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El G20 acaba en Atlanta sin consenso por Ucrania e Irán y otras crisis

Los ministros de Exteriores del G20 cierran su reunión de Atlanta sin comunicado conjunto por las divisiones sobre Ucrania, Irán y otras crisis.

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El G20 cierra sin consenso

Resumen

  • El G20 termina en Atlanta sin comunicado conjunto por Ucrania e Irán
  • Las diferencias entre Rusia y Occidente bloquean una posición común
  • La cumbre de diciembre en Florida heredará las principales fracturas

Los ministros de Exteriores del G20 han terminado este sábado su reunión de dos días en Atlanta sin un comunicado conjunto. Las profundas diferencias sobre las guerras de Ucrania e Irán impidieron alcanzar una posición común entre algunas de las principales economías del mundo, en una cita marcada por las fricciones con Rusia.

El encuentro, presidido por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, debía servir también para preparar la próxima cumbre de líderes del G20. El resultado deja bastante trabajo pendiente: los países coinciden en buena medida sobre la gravedad de varias crisis internacionales, pero no sobre sus causas ni sobre la forma de afrontarlas.

Ucrania, Irán, las rutas marítimas, el comercio y las cadenas de suministro estuvieron sobre la mesa. Demasiados frentes para un foro en el que algunos de sus integrantes se encuentran, directa o indirectamente, en lados enfrentados de los conflictos que intentan discutir.

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El G20 termina sin una declaración conjunta

La falta de consenso significa que la reunión ministerial no deja el habitual texto aprobado por todos los integrantes. La presidencia estadounidense ha tenido que recurrir a una fórmula que permite recoger lo discutido sin presentar como acuerdo político algo que, sencillamente, no ha obtenido el respaldo común.

Rubio reconoció al término de las conversaciones que los participantes comparten el diagnóstico sobre algunos de los principales problemas mundiales, aunque existen discrepancias profundas acerca de sus orígenes y de las posibles soluciones. Estados Unidos evitó presentar la cita como un fracaso y defendió que todavía hay ámbitos en los que el G20 puede cooperar.

Ese matiz importa. El G20 no es una alianza militar ni un bloque político homogéneo. En la misma mesa se sientan Estados Unidos, China, Rusia, India, Brasil, Arabia Saudí y las principales economías europeas, entre otros actores con intereses estratégicos muy distintos. El consenso diplomático, durante años una de las señas del foro, se ha vuelto bastante más difícil.

Ucrania vuelve a dividir a Rusia y los países occidentales

La guerra de Ucrania fue uno de los principales obstáculos. La presencia del ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, provocó rechazo entre varias delegaciones occidentales, mientras Moscú mantuvo sin cambios su posición sobre el conflicto y sus exigencias en materia de seguridad.

La tensión alcanzó incluso uno de esos rituales diplomáticos aparentemente menores que, a veces, dicen bastante. La tradicional fotografía de familia terminó cancelada después de que representantes europeos y otros aliados rechazaran posar junto a Lavrov. Una imagen de normalidad con Rusia era, para varias delegaciones, demasiado difícil de justificar.

Ucrania no participó en la reunión

Washington invitó a Rusia a Atlanta, pero Ucrania no estuvo presente al no formar parte del G20. Kiev sí había participado como invitada en otras reuniones internacionales relacionadas con el grupo, por lo que su ausencia añadió otra capa de incomodidad entre algunos socios occidentales.

La dificultad de alcanzar una declaración común resulta bastante evidente: hay guerras abiertas y representantes de países directamente implicados o alineados con distintos bandos sentados alrededor de la misma mesa. Lograr un texto aceptable para todos deja de ser un trámite diplomático y se convierte casi en otra negociación dentro de la negociación.

Irán y el estrecho de Ormuz elevan la tensión

La otra gran fractura llegó de Oriente Próximo. La guerra de Irán y el riesgo de una nueva escalada militar han convertido la seguridad energética y marítima en uno de los asuntos centrales para las principales economías.

Estados Unidos puso especial énfasis en la libertad de navegación por el estrecho de Ormuz, una arteria esencial para el transporte internacional de petróleo. Cualquier alteración prolongada del tráfico en la zona puede afectar al suministro energético, al precio de los combustibles y, desde ahí, extenderse al resto de la economía mundial.

Rubio mantuvo contactos en Atlanta con representantes de Arabia Saudí y Turquía ante el temor a un empeoramiento de la situación. La inquietud no es solamente militar: una escalada en la región puede trasladarse rápidamente al precio de la energía, los costes del transporte y la inflación de economías situadas a miles de kilómetros.

Las rutas comerciales entran en la agenda

La última jornada también puso el foco en la resistencia de las cadenas de suministro y en la protección de las grandes rutas comerciales. Estados Unidos, Australia, India y Japón defendieron la necesidad de mantener abiertas vías como Ormuz, el mar Rojo y Bab el Mandeb, además de reforzar el acceso a minerales considerados críticos.

El debate económico y el geopolítico se mezclan cada vez más. Un bloqueo marítimo, una restricción a la exportación de materias primas estratégicas o una guerra que interrumpa el transporte de energía puede acabar repercutiendo en fábricas, precios y consumidores muy lejos del lugar del conflicto.

China, los aranceles y Sudáfrica amplían las diferencias

Ucrania e Irán fueron los asuntos más visibles, pero no los únicos. También aparecieron discrepancias por los aranceles de Estados Unidos, la competencia estratégica con China y las dificultades para garantizar cadenas de suministro estables en sectores considerados esenciales.

A ello se sumó la polémica por Sudáfrica. Estados Unidos no invitó al país africano pese a que forma parte del G20, una decisión que generó malestar entre otros integrantes. Washington mantiene una grave disputa política con Pretoria y ha formulado acusaciones sobre la situación de la población blanca sudafricana que el Gobierno del país rechaza.

El resultado es un foro atravesado por varios conflictos simultáneos. Rusia frente a los países que respaldan a Ucrania; Estados Unidos e Irán enfrentados; Washington y Pekín compitiendo por tecnología, comercio y minerales. Y, entre medias, potencias como India, Brasil, Turquía o Arabia Saudí intentando conservar margen de maniobra.

La próxima cumbre hereda el desacuerdo

Atlanta no ha resuelto esas fracturas. Ha dejado, eso sí, bastante claro dónde están. La próxima prueba será la cumbre de líderes del G20 prevista para diciembre en Florida, donde la presidencia estadounidense tratará de lograr un entendimiento político que los ministros de Exteriores no han conseguido cerrar.

La incógnita será especialmente relevante en el caso de Rusia. Una eventual presencia de Vladímir Putin volvería a colocar la guerra de Ucrania en el centro de una reunión que Washington también pretende orientar hacia el comercio, la energía y la seguridad de las cadenas de suministro.

Un foro imprescindible, pero cada vez más dividido

El G20 conserva un enorme peso económico y sigue reuniendo alrededor de la misma mesa a países que difícilmente coinciden en otros formatos. Esa capacidad sigue teniendo valor. Pero Atlanta deja una evidencia incómoda: sentarse juntos no equivale a ponerse de acuerdo.

Cuando las principales potencias discrepan incluso sobre cómo describir las guerras que condicionan la economía mundial, redactar un comunicado común deja de ser una formalidad. La reunión de Atlanta ha mostrado hasta qué punto las fracturas geopolíticas están penetrando en un foro creado precisamente para facilitar la coordinación global.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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