Naturaleza
Zaragoza, Capital Verde Europea 2028 tras imponerse a cuatro ciudades
Zaragoza logra el título de Capital Verde Europea 2028 y recibirá 600.000 euros para reforzar sus políticas de clima, agua y biodiversidad urbana.
Por Gregorio Puga Bailón - Flickr, CC BY 2.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Zaragoza será Capital Verde Europea 2028 y recibirá 600.000 euros
- La UE premia su gestión del agua, el clima, los residuos y la biodiversidad
- El título exigirá convertir los planes verdes en mejoras visibles en la ciudad
Zaragoza ha sido elegida Capital Verde Europea 2028, el principal reconocimiento de la Unión Europea a las grandes ciudades que han convertido la sostenibilidad en algo más que una colección de planes bien encuadernados. La capital aragonesa se impuso en la final a Aalborg, Bielsko-Biała, Košice y Oporto y recibirá 600.000 euros para desarrollar su programa ambiental durante el año del título.
El jurado internacional valoró especialmente la gobernanza ambiental, la continuidad de las políticas públicas y la capacidad de Zaragoza para afrontar los efectos del cambio climático sin desligarlos de la cohesión social. Detrás del premio hay cifras concretas: menos consumo de agua, reducción de emisiones, una extensa red de espacios naturales y una estrategia que quiere llevar a la ciudad hacia la neutralidad climática en 2030.
Zaragoza se impone a cuatro grandes ciudades europeas
El fallo se conoció en Guimarães, Portugal, Capital Verde Europea en 2026. Zaragoza llegaba por primera vez a la última fase del premio y tenía enfrente a Aalborg, Bielsko-Biała, Košice y Oporto, todas ellas seleccionadas previamente después de una evaluación técnica independiente.
No era una competición de jardinería urbana ni un concurso sobre quién tiene más parques. Los expertos examinaron áreas como la calidad del aire, agua, biodiversidad, zonas verdes, residuos, economía circular, ruido y las políticas de mitigación y adaptación climática. En total, 27 ciudades europeas participaron en los premios ambientales correspondientes a 2028.
La Comisión Europea destacó que Zaragoza había demostrado un compromiso de largo recorrido y una estructura de gestión capaz de mantener políticas ambientales durante años. Es un matiz importante. Europa no ha premiado solamente proyectos futuros, sino resultados acumulados y una hoja de ruta que, al menos sobre el papel y en buena parte también sobre el terreno, ya está funcionando.
Los datos ambientales que han pesado en la elección
Uno de los puntos fuertes de Zaragoza está en el agua, un asunto nada menor para una ciudad situada en un territorio acostumbrado a convivir con sequías, altas temperaturas y episodios extremos. El consumo doméstico se situó en 100,4 litros por habitante y día en 2024, mientras que el consumo total de la ciudad ha bajado desde unos 105 hectómetros cúbicos anuales en los años ochenta hasta alrededor de 61.
También pesa la evolución de la calidad del aire. La exposición media ponderada a partículas PM2,5 se sitúa en 9,79 microgramos por metro cúbico, un registro que coloca a la ciudad entre los valores más bajos de Europa según la documentación presentada por Zaragoza. En 2025, los contaminantes medidos permanecieron por debajo de los límites comunitarios.
Naturaleza dentro y alrededor de la ciudad
La candidatura encontró otro argumento poderoso en la biodiversidad. Aproximadamente el 27% del término municipal está protegido y Zaragoza dispone de 12 espacios integrados en la Red Natura 2000, que suman cerca de 35.978 hectáreas.
La relación cotidiana de los vecinos con esas zonas verdes también cuenta: el 76,5% de la población vive a menos de 300 metros de un espacio verde público superior a 5.000 metros cuadrados. A eso se añade el Bosque de los Zaragozanos, un proyecto que prevé alcanzar los 700.000 árboles.
No toda la transformación cabe en una fotografía aérea bonita. Parte del trabajo está en las tuberías, depuradoras, redes de saneamiento y gestión de residuos, ese urbanismo menos vistoso que suele ser precisamente el que determina si una ciudad funciona bien.
Menos emisiones y la mirada puesta en 2030
Zaragoza ha reducido sus emisiones aproximadamente un 25% entre 2005 y 2019, y la caída por habitante alcanza el 31%. Su objetivo declarado es recortarlas un 80% para 2030 mediante el denominado Climate City Contract y avanzar hacia la neutralidad climática dentro de la misión europea de ciudades climáticamente neutras.
La ciudad forma parte de ese grupo europeo que pretende acelerar veinte años el calendario general de neutralidad climática de la UE. Una ambición considerable —también incómoda— porque obliga a convertir los anuncios en obras, transporte, rehabilitación energética y cambios de hábitos reales.
En adaptación climática, el Ayuntamiento ha planteado 47 medidas distribuidas en nueve ámbitos, con indicadores de seguimiento. Zaragoza cuenta además con refugios climáticos y actuaciones vinculadas a la renaturalización urbana, la rehabilitación de barrios y la recuperación de espacios fluviales.
Los residuos, otro frente que Europa ha valorado
Entre 2018 y 2025, la generación total de residuos de Zaragoza se redujo un 15,93%, hasta unas 287.063 toneladas. La candidatura presentó asimismo proyectos de economía circular como CIRCULAR BIOCARBON y REDOL.
Uno de los planes de mayor tamaño es Zaragoza Zero Waste, una futura instalación destinada a tratar unas 150.000 toneladas de residuos al año, con una inversión prevista de 162 millones de euros y la aspiración de reducir de forma muy sustancial las emisiones asociadas al tratamiento.
Qué supone ser Capital Verde Europea 2028
El título convierte a Zaragoza durante 2028 en una especie de escaparate urbano europeo. La ciudad organizará actividades, encuentros y proyectos destinados tanto a mostrar sus políticas ambientales como a intercambiar experiencias con otras ciudades.
La Comisión Europea acompaña la designación con 600.000 euros, una cantidad destinada a impulsar actuaciones vinculadas al programa de la capitalidad. No es una lluvia de millones capaz de transformar por sí sola una ciudad de este tamaño; el valor del reconocimiento está sobre todo en la proyección internacional, el acceso a redes europeas y el impulso político que proporciona.
El Ayuntamiento había presentado alrededor de 150 acciones para 2028. Entre las previstas aparecen un programa denominado Ebro Vivo, coincidiendo con los veinte años de la Expo Zaragoza 2008, encuentros europeos sobre resiliencia y economía circular y una versión ambiental del festival Vive Latino.
Un árbol ligado a cada entrada del Vive Latino
Una de las propuestas más llamativas vincula el festival Vive Latino con el programa verde: la compra de cada entrada o abono llevaría asociada la plantación de un árbol para la ciudad.
La iniciativa busca conectar un gran acontecimiento cultural con los objetivos ambientales, aunque su verdadero peso dependerá, naturalmente, de cómo se concrete la plantación, el mantenimiento posterior y la supervivencia de esos árboles. Plantar es sencillo; conseguir que el árbol siga dando sombra veinte veranos después es otra historia.
De la Expo de 2008 a la capitalidad verde
La elección tiene también cierta continuidad histórica. La Expo Internacional de 2008 colocó el agua y el desarrollo sostenible en el centro de la proyección internacional de Zaragoza. Dos décadas después, el Ebro vuelve a aparecer en el relato de ciudad, esta vez acompañado por la adaptación al calor, la reducción de emisiones y la recuperación de naturaleza urbana.
Durante estos años se han sucedido proyectos como la renaturalización del Huerva, la rehabilitación de barrios, la ampliación de zonas peatonales y distintas actuaciones sobre el espacio público. A la vez, Zaragoza ha ido acumulando reconocimientos europeos: obtuvo el Premio Ciudad Accesible 2026 y será Ciudad Europea del Deporte en 2027.
El título verde encaja, por tanto, en una estrategia de posicionamiento internacional más amplia. Pero también sube el listón. Desde este momento será más difícil justificar contradicciones entre la etiqueta ambiental y cualquier decisión urbana que vaya en dirección contraria. Los premios tienen esa pequeña incomodidad: después hay que parecerse a ellos.
Un premio que obliga a demostrar resultados
Zaragoza llegará a 2028 con un reconocimiento que la coloca en primera línea de las políticas ambientales urbanas europeas y con una agenda que pretende convertir la capital aragonesa en laboratorio europeo de resiliencia climática.
La Comisión Europea ha premiado una combinación de resultados medibles, planificación de largo plazo y capacidad para implicar a instituciones y ciudadanía. Ahora comienza una fase menos ceremonial. Los 600.000 euros, las 150 actuaciones previstas y los compromisos climáticos deberán acabar notándose en calles más habitables, menos emisiones, mejor gestión del agua y más protección frente al calor.
Ahí estará, al final, la verdadera medida de la Capital Verde Europea 2028. No en la placa ni en el logotipo, sino en cómo se viva Zaragoza cuando llegue ese año.
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