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Dinamarca critica a Noruega y Finlandia tras 90 minutos con Putin
Dinamarca cuestiona la llamada de 90 minutos de Noruega y Finlandia a Putin. Støre dice que avisó a sus aliados y Zelenski agradece el contacto.
Foto: Christian Ursilva (CC BY-SA 4.0).
Resumen
- Dinamarca critica la llamada de Noruega y Finlandia a Putin
- Stubb y Støre hablaron 90 minutos y afirman que los aliados lo sabían
- Zelenski agradece el gesto, pero el Kremlin no anuncia concesiones
La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, ha criticado duramente la decisión de los dirigentes de Noruega y Finlandia de mantener una conversación telefónica de 90 minutos con Vladímir Putin para abordar la guerra de Ucrania. La llamada, celebrada este martes 27 de octubre de 2026, ha abierto una discrepancia diplomática entre tres países nórdicos que hasta ahora han defendido una posición de firme apoyo a Kiev.
El presidente finlandés, Alexander Stubb, y el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, aseguran que sus aliados europeos estaban informados previamente del contacto con Moscú. Sin embargo, Frederiksen sostiene que la iniciativa no fue consensuada y cuestiona su utilidad en un momento en el que Europa intenta mantener una posición común ante Rusia. Una diferencia importante: comunicar una decisión no equivale necesariamente a acordarla.
La conversación tenía como objetivo trasladar directamente al Kremlin la necesidad de reducir la intensidad de los ataques y avanzar hacia una solución negociada del conflicto. Se produjo antes de una nueva ronda de contactos diplomáticos prevista en Abu Dabi, con participación de representantes de Ucrania, Rusia y Estados Unidos.
Dinamarca cuestiona una iniciativa que no fue consensuada
Frederiksen expresó su malestar durante un encuentro de dirigentes nórdicos celebrado en Finlandia, en el que también participaban los responsables políticos noruego y finlandés.
La mandataria danesa se declaró «muy escéptica» ante la decisión de ambos dirigentes y aseguró que la llamada no había sido coordinada con los demás aliados europeos.
«No sé qué creen que pueden conseguir esos dos países con esta iniciativa», afirmó Frederiksen, que insistió en la necesidad de preservar la unidad europea frente a Moscú.
La primera ministra considera que los contactos individuales con Putin pueden debilitar una estrategia diplomática común que depende, en buena medida, de la capacidad de los países europeos para actuar de forma conjunta. Su preocupación no se limita al contenido de la conversación, sino también al procedimiento utilizado para organizarla.
Dinamarca ha mantenido una posición especialmente firme frente a la invasión rusa de Ucrania. Frederiksen considera que cualquier aproximación diplomática debe evitar ofrecer al Kremlin la posibilidad de aprovechar las diferencias entre los gobiernos europeos.
La discusión revela dos maneras de afrontar el mismo problema. Para Copenhague, la prioridad consiste en preservar una posición europea coordinada. Para Helsinki y Oslo, hablar directamente con el presidente ruso puede contribuir a trasladar exigencias que Moscú debe escuchar.
Noruega asegura que los aliados conocían la llamada a Putin
Jonas Gahr Støre respondió a las críticas danesas con una explicación sobre los preparativos de la conversación.
El primer ministro noruego confirmó que el contacto telefónico con Putin había durado aproximadamente una hora y media y aseguró que todos los socios y países aliados habían recibido información antes de que se produjera.
También defendió que las posiciones expresadas por él y Alexander Stubb eran coherentes con las de la Coalición de Voluntarios, formada por más de 30 países comprometidos con la búsqueda de garantías de seguridad para Ucrania.
Støre insistió en que ambos dirigentes habían reclamado una desescalada de la guerra y que su objetivo no era modificar la política europea hacia Rusia.
La aclaración introduce un matiz en la controversia. Los gobiernos de Noruega y Finlandia sostienen que no actuaron a espaldas de sus socios, mientras que Dinamarca critica que la iniciativa no se hubiera acordado colectivamente.
Conviene distinguir también el alcance de la representación. Finlandia pertenece a la Unión Europea y a la OTAN, mientras que Noruega es miembro de la Alianza Atlántica, pero no de la UE. Ambos países explicaron que participaron en la conversación en nombre de sus respectivos Estados, sin atribuirse la representación del conjunto de Europa.
Qué hablaron Stubb y Støre con Putin durante 90 minutos
La conversación se celebró desde Helsinki y fue promovida por los dirigentes finlandés y noruego. Según la información oficial difundida por ambos gobiernos, el propósito era abordar la invasión rusa de Ucrania, las iniciativas diplomáticas para detenerla y las condiciones necesarias para recuperar la estabilidad europea.
Alexander Stubb describió el intercambio como una conversación franca y sustancial. El presidente finlandés defendió que resulta necesario mantener contactos directos si se pretende encontrar una salida a la guerra.
Su argumento tiene una dimensión geográfica evidente: Finlandia y Noruega comparten frontera con Rusia, por lo que cualquier acuerdo sobre Ucrania tendrá consecuencias para su propia seguridad.
Støre, por su parte, destacó el enorme coste humano y material del conflicto y recordó que sus consecuencias afectarán a varias generaciones. Durante la conversación, ambos reclamaron medidas concretas para reducir la violencia.
De la reunión de Oslo a las negociaciones de Abu Dabi
El contacto telefónico fue una continuación de las conversaciones celebradas en Oslo el pasado 20 de octubre, en las que participaron representantes ucranianos, estadounidenses y europeos.
La iniciativa está vinculada a las negociaciones que se preparan para noviembre en Abu Dabi, capital de Emiratos Árabes Unidos, donde está previsto que vuelvan a reunirse delegaciones de Ucrania, Rusia y Estados Unidos.
El objetivo de Helsinki y Oslo era hacer llegar un mensaje directo al Kremlin antes de esas conversaciones, manteniendo al mismo tiempo el respaldo político y diplomático a Kiev.
Los dos gobiernos han reiterado que no modificarán su apoyo a Ucrania, una precisión relevante ante las dudas sobre las consecuencias que podría tener la reanudación de los contactos con Putin.
Zelenski agradece las gestiones y exige una desescalada real
La reacción de Ucrania introduce un elemento relevante en la polémica. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, mantuvo una conversación con Stubb y Støre después de que estos hablaran con Putin.
Zelenski agradeció la información recibida y valoró las gestiones de ambos dirigentes como parte de los esfuerzos diplomáticos para alcanzar una paz duradera.
Según explicó la Presidencia ucraniana, los representantes nórdicos habían trasladado a Putin la necesidad de adoptar medidas reales para reducir los ataques contra las infraestructuras energéticas y civiles de Ucrania.
La protección de estas instalaciones constituye una prioridad para Kiev, especialmente ante los daños ocasionados por los bombardeos rusos.
Zelenski también abordó con sus interlocutores los preparativos de la próxima reunión trilateral y las posibilidades de reforzar la participación europea en las negociaciones.
El mandatario ucraniano subrayó que Finlandia y Noruega tienen un interés particular en conseguir acuerdos de seguridad fiables, precisamente por su proximidad territorial a Rusia.
Su respuesta muestra que la controversia no gira alrededor de un rechazo ucraniano a la conversación. Al contrario, Kiev había sido consultada previamente y ha valorado positivamente la transmisión de sus posiciones al presidente ruso. La discrepancia más visible procede de Dinamarca y afecta a la coordinación entre aliados.
Putin mantiene sus condiciones para negociar la paz
La conversación tampoco ha producido, al menos por el momento, un cambio público en la posición rusa.
El Kremlin confirmó el contacto y defendió que cualquier acuerdo de paz justo y duradero debe tener plenamente en cuenta los intereses de Rusia.
Moscú volvió a responsabilizar a las políticas de la Unión Europea y la OTAN de contribuir a la prolongación de las hostilidades, una interpretación que contrasta con la posición europea sobre la responsabilidad rusa en la invasión de Ucrania.
Según la información conocida sobre la conversación, Putin no ha anunciado concesiones sobre las exigencias territoriales de Moscú. Una fuente próxima al Kremlin aseguró a Reuters que el presidente ruso reiteró su intención de controlar toda la región del Donbás, aunque esa afirmación no figura como un compromiso anunciado oficialmente por los participantes.
La principal consecuencia inmediata del contacto es, por tanto, diplomática: se ha mantenido una comunicación directa con Putin, pero no se han comunicado avances concretos hacia un alto el fuego general.
Rusia y Ucrania afrontan así las próximas negociaciones con diferencias fundamentales todavía sin resolver.
La unidad europea afronta otra prueba ante Rusia
El enfrentamiento diplomático entre Dinamarca, Noruega y Finlandia refleja un debate que va más allá de los países nórdicos: cómo participar en unas negociaciones de paz sin debilitar la posición común europea ni apartar a Ucrania de las decisiones que afectan a su futuro.
Desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala, en febrero de 2022, buena parte de los gobiernos occidentales ha limitado sus contactos directos con Putin, mientras mantenía las sanciones económicas y la asistencia a Kiev.
Sin embargo, las iniciativas diplomáticas impulsadas por Estados Unidos han reabierto la discusión sobre la necesidad de establecer canales de comunicación con Moscú.
Existe una preocupación añadida en varias capitales europeas: que las decisiones fundamentales sobre la seguridad continental terminen negociándose entre Washington, Moscú y Kiev sin una representación europea suficientemente coordinada.
La conversación de Stubb y Støre muestra tanto las posibilidades como las dificultades de ese escenario. Sus gobiernos consideran necesario intervenir directamente para defender sus intereses de seguridad y apoyar una salida negociada. Dinamarca teme que las iniciativas individuales erosionen la unidad europea que los aliados han intentado mantener durante la guerra.
Las posiciones no son necesariamente incompatibles, pero requieren coordinación. Informar a los aliados, consultar a Ucrania y disponer de un mandato europeo son tres cuestiones distintas, y la llamada de 90 minutos ha dejado esa diferencia al descubierto.
El próximo examen llegará con las conversaciones previstas en Abu Dabi. De momento, ni el Kremlin ha anunciado una modificación de sus exigencias ni las gestiones de los dirigentes nórdicos han desembocado en un compromiso verificable de desescalada. Europa vuelve a enfrentarse a una dificultad conocida: encontrar la manera de influir en las negociaciones sin convertir sus propias diferencias en una ventaja para Moscú.
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