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Xavier Becerra roza la Gobernación de California y desafía a Trump

Xavier Becerra parte como favorito para gobernar California, con una ventaja amplia sobre Steve Hilton y un mensaje frontal frente a Donald Trump.

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Xavier Becerra en 2026

Imagen: Gage Skidmore / CC BY-SA 2.0.

Resumen

  • Xavier Becerra llega con amplia ventaja a las elecciones de California
  • Puede ser el primer latino elegido gobernador del estado en más de 150 años
  • Promete plantar cara a Trump desde Sacramento si logra la Gobernación

Xavier Becerra llega a la recta final de las elecciones de California con una ventaja considerable y una promesa política bastante explícita: plantar cara a Donald Trump desde Sacramento. El demócrata, antiguo secretario de Salud de Estados Unidos y ex fiscal general del estado, puede convertirse el 3 de noviembre en el primer latino elegido gobernador de California y en el primero que ocupa el cargo en más de siglo y medio.

La carrera enfrenta a Becerra con el republicano Steve Hilton, antiguo comentarista de Fox News y aliado político de Trump. Sobre el papel, la distancia es amplia. Una encuesta de Emerson College realizada entre el 17 y el 19 de octubre concede al demócrata un 60% de apoyo frente al 33% de Hilton, con un 7% de indecisos. Al repartir la preferencia de esos votantes todavía dudosos, la relación pasa al 64%-36%. No es una fotografía aislada: los sondeos publicados durante los últimos meses han mantenido a Becerra por delante.

Su candidatura, sin embargo, tiene una dimensión que va bastante más allá del habitual combate entre demócratas y republicanos. Becerra plantea la elección como una discusión sobre qué relación debe mantener California con Washington durante la segunda presidencia de Trump. Y ahí habla desde la experiencia: cuando fue fiscal general del estado convirtió los tribunales en uno de sus principales campos de batalla frente a la primera Administración republicana.

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Becerra llega a noviembre con una ventaja difícil de ignorar

California elegirá gobernador el próximo 3 de noviembre de 2026. La papeleta enfrenta a Xavier Becerra, candidato demócrata, con Steve Hilton, candidato republicano. Gavin Newsom abandona el cargo por el límite constitucional de mandatos, de modo que el estado más poblado del país tendrá necesariamente un nuevo gobernador.

Becerra parte con algo más que una ventaja demoscópica. California lleva años inclinándose hacia el Partido Demócrata en las elecciones estatales, mientras los republicanos no ganan una carrera estatal desde 2006. Hilton logró alcanzar la elección general después de una primaria competitiva y con el respaldo de Trump, pero ese mismo vínculo con el presidente puede dificultarle la conquista del votante moderado en un territorio donde el republicano despierta un rechazo considerable.

También existe una diferencia económica apreciable entre ambas campañas. A mediados de octubre, Becerra había recaudado alrededor de 40,5 millones de dólares, frente a unos 29 millones de Hilton. Una ventaja importante, aunque paradójicamente el demócrata mantuvo durante parte de la campaña un perfil público más discreto del que cabría esperar para alguien que aspira a gobernar un estado de casi 40 millones de habitantes.

No parece haberle castigado demasiado. O, al menos, las encuestas todavía no lo reflejan.

Trump, el adversario que Becerra ya conoce

Becerra no disimula cuál será uno de los grandes ejes de su eventual mandato. Ha advertido de que Donald Trump puede causar daño a California y anticipa nuevos choques entre Sacramento y la Casa Blanca. No es precisamente una enemistad recién estrenada ni un recurso improvisado para la campaña.

Entre 2017 y 2021, cuando ejerció como fiscal general de California, Becerra convirtió su oficina en uno de los principales frentes jurídicos contra el primer Gobierno de Trump. Su etapa al frente de la Fiscalía estuvo marcada por más de 120 acciones judiciales contra aquella Administración en asuntos que abarcaron inmigración, sanidad, medio ambiente y competencias estatales.

Ese expediente permite a Becerra presentar el conflicto con Washington no solo como retórica electoral, sino como algo que ya hizo desde un despacho, con expedientes, jueces y plazos procesales. California, por otra parte, continúa chocando con Trump durante su segundo mandato en materias como inmigración, comercio o política medioambiental. El pulso institucional no pertenece al terreno de las hipótesis. Está en marcha.

Una carrera política construida durante cuatro décadas

Becerra, nacido en Sacramento en 1958, acumula una trayectoria política poco común incluso para los estándares estadounidenses. Fue miembro de la Asamblea estatal, pasó 24 años en la Cámara de Representantes, se convirtió en 2017 en el primer latino que ocupó la Fiscalía General de California y posteriormente ejerció como secretario de Salud y Servicios Humanos durante la presidencia de Joe Biden.

Su argumento electoral es sencillo: California entra en una etapa complicada —coste de la vivienda, energía, incendios, relación con Washington— y, según Becerra, la experiencia institucional importa. Hilton responde precisamente con el argumento contrario: después de años de gobiernos demócratas, sostiene que el estado necesita una ruptura profunda.

Ahí está, en realidad, buena parte de la elección.

Una historia familiar mexicana, pero con matices

La biografía de Becerra ocupa mucho espacio en su identidad política. Su madre, María Teresa, nació en Jalisco, México, y emigró a Estados Unidos. Su padre, Manuel, nació en Sacramento, aunque creció en Tijuana después de que la familia regresara a México. Xavier Becerra fue el primero de su familia que terminó una carrera universitaria y posteriormente estudió Derecho en Stanford.

Ese detalle sobre su padre ha alimentado una de esas pequeñas guerras semánticas que tanto gustan a las campañas electorales. Hilton ha cuestionado que Becerra se presente como “hijo de inmigrantes” porque Manuel era ciudadano estadounidense de nacimiento. Jurídicamente, la precisión existe. Biográficamente, la historia es menos limpia de lo que permite un eslogan: una familia mexicano-estadounidense de clase trabajadora, con idas y vueltas a través de una frontera que en California nunca ha sido únicamente una raya sobre el mapa.

Becerra ha utilizado sus raíces para defender una relación estrecha entre California y México, tanto por motivos culturales como económicos. La cuestión tiene peso propio: cerca de cuatro de cada diez habitantes del estado son hispanos o latinos y México continúa siendo uno de los socios esenciales de la economía californiana.

Una barrera política que lleva siglo y medio en pie

La dimensión histórica de una victoria de Becerra necesita una precisión. No sería literalmente el primer latino que gobierna California.

Ese lugar pertenece a Romualdo Pacheco, un californio de ascendencia mexicana que asumió la Gobernación en 1875 cuando era vicegobernador y el titular dejó el puesto. Permaneció unos diez meses. Lo que sí conseguiría Becerra sería convertirse en el primer latino elegido gobernador por los votantes de California y el primero en ocupar el cargo desde Pacheco hace más de 150 años.

El simbolismo resulta especialmente llamativo en un estado cuya transformación demográfica está escrita en español desde mucho antes de Hollywood o Silicon Valley. California conserva todavía en sus ciudades, calles y condados las huellas de esa historia; Los Ángeles, San Francisco, San José o Sacramento cuentan también una parte de ella.

Dos modelos de California frente a frente

La campaña no vive únicamente de Trump. El coste de la vida ocupa un espacio central y la economía aparece entre las principales preocupaciones del electorado, junto con la vivienda, la sanidad y la inmigración. Son problemas bastante menos abstractos que una batalla ideológica en Washington: alquileres, facturas, seguros y desplazamientos aparecen cada mes en la cuenta bancaria.

Becerra ha planteado medidas para contener el precio de la vivienda, las tarifas energéticas y los seguros. Entre sus propuestas figura utilizar el poder estatal para actuar sobre determinados costes, movilizar financiación para viviendas asequibles ya aprobadas y facilitar una mayor densidad residencial allí donde los municipios dificultan la construcción.

Hilton propone prácticamente el espejo ideológico: menos regulación, menores impuestos y un gobierno estatal más pequeño. Quiere reducir obstáculos legales y medioambientales a la construcción, rebajar cargas fiscales y revisar políticas climáticas que, a su juicio, encarecen la energía. También pretende cambiar parte del modelo migratorio de California, incluida su legislación de estado santuario.

La oposición entre ambos es bastante nítida. Becerra ofrece continuidad con correcciones; Hilton, una sacudida. Uno considera que California debe utilizar su enorme aparato institucional para amortiguar la política de Trump. El otro sostiene que una relación cooperativa con Washington puede beneficiar al estado.

Una victoria probable no equivale a una victoria escrita

La ventaja de Becerra explica también una rareza de esta campaña: durante meses pareció comportarse como el favorito que prefería no tocar demasiado el partido. Después de la primaria redujo su presencia pública y rechazó algunas invitaciones a debates y foros, mientras Hilton recorría el estado con mucha mayor intensidad. En octubre, el demócrata aceleró finalmente sus apariciones y su presencia publicitaria.

Es un cálculo clásico del candidato que va por delante: cuanto menos ruido, menos posibilidades de cometer un error. También tiene peligro. Una candidatura excesivamente confiada puede desmovilizar a sus propios votantes, y California tiene la peculiaridad de celebrar sus elecciones durante semanas, no únicamente durante unas horas frente a una urna. El voto por correo tiene un peso enorme.

Los condados comenzaron a enviar las papeletas a comienzos de octubre y la votación anticipada avanza antes de la jornada electoral del 3 de noviembre. Es decir, mientras los candidatos todavía pronuncian discursos y discuten ante las cámaras, una parte del electorado ya puede tener la papeleta sobre la mesa de la cocina.

California prepara algo más que un relevo en Sacramento

La candidatura de Xavier Becerra reúne varias historias en una sola urna: la posibilidad de romper una ausencia latina de siglo y medio en la Gobernación, la sucesión de Gavin Newsom, el futuro de una de las mayores economías del planeta y otro capítulo del conflicto político entre California y Donald Trump.

Las encuestas colocan al demócrata claramente por delante. La historia personal le concede un símbolo poderoso. La experiencia institucional, un argumento difícil de discutir. Pero lo verdaderamente relevante empieza después: si gana, Becerra heredará un estado donde la vivienda cuesta demasiado, la energía pesa en el bolsillo y los incendios siguen condicionando el calendario, mientras Washington vuelve a funcionar como adversario habitual.

Trump sería entonces algo más que el nombre utilizado durante una campaña. Volvería a estar al otro lado de la mesa —o del tribunal— frente a un político que conoce bien ese terreno. California decidirá el 3 de noviembre quién ocupa la silla de gobernador y, de paso, qué tono adopta uno de los principales contrapesos políticos al presidente de Estados Unidos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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