Economía
El maquillaje falso de Halloween cuesta 400 millones y 3.600 empleos
Las falsificaciones de cosméticos cuestan casi 400 millones al año en España y Halloween aumenta el riesgo de compras impulsivas sin garantías.
Resumen
- Las falsificaciones cuestan casi 400 millones al año a la cosmética española
- El impacto se asocia a más de 3.600 empleos perdidos en el sector
- Un cosmético falso puede llegar a la piel sin garantías sobre su composición
Un maquillaje barato comprado para completar un disfraz durante unas horas puede acabar formando parte de un negocio bastante menos inocente. Las falsificaciones de perfumes y cosméticos provocan unas pérdidas estimadas de 398 millones de euros anuales al sector español y están asociadas a más de 3.600 empleos menos.
Halloween concentra buena parte de los ingredientes que facilitan estas compras: productos que se utilizarán quizá una sola noche, precios muy bajos, decisiones rápidas y una oferta enorme en internet y redes sociales. El problema no es únicamente económico. Cuando se trata de un cosmético falsificado, el consumidor tampoco tiene garantías de que su composición, fabricación o etiquetado hayan pasado los controles exigidos para los productos legales.
Casi 400 millones que desaparecen del mercado legal
Las falsificaciones representan alrededor del 5,5 % de las ventas perdidas por la industria cosmética española. España se encuentra entre los países europeos más afectados y, en términos absolutos, ocupa el tercer puesto por detrás de Francia y Alemania.
El cálculo se basa en datos correspondientes al periodo comprendido entre 2018 y 2021. Para el conjunto de la Unión Europea, la venta de cosméticos falsificados supone unos 3.000 millones de euros anuales en ventas perdidas, equivalentes aproximadamente al 4,8 % del mercado legítimo, y cerca de 32.000 puestos de trabajo menos.
No significa que cada euro gastado en una falsificación se traduzca automáticamente en un euro perdido por una empresa legal. Son estimaciones económicas construidas a partir de ventas, incautaciones, delitos registrados y otros indicadores. Pero permiten medir la dimensión de un mercado ilegal que ya no puede despacharse como cuatro imitaciones vendidas en un mercadillo.
También hay un coste menos visible. Las compañías destinan recursos a vigilar plataformas digitales, colaborar con aduanas, retirar anuncios fraudulentos y emprender acciones judiciales. Dinero y personal que, de otro modo, podrían dedicarse a investigación, desarrollo o expansión empresarial.
Halloween reúne las condiciones perfectas para la compra impulsiva
Una paleta de sombras, pintura facial, sangre artificial, purpurina o un pintalabios pueden convertirse en compras de última hora. En ese contexto, un consumidor que normalmente prestaría atención a la marca, al establecimiento o al etiquetado puede terminar eligiendo simplemente el producto más barato.
Ahí está una de las particularidades de Halloween. Muchos artículos se compran pensando que solo se utilizarán durante unas horas. Esa percepción reduce la preocupación por la calidad y empuja a aceptar ofertas que levantarían más sospechas en una compra de uso cotidiano.
La diferencia de precio hace el resto. Un cosmético que imita el envase, los colores o incluso el logotipo de una marca conocida puede parecer una ganga, especialmente cuando aparece mezclado entre cientos de productos legítimos en una plataforma o una red social.
Redes sociales, descuentos y vendedores que desaparecen
El comercio electrónico ha dado a los falsificadores una capacidad de distribución enorme. Un vendedor puede alcanzar a miles de compradores, cerrar una cuenta y reaparecer después con otra identidad.
Los datos europeos sobre productos falsificados peligrosos muestran la importancia del canal digital: las ventas por internet estaban detrás de alrededor del 60 % de las incautaciones analizadas en un amplio estudio sobre mercancías peligrosas. Entre las falsificaciones de riesgo adquiridas online, los cosméticos figuraban como la categoría más frecuente.
Los datos corresponden al periodo 2017-2019 y no describen exclusivamente el mercado de Halloween, pero ayudan a entender por qué internet se ha convertido en uno de los principales frentes del problema. La rapidez juega a favor del vendedor ilegal. Cuando llega una retirada, puede que buena parte de la mercancía ya esté en manos de los compradores.
El riesgo está también en lo que termina sobre la piel
La diferencia entre una camiseta falsa y un cosmético falsificado es evidente: el segundo se aplica directamente sobre piel, labios, ojos o mucosas. Y ahí una imitación deja de ser únicamente un problema de propiedad intelectual.
Los cosméticos legales comercializados en la Unión Europea están sometidos a requisitos sobre fabricación, composición, evaluación de seguridad, trazabilidad y etiquetado. Deben tener una persona responsable en territorio comunitario y cumplir, entre otras obligaciones, las restricciones aplicables a determinadas sustancias.
En un producto falsificado no puede darse por hecho que esas garantías existan. Ni siquiera que la lista de ingredientes del envase corresponda realmente con lo que contiene.
En España ya se han detectado unidades falsificadas de productos cosméticos comercializadas tanto en establecimientos físicos como en plataformas digitales. Cuando no puede acreditarse su procedencia, tampoco puede garantizarse con normalidad la seguridad de su composición.
El problema, por tanto, no es que un maquillaje barato tenga necesariamente que ser malo. Precio bajo y falsificación no son sinónimos. El riesgo aparece cuando se desconoce quién ha fabricado el producto, quién responde legalmente por él y si su composición ha sido evaluada.
El etiquetado ofrece varias pistas importantes
Un cosmético comercializado legalmente debe incluir información bastante concreta. Entre otros datos figuran el responsable del producto, la lista de ingredientes, el número de lote, las precauciones de uso, la función del cosmético y, cuando corresponda, la fecha de duración mínima o el periodo durante el cual puede utilizarse después de abrirlo.
También debe señalarse el país de origen cuando el cosmético procede de fuera de la Unión Europea. Determinada información esencial, como las precauciones y la función del producto, debe aparecer en español cuando se comercializa en España.
La ausencia de estos elementos no demuestra por sí sola que un producto sea falso, pero sí constituye una señal suficientemente seria como para desconfiar. Lo mismo ocurre con errores evidentes en el envase, logotipos deformados, diferencias llamativas respecto al producto original o precios difícilmente compatibles con los habituales.
Y una precisión importante: comprar en internet no convierte un cosmético en sospechoso. El punto decisivo es quién vende, qué información ofrece y si existe una empresa identificable detrás de la operación.
La cosmética encabeza las alertas europeas de productos peligrosos
El problema de seguridad de los cosméticos va más allá de las falsificaciones. En 2025, la cosmética fue la categoría con más avisos dentro del sistema europeo de alerta rápida para productos no alimentarios peligrosos: representó el 36 % de las 4.671 alertas notificadas.
Ese porcentaje no puede utilizarse como una medida del mercado de falsificaciones, porque el sistema también incluye productos auténticos que incumplen la normativa. Sí ofrece una fotografía de la vigilancia existente alrededor de un sector en el que la composición química importa, y mucho. Más de la mitad de todas las alertas registradas durante 2025 estuvieron relacionadas con riesgos químicos.
Las autoridades europeas y nacionales pueden ordenar retiradas, paralizar productos en frontera, exigir la eliminación de anuncios en plataformas digitales o impulsar recuperaciones de artículos que ya están en manos de consumidores.
Mientras tanto, el volumen del mercado ilegal sigue siendo considerable. Las autoridades retuvieron en 2024 alrededor de 112 millones de productos falsificados entre las fronteras exteriores y el mercado interior de la Unión Europea. Perfumes y cosméticos figuraban entre las principales categorías afectadas, junto con juguetes, ropa, cigarrillos y otros artículos.
Una ganga de una noche puede tener un coste bastante mayor
Halloween dura unas horas. El mercado de la falsificación, no. Una compra impulsiva aparentemente pequeña entra en una cadena económica capaz de restar cientos de millones de euros al sector legal español y miles de empleos al conjunto de Europa.
La mejor protección para el consumidor sigue siendo bastante menos sofisticada que las técnicas empleadas por quienes falsifican envases y marcas: comprar en establecimientos y vendedores identificables, revisar el etiquetado y desconfiar cuando el precio parece extraordinario y resulta imposible saber quién responde por el producto.
Con el maquillaje sucede algo especialmente incómodo para la lógica del chollo: el producto no termina guardado en un cajón. Termina en la cara. Y ahorrar unos euros durante una noche deja de parecer tan buen negocio cuando nadie puede asegurar qué contiene realmente el envase.
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