Síguenos

Cultura

El Día de Muertos conquista el mundo con altares, catrinas y desfiles

El Día de Muertos amplía su alcance global con altares, catrinas y desfiles en Madrid, Nueva York y Tokio sin perder su sentido de memoria familiar.

Publicado

el

El Día de Muertos se hace global de México

Resumen

  • El Día de Muertos se expande de México a Madrid, Nueva York y Tokio
  • La fiesta mantiene su raíz: recordar a los muertos con altares y ofrendas
  • Su éxito global abre el debate sobre turismo, espectáculo y comercialización

El Día de Muertos ha dejado de ser una celebración reconocible únicamente dentro de México y de sus comunidades emigrantes. Altares, flores de cempasúchil, calaveras y catrinas aparecen estos días en ciudades separadas por miles de kilómetros, mientras Madrid, Nueva York y Tokio incorporan la tradición mexicana a sus agendas culturales. Lo que durante generaciones perteneció sobre todo al ámbito familiar y comunitario es ya un fenómeno internacional.

Pero su expansión no cambia el centro de la celebración: recordar a quienes han muerto y mantener simbólicamente su presencia entre los vivos. La UNESCO reconoce desde 2008 las fiestas indígenas dedicadas a los muertos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad —habían sido proclamadas originalmente en 2003— y destaca precisamente esa idea del regreso temporal de familiares y seres queridos. No es Halloween con otro vestuario. Tampoco una simple fiesta de disfraces, aunque la globalización haya acercado cada vez más ambas imágenes.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

De México a Madrid, Nueva York y Tokio

La dimensión internacional resulta especialmente visible este año. En Nueva York, Times Square acoge por segundo año una gran ofrenda acompañada por catrinas monumentales, música y homenajes a figuras como Pedro Infante, Juan Gabriel, Chavela Vargas, Vicente Fernández o Paquita la del Barrio. El corazón comercial de Manhattan convertido durante unos días en escaparate de una tradición mexicana: pocas imágenes explican mejor el salto cultural.

Madrid también tendrá su propio desfile. El domingo 1 de noviembre está previsto un recorrido por el centro de la capital dentro del festival ÁNIMA, dedicado al Día de Muertos y con actividades entre finales de octubre y comienzos de noviembre. La celebración, promovida por la Embajada de México en España, obligará incluso a establecer cortes de tráfico en distintas zonas de la ciudad.

En Tokio, la celebración llegará el 1 y 2 de noviembre a Harajuku con una ofrenda, música de mariachi, gastronomía mexicana, artesanía y caracterizaciones de catrina. Son formatos distintos, adaptados a cada ciudad, pero todos utilizan un vocabulario visual que hace apenas unas décadas tenía una proyección internacional mucho menor.

La cultura popular ha ayudado, y mucho. Producciones como ‘Coco’ y la película de James Bond ‘Spectre’ llevaron las imágenes del Día de Muertos a audiencias gigantescas. En el caso de ‘Spectre’ ocurrió algo bastante singular: la película mostró en 2015 un espectacular desfile por Ciudad de México que había sido concebido para la ficción. Aquella estampa cinematográfica terminó influyendo en las celebraciones multitudinarias posteriores de la capital mexicana.

Qué se celebra realmente durante el Día de Muertos

La celebración se concentra alrededor del 1 y 2 de noviembre, aunque en numerosos lugares los preparativos comienzan días antes. Las familias construyen ofrendas y colocan fotografías, velas, flores, alimentos, bebidas u objetos vinculados con las personas fallecidas.

La idea no consiste en invocar la muerte como algo terrorífico. Más bien al contrario. El fallecido vuelve a ocupar su sitio en la casa a través de la memoria familiar. Se prepara aquello que le gustaba, se coloca su retrato y se le recuerda como parte de una comunidad que incluye también a quienes ya no están.

En las tradiciones indígenas reconocidas internacionalmente, pétalos de flores, velas y ofrendas ayudan simbólicamente a señalar el camino de regreso de las almas. La coincidencia de estas fechas con el final del ciclo anual del maíz forma también parte del contexto cultural que conserva la celebración en distintas comunidades mexicanas.

Una tradición con una historia más compleja de lo que parece

Reducir el Día de Muertos a una costumbre puramente prehispánica resulta demasiado sencillo. Las celebraciones del 1 y 2 de noviembre también recibieron la influencia de la tradición cristiana europea de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, llegada a México tras la conquista. Las prácticas indígenas de relación con los muertos fueron incorporándose y transformándose durante siglos.

Ahí está precisamente una de sus peculiaridades. La fiesta que conocemos no apareció terminada un buen día, sino que fue cambiando con la sociedad mexicana. Ofrendas domésticas, visitas a cementerios, comida y flores convivieron con elementos cristianos y con tradiciones indígenas que sobrevivieron y se adaptaron.

Durante los siglos XIX y XX se produjo otra transformación. La secularización de los cementerios y la evolución política y cultural del país hicieron que la conmemoración adquiriera un carácter cada vez más popular y también identitario. Tras la Revolución mexicana, sus imágenes terminaron integrándose con fuerza en la representación cultural de México.

La Catrina: de sátira social a símbolo mundial

Si existe una figura que explica la extraordinaria capacidad de esta tradición para viajar es la Catrina. Su antecedente está en las calaveras de José Guadalupe Posada, grabador e ilustrador mexicano que utilizó esqueletos y escenas de muerte para retratar con humor y mordacidad la sociedad de su época.

La célebre Calavera Garbancera aparecía con un sofisticado sombrero y funcionaba como sátira social. Décadas después, Diego Rivera recuperó aquella imagen y la representó vestida de cuerpo entero en su mural ‘Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central’. La elegante calavera terminó convertida en uno de los grandes iconos visuales de México.

Su éxito tiene bastante lógica. La Catrina hace algo que pocas imágenes consiguen: representa la muerte sin ocultarla, pero también sin convertirla necesariamente en tragedia. El esqueleto puede ser rico o pobre, elegante o humilde. Debajo del sombrero, al final, queda lo mismo.

Ese componente satírico es fundamental. La muerte iguala, una idea bastante menos solemne cuando se cuenta mediante una calavera vestida para una recepción de gala.

Altares, cempasúchil y pan de muerto: el lenguaje de la fiesta

El altar u ofrenda es probablemente el elemento más íntimo de la celebración. No existe una única fórmula idéntica para todo México: las costumbres varían entre regiones, pueblos y familias. Sí aparecen una serie de elementos recurrentes, como fotografías de los difuntos, velas, agua, alimentos, flores, papel picado y objetos relacionados con la persona recordada.

La flor de cempasúchil, de intenso tono amarillo o naranja, se ha convertido en otra de las imágenes inseparables de estas fechas. Las flores pueden disponerse sobre el altar o formar caminos simbólicos. Junto a ellas aparecen calaveras decorativas, incienso, frutas y el conocido pan de muerto, con variaciones según el lugar.

En Ciudad de México la escala es muy distinta. Para 2026, el Zócalo acoge entre el 29 de octubre y el 2 de noviembre una ofrenda monumental, mientras el Gran Desfile del Día de Muertos está programado este sábado 31 de octubre con recorrido por Paseo de la Reforma hasta el centro histórico. La programación de la capital incluye asimismo instalaciones, iluminación, procesiones de catrinas y actividades en distintos barrios.

La fiesta familiar y el gran espectáculo urbano conviven. No siempre cómodamente.

El éxito mundial también plantea un riesgo

La expansión internacional ha convertido el Día de Muertos en una poderosa carta de presentación cultural de México. También genera una tensión conocida: cuanto más reconocible se vuelve una tradición, mayor es la posibilidad de que sus símbolos se separen de su significado.

Una catrina puede convertirse en maquillaje para una fiesta; un altar, en decoración; el cempasúchil, en simple atrezo. Culturalmente no es un fenómeno extraño. Las tradiciones viajan, cambian y se reinterpretan. El problema comienza cuando desaparece aquello que les daba sentido.

El crecimiento turístico dentro de México plantea otra discusión. Algunas comunidades que conservan celebraciones especialmente conocidas tienen que conciliar la llegada masiva de visitantes con el carácter familiar o religioso de los actos. En Janitzio, Michoacán, las restricciones de acceso al cementerio durante las celebraciones de 2026 han puesto de nuevo sobre la mesa los efectos que puede tener una afluencia excesiva sobre espacios que no nacieron como atracciones turísticas.

Hay una paradoja interesante: el mundo se acerca al Día de Muertos precisamente porque parece distinto, pero ese éxito puede empujarlo hacia una estética cada vez más homogénea.

Una tradición mexicana que ya habla muchos idiomas

El Día de Muertos se ha convertido en una de las expresiones culturales mexicanas más fácilmente identificables fuera del país. Este fin de semana vuelve a comprobarse desde Ciudad de México hasta Madrid, Nueva York o Tokio. Las calaveras cruzaron la frontera hace tiempo. Las ofrendas también.

Lo esencial, sin embargo, sigue siendo mucho menos espectacular que un desfile: una fotografía, una vela, una comida preparada para alguien que ya no puede sentarse a la mesa. Recordar al muerto para mantenerlo entre los vivos. Quizá por eso una celebración nacida de siglos de transformaciones culturales mexicanas ha resultado tan fácil de comprender lejos de México. Cambian las ciudades y los idiomas. La ausencia, bastante menos.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído