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Herzog abre consultas en Israel tras unas elecciones sin mayoría clara

Israel entra en la fase decisiva tras las elecciones: Herzog consultará a los partidos mientras Netanyahu y Eisenkot buscan una mayoría de 61 escaños.

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Herzog abre consultas

Foto: Kobi Gideon / Government Press Office of Israel, CC BY-SA 3.0.

Resumen

  • Herzog recibirá el miércoles los resultados oficiales de las elecciones
  • Netanyahu parte con 53 escaños y necesita ocho más para alcanzar 61
  • Eisenkot puede intentar una mayoría alternativa con apoyo de partidos árabes

El presidente de Israel, Isaac Herzog, recibirá el miércoles 4 de noviembre los resultados oficiales de las elecciones y, a continuación, abrirá la ronda de consultas con las fuerzas representadas en la nueva Knéset. El proceso debe determinar qué diputado recibe el primer encargo para intentar formar Gobierno en un Parlamento donde ninguna de las dos grandes alternativas dispone por sí sola de los 61 escaños necesarios para la mayoría.

La aritmética surgida de las urnas explica el problema. El bloque del primer ministro, Benjamin Netanyahu, suma 53 diputados; las fuerzas sionistas de la oposición encabezadas por Gadi Eisenkot reúnen 48; y los dos partidos árabes cuentan con otros 19. El Likud sigue siendo la primera fuerza, con 27 escaños, frente a los 21 de Yashar, pero ser el partido más votado no equivale automáticamente a conservar el Gobierno. En Israel, primero se vota y después empieza otra elección mucho más discreta: la de las alianzas.

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Herzog activará las consultas el miércoles

Herzog ha confirmado que el presidente de la Comisión Electoral Central y vicepresidente del Tribunal Supremo, Noam Sohlberg, le entregará el miércoles los resultados oficiales. Después comenzarán las consultas en la residencia presidencial de Jerusalén con todas las listas que han obtenido representación parlamentaria.

El presidente ha adelantado que las puertas de su residencia estarán abiertas a todas las facciones y partidos. Durante esas reuniones, los representantes comunicarán a Herzog qué diputado consideran más adecuado para recibir el mandato de formar Gobierno. No se trata todavía de una investidura ni garantiza que el candidato señalado termine siendo primer ministro. Es el primer movimiento de una negociación que puede alargarse durante semanas.

Herzog también ha pedido a los dirigentes políticos que asuman la realidad de las urnas y busquen fórmulas que eviten otra repetición electoral. Israel conoce bien ese terreno: entre 2019 y 2022 celebró cinco elecciones en poco más de tres años ante la incapacidad recurrente de formar mayorías estables. El presidente quiere evitar que el país vuelva a entrar en esa rueda.

El Parlamento deja a Netanyahu y Eisenkot lejos de los 61

El reparto definitivo de los 120 escaños deja un Parlamento extraordinariamente fragmentado. Likud obtiene 27 diputados y Yashar, la formación de Eisenkot, 21. B’Yachad consigue 12, la Lista Conjunta árabe 11, Los Demócratas y Ra’am ocho cada uno, mientras Yisrael Beytenu, Judaísmo Unido de la Torá y Otzma Yehudit logran siete por formación. Shas y Sionismo Religioso completan la Cámara con seis representantes cada uno.

El resultado deja al bloque que sostuvo a Netanyahu en 53 escaños, ocho por debajo de la mayoría absoluta. Las formaciones sionistas contrarias al actual primer ministro se quedan en 48. Sobre el papel, todos los diputados ajenos al bloque de Netanyahu suman 67, pero esa cifra es bastante más sencilla de escribir que de transformar en una coalición de Gobierno.

Por qué los 19 escaños árabes son decisivos

La Lista Conjunta obtuvo 11 diputados y Ra’am, ocho. Sus 19 escaños pueden resultar determinantes si Eisenkot pretende reunir una mayoría alternativa, pero una parte de las fuerzas opositoras judías había descartado durante la campaña gobernar junto a partidos árabes.

Ahí está uno de los grandes nudos de la negociación. Ahmad Tibi, número dos de la Lista Conjunta, se ha mostrado dispuesto a apoyar una fórmula destinada a sustituir al actual Ejecutivo sin que necesariamente su partido entre en el Gobierno. Esa posibilidad permitiría explorar apoyos externos, aunque exigiría superar vetos políticos acumulados durante la campaña.

Eisenkot ha insistido en que quiere constituir un Ejecutivo amplio y ha establecido condiciones políticas para posibles socios, entre ellas el reconocimiento de Israel como Estado judío y democrático, el servicio nacional obligatorio y el rechazo a Hamás. El margen existe, pero necesita acuerdos entre partidos que hasta hace unos días competían prometiendo precisamente que no pactarían entre ellos.

Qué puede decidir Herzog tras escuchar a los partidos

La legislación israelí concede al presidente un margen importante. Herzog debe consultar a las facciones parlamentarias, pero no está obligado a encargar la formación del Gobierno al líder del partido más grande. El criterio esencial es quién parece disponer de mejores posibilidades para reunir una mayoría y obtener la confianza de la Knéset.

Eso significa que los 27 diputados del Likud convierten a Netanyahu en un candidato evidente para recibir el primer mandato, pero no lo hacen inevitable. Las recomendaciones que reciba cada aspirante durante las consultas tendrán un peso central. Hay precedentes en los que el presidente israelí ha encargado formar Gobierno a un dirigente que no encabezaba la primera fuerza parlamentaria.

Herzog tendrá que medir, por tanto, algo más que el tamaño individual de los partidos. Importarán los apoyos declarados, los posibles acuerdos externos y, sobre todo, la viabilidad real de alcanzar los 61 diputados. El miércoles comenzará a saberse qué cartas están dispuestas a enseñar las distintas formaciones después de una campaña marcada por vetos cruzados.

El candidato elegido tendrá 28 días para formar Gobierno

Una vez designado por Herzog, el primer candidato contará con 28 días para negociar una coalición. El presidente puede concederle una ampliación adicional de hasta 14 días, lo que sitúa en 42 jornadas el plazo máximo de ese primer intento.

Si fracasa, Herzog dispone de varias opciones previstas por la Ley Básica del Gobierno. Puede entregar el mandato a otro miembro de la Knéset, que tendría 28 días sin posibilidad de prórroga, o comunicar al presidente del Parlamento que no aprecia posibilidades de formar un Ejecutivo.

Todavía quedaría una última vía. Si al menos 61 diputados se ponen de acuerdo para recomendar a otro parlamentario, pueden solicitar que reciba un nuevo intento. Ese candidato tendría 14 días para formar Gobierno. Si tampoco prospera esa fórmula, la consecuencia sería la disolución parlamentaria y unas nuevas elecciones.

Mientras se resuelve el proceso, el Ejecutivo saliente continúa ejerciendo sus funciones. La nueva Knéset está prevista para constituirse el 10 de noviembre, por lo que la actividad parlamentaria puede comenzar incluso si las negociaciones para formar una nueva coalición siguen abiertas.

Netanyahu y Eisenkot buscan socios en un tablero fragmentado

Netanyahu llega a las negociaciones con una ventaja evidente y un problema igual de evidente. El Likud es la mayor fuerza parlamentaria, pero sus aliados tradicionales solo permiten alcanzar 53 escaños. Necesitaría sumar al menos ocho diputados procedentes de formaciones que concurrieron a las elecciones enfrentadas al actual bloque gubernamental.

Eisenkot tiene un dilema distinto. Sus posibilidades dependen de convertir la mayoría parlamentaria contraria a Netanyahu en una mayoría capaz de gobernar. Con los 19 representantes árabes alcanzaría matemáticamente 67 diputados, pero algunos de sus potenciales aliados han rechazado hasta ahora una coalición de esas características. Otra posibilidad pasaría por acuerdos de apoyo externo o por atraer a sectores procedentes del actual bloque de Netanyahu.

También se ha planteado una fórmula de unidad entre grandes fuerzas, aunque obligaría a revisar compromisos adquiridos durante la campaña. Y ahí las declaraciones solemnes suelen encontrarse con la calculadora. Las negociaciones posteriores a unas elecciones israelíes tienen precisamente esa costumbre: transformar líneas rojas muy gruesas en tonos algo menos definitivos cuando aparecen los 61 escaños en el horizonte.

El contexto tampoco es menor. Las elecciones registraron una participación cercana al 78%, una de las más elevadas de las últimas décadas, con más de 5,7 millones de votos emitidos. La movilización fue alta, pero las urnas no resolvieron quién puede gobernar.

El miércoles empieza la verdadera batalla por los 61 escaños

La entrega oficial de los resultados a Herzog abrirá el 4 de noviembre una nueva fase de la política israelí. El resultado electoral ya ha definido el tamaño de cada fuerza; ahora queda resolver la cuestión decisiva: quién consigue convertir esos escaños en una mayoría viable.

Netanyahu parte con el partido más grande y un bloque de 53 diputados. Eisenkot dispone de menos escaños dentro de la oposición sionista, pero puede intentar articular una mayoría alternativa apoyándose en fuerzas que quieren apartar al actual primer ministro. Entre ambos quedan partidos pequeños, formaciones ultraortodoxas y 19 diputados árabes cuyo comportamiento puede inclinar todo el proceso.

Herzog escuchará a todos antes de decidir a quién entrega el primer mandato. Después llegará la negociación de verdad: ministerios, programas, vetos, apoyos parlamentarios y renuncias. Las elecciones del 27 de octubre dejaron un Parlamento claro en sus números y bastante menos claro en su Gobierno. El miércoles, con los resultados oficialmente certificados sobre la mesa, empezará a comprobarse quién es capaz de resolver esa contradicción.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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