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Elecciones en EE. UU.: la ley de 1845 que fijó el martes de noviembre
Las elecciones de Estados Unidos se celebran un martes de noviembre por una ley de 1845, aprobada cuando el calendario agrícola condicionaba el voto.
Resumen
- Estados Unidos vota un martes de noviembre por una ley de 1845
- El calendario nació para respetar cosechas, desplazamientos y mercados
- En 2026 están en juego el Congreso y numerosos cargos estatales
Estados Unidos celebra este 3 de noviembre de 2026 unas elecciones de medio mandato decisivas para el futuro político de Donald Trump. Los estadounidenses están llamados a renovar la Cámara de Representantes, parte del Senado y numerosos cargos estatales. Pero hay una particularidad que distingue al país de buena parte de las democracias occidentales: sus elecciones federales se celebran siempre un martes de noviembre.
La explicación se remonta a 1845, cuando el Congreso aprobó una ley que estableció una fecha común para las elecciones presidenciales: el martes siguiente al primer lunes de noviembre. La decisión respondía a las necesidades de una sociedad fundamentalmente agrícola, en la que los desplazamientos eran lentos, el domingo estaba reservado al descanso religioso y el miércoles era tradicionalmente día de mercado.
Lo que entonces parecía una solución práctica terminó convirtiéndose en una de las tradiciones más persistentes del sistema electoral estadounidense. Han pasado 181 años, han cambiado los medios de transporte, las comunicaciones y las formas de votar, pero la fecha continúa prácticamente intacta.
En las elecciones de este martes, los republicanos se juegan el control de las dos cámaras del Congreso, actualmente bajo su mayoría. Una eventual victoria demócrata podría limitar la capacidad de Trump para impulsar su agenda durante los dos últimos años de su mandato. La cita electoral tiene, por tanto, consecuencias políticas inmediatas, aunque su peculiar calendario responde a circunstancias históricas muy alejadas de la realidad actual.
Una ley de 1845 puso orden en las elecciones estadounidenses
Durante las primeras décadas de Estados Unidos, los estados no estaban obligados a celebrar sus elecciones presidenciales el mismo día. Cada uno podía establecer su propia fecha dentro de un periodo determinado, lo que provocaba que las votaciones se extendieran durante varias semanas.
Una norma de 1792 permitía seleccionar a los compromisarios presidenciales durante los 34 días anteriores a la reunión del Colegio Electoral, el organismo encargado de elegir formalmente al presidente.
El sistema comenzó a plantear dificultades a medida que mejoraron las comunicaciones. Los resultados de los primeros estados podían conocerse antes de que otros hubieran votado, lo que abría la puerta a influencias políticas, maniobras partidistas y posibles irregularidades.
El Congreso decidió intervenir. El 23 de enero de 1845 aprobó una legislación que establecía una jornada común para la elección de los compromisarios presidenciales en todo el país.
La primera elección presidencial celebrada bajo aquella norma tuvo lugar el 7 de noviembre de 1848. Desde entonces, el calendario electoral federal ha mantenido el mismo criterio, aunque su aplicación se amplió posteriormente a otros cargos.
La Constitución estadounidense no establece que los ciudadanos deban votar un martes de noviembre. La fecha procede de una ley federal y, en consecuencia, el Congreso podría modificarla mediante otra ley.
Noviembre, el mes que mejor encajaba con la agricultura
Para comprender la elección de noviembre hay que situarse en el Estados Unidos del siglo XIX. Buena parte de la población vivía en zonas rurales y dependía directamente de las labores agrícolas.
El calendario del campo condicionaba las actividades económicas y sociales. Celebrar elecciones en primavera habría coincidido con la preparación de los terrenos y la siembra. El verano tampoco resultaba especialmente conveniente, mientras que buena parte del otoño estaba dedicada a las cosechas.
Noviembre ofrecía una alternativa razonable. En muchas regiones, la recolección ya había terminado y todavía no habían llegado las condiciones más duras del invierno.
Las carreteras eran muy diferentes de las actuales y los desplazamientos podían complicarse considerablemente con la nieve, las lluvias o el deterioro de los caminos.
No se trataba de encontrar una fecha especialmente simbólica para la democracia, sino una jornada que facilitara acudir a las urnas sin perjudicar demasiado las actividades económicas.
La elección tenía sentido en aquel contexto. Mucho menos evidente resulta su conveniencia casi dos siglos después, cuando la mayoría de los estadounidenses vive en áreas urbanas y trabaja en sectores ajenos a la agricultura.
El martes permitía respetar el domingo y llegar al mercado
La elección del martes también tuvo una explicación relacionada con las costumbres religiosas y comerciales.
En el siglo XIX, numerosos votantes debían recorrer largas distancias para llegar al lugar donde se celebraban las elecciones. Muchos se desplazaban a caballo o en carruaje, y algunos necesitaban prácticamente una jornada completa para realizar el trayecto.
El domingo era tradicionalmente un día de descanso y culto religioso para buena parte de la sociedad estadounidense. Establecer las votaciones en lunes habría obligado a determinados ciudadanos a viajar durante esa jornada.
El martes resolvía el inconveniente: permitía acudir a los servicios religiosos el domingo, desplazarse el lunes y depositar el voto al día siguiente.
Había otra consideración. En numerosas comunidades agrícolas, el miércoles era día de mercado, cuando los productores acudían a vender sus mercancías y realizar operaciones comerciales.
Celebrar las elecciones el martes permitía, al menos sobre el papel, regresar a tiempo para mantener esas actividades.
Así quedó configurada una distribución semanal bastante práctica para los agricultores de mediados del siglo XIX: domingo de culto, lunes de viaje, martes de elecciones y miércoles de mercado.
El detalle del primer lunes de noviembre
La legislación estadounidense contiene una precisión importante: las elecciones no se celebran necesariamente el primer martes de noviembre, sino el martes posterior al primer lunes del mes.
La diferencia parece pequeña, pero determina que la votación nunca pueda tener lugar el 1 de noviembre. Por eso, el día electoral siempre cae entre el 2 y el 8 de noviembre, ambos incluidos.
La fórmula también respondía a las costumbres económicas de la época. El primer día del mes era especialmente importante para numerosos comerciantes, que lo dedicaban a revisar sus cuentas y cerrar los balances correspondientes al periodo anterior.
Evitar aquella coincidencia suponía facilitar la participación de quienes tenían obligaciones comerciales.
En 2026, el primer lunes de noviembre ha sido día 2 y las elecciones se celebran el martes 3. En 2028, cuando Estados Unidos vuelva a elegir presidente, la jornada electoral será el martes 7 de noviembre.
De las presidenciales a las elecciones de medio mandato
La ley de 1845 nació para unificar las elecciones presidenciales, pero su aplicación se extendió gradualmente al resto de los comicios federales.
En 1872, el Congreso aprobó otra norma para establecer esa misma fecha en las elecciones a la Cámara de Representantes, comenzando con los comicios de 1876.
El Senado siguió un proceso diferente. Durante buena parte de la historia estadounidense, los senadores eran designados por los parlamentos estatales, no elegidos directamente por los ciudadanos.
La situación cambió con la 17.ª Enmienda de la Constitución, ratificada en 1913, que estableció la elección popular de los senadores. En 1914, la legislación federal adaptó también estas votaciones al calendario electoral común.
Desde entonces, las elecciones federales ordinarias siguen una pauta estable: las presidenciales tienen lugar cada cuatro años y las legislativas, cada dos.
En cada convocatoria legislativa se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado, cuyos miembros tienen mandatos de seis años.
Las elecciones de medio mandato se celebran cuando el presidente se encuentra en el ecuador de su periodo de cuatro años en la Casa Blanca.
En este 3 de noviembre de 2026, los estadounidenses eligen a los 435 representantes y votan para cubrir 35 escaños del Senado, entre elecciones ordinarias y especiales. También se celebran elecciones a gobernador en 36 estados, además de numerosas votaciones estatales y locales.
Conviene precisar que no todas las elecciones estadounidenses se celebran necesariamente en esta fecha. Las primarias, determinadas elecciones estatales y numerosos comicios municipales pueden seguir calendarios diferentes.
El voto anticipado ha cambiado una tradición de casi dos siglos
Aunque el martes continúa siendo la fecha oficial de las elecciones federales, el sistema de votación estadounidense ha evolucionado considerablemente.
La principal diferencia es que millones de ciudadanos ya no necesitan esperar al día electoral para ejercer su derecho al voto.
En 2026, 47 estados y el Distrito de Columbia permiten alguna modalidad de voto presencial anticipado accesible para todos los electores. También existen distintas fórmulas de voto por correo, sometidas a requisitos y plazos que varían según el territorio.
Esto significa que una parte importante de los votos puede depositarse días o semanas antes de la jornada oficial.
El calendario de 1845 sigue determinando el día de las elecciones, pero ya no establece necesariamente cuándo acude cada ciudadano a votar.
Persiste, sin embargo, una circunstancia que genera debate: el día electoral no es festivo federal.
Algunos estados lo reconocen como jornada festiva y otros contemplan permisos laborales para facilitar el voto, pero no existe una norma nacional que conceda automáticamente el día libre a todos los trabajadores.
Esta situación alimenta las críticas de quienes consideran que celebrar las elecciones un martes laborable puede complicar la participación de determinados colectivos, especialmente de las personas con horarios rígidos, turnos prolongados o dificultades para desplazarse.
Los defensores del calendario actual destacan la continuidad institucional y las alternativas que ofrece el voto anticipado. Sus críticos sostienen que una tradición concebida para una sociedad rural no debería condicionar las posibilidades de participación en una democracia contemporánea.
Una tradición agrícola que sigue marcando la democracia estadounidense
Las elecciones de noviembre de 2026 vuelven a demostrar hasta qué punto el sistema político estadounidense conserva decisiones adoptadas en circunstancias históricas muy diferentes.
El martes electoral nació de una combinación de necesidades agrícolas, costumbres religiosas, actividades comerciales y organización institucional. No fue una fecha elegida al azar ni una obligación impuesta directamente por la Constitución.
La decisión tenía una lógica considerable en 1845. Los agricultores necesitaban terminar la cosecha, los ciudadanos debían disponer de tiempo para viajar y el Congreso buscaba impedir que los estados celebraran las elecciones presidenciales en jornadas diferentes.
El país dispone de transporte moderno, comunicaciones instantáneas y numerosos mecanismos de votación anticipada. Aun así, mantiene una fecha pensada originalmente para facilitar la vida de quienes viajaban a caballo hasta las urnas.
Cambiarla sería jurídicamente posible, pero requeriría una decisión legislativa federal.
Mientras tanto, Estados Unidos seguirá celebrando sus elecciones federales ordinarias un martes comprendido entre el 2 y el 8 de noviembre. Una tradición de casi dos siglos que, en un país acostumbrado a presentarse como referente de modernidad, demuestra que las costumbres políticas pueden sobrevivir mucho más que las circunstancias que las hicieron necesarias.
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