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Tres hombres acusan al fallecido Lindsey Graham de pagarles por sexo
Un documental recoge acusaciones contra Lindsey Graham. Uno de los tres hombres afirma que tenía 17 años y el caso divide al Partido Republicano.
Foto: Brett Flashnick / Senado de Estados Unidos (Dominio público, imagen recortada).
Resumen
- Tres hombres acusan al fallecido Lindsey Graham de pagarles por sexo
- Uno sostiene que tenía 17 años cuando se produjo el supuesto encuentro
- Las denuncias no están verificadas y generan división entre republicanos
Tres hombres han acusado al fallecido senador republicano estadounidense Lindsey Graham de haberles pagado por mantener relaciones sexuales entre 2001 y 2015. Las declaraciones aparecen en un documental publicado el 22 de octubre de 2026 por la plataforma progresista The Young Turks. Uno de los entrevistados asegura que tenía 17 años cuando se produjo el supuesto encuentro. Las acusaciones no han sido verificadas de manera independiente.
La publicación ha provocado una controversia dentro del Partido Republicano, donde varios dirigentes y figuras conservadoras aseguran que la presunta homosexualidad de Graham era un «secreto a voces» en Washington. El político, uno de los principales aliados de Donald Trump en el Senado, negó durante su vida ser homosexual y mantuvo posiciones contrarias al matrimonio entre personas del mismo sexo.
El documental, titulado The CLOSETocracy y de aproximadamente media hora de duración, ha reabierto el debate sobre la distancia entre la vida privada de determinados representantes políticos y sus posiciones públicas. Pero también plantea un problema esencial: los testimonios describen comportamientos potencialmente graves que, por el momento, no cuentan con una corroboración independiente suficiente para considerarlos hechos probados.
Graham falleció el pasado 11 de julio de 2026, a los 71 años, como consecuencia de una disección aórtica. Las acusaciones se han hecho públicas más de tres meses después de su muerte, cuando su hermana, Darline Graham, se disputa el escaño de Carolina del Sur en unas elecciones al Senado especialmente competidas.
Qué cuentan los tres hombres que acusan a Lindsey Graham
El documental reúne los testimonios de tres hombres identificados como Cory, Jesse y Kelvin. Los entrevistados sostienen que trabajaban como acompañantes sexuales cuando supuestamente fueron contratados por Graham. Sus relatos corresponden a distintos momentos de la trayectoria política del republicano y describen encuentros en Washington y Arizona.
Uno de los testimonios es el de Cory, vinculado a la industria del entretenimiento para adultos bajo el nombre profesional de Sean Harding. Según su declaración, en 2015 fue trasladado en un coche con chófer hasta el hotel Mayflower de Washington, donde habría mantenido relaciones sexuales con el senador a cambio de 1.500 dólares.
Cory asegura que no identificó inmediatamente al político y que reconoció su identidad meses después, al verlo intervenir en televisión durante las primarias presidenciales de 2016.
Su relato tiene un antecedente público. En 2020, Harding ya había denunciado en las redes sociales que un senador republicano, al que identificaba mediante las iniciales «LG», contrataba servicios sexuales masculinos mientras apoyaba políticas perjudiciales para la comunidad LGTBI.
El segundo entrevistado, Jesse, afirma que Graham le entregó un total de 510 dólares por dos encuentros que habrían tenido lugar en hoteles de Washington en 2012 y 2014.
La acusación más grave: un encuentro cuando tenía 17 años
El tercer testimonio corresponde a Kelvin, quien sostiene que conoció a Graham en una vivienda de Arizona en 2001, cuando tenía 17 años.
Según su versión, el político mostró dudas sobre su mayoría de edad y le pidió que acreditara que había cumplido los 18. Kelvin asegura que le hizo creer que era mayor de edad antes del supuesto encuentro sexual, por el que habría recibido 120 dólares.
También afirma que la relación fue grabada con una cámara situada en la habitación. La existencia y el contenido de esa supuesta grabación no han sido verificados de manera independiente.
Esta es la acusación más delicada del documental, tanto por la edad que declara haber tenido el entrevistado como por las circunstancias descritas. Sin embargo, la gravedad de un testimonio no constituye por sí misma una prueba de que los hechos ocurrieran.
Qué pruebas existen sobre las acusaciones contra Graham
Los responsables del documental han presentado testimonios personales y materiales que, según sostienen, respaldan su investigación. Una página creada para acompañar la publicación, denominada Lindsey Graham Files, ofrece documentos que supuestamente permitirían comprobar determinados desplazamientos y circunstancias relacionadas con los encuentros descritos.
Entre esos materiales figuran documentos de viaje y registros correspondientes a los periodos mencionados por los entrevistados. No obstante, acreditar que dos personas pudieron coincidir en un lugar no demuestra que mantuvieran relaciones sexuales ni que se produjeran pagos.
La identificación de los tres denunciantes y los detalles esenciales de sus relatos no han podido corroborarse de forma independiente. Los materiales difundidos tampoco permiten confirmar que los encuentros sexuales descritos ocurrieran realmente.
Tampoco se ha informado de una resolución judicial que establezca la veracidad de los hechos relatados. Por tanto, los supuestos encuentros, los pagos y la alegación relacionada con un menor deben seguir tratándose como acusaciones no demostradas.
Hay otra circunstancia relevante. El senador murió antes de que se difundiera el documental, por lo que no pudo responder a estas denuncias concretas. Durante su vida sí rechazó públicamente las especulaciones sobre su orientación sexual.
Los republicanos reaccionan: del «secreto a voces» a las acusaciones de mentir
La publicación del vídeo ha provocado reacciones muy distintas entre figuras conservadoras estadounidenses.
Una de las más llamativas procede de Marjorie Taylor Greene, antigua congresista republicana por Georgia, quien afirmó en X que la supuesta homosexualidad del senador era conocida desde hacía años en Washington.
«Todos sabíamos que Lindsey Graham era gay», escribió Greene, que también elogió a los tres hombres por hacer públicas sus declaraciones.
La excongresista llevó el debate más allá de la orientación sexual del fallecido político. A su juicio, los secretos personales de quienes ocupan puestos de poder pueden convertirse en instrumentos de presión política y plantear problemas de seguridad.
No aportó, sin embargo, pruebas que permitan concluir que Graham estuviera sometido a chantaje.
Andrew Kolvet, portavoz de la organización conservadora Turning Point USA, también sostuvo que los rumores eran ampliamente conocidos. Restó importancia a la publicación y advirtió de que intentar perjudicar electoralmente a la hermana del senador podría resultar contraproducente.
En el extremo contrario se situó el congresista republicano William Timmons, de Carolina del Sur, que mantuvo una estrecha relación con Graham. Timmons calificó las denuncias de «mentiras vergonzosas» y criticó que se difundieran cuando el antiguo senador ya no podía defenderse.
Su reacción refleja una división evidente: mientras algunos conservadores se han apresurado a dar por ciertas antiguas especulaciones, otros consideran el documental un ataque político contra un dirigente fallecido.
Ninguna de esas posiciones demuestra ni desmiente los encuentros denunciados.
La contradicción con su historial político sobre los derechos LGTBI
Lindsey Graham fue una figura influyente del Partido Republicano durante décadas. Representó a Carolina del Sur en la Cámara de Representantes y, desde 2003, en el Senado, donde desarrolló una carrera marcada por sus posiciones conservadoras en asuntos sociales y su protagonismo en política exterior.
Durante su trayectoria se manifestó en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo y defendió una concepción tradicional de la institución matrimonial.
En 2015, después de que el Tribunal Supremo estadounidense reconociera el derecho constitucional de las parejas homosexuales a contraer matrimonio, Graham reiteró su defensa del matrimonio tradicional y de la capacidad de los estados para regularlo.
También votó contra la derogación de la política militar conocida como Don’t Ask, Don’t Tell, que impedía a las personas homosexuales y bisexuales servir abiertamente en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
Su oposición a determinadas iniciativas de protección de los derechos LGTBI explica por qué el documental ha despertado tanto interés político.
Los responsables de The CLOSETocracy sostienen que existiría una contradicción entre las supuestas relaciones privadas del senador y sus posiciones legislativas. Esa interpretación depende, naturalmente, de que los encuentros denunciados fueran ciertos.
La orientación sexual de una persona no determina por sí sola su comportamiento político. Tampoco existe una contradicción demostrada entre las posiciones públicas de Graham y una vida privada que sigue siendo objeto de acusaciones no corroboradas.
Lo que sí está documentado es su historial de votaciones y declaraciones sobre los derechos de las personas homosexuales.
El documental llega en plena batalla electoral en Carolina del Sur
El momento elegido para publicar las acusaciones también ha suscitado controversia.
El vídeo apareció el 22 de octubre, apenas doce días antes de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre de 2026.
En Carolina del Sur, el fallecimiento de Lindsey Graham alteró una contienda que inicialmente parecía favorable al Partido Republicano.
Su hermana, Darline Graham, fue designada para ocupar provisionalmente el escaño que dejó vacante y posteriormente consiguió la candidatura republicana para disputar un mandato completo.
Su principal rival es Annie Andrews, pediatra y candidata demócrata que ha centrado buena parte de su campaña en el coste de la vida y la política económica.
La disputa ha adquirido una relevancia inesperada en un estado tradicionalmente conservador. Donald Trump acudió el 21 de octubre a Carolina del Sur para respaldar personalmente a Darline Graham, una muestra de la importancia que los republicanos conceden a conservar el escaño.
La difusión del documental añade otro elemento de controversia a esa campaña, aunque no existen pruebas de que las acusaciones contra Lindsey Graham impliquen responsabilidad alguna de su hermana.
Tampoco está demostrado que la publicación haya alterado las preferencias electorales. Algunos dirigentes republicanos consideran que utilizar políticamente la vida privada del antiguo senador podría provocar rechazo incluso entre votantes críticos con su trayectoria.
Una controversia que va más allá de la vida privada del senador
La polémica sobre Lindsey Graham reúne tres cuestiones que conviene distinguir: las acusaciones de encuentros sexuales remunerados, las especulaciones sobre su orientación sexual y las posibles contradicciones con su trayectoria política.
Ser homosexual no constituye una conducta reprochable, ni existe obligación alguna de comunicar públicamente la orientación sexual. Las acusaciones sobre un supuesto encuentro con una persona menor de edad y una grabación sin consentimiento pertenecen a un ámbito completamente distinto y requieren pruebas específicas.
Los testimonios difundidos por The Young Turks han reactivado rumores que circulaban desde hacía años en determinados sectores políticos estadounidenses. También han puesto de manifiesto las diferencias entre los propios republicanos sobre cómo reaccionar ante unas denuncias conocidas después de la muerte del acusado.
Por ahora, el hecho confirmado es que tres hombres han acusado públicamente a Lindsey Graham de pagarles por sexo, incluido uno que asegura haber tenido 17 años cuando ocurrió el supuesto encuentro. La veracidad de esos relatos continúa sin establecerse de forma independiente.
La discusión sobre su legado político puede apoyarse en décadas de declaraciones, iniciativas legislativas y votaciones. Las afirmaciones sobre su intimidad y las conductas que ahora se le atribuyen, en cambio, no pueden darse por probadas por mucho que algunos dirigentes aseguren haberlas conocido desde siempre.
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