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Ciencia

Los gatos domésticos muestran cinco rasgos ligados a la psicopatía

Investigadores crean un cuestionario para medir cinco rasgos de personalidad en gatos y estudiar cómo afectan a su relación con humanos y animales

Publicado

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Un gato persa en una silla de madera

Resumen

  • El estudio mide cinco rasgos de personalidad asociados a la psicopatía
  • El cuestionario no diagnostica psicopatía clínica en gatos domésticos
  • Audacia, desinhibición y sociabilidad influyen en la convivencia con humanos

Los gatos domésticos pueden mostrar rasgos de comportamiento comparables con dimensiones utilizadas para estudiar la psicopatía humana, según una investigación que desarrolló un cuestionario específico para medir su personalidad. Audacia, desinhibición e insensibilidad aparecen junto a otros dos factores relacionados con la sociabilidad hacia personas y otros animales.

Eso no convierte al gato que tira un vaso mientras mantiene la mirada en un pequeño villano doméstico. El estudio, publicado en 2021, no diagnostica psicopatía clínica en gatos. Lo que hace es trasladar un modelo psicológico a determinadas conductas felinas para analizar diferencias de personalidad y comprobar cómo pueden influir en la convivencia.

El trabajo fue realizado por investigadores de universidades británicas y partió del llamado modelo triárquico de la psicopatía, empleado en humanos y construido alrededor de tres grandes dimensiones: audacia, desinhibición e insensibilidad. La cuestión científica era bastante más sobria de lo que sugiere el término: averiguar hasta qué punto podían identificarse comportamientos equivalentes en el gato doméstico.

Cinco rasgos para describir la personalidad de un gato

La investigación se desarrolló en varias fases. Primero participaron 549 propietarios de gatos, cuyas respuestas permitieron seleccionar comportamientos relevantes. Después, una muestra de 1.463 dueños sirvió para probar la estructura del cuestionario y compararla con otras medidas de personalidad felina y de relación entre animales y personas.

De ese proceso nació el cuestionario CAT-Tri+, estructurado alrededor de cinco dimensiones. Las tres primeras proceden del modelo psicológico original: audacia, desinhibición e insensibilidad. A ellas se suman dos factores de sociabilidad, uno relacionado con otros animales y otro con las personas.

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La herramienta utiliza 46 comportamientos observables que los propietarios valoran según el grado en que encajan con su gato. La idea no es colocar una etiqueta definitiva, sino construir una fotografía de su temperamento a partir de patrones cotidianos.

Audacia, impulsividad y tolerancia social

La audacia engloba comportamientos como una aparente baja percepción del peligro, la exploración de lugares desconocidos o una marcada predisposición a enfrentarse a situaciones nuevas. Un gato que entra sin titubeos en una habitación desconocida puede puntuar de forma distinta a otro que necesita horas para abandonar su escondite.

La desinhibición se relaciona con impulsividad, búsqueda constante de estímulos y dificultad para contener determinadas conductas. La dimensión de insensibilidad, por su parte, agrupa comportamientos que pueden interpretarse como agresivos o poco sensibles a las reacciones de otros individuos.

Los otros dos factores tienen que ver con la sociabilidad hacia humanos y animales. Hay gatos que toleran mal compartir espacio con otros felinos, mientras que algunos buscan de forma constante el contacto con las personas. Entre ambos extremos existe, naturalmente, toda una selva de matices.

Un gato atrevido no es necesariamente problemático

Los rasgos se miden en un continuo. No existe un interruptor que separe a gatos normales de supuestos gatos psicópatas. Un animal puede presentar mucha audacia y poca hostilidad, o ser impulsivo y mantener al mismo tiempo una relación estrecha con quienes viven con él.

Algunas asociaciones encontradas por los investigadores resultaron incluso contraintuitivas. La audacia y la insensibilidad se relacionaron con una peor calidad percibida de la relación entre dueño y gato, mientras que otros rasgos no siguieron una relación tan sencilla.

La personalidad felina funciona, en realidad, como un mosaico. Dos gatos criados bajo el mismo techo pueden responder de manera radicalmente distinta ante una visita, un perro, una aspiradora o una puerta abierta. Esa variabilidad individual forma parte normal del comportamiento de la especie.

Por qué los científicos recurrieron a la psicopatía

La palabra resulta provocadora porque carga con un significado humano muy fuerte. Sin embargo, el estudio la utiliza como marco comparativo de personalidad, no como diagnóstico veterinario. Los investigadores partieron de dimensiones conductuales ya empleadas en psicología humana y comprobaron si podían reconocerse patrones equivalentes en gatos.

Existe también una posible explicación evolutiva. Algunos comportamientos que resultan incómodos dentro de un piso —atrevimiento, impulsividad, independencia o agresividad territorial— pudieron ser ventajosos para los antepasados del gato doméstico, obligados a conseguir alimento y defender recursos sin un humano encargado del comedero.

Un pequeño depredador que evita cualquier riesgo difícilmente explora nuevos territorios. Uno extremadamente confiado, por el contrario, también puede exponerse demasiado. La selección natural trabaja precisamente con esos equilibrios, y la domesticación no borró de golpe el comportamiento ancestral del gato.

Una especie mucho más social de lo que parece

El tópico presenta al gato como un animal frío, solitario y oportunista. La realidad es más flexible. Los gatos pueden vivir de forma relativamente independiente, pero también formar grupos cuando existen suficientes recursos y establecer vínculos sociales estables con personas, otros gatos e incluso animales de otras especies.

Esa capacidad ayuda a explicar por qué no existe un único perfil de personalidad felina. El ambiente, la socialización durante las primeras semanas de vida, las experiencias posteriores y la propia genética pueden modificar la manera en que cada gato responde al entorno.

El problema de llamar psicópata a un gato

Aplicar conceptos creados para describir la personalidad humana no significa que los mecanismos psicológicos sean idénticos. Un gato puede mostrar agresividad, miedo reducido o impulsividad, pero eso no permite atribuirle sin más conceptos humanos como culpa, crueldad consciente o intención moral.

Ahí está una de las fronteras del estudio. Observar una conducta es relativamente sencillo; interpretar qué ocurre detrás de ella, bastante menos. Un zarpazo puede responder a agresividad, miedo, dolor, juego brusco o sobreestimulación. El gesto puede parecer el mismo, pero su significado cambia.

También existe otra limitación importante: buena parte de los datos procede de la percepción de los propietarios. El cuestionario recoge cómo interpreta cada persona el comportamiento de su gato y utiliza esas respuestas para construir dimensiones estadísticas.

El dueño también influye en la interpretación

Una persona puede considerar que su gato la manipula cuando maúlla insistentemente frente al frigorífico; otra verá simplemente una conducta aprendida para conseguir alimento. La frontera entre temperamento, aprendizaje y proyección humana es, a veces, bastante más borrosa de lo que parece.

Por ese motivo, una puntuación elevada en determinadas dimensiones del CAT-Tri+ no sustituye una valoración veterinaria cuando aparece un cambio repentino de conducta. Un gato que empieza a esconderse, atacar o rechazar el contacto puede estar sufriendo estrés, dolor o algún problema médico.

Etiquetarlo como agresivo o psicópata sería cómodo, incluso pintoresco, pero podría ocultar precisamente el dato importante. El comportamiento animal necesita contexto, observación y evolución temporal, no diagnósticos improvisados desde el sofá.

Para qué puede servir estudiar estos rasgos

Más allá de la palabra que atrae los titulares, el trabajo ofrece una aplicación práctica: conocer mejor qué tipo de ambiente encaja con cada gato. Un animal muy activo y atrevido puede necesitar mayores oportunidades de exploración; otro con baja tolerancia a otros felinos quizá lleve mal compartir un espacio reducido.

Los investigadores plantean que estas dimensiones pueden ayudar a estudiar la compatibilidad entre animales, propietarios y hogares. La personalidad influye directamente en la convivencia, y algunos problemas de comportamiento terminan provocando conflictos, abandonos o entregas de animales a refugios.

Entender el temperamento antes de interpretarlo como mala conducta cambia bastante las cosas. Un gato que necesita esconderse no está necesariamente rechazando a su dueño; puede estar buscando seguridad. Uno que explora cada rincón tampoco tiene por qué ser conflictivo. Son formas distintas de relacionarse con el entorno.

Un pequeño depredador instalado en el salón

La investigación no demuestra que los gatos sean psicópatas ni describe una nueva enfermedad mental felina. Lo que muestra es algo más interesante: determinados patrones de personalidad pueden medirse de manera sistemática y compararse entre individuos.

Audacia, impulsividad, sociabilidad y agresividad aparecen combinadas en proporciones distintas en cada animal. Parte de ese equipaje resulta comprensible al recordar de dónde procede el gato doméstico: un cazador territorial convertido en compañero de sofá en un periodo evolutivamente muy corto.

Quizá ahí resida buena parte de su peculiar magnetismo. Los gatos buscan contacto, forman vínculos, juegan, duermen pegados a una persona y, cinco minutos después, pueden contemplar caer un objeto desde una mesa con una serenidad casi ofensiva. Psicopatía, no necesariamente; personalidad felina, desde luego.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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