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Ciencia

Europa atrae científicos y tecnólogos que dejan EEUU por los recortes

Europa aprovecha la incertidumbre científica en EEUU para captar investigadores y tecnólogos con nuevas ayudas, contratos y centros de investigación.

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talento científico y tecnológico

Resumen

  • Europa multiplica ayudas para atraer científicos que dejan Estados Unidos
  • Las solicitudes desde EEUU a programas europeos crecen con fuerza
  • El reto es retener ese talento con financiación, salarios e infraestructuras

Europa está convirtiendo la crisis abierta en el sistema científico de Estados Unidos en una oportunidad que hace apenas unos años parecía improbable: atraer investigadores, ingenieros y especialistas tecnológicos acostumbrados a mirar hacia Boston, California o Nueva York cuando buscaban los mejores laboratorios, salarios y proyectos. Los recortes y congelaciones de fondos, la presión sobre las universidades y una política migratoria más restrictiva han alterado ese mapa.

No existe todavía un éxodo masivo que pueda medirse en decenas de miles de mudanzas, conviene aclararlo. Lo que sí hay es un cambio bastante menos retórico: crece el interés por trabajar en Europa entre investigadores instalados en Estados Unidos, varios países han creado programas específicos para captarlos y Bruselas está poniendo más dinero sobre la mesa. El viejo temor europeo a la fuga de cerebros empieza, al menos en algunos ámbitos, a circular en sentido contrario.

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Europa convierte una debilidad histórica en una oportunidad

Durante décadas, Europa formó a excelentes científicos para ver cómo una parte terminaba desarrollando su carrera en Estados Unidos. Universidades con más recursos, laboratorios de primer nivel, empresas capaces de pagar salarios difíciles de igualar y un mercado de capital riesgo mucho más profundo hicieron el resto. Silicon Valley no necesitaba demasiada publicidad.

Ese equilibrio se ha movido. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el sistema científico estadounidense ha atravesado recortes y congelaciones de subvenciones, además de conflictos con algunas de sus universidades más prestigiosas. A ello se ha añadido el endurecimiento de determinadas vías migratorias para trabajadores cualificados, una cuestión especialmente sensible en tecnología, donde una parte considerable del talento procede de fuera de Estados Unidos.

Bruselas entendió pronto la oportunidad. La iniciativa Choose Europe for Science, presentada en 2025, se ha convertido en el paraguas político de una carrera europea por captar investigadores. A comienzos de 2026 ya existían más de un centenar de programas nacionales y regionales destinados a atraer, retener o recuperar talento científico, frente a unas seis decenas pocos meses antes. Entre las iniciativas comunitarias y las nacionales hay miles de millones de euros potencialmente movilizados para contratos, laboratorios, equipos y carreras investigadoras más estables.

La diferencia respecto a otras campañas de captación está en un detalle poco vistoso pero decisivo: Europa intenta vender estabilidad profesional, no únicamente una beca de dos años y una despedida cordial al terminar el proyecto. Los programas europeos empiezan a premiar precisamente a las instituciones capaces de ofrecer perspectivas laborales más largas a los investigadores contratados.

Las solicitudes desde Estados Unidos empiezan a reflejar el cambio

Los números del Consejo Europeo de Investigación ofrecen una de las señales más claras. En tres grandes convocatorias recientes, el organismo recibió 347 propuestas de científicos establecidos en Estados Unidos, frente a 158 en las rondas anteriores. En las ayudas Advanced Grants, destinadas a investigadores consolidados, las solicitudes estadounidenses pasaron de 23 a 114.

También creció con fuerza el interés entre investigadores más jóvenes. En la convocatoria de Starting Grants de 2026 hubo 169 candidatos establecidos en Estados Unidos, frente a 116 anteriormente. Entre los investigadores seleccionados que trabajaban fuera de Europa también aparecen científicos procedentes de Estados Unidos y Canadá dispuestos a trasladarse al continente para desarrollar sus proyectos.

La cifra absoluta todavía es modesta. Eso importa. Europa no ha vaciado los campus estadounidenses ni está a punto de hacerlo. Pero la dirección del movimiento resulta significativa porque durante mucho tiempo ocurría exactamente lo contrario: era la UE la que veía marcharse a investigadores jóvenes después de invertir años en formarlos.

Y hay otro dato difícil de pasar por alto. La convocatoria de becas posdoctorales Marie Skłodowska-Curie de 2026 recibió más de 21.000 solicitudes, el mayor volumen registrado por esta acción europea. La Comisión ha reforzado, además, los fondos destinados a programas posdoctorales y redes doctorales para ampliar el número de investigadores financiados.

Francia y Alemania se mueven antes de que el talento haga las maletas

Los gobiernos nacionales tampoco esperan a que Bruselas resuelva todo desde un despacho. Francia lanzó una iniciativa para ofrecer un refugio académico a investigadores extranjeros y seleccionó a científicos procedentes en buena medida de instituciones estadounidenses. Entre los primeros grupos financiados aparecen decenas de profesionales preparados para trasladar sus proyectos al país.

Alemania ha utilizado sus propias redes universitarias y científicas para reforzar la captación. Sus programas internacionales han seleccionado a numerosos investigadores, mientras Austria, Bélgica y otros países han creado ayudas específicas para atraer talento vinculado a universidades y centros estadounidenses. Ya no se trata de una campaña aislada: hay competencia dentro de la propia Europa por quedarse con los mejores perfiles.

No todos quienes estudian el traslado son ciudadanos estadounidenses. Ese matiz se pierde con facilidad. Estados Unidos concentra investigadores de todo el planeta, de modo que cualquier endurecimiento de visados o de las vías hacia la residencia permanente afecta también a indios, chinos, europeos o latinoamericanos que construyeron allí su carrera.

La batalla ya no es solo por científicos: también por tecnólogos

La competencia se extiende a perfiles que hace poco habrían parecido casi imposibles de arrebatar a Estados Unidos: especialistas en inteligencia artificial, semiconductores, computación cuántica, biotecnología y ciberseguridad. Son precisamente las áreas en las que Europa intenta reducir su dependencia tecnológica exterior.

La Comisión Europea ha impulsado medidas específicas para facilitar la llegada de talento extranjero en sectores considerados estratégicos. Entre ellos aparecen IA, tecnologías cuánticas, chips, biotecnología y energía limpia. Europa necesita investigadores, sí, pero también fundadores de empresas, ingenieros y especialistas capaces de transformar un artículo científico en una compañía que facture.

Ahí aparece el gran problema europeo. Tener buenos científicos no basta. Durante años, el continente ha visto cómo empresas nacidas en sus universidades terminaban financiadas, compradas o trasladadas a Estados Unidos porque allí encontraban capital y capacidad para crecer con mayor facilidad.

Bruselas está intentando cerrar esa grieta con infraestructura. Europa dispone de una red de fábricas de inteligencia artificial y ha puesto en marcha el desarrollo de grandes instalaciones capaces de concentrar decenas de miles de procesadores avanzados para entrenar modelos de nueva generación. El objetivo es combinar financiación pública y privada para ampliar de manera sustancial la capacidad europea de computación.

Eso cambia la conversación. Un investigador puntero en inteligencia artificial puede valorar la libertad académica y la calidad de vida, pero también necesita chips, centros de datos y capacidad de cálculo. Sin máquinas no hay romanticismo científico que aguante demasiado.

Europa sigue pagando menos y financiando peor las grandes empresas

El giro tiene límites muy concretos. Los salarios tecnológicos estadounidenses siguen siendo, por regla general, bastante superiores. El mercado de capital riesgo europeo también permanece lejos de la escala norteamericana, sobre todo cuando las empresas necesitan rondas grandes para crecer.

Entre 2020 y 2025, Estados Unidos movilizó alrededor de 1,33 billones de euros de capital riesgo, frente a unos 252.000 millones en Europa. La distancia pesa especialmente en inteligencia artificial, una industria donde levantar centenares de millones para computación puede ser casi un requisito de entrada.

Tampoco ayuda la fragmentación regulatoria, fiscal y empresarial europea. Un investigador puede cruzar una frontera interna con facilidad; una empresa que intenta contratar, financiarse, ofrecer participaciones a sus trabajadores y crecer simultáneamente en varios países descubre que el mercado único europeo todavía tiene unas cuantas costuras.

Incluso desde dentro del sector tecnológico llegan advertencias. Una parte relevante de las startups europeas contempla trasladarse cuando necesita escalar, mientras persisten problemas de financiación, energía, infraestructura y talento especializado. Captar cerebros estadounidenses para después ver marcharse la empresa sería una ironía bastante europea.

Una oportunidad que Europa tendrá que convertir en permanencia

Europa dispone de una ventana que rara vez había tenido. Estados Unidos continúa albergando universidades extraordinarias, enormes empresas tecnológicas y un ecosistema científico difícil de reproducir; pensar que ha dejado de ser el gran polo mundial del conocimiento sería confundir una tendencia con un vuelco consumado. Pero la posición europea ha mejorado y más investigadores miran hacia el continente.

Las solicitudes crecen, existen programas diseñados para facilitar el traslado y la UE está reforzando tanto la financiación científica como la infraestructura tecnológica. A eso se suman ventajas menos cuantificables, desde la estabilidad laboral y la conciliación hasta un marco académico que algunos investigadores valoran cada vez más.

La cuestión decisiva llegará después de la contratación. Europa puede aprovechar las turbulencias estadounidenses y fichar científicos brillantes. Lo difícil será darles laboratorios, equipos, salarios competitivos y financiación, además de empresas capaces de convertir sus descubrimientos en productos sin tener que cruzar otra vez el Atlántico.

Durante mucho tiempo, Europa puso la universidad y Estados Unidos puso el cheque. La partida empieza a ser algo menos desigual. Y, por primera vez en bastante tiempo, algunos de los billetes de avión van en dirección contraria.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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