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Francia movilizará 70.000 policías ante protestas y riesgo de saqueos

El Gobierno francés desplegará 70.000 agentes ante nuevas protestas, llamadas a saqueos y el temor a repetir los disturbios del 17 de octubre.

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Francia movilizará 70.000 policías

Imagen: Damian B Oh / CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Francia desplegará 70.000 policías y gendarmes este sábado
  • Interior teme saqueos, disturbios y ataques contra edificios públicos
  • El operativo crece tras los graves incidentes del 17 de octubre

Francia afrontará este sábado 24 de octubre una nueva jornada de protestas con 70.000 policías y gendarmes desplegados por todo el país. El Gobierno de Emmanuel Macron ha decidido reforzar de forma considerable el dispositivo de seguridad después de detectar convocatorias de nuevas movilizaciones y, según el Ministerio del Interior, mensajes difundidos en redes sociales que llaman a cometer saqueos, destrozos y ataques contra edificios públicos.

El ministro del Interior, Laurent Nuñez, ha prometido una respuesta de máxima firmeza frente a quienes aprovechen las manifestaciones para provocar disturbios. La movilización llega apenas una semana después de una jornada que dejó imágenes de comercios arrasados, incendios y graves enfrentamientos en varias ciudades. Esta vez el Ejecutivo francés quiere evitar que la policía vuelva a correr detrás de los acontecimientos, literalmente y en sentido político.

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Francia eleva el despliegue hasta los 70.000 agentes

El dispositivo supone 10.000 efectivos más que el sábado anterior, cuando alrededor de 60.000 policías y gendarmes participaron en las tareas de seguridad. No será únicamente una cuestión de cantidad. Interior prepara una estructura más móvil, con unidades especializadas capaces de intervenir rápidamente cuando aparezcan pequeños grupos dedicados a romper escaparates, levantar barricadas o atacar edificios públicos.

Nuñez ha advertido de que el Gobierno ha encontrado en internet numerosas llamadas a la violencia que atribuye a sectores de la ultraizquierda. Entre ellas figuran mensajes que animarían a atacar edificios públicos. Esa atribución procede del Ejecutivo francés; forma parte, además, de una batalla política cada vez más áspera sobre quién está detrás de los disturbios y hasta dónde puede llegar el Estado para impedirlos.

El mensaje del ministro ha sido inequívoco: las autoridades serán «implacables» con saqueadores y alborotadores. Los prefectos, representantes del Estado en cada territorio, tendrán margen para decidir qué concentraciones pueden celebrarse y cuáles deben ser prohibidas cuando consideren que existe un riesgo grave para el orden público.

Los disturbios del 17 de octubre cambian el escenario

El origen del extraordinario despliegue está en lo ocurrido el pasado sábado. Las movilizaciones contra el alto coste de la vida y el deterioro de determinados servicios públicos llevaron a las calles a cientos de miles de personas. Buena parte de las marchas transcurrió de manera pacífica, pero en diferentes ciudades grupos violentos atacaron edificios, se enfrentaron con las fuerzas de seguridad y saquearon comercios.

Las autoridades calcularon que unos 3.000 establecimientos y negocios resultaron saqueados o dañados durante aquel fin de semana. Hubo incendios, ataques a edificios municipales y disturbios especialmente graves en ciudades como París, Lyon o Marsella. El problema para el Gobierno no fue únicamente la violencia: también quedó instalada la sensación de que, durante varias horas, el dispositivo policial había sido desbordado.

Nuñez llegó a reconocer posteriormente una «pérdida de control» en algunos puntos y admitió deficiencias de anticipación. El ministro presentó su dimisión, que Macron rechazó. Una semana después, el Ejecutivo parece decidido a demostrar que aquella escena no va a repetirse. De ahí los 70.000 agentes y, sobre todo, el cambio de doctrina: menos unidades ancladas en posiciones fijas y más capacidad para desplazarse rápidamente allí donde aparezcan los incidentes.

París permite una marcha mientras otras ciudades la prohíben

La estrategia no será uniforme. En París se ha autorizado para este sábado una manifestación sindical entre Bastilla y Nación, mientras que otras convocatorias han sido rechazadas. La capital concentrará buena parte de la atención porque fue uno de los principales escenarios de los altercados de la semana pasada.

En otras ciudades el margen será bastante menor. Lyon ha prohibido las manifestaciones previstas para este sábado después de los graves disturbios registrados el 17 de octubre. También se han impuesto restricciones en otras zonas del país, y el Ejecutivo ha respaldado que los prefectos estudien cada convocatoria en función del riesgo existente.

Macron había anunciado ya que las concentraciones consideradas susceptibles de provocar alteraciones graves podrían ser prohibidas. Para las marchas sindicales autorizadas, las autoridades pueden plantear recorridos diferentes con el objetivo de mantener los cortejos alejados de zonas comerciales y edificios públicos especialmente vulnerables.

Museos y comercios también toman precauciones

La tensión se extiende más allá de las calles. Algunos de los principales centros culturales parisinos han decidido cerrar de manera preventiva. Entre ellos figura el Museo del Louvre, mientras que eventos de gran tamaño también han modificado o suspendido su actividad ante el temor de nuevos incidentes.

Las organizaciones empresariales han aconsejado igualmente prudencia a los comerciantes. Después de ver escaparates destrozados y tiendas completamente vaciadas en pocas horas, la cautela no necesita demasiada teoría. Para muchos pequeños negocios, bajar la persiana durante una jornada de protestas significa perder facturación; mantenerla levantada puede significar bastante más.

RAID, GIGN, blindados, drones y cañones de agua

El operativo francés tendrá una dimensión poco habitual. Junto a los efectivos convencionales estarán disponibles unidades de élite como RAID y GIGN, además de policía montada, helicópteros, drones y sistemas antidrones. También podrán utilizarse vehículos blindados y cañones de agua en las zonas donde las autoridades consideren que existe mayor riesgo.

El Gobierno había anunciado asimismo la participación de militares de la operación Sentinelle para asumir determinadas tareas estáticas de protección. La idea es liberar a policías y gendarmes de la vigilancia de ciertos edificios y permitir que se concentren en el mantenimiento del orden y en perseguir a grupos móviles.

No significa que Francia espere una batalla campal inevitable. Significa que el Ejecutivo ha decidido prepararse para ella. El matiz importa: las protestas reúnen reivindicaciones sociales muy diferentes y una enorme mayoría de quienes participan en ellas no está vinculada a los saqueos. El propio Gobierno distingue entre las demandas sociales y los grupos que aprovechan las movilizaciones para provocar violencia.

Una protesta social que va más allá de los disturbios

El despliegue policial resuelve —o intenta resolver— el problema inmediato del sábado, pero no el fondo de la crisis. Las movilizaciones han crecido alrededor del poder adquisitivo, el coste de la vida y los servicios públicos, con presencia de estudiantes, trabajadores, sindicatos y antiguos participantes del movimiento de los chalecos amarillos.

Macron trata así de caminar por una cornisa bastante francesa: garantizar el derecho a manifestarse mientras endurece la respuesta contra los disturbios. El presidente ha defendido que continúe el diálogo sobre las reivindicaciones que considera legítimas y, al mismo tiempo, ha respaldado restricciones cuando las autoridades estimen que existe peligro para personas, comercios o instituciones.

La discusión será también jurídica y democrática. En Francia, como en cualquier democracia europea, manifestarse es un derecho fundamental, pero no ilimitado: una concentración puede restringirse por razones de orden público siempre que la decisión sea necesaria, proporcionada y susceptible de control judicial.

Francia llega al sábado con la seguridad bajo examen

El verdadero examen para el Gobierno francés no será desplegar 70.000 uniformes sobre el mapa, sino conseguir que las protestas puedan celebrarse donde estén autorizadas sin repetir los saqueos del fin de semana anterior. La fuerza numérica impresiona; la coordinación, bastante menos fotogénica, será lo decisivo.

El sábado 24 de octubre se convierte así en una prueba doble. Para Interior, porque tendrá que demostrar que aprendió de los fallos del día 17. Para los convocantes, porque deberán separar sus reivindicaciones de quienes buscan convertir una protesta en una sucesión de escaparates rotos. Francia entra en otra jornada delicada con más agentes, más restricciones y una vigilancia excepcional, mientras el malestar social que llenó las calles sigue ahí, debajo de todo el despliegue.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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