Cultura
El cine cae a mínimos históricos mientras los conciertos baten récords
El cine español cerró 2025 con 67,68 millones de espectadores; conciertos y festivales rozaron los 37 millones y superaron 800 millones en entradas.
Resumen
- El cine cerró 2025 con 67,68 millones de espectadores
- La asistencia cae a niveles comparables con finales de los años 80
- Conciertos y festivales rozaron 37 millones y superaron 800 millones
El cine español cerró 2025 con 67,68 millones de espectadores, una cifra que devuelve la asistencia a las salas a niveles comparables con los de finales de los años 80. La caída fue del 8,1% respecto a 2024 y alcanza el 35,5% si la comparación se hace con 2019, el último año completo antes de la pandemia. Menos público, menos sesiones y menos dinero en taquilla.
Al otro lado de la fotografía cultural aparece una realidad casi opuesta. Los conciertos de música popular y los grandes festivales reunieron a 36,96 millones de asistentes y generaron 801,4 millones de euros por venta de entradas. Frente a 2019, la asistencia ha crecido un 31,3% y los ingresos prácticamente se han duplicado. La cultura no se está quedando sin público; una parte importante del público, sencillamente, ha cambiado de plan.
Los datos corresponden al Anuario SGAE de las Artes Escénicas, Musicales y Audiovisuales 2026, elaborado a partir de la actividad cultural de 2025. El estudio analiza alrededor de 200.000 espectáculos en vivo y 3,36 millones de sesiones cinematográficas, dibujando un mapa bastante nítido: España vuelve con fuerza al espectáculo presencial cuando este se vive como acontecimiento, mientras el cine comercial continúa sin recuperar la relación cotidiana que tuvo durante décadas con sus espectadores.
El cine vuelve a cifras propias de finales de los años 80
Las salas españolas registraron durante 2025 3,36 millones de sesiones, un 1,2% menos que el año anterior y un 12,7% por debajo de 2019. La caída de espectadores resulta bastante mayor: 67,68 millones frente a los niveles previos a la pandemia.
La comparación histórica impresiona más. A comienzos del siglo XXI, los cines españoles llegaron a recibir alrededor de 143 millones de espectadores al año. En 2025 no alcanzaron ni la mitad. El volumen actual se mueve en cifras parecidas a las de 1988, cuando la extensión del VHS golpeó por primera vez de forma seria el viejo monopolio de las salas sobre el consumo cinematográfico doméstico.
La diferencia es que el VHS tenía que convivir con una programación limitada y un videoclub de barrio. El espectador de 2025 lleva en el bolsillo plataformas con miles de títulos, televisores de gran formato en casa y estrenos audiovisuales disponibles durante prácticamente todo el año. La competencia por dos horas de atención es otra liga.
También cae la frecuencia. Cada habitante compró de media 1,37 entradas de cine durante 2025, con un precio medio de 6,88 euros. Madrid mantiene la tasa de asistencia más alta, con 1,98 entradas por persona, seguida por País Vasco, con 1,48, y Baleares y Cataluña, ambas con 1,47.
La taquilla pierde terreno pese a una oferta mayor
La recaudación cinematográfica alcanzó los 465,4 millones de euros, un 4,7% menos que en 2024 y un 24,4% por debajo de 2019. El retroceso resulta especialmente significativo porque la oferta no desapareció: durante el año aumentó un 4,3% el número de películas proyectadas.
Es decir, hubo más títulos disponibles pero menos gente sentada frente a la pantalla. Un detalle nada menor. El problema del cine no parece reducirse a una supuesta falta de producto, sino a la dificultad para transformar esa abundancia de estrenos en visitas recurrentes a las salas.
Las grandes franquicias todavía movilizan público
El público sí respondió ante determinadas películas convertidas en acontecimientos. ‘Lilo & Stitch’ fue el filme más visto de 2025, con unos 3,8 millones de espectadores y 24,6 millones de euros de recaudación. Entre las producciones más taquilleras también figuraron ‘Jurassic World: el renacer’ y ‘Avatar: fuego y ceniza’.
En el cine español destacó ‘Padre no hay más que uno 5’, que superó los dos millones de espectadores y obtuvo alrededor de 13,5 millones de euros. ‘El cautivo’, ‘Wolfgang’, ‘Los domingos’ y ‘La cena’ también aparecen entre las producciones nacionales con mejor comportamiento.
Hay, por tanto, películas capaces de llenar salas. Lo que se ha debilitado es algo distinto: el hábito de ir al cine con regularidad, esa visita que no necesitaba necesariamente una franquicia gigantesca, una campaña omnipresente o la sensación de estar ante un estreno que había que ver antes del lunes.
Los conciertos viven exactamente la historia contraria
Mientras las salas intentan reconstruir público, la música popular está atravesando uno de sus mejores momentos. España acogió 129.352 conciertos durante 2025, una oferta un 42% superior a la de 2019.
La asistencia a conciertos y macrofestivales rozó los 37 millones de personas, un 8,9% más que en 2024. Si se toma como referencia el periodo anterior a la pandemia, el incremento alcanza el 31,3%.
El salto económico resulta todavía más acusado. Los conciertos de música popular generaron por sí solos 349,59 millones de euros en entradas. Al incorporar los grandes festivales, la cifra asciende hasta 801,4 millones. Es prácticamente el doble que antes de la pandemia.
No es una simple recuperación estadística después del hundimiento de 2020. Han pasado varios años y el crecimiento continúa. El concierto se ha convertido para una parte del público, sobre todo entre generaciones más jóvenes, en algo que supera la mera escucha de música: viaje, encuentro social y experiencia compartida. Una entrada compra varias cosas a la vez.
Festivales, plataformas y un cambio profundo en el ocio
Hay una paradoja interesante detrás de estos datos. Nunca había sido tan fácil escuchar música sin salir de casa y, sin embargo, la música en directo bate registros. Nunca había sido tan fácil ver una película sin salir de casa y, en cambio, el cine pierde espectadores.
La tecnología, pues, no produce automáticamente el abandono de la experiencia física. Depende del valor que el público atribuya a esa experiencia.
El festival ofrece algo imposible de reproducir con unos auriculares: miles de personas compartiendo lugar y momento. La sala de cine también conserva elementos exclusivos —pantalla, sonido, oscuridad, concentración—, pero compite directamente con un consumo doméstico que ofrece comodidad, catálogo y flexibilidad por una cuota mensual.
Los datos sobre plataformas ayudan a completar el paisaje. En el segundo trimestre de 2025, el 65,7% de los hogares españoles con acceso a internet utilizaba servicios audiovisuales de pago, 2,4 puntos porcentuales más que un año antes y 25,2 más que en 2019.
No explica por sí solo la caída del cine, pero resulta difícil ignorar el cambio de contexto. La sala ya no compite únicamente con otras salas ni siquiera con la televisión. Compite con plataformas, videojuegos, redes sociales, YouTube y una oferta digital prácticamente infinita. Todos quieren la misma moneda escasa: el tiempo del espectador.
El teatro y la música clásica avanzan, pero con matices
La fotografía cultural de 2025 tampoco permite concluir que las actividades tradicionales estén condenadas. Las artes escénicas crecieron un 6,5% en número de funciones respecto a 2024 y llegaron a 51.085 representaciones, ligeramente por encima incluso del volumen de 2019.
El público aumentó hasta 11,25 millones de espectadores, un 8,3% más en un año, aunque la asistencia todavía se encuentra un 20,4% por debajo del nivel previo a la pandemia. La recaudación alcanzó 201,5 millones de euros, con un crecimiento anual del 10,9%.
El teatro domina ampliamente este mercado: concentra el 92,7% de las funciones, el 87,7% del público y el 86,1% de los ingresos. Danza y género lírico ocupan espacios mucho menores, aunque este último mantiene un peso económico superior a su volumen de representaciones.
La música clásica también continúa recuperándose. Durante 2025 se celebraron 18.523 conciertos y se vendieron unos 5,1 millones de entradas, muy cerca de los 5,2 millones contabilizados en 2019. En recaudación, de hecho, ya se han superado los niveles anteriores a la pandemia.
La televisión y la radio también pierden minutos
El retroceso del cine encaja dentro de un cambio más amplio en las costumbres de consumo. La televisión tradicional registró en 2025 una media de 162 minutos diarios por persona, nueve menos que en 2024 y una hora menos que en 2019.
La radio cayó hasta los 89 minutos diarios, tres menos que el año anterior y el registro más bajo de la serie histórica analizada. Que la audiencia lineal disminuya no significa que desaparezca el audiovisual ni el audio; significa, más bien, que se fragmentan entre plataformas, pódcast, contenidos bajo demanda, redes y formatos nuevos.
El viejo reparto del ocio —cine, televisión, radio, disco— tenía compartimentos reconocibles. El actual se parece bastante menos a una estantería ordenada. Todo compite contra todo y casi todo cabe en el mismo teléfono.
La cultura crece, pero el público elige de otra manera
Los datos de 2025 dejan una imagen menos simple que la de una supuesta crisis cultural. España sigue gastando dinero y tiempo en ocio, acude masivamente a conciertos, vuelve al teatro y mantiene la música clásica cerca de sus registros anteriores a la pandemia. Lo que cambia es dónde considera que merece la pena estar físicamente.
El cine tiene ahí su gran problema. No faltan películas ni pantallas, y algunos estrenos continúan movilizando a millones de personas, pero se ha roto parte de la costumbre que sostenía la taquilla semana tras semana. Los 67,68 millones de espectadores de 2025 lo dejan escrito con bastante crudeza.
Mientras tanto, cerca de 37 millones de asistentes pasaron por conciertos y macrofestivales y dejaron más de 800 millones de euros en entradas. Una pantalla doméstica puede sustituir razonablemente una tarde de cine para muchos espectadores. Sustituir un concierto multitudinario desde el sofá, por mucho volumen que tenga el televisor, sigue siendo otra cosa.
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