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El 10,2 % de hombres en España admite violencia sexual contra menores

Una investigación con 6.010 hombres en España revela que el 10,2 % reconoce violencia sexual contra menores y el 3,4 % lo admite en el último año.

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violencia sexual contra menores

Resumen

  • El 10,2 % de 6.010 hombres encuestados admite violencia sexual contra menores
  • El 3,4 % reconoce alguna de estas conductas durante el último año
  • La UB plantea prevención temprana y apoyo confidencial para evitar víctimas

El 10,2 % de los hombres adultos encuestados en España reconoce haber protagonizado al menos una conducta de violencia sexual contra menores de 18 años a lo largo de su vida. Es el principal resultado de una investigación de la Universidad de Barcelona (UB) y la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), presentada este miércoles, 4 de noviembre de 2026, en Madrid.

El estudio, elaborado a partir de las respuestas de 6.010 hombres adultos residentes en España, ofrece una de las aproximaciones más amplias realizadas en el país a las conductas sexuales contra niños y adolescentes desde la perspectiva de quienes reconocen haberlas llevado a cabo. Otro dato resulta especialmente relevante: el 3,4 % de los participantes admite alguna de estas conductas durante los últimos doce meses.

La investigación también constata que el 22,2 % de los encuestados ha experimentado algún grado de atracción sexual hacia menores de 16 años durante su vida adulta. Sin embargo, los investigadores advierten de que sentir atracción y ejercer violencia sexual son fenómenos distintos, aunque puedan estar relacionados.

Los resultados dibujan un problema que no puede medirse únicamente mediante las denuncias policiales o las sentencias judiciales. Las respuestas son anónimas y autodeclaradas, y los propios investigadores consideran que las cifras podrían quedarse cortas debido al rechazo social que suscitan estas conductas.

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Un 10,2 % reconoce violencia sexual contra menores de 18 años

La investigación ha sido desarrollada por especialistas del Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la UB, con participación de la UOC, dentro del programa internacional Prevention Global, impulsado en colaboración con la Universidad Johns Hopkins, de Estados Unidos, y el centro canadiense The Royal.

Su propósito es conocer la dimensión de la violencia sexual contra la infancia desde una perspectiva poco habitual: preguntar directamente a los adultos por sus comportamientos y estudiar los factores asociados al riesgo de cometerlos.

Los resultados muestran diferencias importantes según la edad de las víctimas.

El 10,2 % de los participantes reconoce conductas de violencia sexual que implican a menores de 18 años en algún momento de su vida. El porcentaje se sitúa en el 2,8 % cuando se consideran los casos con menores de 15 años y desciende al 1,7 % para los menores de 12 años.

No se trata de porcentajes de condenados ni de personas investigadas penalmente. La encuesta contempla comportamientos diversos, tanto con contacto físico como sin él, y situaciones producidas presencialmente o a través de internet.

En el caso de adolescentes de 16 y 17 años, el estudio solo incorpora determinadas conductas cuando existe una diferencia de al menos diez años respecto al adulto encuestado. Así se excluyen del cómputo las relaciones consentidas entre personas de edades similares.

Esta precisión es importante para interpretar correctamente las cifras: el porcentaje de conductas reconocidas no equivale a una tasa de delitos sexuales acreditados. La investigación mide comportamientos declarados por los participantes, no resoluciones judiciales.

Tampoco todos los comportamientos estudiados tienen necesariamente la misma naturaleza o gravedad. El objetivo es identificar la extensión de diferentes formas de violencia sexual, incluidos comportamientos que pueden quedar fuera de los registros oficiales.

La violencia fuera de internet es más frecuente que la digital

Uno de los resultados que más llaman la atención es la distribución de estas conductas entre el mundo físico y el digital.

Según el estudio, el 9,7 % de los hombres encuestados reconoce alguna conducta de violencia sexual contra menores fuera de internet a lo largo de su vida, frente al 4,2 % que declara comportamientos de este tipo en el entorno digital.

Ambos porcentajes no deben sumarse, ya que una misma persona puede haber reconocido conductas en los dos ámbitos.

Los datos cuestionan la idea de que las pantallas constituyen necesariamente el escenario principal de esta violencia. Las agresiones y otros comportamientos sexuales perjudiciales para los menores también se producen fuera de la red.

Ahora bien, el estudio identifica una diferencia significativa cuando analiza la continuidad reciente de estas conductas.

Entre quienes reconocen haber protagonizado alguna conducta sexual violenta contra menores en internet a lo largo de su vida, el 56 % declara también alguna conducta de este tipo durante los últimos doce meses. En el ámbito físico, esa proporción es del 27 %.

No significa que internet provoque por sí mismo estas conductas ni que permita establecer una relación causal. Lo que muestran las respuestas es una mayor continuidad reciente en el entorno digital entre quienes han reconocido comportamientos de violencia sexual en ese ámbito.

Los investigadores también señalan que la proporción de víctimas de menor edad es algo más elevada en las conductas declaradas en línea.

Por eso consideran que la prevención de la violencia sexual digital debe ocupar un lugar destacado en las políticas de protección de la infancia, sin descuidar los riesgos que existen fuera de internet.

El 22,2 % declara haber sentido atracción sexual hacia menores

El segundo gran bloque de la investigación aborda una cuestión especialmente delicada: la diferencia entre experimentar atracción sexual hacia una persona menor de edad y llevar a cabo comportamientos de violencia sexual contra ella.

El 22,2 % de los participantes reconoce haber sentido algún grado de atracción sexual hacia menores de 16 años desde que alcanzó la edad adulta.

La intensidad y frecuencia de esa atracción, sin embargo, varían considerablemente entre los encuestados.

Un 12,3 % afirma haberla experimentado «casi nunca». El 1,9 % declara sentirla la mayor parte del tiempo o siempre, mientras que el 0,3 % reconoce una atracción exclusiva hacia menores, sin experimentar atracción sexual hacia adultos.

Estas diferencias son relevantes porque impiden interpretar el conjunto de respuestas como si describieran una misma situación psicológica o un único patrón de comportamiento.

La mayoría de quienes reconocen atracción no declara conductas de violencia sexual

Los investigadores han comprobado que existe una asociación estadística entre la atracción sexual hacia menores y la declaración de conductas violentas contra ellos.

Pero esa relación no es automática.

El 72,8 % de los hombres que reconocen atracción sexual hacia menores de 16 años no comunica ninguna conducta de violencia sexual contra niños o adolescentes.

El dato no permite descartar comportamientos que los participantes hayan decidido ocultar. Sí demuestra que, dentro de las respuestas obtenidas, la atracción declarada no conduce necesariamente a reconocer una conducta de violencia sexual.

Esta distinción tiene consecuencias importantes para la prevención de los abusos sexuales infantiles.

Identificar a personas que experimentan atracción hacia menores, pero que no han cometido ninguna conducta de violencia sexual, permitiría ofrecerles recursos profesionales y confidenciales antes de que se produjera una agresión.

El planteamiento no pretende justificar la atracción ni restar importancia a sus posibles riesgos. Busca intervenir antes de que exista una víctima, en lugar de limitar toda la respuesta institucional a lo que ocurre después.

Por qué las cifras podrían ser superiores a las reconocidas

Una de las principales dificultades para investigar la violencia sexual contra menores es que una parte de estas conductas nunca llega a denunciarse ni a investigarse judicialmente.

La nueva investigación intenta superar parcialmente esa limitación mediante encuestas a población adulta masculina, pero sus resultados también presentan restricciones.

La más importante es que dependen de lo que los participantes están dispuestos a reconocer.

La autodeclaración de conductas socialmente estigmatizadas puede dar lugar a respuestas incompletas, incluso cuando se garantiza el anonimato.

Por ese motivo, los autores consideran que las estimaciones deben interpretarse con prudencia y que probablemente infravaloren la verdadera extensión del problema.

Tampoco puede deducirse de estos resultados cuántos hombres han cometido delitos sexuales tipificados en el Código Penal. El estudio no sustituye a las estadísticas judiciales, sino que aporta una perspectiva diferente.

Hasta el momento, gran parte de la información disponible sobre violencia sexual infantil procedía de denuncias, investigaciones policiales, resoluciones judiciales y estudios realizados a víctimas.

Preguntar a los posibles autores de esas conductas permite examinar otra parte del fenómeno: los comportamientos que pueden producirse sin llegar a conocimiento de las autoridades.

Los investigadores piden actuar antes de que haya víctimas

El equipo responsable del trabajo propone modificar parcialmente el enfoque tradicional de prevención de la violencia sexual infantil.

No plantea abandonar la educación de los menores para que reconozcan situaciones de riesgo o puedan solicitar ayuda. Considera que esas medidas son necesarias, pero insuficientes por sí solas.

La propuesta consiste en complementar la protección de niños y adolescentes con intervenciones dirigidas a quienes presentan factores de riesgo de cometer conductas sexuales violentas.

Entre las medidas planteadas figuran la creación de recursos confidenciales de orientación psicológica para personas que experimentan atracción sexual hacia menores y no han cometido agresiones, así como su derivación a programas especializados.

Los investigadores también consideran necesaria una mayor formación de los profesionales de la salud mental, la educación, los servicios sociales y la justicia.

El propósito es mejorar la detección de señales de riesgo, facilitar intervenciones adecuadas y evitar que las situaciones potencialmente peligrosas evolucionen hacia comportamientos violentos.

La investigación menciona experiencias internacionales como Dunkelfeld, un proyecto desarrollado en Alemania que ofrece apoyo especializado y confidencial a personas que buscan evitar conductas sexuales perjudiciales para menores.

En España, según los autores, el acceso a este tipo de recursos preventivos continúa siendo limitado.

También reclaman investigaciones nacionales periódicas que permitan conocer la evolución del problema, identificar factores asociados y comprobar la eficacia de las medidas adoptadas.

El estudio forma parte de Prevention Global, una iniciativa internacional que pretende utilizar instrumentos comparables entre distintos países para investigar la violencia sexual infantil y desarrollar estrategias que contribuyan a prevenirla.

La protección infantil también exige intervenir sobre los adultos

La investigación presentada el 4 de noviembre aporta una cifra difícil de ignorar: aproximadamente uno de cada diez hombres encuestados reconoce alguna conducta de violencia sexual contra menores a lo largo de su vida.

También refleja que una parte de estos comportamientos se mantiene en periodos recientes, que el problema no se limita a internet y que la atracción sexual hacia menores debe estudiarse separadamente de las conductas violentas.

Los resultados no permiten establecer responsabilidades penales individuales ni sustituyen a las investigaciones judiciales. Su utilidad reside en identificar comportamientos y factores de riesgo que las estadísticas oficiales no siempre consiguen captar.

La protección de la infancia necesita mecanismos de denuncia, asistencia a las víctimas y persecución de los delitos. Pero el trabajo de la UB y la UOC añade otra exigencia: desarrollar medidas capaces de impedir que la violencia sexual llegue a producirse.

Porque enseñar a los menores a protegerse es necesario. Evitar que los adultos les hagan daño también debe ser una responsabilidad central de las políticas públicas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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