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Trump llega a las legislativas con tensión interna en la Casa Blanca

La Casa Blanca llega a las legislativas entre reproches, filtraciones y una lucha interna por el poder ante el riesgo de una derrota republicana.

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tensión interna en la Casa Blanca

Resumen

  • La Casa Blanca llega a las legislativas entre reproches y tensión interna
  • Una derrota republicana puede reducir el margen político de Trump
  • Wolff prevé una lucha de poder más dura si el resultado es adverso

La Casa Blanca afronta las elecciones legislativas del 3 de noviembre con un problema que va más allá de las urnas. A las malas perspectivas republicanas en la Cámara de Representantes se suma una creciente batalla interna por el poder, alimentada por los reproches, las filtraciones y la incertidumbre sobre quién conservará la confianza de Donald Trump después de los comicios.

Michael Wolff, autor de varios libros sobre Trump y observador durante años de su entorno, sostiene que la presión puede dispararse si los demócratas consiguen recuperar una o las dos cámaras del Congreso. Su pronóstico es especialmente crudo: cree que la competencia por la influencia alrededor del presidente puede volverse “sangrienta” a medida que se reduzca el margen político de la Administración.

No es solo una interpretación de Wolff. En las últimas semanas han aparecido informaciones sobre reproches entre asesores, maniobras para ganar posiciones y temor a una posible reorganización de la Casa Blanca después de las elecciones. Trump, mientras tanto, continúa haciendo campaña para evitar una derrota que podría transformar por completo los dos últimos años de su presidencia.

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La presión aumenta alrededor de Trump

Las elecciones de medio mandato estadounidenses llegan en un momento incómodo para el presidente. Los republicanos defienden una mayoría de 53 a 47 escaños en el Senado y una ventaja mucho más estrecha en la Cámara de Representantes. El martes estarán en juego los 435 escaños de la Cámara y 35 del Senado.

Perder cualquiera de las dos cámaras tendría consecuencias inmediatas. Una mayoría demócrata podría bloquear parte de la agenda legislativa de Trump, aumentar la capacidad de supervisión del Congreso y abrir investigaciones mediante citaciones y comparecencias de altos cargos.

La Cámara es la principal preocupación. Diversos asesores republicanos llevan semanas preparándose para unas pérdidas importantes, mientras la lucha por el Senado sigue mucho más abierta. El propio Wolff asegura que dentro de la Casa Blanca existe prácticamente la sensación de que la Cámara puede darse por perdida, aunque esa percepción interna no equivale, naturalmente, a un resultado electoral.

Trump no se resigna. Ha intensificado sus mítines y este domingo tiene actos en Iowa y Kansas, dos estados tradicionalmente favorables a los republicanos donde las elecciones al Senado se han complicado más de lo previsto.

La participación anticipada también está siendo excepcional. Más de 52 millones de estadounidenses habían votado ya presencialmente o por correo antes de la jornada electoral, una cifra récord para unas elecciones de medio mandato.

Los reproches empiezan antes de conocer el resultado

La tensión no ha esperado al escrutinio. Trump ha cuestionado en privado decisiones de campaña, gasto electoral, candidatos y la estrategia republicana de redistribución de distritos, mientras algunos de sus principales colaboradores se responsabilizan unos a otros por el deterioro de las perspectivas del partido.

Uno de los focos de las críticas ha sido James Blair, responsable del super PAC MAGA Inc. También ha aparecido en las conversaciones internas Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca, una de las figuras a las que hasta hace poco se atribuía precisamente haber impuesto más disciplina durante el segundo mandato de Trump.

El presidente, sin embargo, ha respaldado públicamente a Wiles y ha rechazado la idea de que vaya a prescindir de ella. Esa defensa no ha eliminado las especulaciones sobre posibles cambios después del 3 de noviembre.

Varias informaciones estadounidenses describen movimientos de personas del entorno presidencial para proteger su posición o mejorarla ante una eventual remodelación. Es una dinámica conocida en Washington, aunque en el universo Trump adquiere una intensidad particular: la cercanía personal al presidente sigue siendo una fuente esencial de poder.

Wolff prevé una lucha todavía más dura

Michael Wolff lleva su análisis un paso más allá. Considera que una derrota republicana podría acelerar una carrera por aprovechar la influencia política disponible mientras Trump conserva el control del Ejecutivo.

Según su interpretación, conforme se acerque el final de la Administración aumentará el incentivo de personas próximas al presidente para convertir sus contactos y su acceso al poder en influencia, lo que a su vez incrementaría los resentimientos y la competencia dentro del círculo presidencial.

Wolff no es un observador neutral y la Casa Blanca ha cuestionado repetidamente su credibilidad, en términos especialmente duros. Sus afirmaciones sobre las motivaciones personales de Trump o de quienes le rodean deben entenderse, por tanto, como su análisis y no como hechos demostrados.

Hay, aun así, elementos verificables que explican por qué su diagnóstico encuentra terreno fértil. Funcionarios y asesores han descrito durante las últimas semanas un aumento de las filtraciones y de la desconfianza interna, junto con las dudas sobre quién podría pagar políticamente una eventual derrota electoral.

El caso de Alina Habba añade combustible

Wolff ha relacionado este clima con la controversia que rodea a Alina Habba Mildon, antigua abogada personal de Trump y posteriormente integrante del Departamento de Justicia.

Trump criticó este sábado como inaceptable un contrato por más de 50 millones de dólares que Habba obtuvo de una empresa vinculada a la familia del banquero venezolano Julio Herrera Velutini.

Herrera Velutini fue posteriormente indultado por Trump. La coincidencia temporal ha provocado escrutinio, pero Habba ha negado tajantemente haber recibido dinero para conseguir el indulto o haber realizado cualquier gestión ante la Casa Blanca o el Departamento de Justicia para obtenerlo.

El propio Trump ha censurado el contrato. El episodio ha servido a Wolff para ilustrar su tesis sobre la importancia de la influencia y el acceso al presidente dentro del ecosistema político que rodea a Trump, aunque no existe prueba de que el contrato de Habba fuese una contraprestación por el indulto.

Las encuestas explican parte del nerviosismo

El ambiente interno coincide con unos datos de opinión pública especialmente débiles para el presidente. Una encuesta nacional cerrada el 26 de octubre situó la aprobación de Trump en el 32%, apenas un punto por encima del mínimo registrado la semana anterior.

Entre los votantes registrados, los demócratas aventajaban a los republicanos por 47% a 36% en intención genérica de voto al Congreso. Al incorporar la inclinación de los indecisos, la diferencia se reducía, pero seguía siendo considerable: 50% para los demócratas frente al 41% para los republicanos.

Una encuesta nacional no permite trasladar automáticamente esos porcentajes a escaños —las elecciones se deciden distrito por distrito y estado por estado—, pero sí refleja el difícil clima político que afronta el partido presidencial.

El coste de la vida sigue pesando especialmente. Casi tres de cada cuatro encuestados consideraban que evolucionaba en la dirección equivocada. Para los republicanos, esa preocupación económica se combina con el desgaste político asociado a la guerra con Irán y con la habitual dificultad que sufren los partidos de los presidentes en las elecciones de mitad de mandato.

El 3 de noviembre puede cambiar el resto de la presidencia

Trump ha pedido a sus seguidores que afronten estas elecciones como si su propio nombre apareciera en la papeleta. No es una exageración desde el punto de vista político. Aunque el presidente no se presenta a ningún cargo, el control del Congreso determinará buena parte de su margen de maniobra hasta que abandone la Casa Blanca.

Si los republicanos conservan ambas cámaras, Trump dispondrá de una estructura institucional mucho más favorable para completar su programa. Si pierde la Cámara, tendrá que convivir con una oposición dotada de importantes facultades de investigación. Si también pierde el Senado, el equilibrio de fuerzas será aún más adverso.

Ahí está el origen de buena parte del nerviosismo que describen quienes conocen el funcionamiento interno de la Administración. No se juega únicamente una mayoría parlamentaria. Se juega quién tendrá influencia en Washington durante los dos próximos años y quién será considerado responsable si las urnas entregan un resultado mucho peor de lo esperado.

Una Casa Blanca pendiente tanto de las urnas como de sí misma

La imagen de una Administración completamente volcada en la campaña convive, a dos días de las elecciones, con otra menos cómoda: la de un equipo presidencial donde han aumentado los reproches y las maniobras internas antes incluso de saber qué decidirán los votantes.

Wolff anticipa una implosión si el resultado es especialmente duro para los republicanos. Es una predicción, no un hecho consumado. Pero las tensiones documentadas durante las últimas semanas permiten afirmar algo bastante más concreto: el resultado del 3 de noviembre puede abrir una nueva etapa en la Casa Blanca de Trump, y la pelea por ocupar una buena posición en ella ya ha empezado.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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