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Economía

Edadismo laboral en España: el 56% elegiría antes a un candidato joven

El 55,6% de los españoles contrataría antes a un joven con igual experiencia. El edadismo laboral agrava el paro de los mayores frente a la UE.

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mujer anciana trabaja en oficina

Resumen

  • El 55,6% contrataría antes a un joven con la misma experiencia
  • El 85,5% percibe sesgo por edad en el empleo en España
  • El paro de 55 a 64 años duplica con creces la media de la UE

España envejece, necesita prolongar las carreras profesionales y, al mismo tiempo, sigue mirando el año de nacimiento antes que el currículum. El 55,6% de los españoles reconoce que contrataría antes a una persona joven que a otra de mayor edad aunque ambas tuvieran la misma experiencia profesional. No es una sospecha ni una interpretación rebuscada: es lo que los propios encuestados dicen que harían.

El dato procede del II Barómetro de Edadismo de Hablando en Plata, elaborado a partir de una investigación de Red2Red con 2.213 personas de entre 18 y 55 años. El 85,5% considera que existe discriminación por edad en el empleo y casi la mitad, el 48,5%, señala precisamente el mercado laboral como el terreno donde resulta más urgente intervenir. Dicho de otra manera: una amplia mayoría identifica el problema, pero una parte considerable admite también que reproduciría el mismo sesgo cuando tuviera que escoger a quién contratar.

La paradoja importa porque no ocurre en un país joven. Más de una quinta parte de la población española tiene ya 65 años o más y el envejecimiento seguirá avanzando durante las próximas décadas. El mercado de trabajo tendrá que acostumbrarse a plantillas de mayor edad justo cuando una parte de la sociedad continúa asociando juventud con rendimiento, adaptación y tecnología. Demografía y prejuicio caminan, de momento, en direcciones contrarias.

El edadismo laboral se reconoce, pero también se practica

El barómetro dibuja una discriminación menos estridente que otras, casi doméstica. No suele presentarse como un rechazo abierto al trabajador mayor, sino mediante pequeñas certezas aparentemente inocentes: que aprenderá más despacio, que manejará peor las nuevas herramientas, que le costará adaptarse o que el joven tendrá, por definición, más energía.

Entre las personas de 18 a 30 años, el 62,7% considera que los mayores rinden menos en el trabajo. Al mismo tiempo, el 90,1% de los encuestados valora la aportación de las personas mayores a la sociedad y el 88,1% aprecia su experiencia y capacidad para transmitir conocimientos. Admiramos la experiencia, parece, hasta que llega el momento de ponerle una nómina.

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La contradicción vuelve a aparecer en otros estereotipos. Un 82,8% relaciona a las personas mayores con la fragilidad y un 78,3% con una menor habilidad tecnológica. El propio estudio sitúa el nivel general de edadismo en 2,2 puntos sobre 4: no describe una hostilidad extrema, sino algo probablemente más resistente, una colección de prejuicios incorporados a la vida cotidiana hasta parecer normales.

Más de la mitad ni siquiera conoce bien la palabra edadismo

El término todavía va por detrás del fenómeno. El 53,6% de los encuestados no había oído hablar del edadismo o no sabía qué significaba. Una vez explicado el concepto, la percepción cambia con rapidez: el 85,5% lo identifica en el trabajo, el 79,3% en la publicidad y la moda, el 79% en los entornos digitales y el 77,3% en las redes sociales.

Hay una precisión metodológica importante. El estudio pregunta a personas de 18 a 55 años por su percepción y sus actitudes hacia quienes consideran mayores. No mide directamente cuántos trabajadores sénior han sufrido discriminación ni entrevista a toda la población de más de 55 años. Sus resultados, por tanto, hablan sobre todo de cómo se construye socialmente la edad, no de una tasa estadística de víctimas.

España sale peor que la media europea

La fotografía no aparece de repente en 2026. El Eurobarómetro sobre discriminación de 2023 ya colocaba a España por encima de la media comunitaria. El 51% de los españoles consideraba extendida la discriminación por edad, frente al 45% del conjunto de la Unión Europea.

La diferencia era todavía mayor cuando se preguntaba por la contratación. En España, el 61% consideraba que la edad podía perjudicar a un candidato, frente al 52% de los europeos. No son cifras directamente intercambiables con el nuevo barómetro —las preguntas y las muestras son distintas—, pero juntas dejan una tendencia bastante nítida: la edad lleva años apareciendo como una barrera especialmente visible en el mercado laboral español.

Y Europa tampoco tiene motivos para ponerse medallas. El 52% de sus ciudadanos señalaba la edad como un factor capaz de perjudicar una candidatura laboral, por encima de otros posibles motivos de discriminación. En Francia, el 60% consideraba extendida la discriminación por edad; en Suecia y Chipre, el 57%; en Italia, el 55%. España, con aquel 51%, estaba por encima del promedio europeo, aunque lejos de encabezar la tabla.

Trabajar después de los 55 sigue siendo más difícil en España

La cuestión deja de ser cultural cuando se cruza con el mercado laboral. En 2025, la tasa de empleo de los españoles de 55 a 64 años fue del 62,4%, frente al 66,4% de la UE. Más llamativo todavía: la tasa de actividad era prácticamente idéntica, un 69,4% en España frente al 69,5% europeo.

Es decir, la diferencia no se explica simplemente porque los españoles mayores abandonen el mercado laboral. Una proporción similar quiere trabajar o está trabajando, pero el resultado final es peor. Entre los 55 y los 64 años, el desempleo alcanzaba el 10,1% en España frente al 4,4% de la UE. La brecha es demasiado grande para despacharla únicamente con tópicos sobre formación, salarios o competencias digitales.

La OCDE lleva tiempo señalando otro problema: cuando un trabajador mayor pierde su puesto en España, volver a entrar en el mercado laboral resulta especialmente complicado. El desempleo de larga duración y la inactividad continúan teniendo un peso elevado entre los trabajadores de más edad, pese a la mejora registrada durante los últimos años.

Hay incluso evidencia experimental. Una investigación realizada con currículos equivalentes encontró que los candidatos de 49 años recibían aproximadamente la mitad de invitaciones a entrevistas que los perfiles de 35 años con características comparables. En aquel experimento, los trabajadores de 49 años necesitaban enviar alrededor de 26 currículos para lograr una entrevista; los de 35, unos 13.

Un país que pide trabajar más años pero contrata peor a los mayores

Aquí aparece una incoherencia difícil de esquivar. La edad ordinaria de jubilación continúa aumentando: en 2026 se sitúa en 66 años y 10 meses para quienes no acreditan al menos 38 años y tres meses cotizados; quienes alcanzan ese periodo pueden jubilarse a los 65. El sistema, por razones demográficas y financieras, empuja hacia carreras profesionales más largas.

Pero prolongar la vida laboral exige algo más que mover la fecha de jubilación en el calendario. Hace falta que alguien contrate a una persona de 58 años cuando pierde su empleo, que una empresa siga formando al trabajador de 61 y que cumplir años no convierta automáticamente un currículum sólido en material sospechoso.

España tiene actualmente un 21,1% de población de 65 años o más. Según las últimas proyecciones demográficas, ese porcentaje podría superar el 30% en las próximas décadas si se mantienen las tendencias consideradas. Al mismo tiempo, la población de 20 a 64 años perderá peso relativo. Prescindir prematuramente del talento sénior no será solo una injusticia individual; cada vez tendrá menos sentido económico.

El problema tampoco nace de un vacío jurídico. La legislación española prohíbe expresamente la discriminación por edad en el trabajo. La normativa de igualdad de trato impide establecer exclusiones por este motivo en el acceso al empleo, los criterios de selección, la formación, la promoción, la retribución o el despido. El Estatuto de los Trabajadores también protege frente a decisiones discriminatorias directas o indirectas por razón de edad.

Otra cosa es demostrar qué ocurrió dentro de una selección. Una empresa rara vez escribe que descarta a alguien por tener 57 años. La discriminación puede esconderse bajo expresiones aparentemente neutras: buscar un perfil “joven y dinámico”, presuponer que alguien estará “sobrecualificado”, considerar que tendrá mayores expectativas salariales o asumir, sin prueba alguna, que aprenderá peor una herramienta digital.

Ese es precisamente uno de los problemas del edadismo: funciona bien cuando consigue no parecer discriminación. Puede presentarse como cultura empresarial, afinidad con el equipo, potencial, energía o simple intuición del reclutador. Palabras limpias para una decisión que, en ocasiones, termina reducida a la fecha de nacimiento.

El edadismo tampoco termina en las fronteras españolas

La discriminación por edad es un problema mucho más amplio. La Organización Mundial de la Salud calcula que una de cada dos personas en el mundo mantiene actitudes edadistas hacia las personas mayores. En Europa, aproximadamente uno de cada tres mayores declara haber sido objeto de edadismo. Son indicadores diferentes a los del barómetro español, de modo que no permiten construir un ranking directo, pero sí sitúan el fenómeno en una escala internacional.

En el conjunto de la OCDE, la tasa de empleo de las personas de 55 a 64 años alcanzó el 64,6% en 2024, más de 15 puntos por debajo del 80,1% correspondiente al grupo de 25 a 54 años. España no es, pues, una extravagancia aislada. Las economías desarrolladas comparten una dificultad bastante incómoda: necesitan trabajadores durante más tiempo, pero muchas empresas siguen organizando contratación, formación y promoción alrededor de una carrera profesional concebida cuando vivir y trabajar hasta edades avanzadas era menos frecuente.

La UE refleja la misma fractura. Los trabajadores de 55 a 64 años presentan tasas de empleo inferiores a las de edades centrales y, cuando pierden su puesto, permanecen desempleados durante más tiempo. En 2023, el 50,9% de los desempleados mayores de la UE llevaba al menos un año sin trabajo, frente al 37,4% de los trabajadores en edades centrales.

Una economía envejecida no puede jubilar el talento antes de tiempo

El nuevo barómetro deja una imagen poco cómoda de España. El 85,5% reconoce que existe sesgo por edad en el empleo, pero el 55,6% escogería al joven frente al mayor aun con la misma experiencia. La sociedad identifica el prejuicio con notable facilidad cuando lo practica otro; bastante menos cuando aparece sentado en su propia mesa de contratación.

Y el reloj demográfico no ayuda a mantener esa contradicción. Habrá proporcionalmente más trabajadores mayores, vidas profesionales más largas y empresas obligadas a gestionar equipos de varias generaciones. La cuestión ya no consiste solo en tratar con dignidad a quien cumple años —que debería bastar—, sino en entender que desperdiciar experiencia mientras escasea población en edad laboral es un lujo cada vez más absurdo.

El edadismo suele llegar sin estrépito. No necesita un cartel en la puerta que diga “mayores, no”. Basta con que dos currículos equivalentes caigan sobre una mesa y que, antes de leerlos del todo, alguien mire primero la fecha de nacimiento. Ahí, en ese gesto pequeño, empieza buena parte del problema.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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