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Abdul El-Sayed lidera Michigan y puede ser el primer senador musulmán

El demócrata Abdul El-Sayed encara con ventaja la elección al Senado por Michigan y aspira a convertirse en el primer senador musulmán de EEUU.

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Abdul El-Sayed

Imagen: U.S. Senate Committee on Health, Education, Labor and Pensions, dominio público.

Resumen

  • El-Sayed llega con ventaja a la elección al Senado por Michigan
  • Puede convertirse en el primer senador musulmán de Estados Unidos
  • El escaño es decisivo para el pulso entre demócratas y republicanos

Abdul El-Sayed está ante una posibilidad inédita en la política estadounidense. El candidato demócrata al Senado por Michigan llega a la recta final de las elecciones legislativas del 3 de noviembre de 2026 con ventaja sobre el republicano Mike Rogers y, si gana, se convertirá en el primer musulmán elegido senador en la historia de Estados Unidos.

La última fotografía electoral favorece al demócrata, aunque Michigan sigue siendo uno de esos estados donde conviene desconfiar de cualquier victoria anticipada. Una encuesta realizada los días 26 y 27 de octubre situaba a El-Sayed en el 51% frente al 44% de Rogers entre los votantes probables. Quedan, en cualquier caso, las urnas. Y en un estado bisagra eso no es precisamente un detalle menor.

El resultado tendría una lectura histórica por la religión de El-Sayed, pero también una importancia bastante más inmediata: el control del Senado. La batalla por Michigan se ha convertido así en una de las carreras más observadas de estas elecciones de mitad de mandato.

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Una ventaja que pone a los republicanos bajo presión

Mike Rogers no es un adversario improvisado. El republicano fue congresista por Michigan entre 2001 y 2015, presidió el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, sirvió en el Ejército de Estados Unidos y trabajó como agente especial del FBI. También fue candidato al Senado en 2024, cuando perdió frente a la demócrata Elissa Slotkin.

El-Sayed, sin embargo, ha conseguido llegar a noviembre en mejor posición de la que muchos republicanos esperaban. Los últimos sondeos le conceden ventaja, aunque la carrera sigue siendo lo bastante competitiva como para evitar pronósticos definitivos. Michigan continúa siendo, sencillamente, un estado bisagra.

Donald Trump ganó allí las presidenciales de 2024 por alrededor de 1,4 puntos después de que Joe Biden se impusiera cuatro años antes. Esa alternancia explica por qué ambos partidos están invirtiendo recursos y capital político en un territorio donde unos pocos puntos pueden decidirlo todo.

Trump también ha entrado personalmente en la campaña. El presidente ha atacado repetidamente a El-Sayed y llegó a llamarlo “yihadista”, unas declaraciones que provocaron críticas incluso entre dirigentes árabe-estadounidenses que habían apoyado al republicano. No existen pruebas de que El-Sayed pertenezca a organizaciones islamistas, pese a las acusaciones lanzadas durante la campaña.

La religión del candidato demócrata, en consecuencia, ha dejado de ser únicamente un dato biográfico para convertirse en uno de los campos de batalla electorales. Algo que dice bastante de la campaña estadounidense de 2026, para bien o para mal.

Michigan no es un escaño republicano

Hay un matiz importante. Una victoria de El-Sayed no supondría, técnicamente, arrebatar este escaño a los republicanos. El senador saliente es Gary Peters, demócrata, que decidió no presentarse a la reelección.

Lo que está en juego es la capacidad del Partido Demócrata para conservar uno de sus escaños en un estado que Trump ganó en 2024. La diferencia no es menor: una derrota obligaría al partido a compensar esa pérdida con otra victoria en un mapa electoral ya de por sí complicado.

Los republicanos llegan a estas elecciones con mayoría en la Cámara Alta y consideran Michigan una de sus mejores oportunidades para ampliarla. Para los demócratas, retener el asiento de Peters es prácticamente obligatorio si quieren mantener abierta la posibilidad de recuperar el Senado.

Eso explica la intensidad de la campaña. Para los republicanos, ganar Michigan permitiría reforzar su posición en Washington. Para los demócratas, perderlo convertiría una noche difícil en una bastante peor.

Quién es Abdul El-Sayed

Abdulrahman Mohamed El-Sayed tiene 42 años y nació en Michigan. Es hijo de un inmigrante egipcio y ha construido una trayectoria bastante alejada del perfil habitual del político profesional estadounidense.

Estudió biología y ciencias políticas en la Universidad de Michigan, obtuvo el título de medicina en Columbia y completó un doctorado en Oxford como becario Rhodes. Su carrera se orientó posteriormente hacia la epidemiología, la salud pública y la administración.

El-Sayed regresó a Michigan para dirigir el Departamento de Salud de Detroit después de la bancarrota de la ciudad y más tarde estuvo al frente de los servicios de salud del condado de Wayne. Su experiencia en sanidad pública se ha convertido en una de las bases de su campaña.

De la derrota de 2018 a la candidatura al Senado

El-Sayed ya había intentado dar el salto a la primera línea política. En 2018 se presentó a las primarias demócratas para gobernador de Michigan, con el respaldo de figuras del ala progresista como Bernie Sanders, pero perdió frente a Gretchen Whitmer.

Ocho años después, la situación es distinta. En agosto de 2026 derrotó en las primarias demócratas a la congresista Haley Stevens por menos de un punto porcentual, después de una campaña marcada por un enorme gasto externo y por la división entre el aparato moderado del partido y su sector progresista.

El-Sayed consiguió así algo que durante años había resultado difícil para esa corriente: demostrar que un candidato situado claramente a la izquierda del centro demócrata podía ganar una primaria estatal competitiva y llegar con opciones reales a noviembre.

Las tensiones internas, sin embargo, no han desaparecido. Stevens ha confirmado que votará por El-Sayed, pero las diferencias sobre Israel y sobre determinados mensajes de campaña volvieron a aflorar en los últimos días. El propio candidato pidió que su antigua rival se mantuviera alejada de algunos actos electorales para evitar que la polémica desviara la atención de su mensaje económico.

Economía, sanidad y una agenda claramente progresista

La campaña de El-Sayed intenta mantener el foco en cuestiones que cualquier votante reconoce antes de mirar una papeleta: precios, vivienda, salarios y sanidad. Son también los asuntos que el demócrata considera más útiles para competir fuera de las grandes ciudades.

Defiende Medicare for All, una transformación profunda del sistema sanitario estadounidense para extender la cobertura pública, junto con medidas contra la deuda médica y una fiscalidad más elevada sobre los grandes patrimonios. También propone limitar el peso del dinero corporativo en la política y reforzar determinadas políticas sociales.

No es precisamente el programa de un centrista fabricado por un laboratorio electoral. Ese perfil ha permitido a los republicanos presentarlo como demasiado izquierdista para Michigan. El-Sayed intenta darle la vuelta al argumento y centrar la discusión en el coste de la vida.

Michigan ofrece un terreno especialmente sensible para ese debate. La industria del automóvil continúa teniendo un peso enorme en la economía estatal y las decisiones sobre comercio, aranceles y fabricación afectan directamente a empleos industriales y cadenas de suministro.

Israel se convierte en el asunto más incómodo

La política exterior es probablemente el terreno donde El-Sayed asume mayores riesgos. Durante la campaña ha defendido reducir la financiación estadounidense destinada a operaciones militares extranjeras y ha sido especialmente crítico con la ayuda militar a Israel.

El asunto tiene una importancia particular en Michigan. El estado alberga una de las comunidades árabes y musulmanas más numerosas de Estados Unidos, y las guerras en Oriente Próximo han provocado fuertes divisiones dentro del electorado demócrata.

Pero la misma posición que puede movilizar a determinados votantes también puede alejar a otros. Parte de la comunidad judía de Michigan y dirigentes demócratas moderados han criticado declaraciones y mensajes relacionados con Israel. La campaña republicana ha aprovechado esas controversias para presentar a El-Sayed como un candidato radical.

La discusión se ha mezclado, inevitablemente, con su religión. El-Sayed sostiene que sus adversarios intentan utilizar su nombre y su fe para desviar la conversación de la economía. Trump, por el contrario, ha colocado precisamente esos elementos en el centro de algunos de sus ataques. La campaña ha terminado discutiendo también sobre identidad, religión y pertenencia nacional.

Un resultado con peso más allá de Michigan

Si El-Sayed vence a Rogers el 3 de noviembre, la noticia no será únicamente que los demócratas han conseguido mantener el escaño de Gary Peters. Estados Unidos tendría por primera vez un senador musulmán.

La Cámara de Representantes ha contado desde hace años con congresistas musulmanes, pero el Senado nunca ha tenido uno. El eventual triunfo tendría, por ello, un componente simbólico considerable en un país donde la diversidad religiosa del electorado no siempre se ha trasladado a las cien bancadas de la Cámara Alta.

Pero sería un error reducir toda la elección a ese hito. El resultado también servirá para medir hasta dónde puede llegar el ala progresista del Partido Demócrata en un estado que Trump ganó apenas dos años antes.

El-Sayed no se presenta desde un distrito urbano inexpugnable para los republicanos, sino ante todo Michigan. Ahí está la prueba política de verdad. Si gana, los progresistas podrán argumentar que propuestas como Medicare for All o una mayor fiscalidad sobre los multimillonarios pueden sobrevivir fuera de sus bastiones tradicionales. Si pierde, el ala moderada tendrá munición para sostener exactamente lo contrario.

Michigan decidirá entre el precedente y la alternancia

Los sondeos colocan a Abdul El-Sayed por delante cuando faltan apenas dos días para las elecciones, pero ninguna encuesta convierte votos potenciales en papeletas reales. Michigan ha demostrado suficientes veces que puede producir resultados ajustados como para desconfiar de las celebraciones antes de tiempo.

Mike Rogers conserva una base republicana amplia, experiencia electoral y el respaldo de Trump. El-Sayed cuenta con ventaja en los sondeos recientes y con una coalición que intenta movilizar a progresistas, jóvenes, demócratas tradicionales e independientes. El periodo obligatorio de voto anticipado termina el 1 de noviembre, mientras que la jornada electoral será el martes 3.

Lo que salga de las urnas tendrá consecuencias nacionales. Para los partidos, por el equilibrio del Senado. Para El-Sayed, porque una victoria culminaría una remontada política iniciada después de su derrota en las primarias para gobernador de 2018.

Y para Estados Unidos, porque por primera vez un musulmán podría ocupar uno de los cien escaños del Senado. No cambiaría por sí solo la política estadounidense, claro. Pero tampoco sería precisamente un resultado menor.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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