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Grecia declara nulo el pacto Turquía-Libia y pide una tregua marítima
Grecia considera nulo el acuerdo marítimo entre Turquía y Libia y pide una tregua internacional tras los ataques contra barcos en el mar Negro.
Imagen: European People's Party, CC BY 2.0.
Resumen
- Grecia considera nulo el acuerdo marítimo aprobado entre Turquía y Libia
- Atenas pide una tregua internacional que garantice la navegación en el mar Negro
- Mitsotakis reclama más presencia naval de la UE para proteger rutas comerciales
Grecia ha elevado el tono frente al acuerdo marítimo entre Turquía y Libia. El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, ha calificado el pacto de «ilegal, nulo y sin efecto» y sostiene que la delimitación defendida por Ankara y las autoridades libias orientales ignora la existencia de las islas griegas y, con ello, altera artificialmente el mapa del Mediterráneo oriental.
La advertencia llega después de que el Parlamento situado en el este de Libia aprobara el acuerdo de delimitación marítima firmado originalmente con Turquía en 2019. Atenas considera que ese entendimiento invade derechos marítimos de terceros países. Al mismo tiempo, Mitsotakis ha reclamado una tregua internacional en el mar Negro después del hundimiento de un portacontenedores de propiedad griega atacado con drones frente a Bulgaria.
Grecia considera que el acuerdo Turquía-Libia ignora sus islas
Mitsotakis fue especialmente contundente al referirse al pacto marítimo. Según el jefe del Gobierno griego, Turquía y Libia intentan establecer un hecho consumado mediante una delimitación que, a juicio de Atenas, prescinde de la geografía real del Mediterráneo oriental.
El punto fundamental de la disputa está en las aguas situadas al sur y al este de las islas griegas. Grecia sostiene que esos territorios insulares generan derechos sobre las zonas marítimas y que no pueden sencillamente desaparecer de una negociación bilateral entre Ankara y Libia. Los mapas políticos admiten bastante discusión; las islas, algo menos.
El acuerdo había sido firmado inicialmente en 2019 entre Turquía y el Gobierno libio de Trípoli. La novedad es que el Parlamento del este de Libia, que durante años mantuvo importantes diferencias con Ankara, ha terminado respaldándolo. Ese giro modifica el equilibrio político alrededor de una controversia que llevaba años enquistada.
Turquía rechaza la interpretación griega. El presidente Recep Tayyip Erdogan ha defendido la validez de la política marítima turca y considera que las críticas procedentes de Grecia, la Unión Europea y otros gobiernos carecen de fundamento legítimo.
El Mediterráneo oriental vuelve a cruzarse con el gas
La batalla jurídica y diplomática tiene una evidente dimensión energética. Las aguas en disputa coinciden con una región donde Grecia intenta ampliar las prospecciones de hidrocarburos, especialmente alrededor de Creta.
Atenas ha concedido permisos para buscar gas en áreas marítimas próximas a la isla a un consorcio encabezado por Chevron. Mitsotakis aseguró que el Gobierno griego no considera que esas exploraciones estén en peligro por la posición adoptada por Turquía y las autoridades libias.
Grecia también intenta alcanzar directamente con Libia una delimitación de sus respectivas zonas marítimas. Para Mitsotakis, ambos países son vecinos naturales y deberían abordar esa negociación bilateral sin aceptar como punto de partida unas fronteras marítimas que Atenas considera inválidas.
El enfrentamiento supera, por tanto, la discusión sobre unas líneas trazadas en un mapa. Están en juego derechos de exploración, futuras reservas energéticas y rutas marítimas, además de la capacidad de influencia en una zona donde coinciden Grecia, Turquía, Libia, Egipto y Chipre.
El ataque a un buque griego cambia el foco hacia el mar Negro
La intervención de Mitsotakis en Nueva York tuvo una segunda vertiente especialmente delicada. Horas antes, un portacontenedores de propiedad griega había terminado hundiéndose tras ser alcanzado por drones navales frente a la costa búlgara, en el mar Negro.
En el momento de las declaraciones del primer ministro griego no estaba determinado quién había llevado a cabo el ataque. El episodio se suma a otros incidentes contra barcos mercantes en las aguas occidentales del mar Negro y vuelve a mostrar cómo la guerra entre Rusia y Ucrania puede extender sus efectos sobre las rutas comerciales.
Mitsotakis ha pedido una «tregua internacional» para garantizar la libertad de navegación, especialmente en los corredores utilizados para transportar cereales y otras mercancías. Grecia tiene un interés directo: sus armadores cuentan con una de las mayores presencias mundiales en el transporte marítimo y desempeñan un papel relevante en el tráfico de materias primas.
El grano ucraniano vuelve a estar en el centro
El Gobierno griego advierte de que la inseguridad marítima puede afectar directamente a las exportaciones agrícolas de Ucrania. Mitsotakis señaló que el país ha tenido una cosecha abundante, pero parte del grano permanece almacenado mientras aumentan las dificultades para sacarlo al mercado internacional.
Para una economía que depende de sus exportaciones, asegurar corredores comerciales no es un detalle secundario. Tampoco para los países importadores. Cada episodio de inseguridad puede elevar las primas de los seguros, los costes de los fletes y el precio de operar en estas rutas.
Los armadores griegos, afirmó Mitsotakis, estarían entre los primeros dispuestos a recuperar plenamente el tráfico comercial con Ucrania si existieran garantías suficientes de paso seguro por el mar Negro.
Grecia pide más barcos europeos para proteger el mar Rojo
El primer ministro amplió la advertencia al mar Rojo, donde la navegación comercial continúa sometida a una fuerte tensión por los ataques de los hutíes de Yemen y el deterioro de la seguridad regional.
Grecia quiere que la Unión Europea refuerce la operación naval Aspides, creada en 2024 para proteger la navegación comercial y acompañar a los buques que atraviesan una de las principales arterias marítimas del planeta.
Mitsotakis considera insuficiente el despliegue europeo y ha pedido que más Estados miembros aporten barcos y otros medios militares. Grecia, Italia y Francia se encuentran entre los países que han desplegado recursos dentro de la misión, mientras que el número de buques disponibles sigue siendo limitado para la extensión de la zona que debe protegerse.
El razonamiento de Atenas es esencialmente económico y estratégico: Europa depende de unas rutas marítimas que conectan Asia, el Golfo Pérsico y el Mediterráneo a través del estrecho de Bab el Mandeb y el canal de Suez. Cuando los barcos deben evitar esas aguas, aumentan las distancias, los costes y los tiempos de transporte.
La seguridad marítima se ha convertido así en algo bastante menos abstracto que una discusión de almirantes. Puede acabar reflejándose en energía más cara, seguros más costosos y cadenas de suministro más frágiles.
Atenas mantiene la presión sobre Rusia
Mitsotakis también reafirmó el respaldo griego a las sanciones contra Rusia, pese a los movimientos realizados por Estados Unidos respecto a determinadas restricciones sobre las exportaciones rusas.
Según el primer ministro, Europa debe mantener la presión económica sobre Moscú mientras continúe la guerra en Ucrania. Atenas considera que reducir esa presión sin avances políticos sustanciales debilitaría uno de los principales instrumentos con los que cuentan los gobiernos europeos frente al Kremlin.
La postura griega combina así dos intereses que no siempre resultan fáciles de encajar. Por un lado, defender las sanciones contra Rusia. Por otro, mantener abiertas las rutas comerciales del mar Negro para impedir que la guerra termine bloqueando el tráfico marítimo del que dependen Ucrania, los exportadores agrícolas y buena parte del comercio regional.
El Mediterráneo y el mar Negro entran en una misma ecuación
Las declaraciones de Mitsotakis dibujan una prioridad exterior cada vez más clara para Grecia: defender el derecho marítimo y asegurar la navegación comercial desde el Mediterráneo oriental hasta el mar Negro y el mar Rojo.
Para Atenas, el acuerdo entre Turquía y Libia representa una amenaza directa a sus derechos marítimos. Los ataques contra barcos comerciales plantean otra distinta, pero relacionada: la posibilidad de que los conflictos regionales conviertan rutas fundamentales del comercio mundial en zonas donde navegar dependa cada vez más de escoltas militares y seguros prohibitivos.
Grecia termina su presidencia mensual del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas poniendo ambas cuestiones sobre la mesa. En el Mediterráneo reclama que ninguna delimitación bilateral pueda borrar sus islas del mapa. En el mar Negro exige que los barcos civiles puedan seguir navegando pese a la guerra. Dos disputas diferentes, pero con el mismo fondo: quién controla el mar, bajo qué reglas y hasta dónde pueden alterarse esas reglas por la fuerza.
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