Cultura
Zazza y Jordi Wild, apedreados durante una grabación en Sant Cosme
Zazza y Jordi Wild tuvieron que abandonar Sant Cosme tras recibir naranjas y piedras mientras grababan un vídeo por este barrio barcelonés del Prat.
Resumen
- Zazza y Jordi Wild recibieron naranjas y piedras mientras grababan
- Varias personas les exigieron dejar las cámaras y salir de Sant Cosme
- Los dos abandonaron el barrio ante el riesgo de recibir un impacto grave
Zazza el Italiano y Jordi Wild tuvieron que abandonar precipitadamente Sant Cosme, en El Prat de Llobregat, después de que varias personas comenzaran a lanzarles objetos mientras grababan un vídeo por el barrio. Primero volaron naranjas. Después, piedras. La escena terminó con ambos alejándose del lugar mientras todavía eran increpados desde la distancia.
El episodio aparece en una grabación de Zazza el Italiano dedicada a recorrer junto a Jordi Wild algunos barrios del área metropolitana de Barcelona. La jornada había transcurrido también por La Mina, en Sant Adrià de Besòs, pero fue en Sant Cosme donde la situación se torció de forma abrupta: varias personas exigieron que dejaran de grabar y el rechazo a las cámaras acabó convirtiéndose en un lanzamiento de objetos.
Zazza y Jordi Wild salen a la carrera de Sant Cosme
La tensión crece cuando quienes se encuentran en la zona advierten a los creadores de contenido de que no quieren cámaras. No es una discusión especialmente sofisticada: se les pide que se marchen y, poco después, empiezan los lanzamientos.
Entre los objetos que reciben o caen cerca de ellos hay naranjas y piedras. La diferencia, claro, no es menor. Una fruta lanzada desde cierta distancia puede quedarse en una anécdota desagradable; una piedra de tamaño considerable puede provocar una lesión grave.
Zazza reacciona precisamente a eso durante el episodio. Tras observar uno de los proyectiles, señala el peligro que supone que alguien lance una piedra de esas dimensiones contra una persona. El ambiente deja de parecer una bronca callejera y empieza a tener un componente bastante más serio.
Jordi Wild y Zazza optan entonces por retirarse rápidamente. No intentan prolongar la discusión ni convertir el enfrentamiento en otra escena del vídeo. Se van.
Del paseo por el barrio al lanzamiento de piedras
El cambio resulta especialmente llamativo porque la visita no había empezado de esa manera. Jordi Wild explica que, hasta ese momento, se llevaba una impresión bastante distinta de la jornada. El desenlace altera por completo esa percepción.
Ahí está buena parte de la fuerza de las imágenes. No hay una tensión constante desde el primer minuto ni una sucesión ininterrumpida de incidentes. Hay conversación, recorrido por las calles y momentos relativamente tranquilos hasta que la presencia de las cámaras genera rechazo en un punto concreto.
El conflicto estalla, precisamente, alrededor de la grabación.
Conviene mantener esa precisión porque Sant Cosme no puede reducirse a los pocos minutos de un vídeo viral ni el comportamiento de quienes lanzan piedras representa, por extensión, a miles de personas que viven en el barrio. Una cosa es contar lo sucedido; otra, convertir una agresión localizada en el retrato automático de toda una comunidad. Y ahí el matiz importa.
Qué hacían Zazza y Jordi Wild en Sant Cosme
Zazza el Italiano ha construido buena parte de su popularidad en internet recorriendo zonas marcadas por la pobreza, la delincuencia, la marginalidad o una fuerte conflictividad social. Ha grabado en ciudades y barrios de numerosos países y suele hacerlo caminando, hablando con residentes y entrando en lugares a los que una cámara convencional rara vez llega.
No era, además, la primera vez que Zazza y Jordi Wild compartían contenido. El italiano ya había pasado por The Wild Project, el pódcast de Jordi, para hablar de sus experiencias en algunos de los lugares más complicados que ha visitado.
Esta vez intercambiaron los papeles hasta cierto punto. Jordi salió del estudio para acompañarle sobre el terreno en Cataluña.
El recorrido incluyó La Mina y Sant Cosme, dos barrios con historias, realidades y transformaciones propias que arrastran también una potente imagen pública. Una reputación que internet tiende a comprimir en vídeos de unos minutos, títulos llamativos y escenas extremas. La realidad cotidiana, por fortuna o por desgracia, suele ser bastante más ancha.
Sant Cosme es mucho más que su fama
Sant Cosme nació en los años sesenta como un gran conjunto de vivienda pública destinado, entre otros colectivos, a familias procedentes del barraquismo de Barcelona y a afectados por las inundaciones sufridas en municipios del entorno del Llobregat.
Los primeros edificios presentaron graves problemas estructurales y el barrio protagonizó durante décadas movilizaciones vecinales para reclamar viviendas, servicios y mejores condiciones urbanas. A partir de finales de los años ochenta se desarrolló una profunda remodelación que terminó sustituyendo prácticamente el antiguo parque residencial.
Ese pasado explica parte de su identidad. También algunos de sus problemas.
Sant Cosme mantiene indicadores de vulnerabilidad social y económica que lo diferencian de otros sectores de El Prat. Al mismo tiempo, el barrio cuenta con asociaciones vecinales, proyectos educativos, iniciativas comunitarias y un tejido social que lleva décadas participando en su transformación.
Reducir todo eso a unas piedras volando ante una cámara sería cómodo. Demasiado cómodo.
El rechazo a las cámaras, detonante del incidente
Las grabaciones de creadores como Zazza se mueven siempre sobre una frontera incómoda. Por una parte, muestran espacios y situaciones que habitualmente permanecen fuera del foco. Por otra, una cámara entrando en determinadas calles puede percibirse como una intromisión, especialmente cuando el contenido se presenta bajo la etiqueta de los barrios más peligrosos o conflictivos.
Nada de eso, obviamente, convierte en aceptable lanzar piedras contra alguien.
Que una persona no quiera aparecer grabada puede justificar una petición para que no se la filme, una protesta o una discusión sobre privacidad. No convierte una piedra en un argumento. Ese salto —de la oposición a la cámara a la violencia física— es justamente lo que hace que el episodio de Sant Cosme haya llamado tanto la atención.
El propio vídeo permite observar esa escalada casi en directo. Del aviso se pasa al objeto lanzado. Después llega otro. Y llega el momento de marcharse.
El peligro real detrás de una escena viral
Internet tiene una capacidad extraordinaria para convertir el peligro en espectáculo. Unos segundos de carrera, gritos y piedras pueden acabar cortados, subtitulados y reproducidos miles de veces hasta adquirir incluso un punto cómico. Pero recibir una piedra en la cabeza no tiene demasiado de meme.
Zazza insiste en ese aspecto tras el incidente: el tamaño de alguno de los proyectiles podía haber provocado consecuencias bastante más graves que el sobresalto que finalmente muestran las imágenes.
No consta que Jordi Wild o Zazza resultaran heridos de gravedad en el episodio difundido. El susto, sin embargo, fue suficiente para terminar la visita y dejó una de las secuencias más tensas de la grabación.
Y algo más incómodo: Jordi reconoce que el incidente modifica la impresión positiva que estaba obteniendo durante parte del recorrido. Es una reacción comprensible en caliente, aunque una experiencia personal de unos minutos tampoco sirve para dictar sentencia sobre un barrio entero.
Sant Cosme queda bajo el foco por unos minutos de tensión
La escena de Zazza el Italiano y Jordi Wild funciona porque concentra varios ingredientes muy propios de nuestro tiempo: dos creadores con audiencias enormes, un barrio cargado de reputación, teléfonos y cámaras encendidas, personas que no quieren ser grabadas y, de repente, objetos volando.
El resultado es contundente. Los echaron a pedradas después de exigirles que dejaran de filmar y ambos abandonaron la zona ante el riesgo de que alguno de los impactos pudiera alcanzarlos seriamente.
Eso es lo ocurrido. Ni hace falta barnizarlo ni convertir Sant Cosme en un decorado de película criminal. Porque el vídeo dura unos minutos; el barrio lleva más de medio siglo allí. Entre ambas escalas cabe casi toda la historia.
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