Naturaleza
España concentra el 44 % de la superficie quemada en la UE en 2026
España acumula 299.000 hectáreas quemadas hasta septiembre de 2026, el 44 % de toda la UE. Julio batió récords y crece el riesgo de incendios.
Resumen
- España: 299.000 hectáreas quemadas hasta septiembre, el 44 % de la UE
- Julio dejó 353.000 hectáreas quemadas en la UE, un récord para ese mes
- El cambio climático multiplica por veinte la probabilidad de tiempo extremo
España se ha convertido en el país más castigado por los incendios forestales en la Unión Europea durante 2026. Cerca de 299.000 hectáreas ardieron entre enero y el 23 de septiembre, lo que representa el 44 % de toda la superficie quemada en los 27 Estados miembros. Es decir, prácticamente una de cada dos hectáreas arrasadas por las llamas en territorio comunitario se encontraba en España.
Los datos proceden de un informe de Zero Carbon Analytics publicado este miércoles, 28 de octubre, que sitúa a 2026 entre los tres peores años de incendios forestales registrados en Europa desde 2006. El estudio calcula que el fuego destruyó alrededor de 680.000 hectáreas en la UE hasta finales de septiembre, casi el doble del promedio de las dos últimas décadas. Una temporada especialmente grave que los investigadores relacionan con el aumento de las temperaturas y la frecuencia de los episodios meteorológicos extremos.
Las cifras más recientes del sistema europeo Copernicus elevan el balance español a 301.413 hectáreas quemadas hasta el 21 de octubre, aproximadamente el 43 % de las 699.995 hectáreas afectadas en toda la Unión. La diferencia respecto al 44 % del informe responde a las distintas fechas de actualización de los datos. En cualquier caso, España sigue encabezando ampliamente la clasificación europea.
La gravedad de la situación no se limita a la extensión de terreno perdido. Un análisis científico de World Weather Attribution concluye que el cambio climático provocado por la actividad humana ha multiplicado por al menos veinte la probabilidad de sufrir condiciones meteorológicas tan favorables a los grandes incendios como las registradas en julio en el centro peninsular.
España lidera la superficie quemada en una Europa especialmente castigada
La distribución de los incendios forestales revela una concentración extraordinaria en el sur del continente. Según Zero Carbon Analytics, España representa el 44 % de las hectáreas afectadas, seguida de Italia, con aproximadamente el 17 %, y Francia, con el 14 %.
Los países del grupo mediterráneo de la Unión Europea reúnen el 94 % de toda la superficie quemada durante el periodo analizado. Las altas temperaturas, los episodios de sequía y la acumulación de vegetación seca contribuyen a explicar por qué el fuego encuentra condiciones especialmente favorables en esta región.
La situación española resulta todavía más preocupante al compararla con los registros históricos. Hasta finales de septiembre, la superficie quemada era aproximadamente 3,4 veces superior a la media de 2006 a 2025 para el mismo periodo.
Conviene distinguir, sin embargo, entre el número de incendios y su extensión. España no fue el país con más fuegos registrados. Los datos de Copernicus correspondientes al 21 de octubre contabilizaban 466 incendios en territorio español, frente a 698 en Italia. La diferencia está en la superficie que terminaron arrasando.
El balance demuestra que un menor número de incendios no garantiza daños más reducidos. Cuando coinciden altas temperaturas, vegetación muy seca y condiciones meteorológicas adversas, determinados fuegos pueden propagarse rápidamente y afectar a superficies enormes.
Julio de 2026 batió los récords de incendios forestales
El momento más crítico de la temporada europea llegó en julio. Durante ese mes ardieron aproximadamente 353.000 hectáreas en la Unión Europea, un máximo histórico para julio desde que comenzaron los registros comparables en 2006.
La superficie afectada fue casi cuatro veces superior al promedio de julio de las dos décadas anteriores y superó en un 27 % el récord mensual que se había establecido en 2022.
En España, julio también dejó cifras excepcionales. La superficie calcinada superó en un 21 % el anterior máximo registrado para ese mes, correspondiente igualmente a 2022.
Los incendios de finales de julio afectaron especialmente a zonas del centro peninsular. Los grandes fuegos registrados en Madrid, Ávila y Toledo arrasaron conjuntamente más de 77.000 hectáreas, una extensión que permite comprender la dimensión de aquellos episodios.
El comportamiento del fuego ha complicado también las tareas de extinción. El informe señala que, durante un día típico de julio de 2026, la superficie quemada fue aproximadamente seis veces superior a la de un día equivalente del periodo 2009-2025.
Un año menos destructivo que 2025, pero muy por encima de la media
Pese a estas cifras, 2026 no ha superado el balance europeo de 2025, considerado el peor año de la serie histórica iniciada en 2006.
El estudio sitúa la temporada actual en tercera posición, únicamente por detrás de 2025 y 2022. Los tres mayores registros de superficie quemada se han producido, por tanto, en los últimos cinco años.
En España también se aprecia esa diferencia. Hasta el 21 de octubre de 2025 habían ardido unas 391.659 hectáreas, alrededor de 90.000 más que en la misma fecha de 2026.
Pero comparar dos temporadas excepcionalmente destructivas no debe ocultar el problema de fondo: el territorio afectado continúa muy por encima de los valores habituales de las últimas décadas.
El cambio climático multiplica por veinte las condiciones extremas
Uno de los resultados más importantes del informe es la relación entre el calentamiento global y las condiciones que favorecen la propagación de los incendios.
Los investigadores de World Weather Attribution analizaron los episodios de calor, sequedad y viento registrados durante los fuegos de julio. Su conclusión es que el calentamiento provocado por el ser humano hizo al menos veinte veces más probables esas condiciones extremas en el centro de España.
El cálculo no significa que se hayan producido veinte veces más incendios ni que todos hayan sido provocados directamente por el cambio climático. Lo que establece es que las circunstancias meteorológicas capaces de favorecer grandes fuegos son considerablemente más probables en el clima actual que en uno sin calentamiento de origen humano.
En las condiciones climáticas presentes, episodios de intensidad comparable a los de julio podrían producirse aproximadamente una vez cada seis años en el centro peninsular.
El informe también llama la atención sobre la sucesión de periodos muy húmedos y otros extraordinariamente cálidos y secos. Las lluvias favorecen inicialmente el crecimiento de la vegetación. Cuando después llegan la sequía y las temperaturas elevadas, parte de esa biomasa puede convertirse en combustible.
A este fenómeno se suman factores relacionados con la gestión del territorio, el abandono de determinadas actividades agrarias y la acumulación de vegetación. El cambio climático agrava las condiciones de riesgo, pero la prevención y el mantenimiento del paisaje siguen siendo determinantes para reducir sus consecuencias.
El humo y las pérdidas económicas amplían el impacto de los incendios
Las hectáreas quemadas son el indicador más visible de la destrucción, aunque no reflejan todas las consecuencias de una temporada de incendios.
Zero Carbon Analytics estima que los fuegos forestales liberaron alrededor de 29,5 millones de toneladas de dióxido de carbono en la Unión Europea hasta finales de septiembre. Cerca de un tercio de esas emisiones se concentró en una sola semana de julio.
La contaminación atmosférica también alcanzó niveles preocupantes. Durante los episodios más intensos se registraron concentraciones medias diarias de partículas finas PM2,5 próximas a Madrid de 96 microgramos por metro cúbico, más de seis veces el valor diario recomendado por la Organización Mundial de la Salud.
Estas partículas pueden penetrar profundamente en el aparato respiratorio y representan un riesgo especialmente importante para la salud de las personas con enfermedades cardiovasculares o respiratorias, los mayores y los niños.
El daño económico presenta otra dificultad: buena parte de las pérdidas provocadas por los desastres climáticos no está cubierta por seguros.
El informe recuerda que aproximadamente el 75 % de las pérdidas económicas relacionadas con catástrofes climáticas en la UE entre 1980 y 2024 carecía de cobertura aseguradora.
Los incendios pueden destruir viviendas, explotaciones agrícolas, infraestructuras y actividades económicas. A esos perjuicios se añaden los costes de recuperación ambiental, que no siempre quedan reflejados en las primeras estimaciones de daños.
Para las zonas rurales, perder superficie forestal y agrícola también puede afectar a la actividad económica durante años, especialmente cuando el fuego deteriora los suelos o perjudica explotaciones que necesitan varias temporadas para recuperarse.
Bruselas prepara nuevas medidas ante los riesgos climáticos
La publicación del informe coincide con una nueva iniciativa europea para reforzar la preparación frente a los efectos del calentamiento global.
La Comisión Europea presentó el 27 de octubre una propuesta de Marco Europeo de Resiliencia Climática, acompañada de una iniciativa legislativa para mejorar la evaluación y gestión de los riesgos derivados de las temperaturas extremas, las sequías, las inundaciones y los incendios.
El planteamiento busca incorporar la adaptación climática a las decisiones públicas, la planificación territorial y las inversiones en infraestructuras. También pretende mejorar la identificación de los riesgos y la coordinación entre las administraciones responsables.
La investigadora Joanne Bentley-McKune, autora principal del estudio de Zero Carbon Analytics, advierte de que abordar los incendios exclusivamente como emergencias que deben apagarse resulta insuficiente.
La gestión forestal puede reducir los riesgos locales, pero los investigadores insisten en que también es necesario reducir las emisiones procedentes de los combustibles fósiles para limitar el aumento futuro de las condiciones meteorológicas extremas.
España afronta el desafío de prevenir incendios cada vez más difíciles de contener
Los datos de 2026 plantean un problema que va mucho más allá de reforzar los dispositivos de extinción durante el verano.
España concentra una parte desproporcionada de la superficie quemada en Europa, mientras las condiciones meteorológicas que favorecen los grandes incendios se vuelven más frecuentes. La combinación exige actuar sobre la prevención, la gestión forestal, la planificación territorial y la protección de las poblaciones expuestas.
La Comisión Europea también reconoce la importancia de mantener actividades agrícolas y forestales que contribuyan a reducir la acumulación de combustible vegetal, especialmente en territorios afectados por la despoblación rural.
No existe una medida única capaz de impedir todos los incendios. La reducción de las emisiones, la adaptación de los territorios y una respuesta eficaz ante las emergencias cumplen funciones diferentes y complementarias.
El balance europeo de 2026 deja una advertencia difícil de ignorar: casi la mitad del terreno quemado en la Unión Europea hasta finales de septiembre estaba en España. Y, aunque la superficie afectada sigue por debajo de la registrada en 2025, los niveles de destrucción continúan siendo extraordinarios.
La cuestión ya no es únicamente disponer de más medios para combatir el fuego. Es conseguir que los incendios encuentren menos oportunidades de convertirse en catástrofes.
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