontera que las estadísticas no enseñan
Todo este crecimiento tiene una cara menos vistosa. La universidad privada puede abrir una alternativa cuando una nota de corte deja fuera al estudiante o cuando la pública no dispone de suficientes plazas, pero esa alternativa depende del dinero disponible en casa.
Los precios varían enormemente entre universidades y titulaciones. En determinados grados sanitarios y programas internacionales, el coste supera los 20.000 euros anuales y algunos programas alcanzan cifras bastante mayores. A eso pueden añadirse alojamiento, transporte y manutención cuando el alumno estudia fuera de su ciudad.
Ahí aparece el debate de fondo. Una cosa es que crezca la iniciativa privada y otra distinta que el acceso a una determinada profesión termine dependiendo, en parte, de si una familia puede asumir cinco cifras de matrícula cada curso. La universidad pública funciona precisamente como contrapeso de esa barrera económica; de ahí que su estancamiento en número de alumnos tenga implicaciones que van bastante más allá de una competición entre campus.
Los datos disponibles dibujan incluso diferencias sociales en el perfil del alumnado. En las universidades privadas, el 81,3% de los estudiantes de grado tiene al menos un progenitor con estudios superiores, frente al 64,6% en las públicas. También es mayor el peso de alumnos procedentes de hogares con ocupaciones profesionales de nivel alto. No significa que todos los estudiantes privados pertenezcan a familias acomodadas —sería una caricatura—, pero sí revela que el origen socioeconómico continúa pesando.
El mapa universitario español ya es otro
La expansión privada no parece una anomalía de uno o dos cursos. Hay más centros, más estudiantes, más enseñanza online y un dominio ya evidente en determinados másteres. En grado, la pública conserva una mayoría contundente, pero el crecimiento se está produciendo casi enteramente en el otro lado del sistema.
La cifra del 50% sirve para abrir la puerta; detrás hay algo mayor. En cinco años la matrícula privada de grado avanzó cerca de ese porcentaje y, al ampliar el foco a una década, el número de alumnos prácticamente se ha duplicado. España mantiene una gran universidad pública, pero alrededor de ella ha surgido a velocidad de vértigo un segundo sistema universitario que cada curso pesa más. Y eso, más que un récord estadístico, empieza a parecer un cambio de época.
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