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Naturaleza

La contaminación del río Tijuana llega a EE.UU. y escala en el T-MEC

La contaminación del río Tijuana cruza hacia California, entra en el debate del T-MEC y obliga a México y EE.UU. a acelerar obras de saneamiento.

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El río Tijuana lleva aguas residuales

Foto: Chiko elektriko, CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • El río Tijuana lleva aguas residuales y basura hasta California
  • El conflicto ambiental ya se tramita dentro del marco del T-MEC
  • México y EE.UU. aceleran obras para contener los vertidos fronterizos

La contaminación del río Tijuana ha dejado de ser únicamente un problema ambiental de la frontera entre México y Estados Unidos. Millones de litros de aguas residuales y toneladas de basura arrastradas por la cuenca atraviesan territorio mexicano, cruzan hacia California y terminan alcanzando el océano Pacífico. El conflicto ha escalado hasta uno de los terrenos políticamente más sensibles de Norteamérica: el T-MEC, el tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá.

El movimiento no es retórico. La Comisión para la Cooperación Ambiental mantiene activa una petición presentada por San Diego Coastkeeper que acusa a México de no aplicar eficazmente parte de su legislación ambiental en materia de aguas residuales, salud pública, notificación transfronteriza y gestión del agua. México presentó su respuesta el 9 de septiembre de 2026 y el Secretariado estudia ahora si recomienda elaborar un expediente de hechos sobre el caso.

Un río que convierte la frontera en una línea de papel

La geografía explica buena parte del problema. El río Tijuana es un cauce intermitente que nace en México, atraviesa una de las mayores concentraciones urbanas de la frontera y desemboca al sur de San Diego. Cuando las lluvias aumentan el caudal, agua, sedimentos y residuos acumulados en diferentes puntos de la cuenca pueden avanzar hacia Estados Unidos y, finalmente, hacia el Pacífico.

La frontera política, aquí, sirve de bastante poco. El agua no enseña el pasaporte.

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Las organizaciones ambientales llevan años denunciando que la infraestructura de saneamiento disponible no consigue absorber todos los vertidos y que las deficiencias del sistema de Tijuana tienen consecuencias al otro lado de la línea internacional. La petición registrada ante la Comisión para la Cooperación Ambiental sostiene incluso que existen descargas de aguas residuales sin tratar que contribuyen al deterioro del valle del río Tijuana y de las zonas costeras californianas. Se trata de alegaciones sometidas todavía al procedimiento previsto por el tratado, no de una resolución definitiva contra México.

El problema tampoco se limita al agua que se ve correr por el canal. Los episodios de contaminación han provocado durante años cierres de playas, deterioro ambiental y una fuerte presión sobre las infraestructuras de saneamiento del área de San Diego. Las autoridades ambientales estadounidenses consideran la situación una crisis de aguas residuales arrastrada durante décadas.

Por qué la contaminación del Tijuana ha llegado al T-MEC

El salto al T-MEC tiene una explicación jurídica bastante concreta. El capítulo 24 del tratado, dedicado al medio ambiente, permite presentar peticiones cuando una persona u organización considera que alguno de los tres países no está aplicando eficazmente su legislación ambiental.

San Diego Coastkeeper utilizó precisamente ese mecanismo en enero de 2026. La organización argumentó que las carencias del saneamiento y la gestión de las aguas residuales de Tijuana estaban generando una crisis transfronteriza y pidió que se examinara el cumplimiento de las obligaciones mexicanas. Tras una primera revisión, la petición fue modificada en abril; el 28 de mayo, el Secretariado consideró que reunía los requisitos para solicitar una respuesta de México. Esa respuesta mexicana llegó finalmente en septiembre.

Qué puede ocurrir a partir de ahora

El procedimiento no significa que el T-MEC vaya a imponer automáticamente una multa a México ni que la denuncia ambiental se transforme por sí sola en una sanción comercial. Es algo más técnico. El Secretariado debe determinar si existen elementos suficientes para recomendar la elaboración de un expediente de hechos, una investigación documental que puede reunir información técnica, científica y jurídica, entrevistas y análisis independientes.

Ese mecanismo está regulado por los artículos 24.27 y 24.28 del tratado. El matiz importa: el caso ha entrado formalmente en la arquitectura ambiental del T-MEC, pero todavía se encuentra en una fase de examen, no ante una sentencia ni una sanción cerrada.

La revisión del tratado añade presión política

Todo sucede, además, en un momento especialmente delicado para el acuerdo norteamericano. Estados Unidos, México y Canadá celebraron el 1 de julio de 2026 la primera revisión conjunta del T-MEC. Washington decidió no renovar el tratado en sus términos actuales, aunque el acuerdo continúa plenamente en vigor mientras prosiguen las negociaciones.

Y el proceso está lejos de haberse cerrado. El 2 de octubre, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos abrió una nueva consulta pública de cara a la revisión conjunta de 2027, con plazo para presentar observaciones hasta enero. La contaminación del río Tijuana aterriza así en un escenario comercial que ya acumula discusiones sobre industria, agricultura, reglas de origen, seguridad económica y medio ambiente.

Organizaciones como Costa Salvaje, Pronatura Noroeste y Sierra Club quieren aprovechar precisamente esa negociación para conseguir compromisos ambientales verificables. Su argumento es sencillo: un problema que cruza diariamente una frontera económica profundamente integrada no puede permanecer encerrado en los despachos de las autoridades locales.

El T-MEC no es únicamente un catálogo de aranceles, automóviles y cadenas de suministro. Su capítulo ambiental contiene compromisos sobre protección del medio ambiente y aplicación de las leyes nacionales, y la Comisión para la Cooperación Ambiental proporciona una vía específica para examinar posibles incumplimientos.

Esto explica por qué aguas residuales, comercio y diplomacia han terminado compartiendo mesa. No significa que cada vertido vaya a convertirse en una disputa comercial, pero sí que la contaminación transfronteriza dispone de una herramienta institucional que hace años apenas tenía peso político.

México y Estados Unidos también están construyendo soluciones

La escalada jurídica convive con una realidad menos estridente: ambos países llevan meses ejecutando obras para reducir los vertidos. México y Estados Unidos firmaron en julio de 2025 un memorando para avanzar hacia una solución permanente de la crisis. Durante 2026 se han desarrollado trabajos en la Planta de Bombeo 1, compuertas del río, colectores y conducciones, mientras Estados Unidos amplía la capacidad de la planta internacional de tratamiento de aguas residuales de South Bay.

La Planta de Bombeo 1 está diseñada para aumentar su capacidad hasta 80 millones de galones diarios, mientras las nuevas compuertas buscan impedir que grandes volúmenes de aguas residuales lleguen al cauce. México también completó trabajos de sedimentación en el cañón del Matadero y ha avanzado en sistemas destinados a controlar los flujos y detectar incidentes con mayor rapidez.

Durante septiembre se completaron también trabajos en la línea de gravedad paralela, comenzó una nueva fase de las compuertas del río y avanzó la ampliación de la planta internacional de South Bay. Equipos de ambos países limpiaron asimismo miles de metros del canal como preparación ante la temporada de lluvias.

En Tijuana, las labores preventivas también se han concentrado en retirar sedimentos y residuos antes de que las precipitaciones conviertan el cauce en una cinta transportadora hacia el norte. La Comisión Estatal de Servicios Públicos informó de la retirada de alrededor de 4.000 metros cúbicos de azolve y de trabajos de limpieza en varios kilómetros de canalización.

Las lluvias siguen siendo la prueba de estrés

Todo ese despliegue tiene un enemigo bastante elemental: cuando llueve con intensidad, los problemas que permanecían quietos empiezan a moverse. Los residuos acumulados en barrancos, canales y puntos de vertido pueden incorporarse al río y desplazarse hacia la costa. De ahí la preocupación ante una temporada de precipitaciones fuertes y la carrera por limpiar cauces, reparar tuberías y aumentar la capacidad de bombeo antes de los episodios más intensos.

La fragilidad del sistema ya quedó expuesta durante 2026. Las autoridades de California han registrado episodios de flujos transfronterizos relacionados con roturas de tuberías, averías y situaciones en las que el volumen de agua superó la capacidad disponible para contenerlo.

No existe, por tanto, una única tubería que reparar ni una sola administración a la que señalar. La cuenca combina crecimiento urbano, infraestructura envejecida, residuos sólidos, colectores, estaciones de bombeo y sistemas de tratamiento repartidos entre dos países. Ese puzle es precisamente lo que hace que cada avería pueda adquirir dimensión internacional.

Una frontera incapaz de contener el agua

La entrada de la contaminación del río Tijuana en el debate del T-MEC revela hasta qué punto un viejo problema local se ha convertido en un asunto norteamericano. Hay obras en marcha, inversiones y cooperación bilateral; también existe una petición ambiental activa que cuestiona si México ha aplicado adecuadamente sus propias normas.

Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Se puede avanzar en infraestructura y seguir arrastrando una deuda ambiental acumulada durante décadas.

El siguiente movimiento será especialmente relevante: la Comisión para la Cooperación Ambiental debe decidir si el expediente merece una investigación factual más profunda. Mientras tanto, las obras continúan y el tratado comercial permanece sometido a negociación. Y por el canal del Tijuana siguen bajando agua, barro y residuos hacia una frontera que, al menos para la contaminación, nunca estuvo realmente cerrada.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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