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Ucrania busca una red satelital propia con Nokia e ICEYE tras Starlink
Ucrania estudia con Nokia e ICEYE una red satelital soberana tras los problemas de Starshield, con la vista puesta en controlar sus comunicaciones.
Resumen
- Ucrania estudia una red satelital propia con Nokia e ICEYE
- Busca reducir la dependencia militar de Starlink y Starshield
- El plan apunta a comunicaciones soberanas, pero no sustituirá pronto a Starlink
Ucrania ha dado un paso para reducir una de sus dependencias militares más delicadas: las comunicaciones por satélite. El Ministerio de Defensa ucraniano ha firmado una carta de intenciones con las compañías finlandesas Nokia Defense e ICEYE para estudiar el desarrollo de capacidades soberanas de comunicación espacial, una infraestructura que Kiev aspira a controlar directamente y que podría reducir su exposición a decisiones externas sobre servicios como Starlink y Starshield.
El movimiento llega en un momento nada casual. Las Fuerzas Armadas ucranianas han sufrido durante octubre restricciones relacionadas con Starshield, el servicio militar vinculado a la infraestructura de Starlink de SpaceX, que han afectado especialmente a terminales instalados en drones y otros sistemas que se desplazan a gran velocidad. Para un ejército que ha convertido la conectividad digital en parte del campo de batalla, perder la señal durante unos segundos no es una simple molestia técnica: puede significar perder un dron, abortar una misión o dejar sin enlace a una unidad.
Ucrania quiere reducir su dependencia de Starlink
El acuerdo fue anunciado durante la visita a Ucrania del primer ministro finlandés, Petteri Orpo, dentro de una cooperación más amplia entre Kiev y Helsinki en ámbitos como defensa, sistemas no tripulados y tecnología. Entre esos movimientos aparece la carta de intenciones suscrita por el Ministerio de Defensa ucraniano, Nokia Defense e ICEYE.
Todavía no estamos ante el nacimiento formal de una nueva constelación ucraniana ni ante un sustituto operativo de Starlink. El documento abre una fase para estudiar cómo construir una capacidad satelital soberana, es decir, un sistema cuya infraestructura crítica pueda permanecer bajo un control mucho mayor del propio Estado.
Ese matiz importa. Mucho. Kiev no pretende simplemente contratar otra conexión a internet desde el espacio y cambiar un proveedor por otro. La propuesta desarrollada por Nokia e ICEYE parte de una filosofía diferente: que los gobiernos puedan tener bajo su control los satélites, las estaciones terrestres y los terminales utilizados sobre el terreno.
Volodímir Zelenski ha vinculado directamente este objetivo con las lecciones de la guerra. Para Ucrania, disponer de comunicaciones fiables y controlables ha dejado de ser una cuestión tecnológica secundaria y se ha convertido en un asunto de seguridad nacional.
Starshield convierte la dependencia en un problema militar
Starlink se convirtió desde las primeras etapas de la invasión rusa a gran escala en una pieza esencial de las comunicaciones ucranianas. Sus terminales permiten mantener conectadas posiciones donde las redes terrestres han sido destruidas, enlazar centros de mando y transmitir información entre unidades desplegadas en zonas donde una conexión convencional simplemente no existe.
Starshield ocupa un terreno más especializado. Es la rama concebida por SpaceX para clientes gubernamentales y militares y aprovecha la infraestructura asociada a Starlink para ofrecer comunicaciones protegidas y otras capacidades destinadas a defensa. Ucrania la ha integrado, entre otros usos, en determinadas operaciones con drones.
Las restricciones que alteraron algunas operaciones ucranianas
El problema apareció con especial claridad este mes. Responsables ucranianos denunciaron que determinadas terminales podían dejar de funcionar cuando se desplazaban por encima de aproximadamente 160 kilómetros por hora. La restricción afectó a misiones con drones de largo alcance y a sistemas utilizados para interceptar aparatos rusos, obligando a algunas unidades a modificar o cancelar operaciones.
La controversia se complicó porque tampoco quedó una versión completamente limpia sobre quién había impulsado esas limitaciones. En torno a Starshield confluyen SpaceX, el Gobierno estadounidense y las necesidades militares ucranianas, tres actores cuyos intereses no siempre avanzan exactamente a la misma velocidad.
Donald Trump aseguró posteriormente que había hablado con Elon Musk y que el servicio había sido restablecido, aunque responsables ucranianos sostuvieron que las restricciones de velocidad seguían interfiriendo en determinadas operaciones. Ahí está precisamente el problema de fondo.
La cuestión rebasa a Musk, Trump o incluso SpaceX. Ucrania ha descubierto algo bastante elemental y bastante incómodo: una infraestructura puede funcionar de maravilla durante años y seguir siendo una dependencia estratégica cuando el interruptor está en otro país.
Nokia e ICEYE plantean una red bajo control nacional
La alternativa que están desarrollando Nokia e ICEYE encaja precisamente ahí. Ambas compañías anunciaron a comienzos de octubre una colaboración para crear sistemas de comunicaciones de banda ancha mediante satélites situados en órbita terrestre baja, conocida como LEO, la misma franja espacial que ha permitido el auge de grandes constelaciones capaces de ofrecer conexiones con una latencia relativamente reducida.
El planteamiento está orientado específicamente a gobiernos y defensa. No se trata de montar otro servicio comercial para hogares, barcos o viajeros con mala cobertura, sino de proporcionar conexiones destinadas a fuerzas armadas, vigilancia fronteriza, emergencias y gestión de catástrofes.
Nokia aporta su experiencia en telecomunicaciones y redes seguras; ICEYE, el conocimiento adquirido en el desarrollo y operación de pequeñas plataformas espaciales para clientes estatales. Juntas pretenden integrar satélites, infraestructura terrestre y terminales preparados para condiciones exigentes sobre el terreno.
Satélites, estaciones y terminales con mayor soberanía
La palabra verdaderamente importante es «soberano». El modelo contempla que los países clientes puedan ser propietarios u operadores de los satélites y mantener también el control sobre el segmento terrestre y los equipos empleados por sus fuerzas. La diferencia entre contratar una conexión y controlar la infraestructura crítica que la hace posible es considerable, sobre todo cuando hay una guerra de por medio.
Para Ucrania tampoco sería una relación completamente nueva. ICEYE trabaja con Kiev desde 2022, cuando proporcionó al Gobierno ucraniano acceso a capacidades de observación mediante radar de apertura sintética, conocido como SAR. Esa cooperación se ha ampliado posteriormente con imágenes de alta resolución destinadas a inteligencia y conocimiento del campo de batalla.
Los satélites SAR pueden observar el terreno de noche y obtener información incluso con nubes, humo o condiciones meteorológicas adversas porque utilizan radar en lugar de depender únicamente de sensores ópticos. La novedad consiste en extender esa relación desde la observación espacial hacia las comunicaciones.
No habrá un sustituto inmediato de Starlink
El acuerdo tampoco significa que Ucrania vaya a apagar sus terminales Starlink a corto plazo. Nokia e ICEYE trabajan con un horizonte que sitúa los primeros satélites de comunicaciones de su nueva arquitectura hacia 2028. Antes habrá que diseñar, fabricar, probar y lanzar las plataformas, además de desplegar estaciones terrestres y terminales capaces de utilizarlas.
Después aparece otra dificultad: la escala. Starlink cuenta con una constelación gigantesca y una infraestructura levantada durante años. Reproducir rápidamente su cobertura, capacidad y disponibilidad no se resuelve colocando unos cuantos satélites en órbita. SpaceX parte con una ventaja enorme en volumen de infraestructura.
Por eso, el escenario más realista no es una sustitución inmediata, sino una arquitectura más diversificada: redes militares, conexiones terrestres, sistemas comerciales y una capacidad soberana reservada para misiones especialmente sensibles. Menos dependencia de un único proveedor y más caminos disponibles cuando uno falla.
La guerra de Ucrania lleva años demostrando que la redundancia —tener una segunda vía cuando la primera desaparece— vale casi tanto como la potencia tecnológica. Un cable puede romperse, una antena ser destruida, una frecuencia sufrir interferencias y un proveedor modificar las condiciones del servicio. La resiliencia militar consiste precisamente en impedir que cualquiera de esas incidencias resulte definitiva.
Kiev quiere controlar las comunicaciones de las que depende
El acercamiento a Nokia e ICEYE refleja una transformación más amplia de la defensa europea. Las comunicaciones espaciales dejaron hace tiempo de ser un lujo reservado a grandes potencias. Drones, sensores, radares, unidades terrestres y centros de mando intercambian cantidades enormes de información; sin esa red invisible de datos, buena parte del armamento más avanzado pierde eficacia.
Ucrania lo ha aprendido bajo fuego real. Starlink le proporcionó una ventaja extraordinaria cuando las redes convencionales estaban dañadas y continúa siendo un recurso esencial. Precisamente por eso, depender demasiado de una sola infraestructura también se ha convertido en un riesgo.
La carta firmada con Nokia e ICEYE no elimina esa vulnerabilidad ni significa que Ucrania disponga ya de su propia constelación. Sí marca la dirección elegida por Kiev: avanzar hacia comunicaciones espaciales europeas, resistentes y soberanas, con mayor capacidad para decidir cómo y cuándo se utilizan.
En una guerra donde unos segundos sin señal pueden decidir si un dron continúa volando o termina en el suelo, la soberanía tecnológica ha dejado de ser una expresión de despacho. Se mide de una manera bastante más sencilla: quién controla la conexión cuando realmente hace falta.
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