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Un crucero deja a 203 pasajeros sin su hogar al atracar en Camboya

Los 203 pasajeros del Villa Vie Odyssey tuvieron siete horas para abandonar el barco que era su hogar. La compañía suspendió el viaje en Camboya.

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Crucero Odyssey

Imagen: Villa Vie Residences.

Los pasajeros del Villa Vie Odyssey no habían contratado unas vacaciones convencionales. Muchos habían pagado decenas o cientos de miles de dólares para vivir durante años en un barco que recorría el mundo. Algunos incluso habían vendido sus viviendas para instalarse a bordo. El martes 27 de octubre, mientras el crucero permanecía atracado en Camboya, recibieron una orden inesperada: tenían unas siete horas para recoger sus pertenencias y abandonar el que hasta entonces había sido su hogar.

La compañía estadounidense Villa Vie Residences ha suspendido las operaciones del buque por sus dificultades económicas, que atribuye al encarecimiento del combustible desde el comienzo de la guerra en Irán. La decisión ha dejado a 203 pasajeros, en su mayoría estadounidenses, sin la residencia flotante por la que habían pagado y sin una fecha confirmada para regresar.

El barco llegó el 23 de octubre al puerto de Sihanoukville, en el golfo de Tailandia, procedente de Tailandia. Debía continuar su itinerario hacia Vietnam, pero el viaje quedó interrumpido. A bordo viajaban también 156 tripulantes, según los datos facilitados por Long Dimanche, vicegobernador de la provincia camboyana de Preah Sihanouk.

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Una orden inesperada para abandonar el crucero en siete horas

La orden de desembarco llegó a primera hora de la mañana. Randy Cassingham, residente del crucero junto a su esposa y autor del blog Residential Cruising, publicó el mensaje que la directora ejecutiva de Villa Vie Residences, Kathy Villalba, había enviado a los pasajeros a las 7.08, hora local.

«Lamentablemente, no hemos podido conseguir el combustible necesario para continuar las operaciones», comunicaba la responsable de la empresa. El aviso establecía las 14.00 como hora límite para abandonar el barco.

La compañía explicó que el Odyssey quedaría temporalmente inmovilizado y que parte de la tripulación permanecería a bordo para mantener sus instalaciones y sistemas esenciales. Los residentes que no pudieran retirar todas sus pertenencias dispondrían de un servicio de transporte para regresar posteriormente.

La decisión afectaba a personas que habían convertido el crucero en su vivienda habitual, incluidos jubilados y profesionales que trabajaban a distancia. No todos tenían otra casa a la que regresar.

De pagar por una residencia permanente a buscar alojamiento en tierra

El Villa Vie Odyssey comenzó su viaje alrededor del mundo en septiembre de 2024, después de permanecer varios meses inmovilizado en Belfast, Irlanda del Norte, por trabajos de reparación y acondicionamiento.

Construido en 1993 y utilizado anteriormente por distintas compañías de cruceros, el barco fue adquirido por Villa Vie Residences en 2023. La empresa lo transformó en el centro de un proyecto residencial que ofrecía una alternativa a la vivienda tradicional: comprar o alquilar un camarote para recorrer distintos continentes sin abandonar el mismo hogar.

La oferta incluía varias modalidades, desde estancias temporales hasta derechos de residencia prolongados o permanentes. Según la documentación comercial de la compañía recogida por Bloomberg, los precios de los camarotes destinados a residencia permanente partían de unos 130.000 dólares y podían alcanzar los 440.000 dólares en las suites más caras. A esas cantidades se añadían cuotas mensuales para cubrir los servicios y el mantenimiento.

El buque tenía capacidad para unos 650 residentes, aunque nunca llegó a completar su ocupación.

Los pasajeros que habían invertido sus ahorros para vivir en el barco

Entre los afectados se encuentran Paul y Lynn Montoya, un matrimonio jubilado de Wyoming que había comprado un camarote con ventana. Llevaban 17 meses viviendo en el crucero, al que se incorporaron durante una escala en Panamá.

En declaraciones a Associated Press, Paul Montoya defendió la idea de residir en un barco que recorre el mundo, pero cuestionó la capacidad de la empresa para mantener el proyecto. Según explicó, durante los últimos meses se habían producido cambios frecuentes en el itinerario, problemas con la conexión a internet y un deterioro del servicio de comidas.

Su esposa aseguró que los residentes habían recibido peticiones recurrentes de dinero para cubrir el combustible y otros gastos. «Estábamos cansados de que cada dos o cuatro semanas nos pidieran dinero», relató.

Otros pasajeros habían realizado inversiones importantes para asegurarse varios años de residencia. Carol Larson, una estadounidense de 69 años, explicó a Associated Press que pagó 120.000 dólares a plazos por un camarote mediante una modalidad que contemplaba hasta 15 años de estancia.

A pesar de la suspensión, Larson mantenía la esperanza de que los propios residentes pudieran encontrar una fórmula para hacerse cargo del barco y continuar navegando.

El combustible se encareció, pero los problemas económicos venían de antes

Villa Vie Residences sostiene que el incremento de los precios del combustible terminó por hacer inviable su modelo de negocio.

En su comunicado del 27 de octubre, la empresa detalló que el gasto mensual en combustible, calculado por camarote, había pasado de una media histórica de aproximadamente 1.800 dólares a entre 6.000 y 8.000 dólares en determinadas zonas de Asia.

En el extremo superior de esa estimación, el coste se habría multiplicado por más de cuatro. Las cifras corresponden a los gastos operativos que declara la compañía, no a cantidades facturadas directamente a cada pasajero.

La empresa relaciona el aumento con las consecuencias de la guerra en Irán, iniciada a finales de febrero. El conflicto ha alterado el suministro internacional de productos petrolíferos y afectado especialmente a determinadas rutas de abastecimiento asiáticas.

Para reducir el consumo, el Odyssey había modificado su navegación, disminuyendo la velocidad y prolongando las escalas en los puertos. Según la compañía, esos ajustes no bastaron para compensar el incremento de los gastos.

«No hemos podido seguir asumiendo las pérdidas operativas resultantes», reconoció Villa Vie Residences en su comunicado.

La compañía ya había pedido dinero extraordinario a los pasajeros

Sin embargo, los problemas de liquidez eran anteriores al desembarco en Camboya y la subida del combustible no explica por sí sola todas las dificultades del proyecto.

El pasado 1 de agosto, Villalba ya había enviado a los residentes una comunicación interna solicitando nuevas aportaciones económicas. Business Insider examinó una captura de ese mensaje, en el que la directora ejecutiva reconocía que las contribuciones anteriores no habían sido suficientes para cubrir el encarecimiento del carburante.

La responsable advertía entonces de un problema de tesorería y de la necesidad de conseguir 650 toneladas métricas de combustible. También animaba a quienes todavía no habían contribuido a realizar pagos extraordinarios y pedía ayuda adicional a los residentes con mayor capacidad económica.

La situación empeoró cuando fracasó una negociación para obtener financiación.

Mikael Petterson, fundador y presidente ejecutivo de Villa Vie Residences, explicó a Business Insider que la empresa había mantenido conversaciones con un posible inversor hasta la semana anterior a la suspensión. Según su versión, esperaba recibir una nueva inyección de capital, pero el acuerdo no salió adelante.

El fracaso de esa operación dejó a la compañía sin la financiación que esperaba conseguir.

Cassingham, que llevaba dos años viviendo en el crucero, considera que la suspensión fue consecuencia de una acumulación de dificultades. En su relato menciona tanto las decisiones de gestión como las debilidades del modelo de negocio y el coste del combustible.

Sus críticas coinciden con las de otros residentes entrevistados por Associated Press, que describen una sucesión de problemas operativos y solicitudes de aportaciones adicionales. Estas declaraciones cuestionan que la crisis pueda atribuirse exclusivamente a factores externos, aunque no permiten determinar por sí solas la responsabilidad de cada decisión empresarial.

La compañía promete alojamiento, pero algunos pasajeros denuncian falta de ayuda

La salida del barco también ha abierto una discrepancia entre la asistencia anunciada por la empresa y la experiencia relatada por algunos residentes.

Villa Vie Residences aseguró que estaba trabajando para coordinar el desembarco y encontrar alojamientos temporales.

Petterson declaró a Bloomberg que la compañía estaba cubriendo los gastos de alojamiento y transporte local, pero reconoció que no había proporcionado dinero a los pasajeros para abandonar Camboya.

Por su parte, varios afectados explicaron a Associated Press que habían tenido que organizar su alojamiento por cuenta propia.

Barbara Fiegel, de 62 años, llevaba viviendo con su pareja en el Odyssey desde diciembre de 2024. Tras recibir la orden de desembarco, ambos reservaron una habitación de hotel y regresaron posteriormente al buque para recuperar objetos personales y vaciar su caja fuerte.

Joel Greiff, de 57 años, se había instalado a bordo a principios de octubre con la intención de permanecer entre diez y veinte años. Después de la suspensión alquiló un apartamento en Camboya por un mes. Si el crucero no reanuda sus operaciones, contempla trasladarse a Tailandia.

La situación de los afectados es desigual. Algunos han podido salir de Camboya en avión, mientras que otros continúan en Sihanoukville, según las autoridades provinciales.

El vicegobernador Long Dimanche advirtió de que la orden de abandonar el barco había dejado a jubilados y trabajadores a distancia sin su vivienda habitual, a miles de kilómetros de sus países de origen.

Qué pasará con el crucero Odyssey y el dinero de sus pasajeros

Villa Vie Residences ha anunciado un periodo de aproximadamente 60 días para estudiar una reestructuración empresarial y buscar nuevas aportaciones de capital.

La compañía reconoce que todavía no ha cerrado ninguna operación de financiación y que no puede garantizar que el crucero vuelva a navegar con sus residentes.

Tampoco ha aclarado públicamente qué ocurrirá con las cantidades desembolsadas por quienes adquirieron derechos de residencia, ni ha presentado un calendario de posibles devoluciones.

La incertidumbre afecta especialmente a los propietarios de camarotes que habían comprometido una parte importante de sus ahorros para vivir durante años en el barco.

El barco podría abandonar Camboya el 31 de octubre

Mientras tanto, las autoridades camboyanas manejan un calendario distinto para el buque. Long Dimanche indicó que estaba previsto que repostara y abandonara Camboya el sábado 31 de octubre. Sin embargo, la operadora no ha confirmado esa fecha ni ha anunciado un nuevo itinerario para los pasajeros.

La posible salida del puerto tampoco significaría necesariamente que el proyecto residencial se hubiera recuperado.

Villa Vie Residences debe encontrar financiación para mantener las operaciones, resolver la situación de los residentes y afrontar las obligaciones económicas derivadas de los contratos suscritos.

Para las 203 personas que viajaban a bordo cuando se suspendió el servicio, la cuestión inmediata es dónde vivir mientras se decide el futuro del Odyssey. Para quienes pagaron por una residencia de larga duración, queda otra igualmente importante: si podrán recuperar el hogar que compraron o el dinero que invirtieron en él.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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