Naturaleza
El 0,1 % más rico emite más CO₂ que los 3.500 millones más pobres
El 0,1 % de la población más rica genera más CO₂ que los 3.500 millones más pobres. Oxfam denuncia la desigualdad y el negocio de la reconstrucción.
Foto: Carlos Capote (CC BY-SA 2.0).
Resumen
- El 0,1 % más rico emite más CO₂ que los 3.500 millones más pobres
- El 1 % más rico causó el 20 % del calentamiento desde 1990, según Oxfam
- Algunos inversores también ganan con la reconstrucción tras los desastres
El 0,1 % más rico del planeta, formado por unos ocho millones de personas, genera más emisiones de dióxido de carbono que los 3.500 millones de habitantes con menos recursos juntos. Es la principal conclusión del nuevo informe de Oxfam Intermón, presentado este martes 27 de octubre de 2026, que pone cifras a una de las grandes contradicciones de la crisis climática: quienes más contribuyen al calentamiento global son también quienes disponen de más medios para protegerse de sus consecuencias.
La investigación revela que este pequeño grupo, equivalente a una de cada mil personas, emite más CO₂ que el 44 % más pobre de la población mundial. La desigualdad va mucho más allá del consumo energético. Según los cálculos de la organización, una persona situada entre los más ricos ha contribuido casi 400 veces más a las actuales olas de calor extremas que alguien perteneciente a la mitad más pobre de la humanidad.
El estudio, titulado Brecha ante los desastres, se publica antes de la cumbre climática de Naciones Unidas, la COP31, que se celebrará en Turquía. Oxfam advierte de que las grandes fortunas no solo concentran una parte desproporcionada de las emisiones contaminantes, sino que algunas inversiones también permiten obtener beneficios en sectores vinculados a la recuperación después de las catástrofes.
La organización reclama cambios fiscales y una distribución más justa de los costes del cambio climático. Porque el problema no consiste únicamente en determinar cuánto contamina cada persona. También importa quién termina pagando las consecuencias.
Ocho millones de ricos emiten más CO₂ que 3.500 millones de pobres
Los datos utilizados por Oxfam permiten comparar las emisiones asociadas a dos grupos de población extraordinariamente distintos. El primero representa apenas el 0,1 % de la humanidad, mientras que el segundo reúne al 44 % de las personas con menores ingresos del mundo. Pese a esa diferencia de tamaño, el grupo más rico produce más emisiones de carbono que el más pobre.
La comparación resulta todavía más llamativa al considerar que esos ocho millones de personas constituyen una población unas 437 veces menor que la formada por los 3.500 millones de habitantes con menos recursos.
El contraste también aparece al comparar las emisiones de ese grupo privilegiado con las de regiones enteras. El 0,1 % más rico genera más del triple de CO₂ que toda África subsahariana, donde viven aproximadamente 1.300 millones de personas.
No se trata, por tanto, de una diferencia marginal entre estilos de vida. Las cifras reflejan una concentración extrema de la capacidad de consumo y de las emisiones asociadas a ella. El acceso a determinados bienes, transportes y servicios tiene una huella climática que aumenta considerablemente en los niveles más altos de renta.
Cómo calcula Oxfam la contaminación de los más ricos
Para elaborar el análisis, Oxfam ha combinado datos sobre desigualdad en las emisiones de carbono con modelos de atribución climática, que permiten estimar la contribución de diferentes grupos de población al calentamiento global y a determinados fenómenos extremos.
El procedimiento relaciona los ingresos y patrones de consumo con las emisiones generadas. De esta manera, los investigadores pueden comparar la huella de carbono de los sectores más acomodados con la de quienes disponen de menos recursos económicos.
Conviene tener presente que los resultados proceden de estimaciones estadísticas y modelos climáticos, no de una medición individual de los ocho millones de personas incluidas en el grupo más rico. Son herramientas utilizadas para estudiar la distribución de las emisiones y sus consecuencias, aunque están sujetas a las incertidumbres propias de cualquier modelo.
El 1 % más rico ha contribuido al 20 % del calentamiento global
El informe amplía el análisis al 1 % de la población mundial con mayores ingresos y concluye que sus emisiones explican aproximadamente el 20 % del calentamiento global registrado desde 1990.
La investigación combina estimaciones históricas de emisiones con modelos de atribución climática, que permiten calcular cómo habría evolucionado la temperatura si determinados grupos de población no hubieran generado sus emisiones.
Según este procedimiento, la contribución individual al calentamiento de una persona del 1 % más rico es cien veces superior a la de alguien situado entre la mitad más pobre de la humanidad.
Las consecuencias también se expresan en términos de salud. Oxfam estima que las emisiones generadas durante un solo año por ese 1 % más rico provocarán, a lo largo de las décadas posteriores, 1,9 millones de muertes adicionales relacionadas con el calor.
No se trata de fallecimientos registrados durante ese año, sino de una proyección calculada a partir del efecto acumulado del carbono sobre las temperaturas durante aproximadamente un siglo. Es decir, el impacto de las emisiones no desaparece cuando termina el año en el que se producen.
El reparto previsto vuelve a mostrar una profunda desigualdad: el 78 % de esas muertes se produciría en países de renta baja y media-baja, pese a que estos territorios representan únicamente el 8 % de las emisiones mundiales consideradas en el análisis.
El impacto económico tampoco es menor. La organización calcula que las emisiones atribuibles al 1 % más rico desde 1990 podrían ocasionar pérdidas económicas acumuladas de 52,6 billones de dólares hasta 2050.
Son estimaciones sometidas a las incertidumbres propias de los modelos climáticos y económicos, pero ayudan a dimensionar una cuestión que suele quedar fuera de los debates sobre el precio de la energía: el coste de contaminar no siempre recae sobre quien contamina.
Los aviones privados y el negocio de las catástrofes climáticas
La aviación privada representa uno de los ejemplos más evidentes del desequilibrio. Según los datos de seguimiento de vuelos utilizados por Oxfam, el conjunto de los aviones privados del mundo emite en apenas dos segundos más CO₂ que una persona de la mitad más pobre de la humanidad durante un año entero.
La comparación se refiere a toda la flota mundial de aeronaves privadas, no a un único avión. Aunque este tipo de transporte representa una actividad minoritaria frente a la aviación comercial, su utilización está concentrada entre personas con una elevada capacidad económica.
Las desigualdades climáticas también se manifiestan a través de las inversiones. El informe sostiene que determinados grandes inversores mantienen participaciones tanto en sectores asociados a las emisiones contaminantes como en compañías dedicadas a la preparación y recuperación frente a desastres.
Para estudiar esta relación, Oxfam ha elaborado el índice Destruir y Reconstruir, que reúne 217 empresas vinculadas a industrias altamente contaminantes o a actividades de respuesta, mitigación y reconstrucción ante catástrofes.
En ese conjunto aparecen dos grandes gestoras internacionales: BlackRock y Vanguard. Ambas mantienen inversiones en el 92 % de las compañías incluidas en el índice, con un valor conjunto superior al billón de dólares.
La presencia de estas entidades en los accionariados no demuestra por sí sola que obtengan beneficios directos de una catástrofe determinada. Lo que señala Oxfam es la coexistencia de intereses financieros en actividades que contribuyen a la crisis climática y en otras relacionadas con la respuesta a sus efectos.
El mercado mundial de recuperación después de desastres, según las previsiones recogidas por la organización, podría pasar de unos 70.000 millones a 92.000 millones de dólares anuales en 2029.
La paradoja resulta difícil de ignorar: mientras millones de familias pierden ahorros, viviendas o medios de subsistencia después de una inundación, un incendio o una sequía, la reconstrucción constituye también un sector económico en expansión.
La dana de Valencia muestra cómo afecta la desigualdad climática
El informe incorpora el caso de España y recuerda la dana del 29 de octubre de 2024, que provocó graves inundaciones en numerosos municipios valencianos.
Oxfam Intermón destaca que los efectos sociales de aquella catástrofe no se repartieron por igual. Los hogares con menos recursos, las personas mayores, las mujeres y las comunidades migrantes estuvieron entre los colectivos especialmente vulnerables.
La desigualdad se manifiesta tanto durante la emergencia como en los meses posteriores. Quien dispone de ahorros, una vivienda alternativa o un seguro adecuado tiene normalmente más posibilidades de recuperarse. Para una familia que ha perdido su vivienda habitual, sus herramientas de trabajo o buena parte de sus ingresos, la reconstrucción puede prolongarse durante años.
El ejemplo valenciano permite entender una cuestión central del informe: tener una menor responsabilidad en las emisiones no significa estar menos expuesto a sus efectos.
Tampoco significa que todos los fenómenos meteorológicos extremos puedan atribuirse exclusivamente al cambio climático. Su intensidad, frecuencia y consecuencias dependen de distintos factores, entre ellos las condiciones atmosféricas, la ocupación del territorio, la prevención y las infraestructuras.
Lo que sí muestra la investigación es que las diferencias económicas condicionan profundamente la capacidad de afrontar esos episodios. Una misma catástrofe puede tener consecuencias muy diferentes para dos familias dependiendo de sus recursos y de los apoyos disponibles.
Oxfam reclama impuestos a las grandes fortunas y a las actividades más contaminantes
Ante la COP31, la organización propone aplicar con mayor firmeza el principio de que quien contamina más debe contribuir más a sufragar los daños.
Entre sus principales reivindicaciones figuran los impuestos permanentes sobre el patrimonio y las rentas más elevadas, una mayor fiscalidad para determinados consumos de lujo con una huella de carbono especialmente alta y gravámenes sobre los beneficios extraordinarios de las compañías de combustibles fósiles.
Oxfam también reclama reforzar la financiación climática destinada a los países más vulnerables, principalmente mediante ayudas públicas y subvenciones que no incrementen su endeudamiento.
La entidad plantea triplicar los recursos destinados a adaptación climática para 2035, con inversiones en infraestructuras, sistemas de protección y servicios públicos capaces de reducir los daños de futuras catástrofes.
Estas propuestas forman parte de la posición política y económica de Oxfam, no de medidas ya aprobadas por los gobiernos. Su aplicación exigiría decisiones fiscales y acuerdos internacionales, además de mecanismos que garanticen tanto la reducción efectiva de las emisiones como un uso adecuado de los recursos recaudados.
La responsabilidad climática no se reparte por igual
El nuevo informe introduce un elemento difícil de eludir en las negociaciones internacionales: las emisiones de carbono están profundamente relacionadas con la desigualdad económica, pero las consecuencias del calentamiento global afectan de manera especialmente severa a quienes tienen menos recursos.
La comparación entre ocho millones de personas y 3.500 millones resume esa realidad. El grupo más rico supera las emisiones del más pobre pese a representar una fracción diminuta de la población mundial.
Reducir el consumo de combustibles fósiles, transformar los sistemas energéticos y mejorar la adaptación siguen siendo objetivos fundamentales. La cuestión que plantea Oxfam es cómo distribuir los esfuerzos sin exigir sacrificios equivalentes a quienes tienen responsabilidades y capacidades económicas muy distintas.
El debate ya no se limita a cuánto carbono puede seguir emitiendo el planeta. También alcanza a quién disfruta de las actividades que generan esas emisiones, quién obtiene beneficios económicos y quién tiene que reconstruir su vida cuando llega el desastre.
La crisis climática es global. La responsabilidad de provocarla y la capacidad de soportar sus consecuencias, claramente, no lo son.
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