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Lula, de limpiabotas a presidente: de la cárcel a su cuarto mandato

Lula logró el 51,79 % de los votos y su cuarto mandato en Brasil. La biografía de un limpiabotas que llegó al poder y volvió desde la cárcel.

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Un sonriente Lula en 2026

Foto: Palácio do Planalto / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Resumen

  • Lula gana su cuarto mandato con el 51,79 % frente a Flávio Bolsonaro
  • Remonta una primera vuelta que había perdido por más de dos millones de votos
  • De limpiabotas a presidente, tomará posesión el 5 de enero de 2027

Luiz Inácio Lula da Silva ha vuelto a ganar las elecciones presidenciales de Brasil. A sus 80 años, el antiguo obrero metalúrgico, que de niño trabajó como limpiabotas para ayudar a su familia, ha conseguido un cuarto mandato presidencial después de protagonizar una remontada inédita en la historia democrática reciente del país. El dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) derrotó este domingo, 25 de octubre de 2026, a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.

Según los resultados oficiales del Tribunal Superior Electoral de Brasil, Lula obtuvo el 51,79 % de los votos válidos, frente al 48,21 % de su adversario. Más de 64,2 millones de brasileños respaldaron al presidente, que logró darle la vuelta a una primera ronda electoral en la que había quedado por detrás de Bolsonaro. La victoria le permitirá iniciar una nueva legislatura el 5 de enero de 2027, cuando ya habrá cumplido 81 años.

El resultado tiene una dimensión histórica que va más allá de la edad del vencedor. Ningún candidato había conseguido ganar unas presidenciales brasileñas después de quedar segundo en la primera vuelta desde el restablecimiento de la democracia. Lula lo ha hecho tras una campaña que llegó a situar su continuidad política en serio peligro y que terminó convirtiéndose en otra demostración de su capacidad para movilizar al electorado.

Su biografía ayuda a entender por qué sigue ocupando un lugar tan particular en la política latinoamericana. Nacido en una familia campesina del empobrecido nordeste brasileño, pasó de vender productos en la calle a dirigir huelgas obreras contra la dictadura militar. Después llegaron la fundación de un partido, tres derrotas electorales, la Presidencia, los escándalos de corrupción, la cárcel y un regreso al poder que parecía imposible. Ahora añade una cuarta victoria presidencial a esa trayectoria.

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De la pobreza en Pernambuco a trabajar como limpiabotas

Lula nació el 27 de octubre de 1945 en Caetés, una pequeña localidad del estado de Pernambuco que entonces pertenecía al municipio de Garanhuns. Fue el séptimo de los ocho hijos de Aristides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Melo, conocida como Dona Lindu. La familia vivía de una agricultura de subsistencia, en una región donde la escasez de recursos condicionaba prácticamente todas las decisiones.

Su padre había emigrado a São Paulo cuando Lula todavía no había nacido. En diciembre de 1952, su madre decidió emprender el mismo camino con sus hijos. Recorrieron unos 2.500 kilómetros durante 13 días, viajando en la parte trasera de un camión, en busca de una vida mejor. El destino fue el litoral paulista, una zona que atraía a miles de familias del nordeste por sus oportunidades laborales.

La infancia del futuro presidente estuvo lejos de cualquier comodidad. Vendió cacahuetes, naranjas y tapioca en la calle, trabajó como limpiabotas y tuvo que compaginar sus estudios con pequeños empleos. En 1956, la familia se trasladó a la ciudad de São Paulo, donde llegó a vivir en una habitación situada detrás de un bar.

A los 14 años empezó a abrirse camino en la industria. Trabajó en una fábrica de tornillos y se formó como tornero mecánico, un oficio que terminaría siendo decisivo para su carrera. Durante su etapa como trabajador industrial sufrió un accidente en el que perdió el dedo meñique de la mano izquierda.

Aquella experiencia laboral contribuyó a formar su identidad política. Lula conoció de primera mano las condiciones de las fábricas brasileñas, las diferencias salariales y las dificultades de los trabajadores para organizarse durante la dictadura militar.

El sindicalista que desafió a la dictadura brasileña

Su entrada en el movimiento sindical llegó a finales de los años sesenta, animado por su hermano José Ferreira da Silva, conocido como Frei Chico. Comenzó a participar en el Sindicato de los Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema, en el cinturón industrial de São Paulo.

En 1975 fue elegido presidente de la organización. Desde ese puesto adquirió una notoriedad que pronto trascendió las fábricas. Durante los últimos años de la dictadura militar brasileña (1964-1985) encabezó importantes movilizaciones por mejoras salariales y derechos laborales.

Las huelgas metalúrgicas de finales de los setenta reunieron a decenas de miles de trabajadores y pusieron de manifiesto el desgaste del régimen. En 1980, durante uno de aquellos conflictos, Lula fue detenido y encarcelado por las autoridades militares.

Ese mismo año participó en la fundación del Partido de los Trabajadores (PT), una formación que reunió a sindicalistas, intelectuales, movimientos sociales y sectores progresistas. No era un proyecto político nacido de las élites tradicionales de Brasil, aunque con el tiempo acabaría convirtiéndose en una de las grandes organizaciones del país.

En 1986 fue elegido diputado federal y participó en la Asamblea Constituyente que elaboró la Constitución democrática de 1988. Había pasado de negociar convenios laborales a intervenir en el diseño institucional del nuevo Brasil.

Su siguiente objetivo era la Presidencia. No lo consiguió a la primera. Perdió las elecciones de 1989 frente a Fernando Collor de Mello y volvió a ser derrotado en 1994 y 1998, ambas veces por Fernando Henrique Cardoso.

Dos presidencias, millones de personas fuera de la pobreza y grandes escándalos

La oportunidad llegó en 2002. Lula moderó parte de su discurso económico, amplió sus alianzas y consiguió convencer a un electorado que hasta entonces había desconfiado de sus propuestas. Ganó las elecciones y asumió la Presidencia el 1 de enero de 2003.

Su primer Gobierno combinó políticas sociales ambiciosas con una estrategia económica que mantuvo elementos fundamentales de estabilidad fiscal y monetaria. La expansión de las exportaciones brasileñas y un contexto internacional favorable facilitaron el crecimiento durante buena parte de aquella década.

Entre sus iniciativas más conocidas destacó Bolsa Família, el programa de transferencias económicas a hogares de bajos ingresos, vinculado a compromisos relacionados con la educación y la salud de los menores. La medida, junto con otras políticas sociales, contribuyó a reducir la pobreza y ampliar el consumo de millones de familias.

Los Gobiernos de Lula también impulsaron la creación y expansión de universidades, becas de acceso a la enseñanza superior y programas de electrificación y apoyo a los hogares vulnerables. El crecimiento económico ayudó a mejorar los ingresos de numerosos trabajadores.

Reelegido en 2006, terminó su segundo mandato en 2010 con elevados niveles de popularidad. Pero aquella etapa tuvo también una cara mucho menos favorable: los escándalos de corrupción que afectaron al PT y a dirigentes próximos al presidente, especialmente el caso Mensalão, relacionado con pagos a parlamentarios a cambio de apoyo político.

Su legado económico y social quedó acompañado desde entonces por una controversia persistente sobre el funcionamiento del partido, sus alianzas y la corrupción en las instituciones brasileñas.

De la cárcel a recuperar la Presidencia en 2022

La etapa más difícil de Lula llegó después de abandonar el Gobierno. Las investigaciones de la operación Lava Jato, centradas en una extensa trama de corrupción, terminaron alcanzando al expresidente.

En 2018 ingresó en prisión tras una condena por corrupción y blanqueo de capitales. Su encarcelamiento le impidió presentarse a las elecciones presidenciales de aquel año, en las que acabó imponiéndose Jair Bolsonaro.

El escenario cambió posteriormente. En 2021, el Tribunal Supremo Federal brasileño anuló las condenas dictadas contra Lula al considerar que el juzgado de Curitiba que había tramitado los procedimientos carecía de competencia para hacerlo.

La anulación respondió a cuestiones jurídicas relativas a la competencia del tribunal, por lo que no debe confundirse con una sentencia absolutoria sobre el fondo de todas las acusaciones. Sin embargo, permitió al antiguo presidente recuperar sus derechos políticos y regresar a la competición electoral.

En 2022 derrotó a Jair Bolsonaro en una segunda vuelta extraordinariamente ajustada. Consiguió así su tercer mandato, que comenzó el 1 de enero de 2023, veinte años después de su primera llegada al Palacio de Planalto.

Aquel regreso parecía haber completado una trayectoria política excepcional. Faltaba otra elección. Y el veterano dirigente del PT, pese al desgaste acumulado tras décadas en primera línea, consiguió alcanzar un nuevo hito: convertirse en el primer presidente brasileño elegido cuatro veces.

Cómo consiguió Lula remontar frente a Flávio Bolsonaro en 2026

El 4 de octubre de 2026, la primera vuelta presidencial dejó a Lula en una situación comprometida. Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03 % de los votos válidos, frente al 45,16 % del presidente. Más de dos millones de votos separaban a ambos candidatos.

El resultado obligó al PT a revisar su estrategia en apenas tres semanas. Lula intensificó los actos de campaña, buscó movilizar a los votantes progresistas y reforzó considerablemente su presencia digital.

El dirigente, poco acostumbrado a utilizar personalmente un teléfono móvil, comenzó a participar en vídeos informales, grabaciones de tipo selfi y campañas de comunicación dirigidas especialmente a los usuarios de redes sociales.

Una de las iniciativas más llamativas fue el canal de WhatsApp «Exército do Lula», impulsado por el diputado André Janones. El espacio superó los diez millones de seguidores durante la recta final electoral y se convirtió en un instrumento importante para distribuir contenidos y organizar la movilización.

El canal también protagonizó controversias judiciales por contenidos cuestionados ante las autoridades electorales. La disputa reflejó hasta qué punto las plataformas digitales se habían convertido en otro campo de batalla político.

La campaña recuperó igualmente elementos fundamentales de la biografía de Lula: sus orígenes humildes, su experiencia como trabajador industrial y las políticas sociales de sus anteriores gobiernos. Al mismo tiempo, el PT insistió en presentar la elección como una decisión sobre el futuro democrático del país y el posible regreso del bolsonarismo al poder.

El 25 de octubre llegó la remontada. Lula pasó de perder la primera vuelta a obtener 64.256.232 votos en la segunda, frente a los 59.826.041 de Flávio Bolsonaro. La diferencia superó los 4,4 millones de papeletas.

La impugnación electoral anunciada por Flávio Bolsonaro

La victoria, sin embargo, no fue aceptada por su adversario. Flávio Bolsonaro anunció que pediría la anulación de las elecciones después de que una decisión judicial de última hora ampliara dos horas el horario de votación en los colegios electorales que seguían abiertos.

La medida había respondido a problemas de transporte y condiciones meteorológicas. La candidatura de Lula había solicitado una ampliación general por las dificultades de desplazamiento de votantes, mientras que el equipo de Bolsonaro había pedido extender la votación en determinados estados afectados por el mal tiempo. Finalmente, el magistrado Cristiano Zanin, del Tribunal Supremo Federal, ordenó prolongar la jornada hasta las 19.00 horas de Brasilia, una decisión aplicada a las mesas que todavía no habían cerrado.

El presidente del Tribunal Superior Electoral, Kassio Nunes Marques, reconoció las dificultades operativas que provocó la prórroga, aunque defendió el trabajo de las autoridades electorales y la culminación del escrutinio. El resultado oficial confirmó la victoria de Lula.

El episodio volvió a evidenciar la polarización política brasileña, una de las principales dificultades que Lula tendrá que afrontar durante su siguiente legislatura.

El cuarto mandato de Lula comienza con Brasil profundamente dividido

Lula cumplirá 81 años el 27 de octubre, apenas dos días después de su victoria electoral. Cuando comience su cuarto mandato, el 5 de enero de 2027, será uno de los presidentes de mayor edad de la historia brasileña.

Su continuidad en el poder llega en un momento de profundas diferencias políticas. La economía, el coste de la vida, la seguridad ciudadana, las desigualdades sociales y la protección de la Amazonia seguirán siendo asuntos centrales de su Gobierno.

Tampoco tendrá un panorama parlamentario sencillo. La derecha mantiene una presencia considerable en las instituciones brasileñas y el presidente deberá negociar alianzas para sacar adelante sus propuestas. Ganar las elecciones no equivale a disponer de una mayoría legislativa propia.

En política exterior, la nueva victoria refuerza la continuidad de una línea favorable al multilateralismo y a una mayor autonomía de Brasil respecto a las grandes potencias. Las relaciones con Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, serán uno de los asuntos más delicados, especialmente por las tensiones comerciales y las diferencias políticas entre ambos gobiernos.

En el plano personal, Lula comparte su vida con la socióloga Rosângela da Silva, conocida como Janja, con quien se casó en 2022. Es padre de cinco hijos y mantiene una vinculación muy estrecha con São Paulo, ciudad en la que desarrolló buena parte de su trayectoria sindical y política.

Su cuarta victoria no borra las controversias de su pasado ni resuelve automáticamente los problemas del presente. Pero confirma algo difícil de discutir: Lula continúa siendo una figura decisiva en la política brasileña, capaz de conservar una importante base popular después de más de cuatro décadas de protagonismo público.

El niño que abandonó Pernambuco en la parte trasera de un camión, el limpiabotas que buscaba unos ingresos para su familia y el metalúrgico que encabezaba huelgas contra una dictadura volverán a ocupar el Palacio de Planalto. La biografía resulta extraordinaria. El reto será gobernar un país que sigue dividido casi por la mitad.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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