Ciencia
Voyager 1 llegará a un día luz de la Tierra el 18 de noviembre de 2026
La Voyager 1 alcanzará el 18 de noviembre de 2026 una distancia de un día luz. El retraso en las comunicaciones complicará su misión científica.
Imagen: NASA/JPL / Wikimedia Commons (dominio público).
Resumen
- Voyager 1 alcanzará un día luz de la Tierra el 18 de noviembre de 2026
- Las señales de radio tardarán 24 horas en llegar desde la Tierra
- La NASA mantiene operativa la nave pese a la pérdida gradual de energía
La Voyager 1 alcanzará el próximo 18 de noviembre de 2026 una distancia de un día luz de la Tierra, un récord que ningún otro objeto fabricado por el ser humano ha conseguido. La sonda de la NASA se encontrará entonces a unos 25.902 millones de kilómetros de nuestro planeta, después de más de 49 años de viaje. El momento está previsto para las 11.16 horas, según el horario peninsular español.
La cifra tiene una consecuencia extraordinaria: las señales de radio necesitarán 24 horas para llegar desde la Tierra hasta la Voyager 1 y otras 24 para regresar. Cualquier intercambio de información requerirá, como mínimo, dos días. Y hablamos de una nave lanzada en 1977, diseñada inicialmente para explorar Júpiter y Saturno, que continúa enviando datos científicos desde el espacio interestelar.
La NASA ha confirmado la fecha de este nuevo hito, que se producirá mientras la nave avanza a unos 61.000 kilómetros por hora. No habrá ninguna transformación física cuando alcance esa distancia. Tampoco atravesará una nueva frontera cósmica. El día luz es una unidad de medida, no un límite del espacio. Su importancia está en lo que representa: hasta dónde ha conseguido llegar una tecnología desarrollada hace casi medio siglo.
El acontecimiento llega, además, en un momento delicado para la misión. Los ingenieros estadounidenses continúan administrando una reserva de energía cada vez menor y acaban de superar una interrupción inesperada de las comunicaciones. La sonda sigue funcionando, pero mantenerla operativa exige decisiones que hace años habrían parecido impensables.
Qué significa estar a un día luz de la Tierra
Un día luz es la distancia que recorre la luz en el vacío durante 24 horas. Como su velocidad es de aproximadamente 300.000 kilómetros por segundo, el resultado equivale a 25.902.068.356 kilómetros.
Aunque su nombre pueda resultar engañoso, no se trata de una medida de tiempo, sino de distancia. Es el mismo principio que se utiliza para hablar de años luz cuando los astrónomos describen la separación entre estrellas o galaxias.
Para comprender su magnitud basta con comparar algunas distancias conocidas. La luz tarda alrededor de 1,3 segundos en viajar desde la Luna hasta la Tierra. Desde el Sol necesita unos ocho minutos y veinte segundos. Cuando alcanza Neptuno, situado mucho más lejos, hablamos ya de varias horas.
La Voyager 1 estará a unas 173 veces la distancia media entre la Tierra y el Sol. Ha tardado 49 años, dos meses y 11 días en alcanzar un punto al que la luz llega en una sola jornada.
Conviene aclarar otro detalle: la sonda lleva desde agosto de 2012 fuera de la heliosfera, la enorme región dominada por el viento solar. Aquello sí fue el cruce de una frontera física, la heliopausa, que separa el entorno del Sol del medio interestelar.
El hito de noviembre es diferente. La nave no entrará en otra región del universo por encontrarse exactamente a un día luz. Simplemente seguirá alejándose.
Dos días para enviar una orden y recibir una respuesta
La distancia convierte las comunicaciones con la Voyager 1 en una operación particularmente compleja. Los controladores de la NASA utilizan la Red de Espacio Profundo, un sistema internacional de grandes antenas que permite comunicarse con vehículos espaciales situados a enormes distancias.
Cuando los científicos envían una instrucción, las ondas de radio viajan a la velocidad de la luz. No existe ninguna tecnología capaz de hacer que esa información llegue instantáneamente.
A partir del 18 de noviembre, una orden enviada desde la Tierra necesitará aproximadamente un día para alcanzar la sonda. Si esta ejecuta la instrucción y transmite una respuesta, la información tardará otro día en regresar. Cualquier operación de diagnóstico puede prolongarse todavía más.
Por qué la Voyager 1 debe funcionar con tanta autonomía
Este retraso obliga a la nave a disponer de mecanismos automáticos de protección. Si sus sistemas detectan determinadas anomalías, pueden activar equipos de reserva o adoptar una configuración segura sin esperar instrucciones terrestres.
Es una necesidad. Ante una avería, los ingenieros no pueden intervenir en tiempo real: cuando reciben los datos de un problema, la situación que describen ocurrió aproximadamente 24 horas antes.
El aumento de la distancia también dificulta la recepción de las señales, que llegan extraordinariamente debilitadas. Recuperar información científica de una nave tan lejana requiere antenas de gran sensibilidad y una planificación cuidadosa de las comunicaciones.
De Júpiter y Saturno al espacio interestelar: 49 años de viaje
La historia de la Voyager 1 comenzó el 5 de septiembre de 1977, cuando despegó desde Cabo Cañaveral, en Florida. Su gemela, la Voyager 2, había partido unas semanas antes, el 20 de agosto.
Aunque fue lanzada después, la Voyager 1 siguió una trayectoria más rápida y adelantó a su compañera durante los primeros meses de misión.
En marzo de 1979 realizó su aproximación a Júpiter y en noviembre de 1980 sobrevoló Saturno. Aquellos encuentros proporcionaron información fundamental sobre los planetas gigantes, sus atmósferas, sus anillos y sus satélites.
La trayectoria elegida para estudiar Titán, la mayor luna de Saturno, dirigió posteriormente a la sonda fuera del plano principal de las órbitas planetarias. Su misión científica estaba lejos de terminar.
En 1990 tomó una de las fotografías más conocidas de la exploración espacial: «Un punto azul pálido», una imagen de la Tierra obtenida desde unos 6.000 millones de kilómetros de distancia. Nuestro planeta aparecía reducido a una pequeña mota en la inmensidad del espacio.
Después, las cámaras fueron desconectadas para ahorrar energía. La nave continuó su recorrido utilizando otros instrumentos científicos, hasta que en 2012 se convirtió en la primera sonda en entrar en el espacio interestelar.
Su compañera, Voyager 2, atravesó la heliopausa en 2018. Ambas son los únicos vehículos espaciales que han realizado mediciones directas más allá de esa frontera.
La energía, el principal problema de la Voyager 1
El gran desafío de la misión ya no consiste en alcanzar una determinada distancia. Es mantener vivos sus sistemas.
La Voyager 1 dispone de tres generadores termoeléctricos de radioisótopos, que convierten en electricidad el calor producido por la desintegración radiactiva del plutonio. A diferencia de los paneles solares, este sistema permite obtener energía sin depender de la luz del Sol.
Su rendimiento, sin embargo, disminuye con los años. La NASA calcula que las sondas Voyager pierden aproximadamente cuatro vatios de potencia eléctrica cada año.
La reducción obliga a desconectar progresivamente componentes. En febrero de 2025 se apagó el detector de rayos cósmicos de la Voyager 1 y en abril de 2026 dejó de funcionar, por motivos de ahorro energético, el instrumento dedicado a las partículas cargadas de baja energía.
Actualmente permanecen activos dos instrumentos científicos principales: el magnetómetro, que estudia los campos magnéticos, y el sistema de ondas de plasma, utilizado para investigar las propiedades del medio interestelar.
La NASA consiguió en septiembre de 2026 reducir todavía más el consumo sustituyendo tres dispositivos por alternativas de menor demanda eléctrica. La operación permite prolongar el funcionamiento de los instrumentos restantes y evitar, al menos por ahora, nuevas desconexiones.
Sin esa intervención, la agencia había previsto que podría necesitar apagar otro instrumento científico a partir del verano de 2027.
El último susto: una interrupción de las comunicaciones
La fragilidad de una misión tan antigua quedó patente los días 18 y 19 de octubre de 2026, cuando la NASA no consiguió detectar la señal de la Voyager 1 durante dos intentos programados de comunicación.
El contacto se recuperó el 20 de octubre y, según la actualización publicada por la agencia el día 29, se ha mantenido desde entonces.
Los ingenieros comprobaron que un conjunto de propulsores había quedado fuera de servicio y que sus unidades de reserva se habían activado automáticamente. La investigación sobre lo ocurrido continuaba abierta.
El incidente refleja las dificultades de mantener operativa una nave construida con tecnología de los años setenta. Una avería relativamente pequeña puede convertirse en un problema serio cuando cualquier intercambio de instrucciones necesita casi dos días.
La NASA confía en prolongar la actividad científica durante los próximos años, aunque no existe una fecha garantizada para el final de la misión. La pérdida progresiva de potencia y las posibles averías determinarán cuánto tiempo podrá seguir transmitiendo información.
La Voyager 1 seguirá alejándose mucho después del récord
El 18 de noviembre será una fecha histórica, pero no supondrá ningún cambio en la trayectoria de la sonda. Su distancia respecto a la Tierra seguirá aumentando, al igual que el tiempo necesario para comunicarse con ella.
La Voyager 2 también se encamina hacia el mismo récord. La NASA estima que alcanzará un día luz de distancia de la Tierra en noviembre de 2035, aproximadamente nueve años después que su gemela.
El viaje de la Voyager 1 tiene una perspectiva todavía más larga. Actualmente avanza en dirección a la región del cielo donde se encuentra Gliese 445, una estrella situada a más de 17 años luz de nuestro planeta.
Si mantiene su trayectoria, dentro de unos 40.000 años pasará a aproximadamente 1,7 años luz de esa estrella. No significa que vaya a visitarla de cerca, y mucho menos que pueda alcanzarla en una misión científica convencional.
Para entonces, sus generadores habrán dejado de suministrar la energía necesaria para mantener las comunicaciones. Pero la nave continuará desplazándose por el espacio.
A bordo seguirá transportando el disco de oro que la NASA incorporó a las dos Voyager, con sonidos, imágenes y mensajes destinados a representar la diversidad de la vida y la cultura terrestres.
Casi medio siglo después de su lanzamiento, la Voyager 1 todavía permite estudiar una región del espacio inaccesible para cualquier otro instrumento de origen humano. Alcanzar un día luz no amplía por sí solo ese conocimiento, pero pone una cifra precisa a la distancia recorrida y a la extraordinaria duración de la misión.
El récord llegará el 18 de noviembre de 2026. La exploración, mientras sus sistemas lo permitan, continuará.
-
NaturalezaTerremotos en España hoy, 2 de noviembre: un seísmo de 2,3 en Granada
-
EspañaIncendios en España: focos y riesgo alto en Asturias el 2 de noviembre
-
MundoKast cae al 29% tras rebajar penas a 56 agresores sexuales de menores
-
EspañaAccidente de Urda: balance, víctimas y novedades cuatro días después
-
MundoTexas bate récord de voto anticipado con 7,4 millones antes del 3N
-
MundoGeorgia se distancia de Trump ante unas legislativas decisivas en 2026
-
MundoEcuador activa su cuarto toque de queda en cinco provincias costeras
-
CulturaMuere Miquel Navarro a los 81 años, maestro de la escultura española
-
EconomíaLos autónomos afrontan 2027 con las cuotas y la reforma aún bloqueadas
-
CienciaLa NASA ve inevitable llegar a Marte tras 378 días de misión simulada
-
EspañaUrda agrava la fuga del AVE: cuántos viajeros puede perder tras Adamuz
-
CienciaRecrean el vidrio romano de 1.600 años que cambia de verde a rojo