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Economía

Bizum y Wero lanzan ENP, la red europea frente a Visa y Mastercard

Bizum, Wero y otras redes europeas crean ENP para conectar pagos entre países y reducir la dependencia de Visa y Mastercard en el continente.

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Bizum y Wero crean ENP

Resumen

  • ENP conectará Bizum, Wero y otras redes de pago europeas
  • El proyecto busca reducir la dependencia de Visa y Mastercard
  • La red parte con 130 millones de usuarios potenciales en 13 países

Europa acaba de dar un paso bastante más concreto de lo habitual en su vieja aspiración de depender menos de Visa y Mastercard. Bizum, Bancomat, EPI —la compañía que desarrolla Wero—, SIBS-MB WAY y Vipps MobilePay han constituido European Network for Payments, ENP, una sociedad conjunta que conectará sus sistemas para facilitar pagos entre países europeos sin obligar a los usuarios a abandonar las aplicaciones que ya conocen. La nueva compañía tiene su sede en Madrid y nace con unos 130 millones de usuarios potenciales en 13 países.

Hay, eso sí, una precisión importante. ENP no es una red de pagos creada ni impuesta por la Unión Europea, sino una iniciativa privada de algunos de los mayores sistemas europeos. Tampoco significa que Visa y Mastercard vayan a desaparecer de las carteras ni de los móviles. El proyecto comienza conectando plataformas como Bizum, Wero o MB WAY mediante pagos instantáneos de cuenta a cuenta y pretende extender después esa interoperabilidad al comercio electrónico y a las tiendas físicas. Es una alternativa que empieza a construir raíles propios; todavía no un reemplazo inmediato de las autopistas estadounidenses.

Qué es ENP y por qué importa para los pagos europeos

La European Network for Payments fue constituida el 30 de septiembre de 2026 después del acuerdo alcanzado por sus socios meses antes. Su misión no consiste en borrar las marcas nacionales y levantar otra desde cero. Más bien hará de puente entre ellas.

Así, Bizum podrá seguir siendo Bizum en España, Bancomat conservará su identidad en Italia, MB WAY en Portugal y Wero continuará desarrollándose en mercados como Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. Por debajo aparecerá una infraestructura técnica y operativa común que permitirá que esas soluciones se entiendan entre sí. Esa diferencia parece pequeña, pero ahorra una de las grandes pesadillas de cualquier proyecto continental: convencer a decenas de millones de personas de que descarguen otra aplicación y empiecen otra vez.

Los participantes suman aproximadamente 130 millones de usuarios y alcanzan más del 70% de la población conjunta de la Unión Europea y Noruega. La red seguirá abierta, además, a otras soluciones europeas que cumplan sus requisitos técnicos y operativos. Los socios fundadores participan con cuotas iguales en la nueva compañía.

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El ejemplo más sencillo: hacer un Bizum fuera de España

La utilidad cotidiana se entiende mejor alejándose un momento de las grandes palabras —soberanía, autonomía estratégica, infraestructura crítica— y pensando en una cena.

Un español podría utilizar en el futuro Bizum para enviar dinero a un usuario de otra plataforma europea compatible, aunque esa persona opere normalmente con Bancomat, MB WAY, Vipps MobilePay o Wero. El usuario no tendría que preocuparse demasiado de qué sistema existe detrás. Algo parecido a llamar desde Movistar a un número de Orange: nadie considera especialmente emocionante que las redes se entiendan, precisamente porque damos por hecho que deben hacerlo.

Ese es el modelo que ENP quiere trasladar al dinero digital. Primero llegarán los pagos entre particulares. Después, según el calendario de desarrollo, se ampliarán las funciones a las compras por internet y finalmente a los pagos presenciales en terminales de comercios. La infraestructura estará basada en pagos instantáneos entre cuentas, no simplemente en colocar una nueva marca encima de las tarjetas tradicionales.

Europa tiene un problema con Visa y Mastercard

El trasfondo es menos tecnológico que estratégico. Europa posee bancos gigantescos, una moneda común utilizada por cientos de millones de personas y uno de los mercados interiores más grandes del planeta. Sin embargo, buena parte de sus pagos digitales cotidianos sigue dependiendo de esquemas internacionales.

El Banco Central Europeo lleva tiempo señalando esta anomalía. Aproximadamente dos tercios de las operaciones con tarjeta de la zona euro están sometidas a las reglas comerciales de compañías no europeas y varios países carecen de una alternativa nacional suficiente para los pagos presenciales. No existe todavía una solución europea gobernada desde Europa que cubra por sí sola toda la zona del euro.

Eso no convierte a Visa o Mastercard en villanos de película. Ambas compañías han construido redes globales extraordinariamente extendidas, cómodas para consumidores y comercios, y precisamente ahí reside su fortaleza. El problema europeo es otro: depender demasiado de proveedores externos para una infraestructura tan básica como pagar el supermercado, una habitación de hotel o un billete de tren. Cuando todo funciona, apenas se nota. Cuando la geopolítica empieza a meter los dedos en los enchufes, la discusión cambia.

ENP no sustituirá de golpe a las tarjetas

Conviene rebajar una expectativa que algunos titulares han llevado demasiado lejos. ENP no va a sustituir inmediatamente a Visa y Mastercard. Ni siquiera nace como un nuevo circuito paneuropeo de tarjetas convencional.

Su arquitectura se apoya en soluciones que ya existen y en transferencias instantáneas entre cuentas. Eso permite atacar primero un terreno donde Europa sí tiene productos muy asentados, como Bizum, y utilizar esa masa de usuarios para ir conquistando otros usos.

Es una estrategia bastante menos vistosa que lanzar una flamante “tarjeta europea”, pero quizá por eso tenga más posibilidades. Europa ya ha conocido proyectos de pagos paneuropeos ambiciosos que terminaron reduciendo sus objetivos. Crear una red desde cero exige bancos, comercios, terminales, consumidores y proveedores alineados al mismo tiempo. Una coreografía complicada incluso para Bruselas, tierra donde hasta elegir un cargador de teléfono puede convertirse en materia legislativa.

Madrid se convierte en el centro de la nueva red

La elección de Madrid como sede de ENP tampoco es un detalle menor. Bizum es una de las soluciones de pago móvil más extendidas del continente y ya había comenzado antes de la creación de ENP a trabajar en la interoperabilidad internacional.

Bizum, Bancomat y MB WAY realizaron sus primeras transacciones inmediatas interoperables en 2024 y comenzaron posteriormente a ampliar el servicio. ENP recoge esas experiencias y las lleva a una escala mucho mayor incorporando Wero y Vipps MobilePay.

La diferencia es de dimensión. Ya no se trata únicamente de conseguir que dos o tres aplicaciones nacionales intercambien dinero. La intención consiste en construir un hub europeo común capaz de sumar servicios, países y proveedores sin desmontar las redes que funcionan bien dentro de cada mercado.

ENP y el euro digital no son lo mismo

La aparición de ENP coincide inevitablemente con el desarrollo del euro digital, pero ambos proyectos pertenecen a planos diferentes.

ENP es una infraestructura privada de interoperabilidad entre medios de pago existentes. Cuando alguien utiliza Bizum, por ejemplo, el dinero continúa siendo dinero depositado en una entidad bancaria. El euro digital, en cambio, sería una nueva forma electrónica de dinero emitido por el banco central, equivalente en naturaleza monetaria al efectivo aunque utilizado digitalmente.

El BCE prepara un piloto de doce meses que comenzará en la segunda mitad de 2027 y mantiene como horizonte estar técnicamente preparado para una posible primera emisión en 2029, siempre que concluya previamente el proceso legislativo europeo. La decisión definitiva de emitirlo todavía no está tomada.

No son, por tanto, proyectos necesariamente rivales. Una infraestructura europea común puede incluso facilitar que soluciones privadas y dinero público digital compartan estándares y terminales. El objetivo de fondo se parece: que Europa conserve capacidad propia para pagar aunque cambien las empresas, la tecnología o el clima político internacional.

Lo que tendrá que demostrar ENP

La parte sencilla era firmar el acuerdo. Ahora llega la incómoda: conseguir que funcione fuera de las presentaciones corporativas.

Una red de pagos vive de un efecto bastante cruel. Cuantos más usuarios y comercios la aceptan, más útil resulta; y cuanto menos extendida está, menos motivos existen para utilizarla. Visa y Mastercard llevan décadas alimentando precisamente esa rueda. ENP dispone de una ventaja poco habitual para un recién llegado: no comienza desde cero, sino apoyándose en plataformas utilizadas ya por millones de europeos.

Sus 130 millones de usuarios potenciales ofrecen una masa crítica considerable, pero el auténtico examen llegará con los comercios. Poder enviar veinte euros de un Bizum español a un usuario portugués es útil; poder entrar en una tienda de Berlín y pagar directamente desde una solución europea sin recurrir a un circuito internacional cambiaría bastante más el tablero.

Ahí aparecerán las cuestiones difíciles: comisiones, seguridad frente al fraude, devoluciones, protección del comprador, facilidad de integración para los establecimientos y aceptación fuera de los países participantes. Las tarjetas llevan muchos años resolviendo —mejor o peor, pero resolviendo— esos problemas.

Un mercado único que aún no pagaba como uno

Europa lleva décadas construyendo un mercado donde personas, mercancías y capitales pueden cruzar fronteras con relativa facilidad, pero sus sistemas de pago nacionales han seguido funcionando muchas veces como pequeñas islas. ENP intenta conectar esas islas sin destruirlas.

La iniciativa no supone la expulsión de Visa y Mastercard, ni existe todavía una fecha mágica a partir de la cual las tarjetas estadounidenses dejen de ser necesarias. Lo que sí cambia es la escala del intento. Bizum, Bancomat, Wero, MB WAY y Vipps MobilePay dejan de avanzar como proyectos aislados y pasan a compartir una infraestructura paneuropea con sede en Madrid y alcance inicial en 13 países.

Si consigue extenderse desde las transferencias entre particulares hasta las tiendas físicas y el comercio electrónico, Europa habrá ganado algo más valioso que otra aplicación de pagos: una alternativa propia. No hará falta tirar la Visa a un cajón. Bastará con que, por primera vez, usarla deje de ser casi inevitable.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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