Economía
Costa prepara una nueva propuesta para cerrar el presupuesto de la UE
António Costa prepara otro texto negociador para el presupuesto europeo de 2028-2034, con el objetivo de lograr un acuerdo antes de acabar 2026.
Por © European Union, 1998–2026, Attribution, Wikimedia Commons
Costa prepara una nueva propuesta para cerrar el presupuesto de la UE
Resumen
- Costa prepara otro texto para acercar posiciones sobre el presupuesto de la UE
- Los Veintisiete mantienen la meta de cerrar el acuerdo antes de acabar 2026
- El reparto enfrenta agricultura y cohesión con defensa y competitividad
António Costa prepara un nuevo movimiento para intentar desbloquear una de las negociaciones más delicadas de la Unión Europea. El presidente del Consejo Europeo presentará un nuevo documento negociador sobre el presupuesto comunitario para 2028-2034 durante las próximas semanas, después de que los jefes de Estado y de Gobierno hayan abordado en Bruselas el futuro marco financiero plurianual.
El calendario, por ahora, no cambia: los Veintisiete mantienen el objetivo político de alcanzar un acuerdo antes de que termine 2026. No es una fecha colocada en el almanaque por capricho burocrático. Bruselas necesita margen durante 2027 para convertir el pacto entre gobiernos en legislación, completar la negociación de los distintos programas y llegar al 1 de enero de 2028 con el nuevo presupuesto operativo.
Costa prepara otro texto tras la negociación de Bruselas
El movimiento llega después de que la presidencia irlandesa del Consejo de la UE haya avanzado en el llamado marco negociador, el documento que concentra las grandes cuestiones sobre las que todavía existe desacuerdo entre los Estados miembros y que sirve como base para las decisiones políticas finales.
Ahí aparecen las preguntas que realmente importan aunque en Bruselas suelan expresarse con un vocabulario menos callejero: cuánto dinero tendrá la Unión, cómo se repartirá, qué partidas quedarán protegidas y de dónde saldrán los ingresos necesarios para financiar el conjunto.
El nuevo texto que prepara Costa buscará acercar las posiciones de los gobiernos y reducir los asuntos todavía abiertos antes de las últimas citas políticas del año. El presidente del Consejo Europeo lleva meses defendiendo que el acuerdo debe quedar políticamente cerrado en 2026, dejando 2027 para completar el complejo recorrido legislativo.
Ahora empieza la parte menos elegante y bastante más importante: decidir quién paga, quién recibe y qué prioridades pierden espacio para que entren las nuevas. En un presupuesto de siete años, mover unos puntos decimales significa desplazar miles de millones de euros.
Un presupuesto de casi dos billones para siete años
La propuesta inicial de la Comisión Europea para el marco financiero 2028-2034 ronda los dos billones de euros a precios corrientes, aproximadamente el 1,26% de la renta nacional bruta media de la Unión durante ese periodo.
La cifra impresiona, aunque pierde algo de espectacularidad cuando se recuerda que cubre siete ejercicios, 27 Estados y políticas que van desde la agricultura hasta la investigación, las fronteras, las infraestructuras o la defensa. Aun así, muestra hasta qué punto ha cambiado el tablero europeo. Ya no se negocian únicamente subvenciones agrícolas y carreteras: en la misma mesa están Ucrania, seguridad, industria, tecnología y competitividad.
La propuesta rediseña además parte de la arquitectura presupuestaria. Entre los cambios planteados aparece la creación de planes nacionales y regionales capaces de agrupar financiación que hasta ahora circulaba por programas separados de cohesión, agricultura, pesca, migración y seguridad.
La intención es simplificar un sistema que con los años ha acumulado reglamentos, ventanillas y capas administrativas. La discusión política es bastante menos administrativa: cuánto control conservarán las regiones, qué garantías tendrán los agricultores y hasta dónde podrán los gobiernos redistribuir los fondos dentro de esos grandes planes.
Agricultura y cohesión vuelven a marcar las líneas rojas
Pocas negociaciones presupuestarias europeas llegan muy lejos sin tropezar con la Política Agrícola Común y los fondos de cohesión. Esta tampoco. La presidencia irlandesa intenta compatibilizar las políticas tradicionales con unas nuevas prioridades que exigen más dinero para competitividad, investigación, innovación, seguridad y defensa.
Ahí aparece una de las tensiones centrales. Los países que reciben cantidades importantes de fondos agrícolas o regionales buscan protegerlos; otros gobiernos consideran imprescindible trasladar más recursos hacia sectores estratégicos, industria tecnológica y defensa. Todos defienden una Europa más competitiva. La armonía suele terminar cuando llega la factura.
La arquitectura propuesta mantiene una porción relevante para cohesión, agricultura, desarrollo rural, pesca, migración y seguridad, al tiempo que refuerza instrumentos destinados a la competitividad europea, la digitalización, la biotecnología, el espacio, la defensa y la descarbonización industrial.
El otro gran problema: cómo financiar la factura
Hablar del gasto suele resultar más sencillo. Hablar de quién pone el dinero, bastante menos. La Comisión ha planteado ampliar los llamados recursos propios de la UE, fuentes de financiación destinadas a reducir la dependencia directa de las aportaciones nacionales.
Entre las fórmulas planteadas aparecen ingresos vinculados al mercado europeo de emisiones, el mecanismo de ajuste de carbono en frontera, determinados impuestos especiales, los residuos electrónicos y una contribución relacionada con grandes empresas que operan dentro de la Unión.
El paquete diseñado por Bruselas aspira a generar alrededor de 58.200 millones de euros adicionales al año, tomando como referencia precios de 2025 y los ajustes planteados para el sistema actual. Esa cifra convierte los ingresos en una pieza crucial de la negociación. Pedir un presupuesto ambicioso es relativamente sencillo mientras la financiación permanece en una nube conceptual; cambia el tono cuando empieza a aparecer en las cuentas nacionales.
Los nuevos recursos propios también importan porque Europa debe combinar las prioridades de los próximos años con compromisos financieros heredados. El debate sobre los ingresos ha dejado así de ser una cuestión reservada a técnicos para convertirse en uno de los principales nudos políticos del acuerdo.
Por qué Bruselas quiere cerrar el acuerdo antes de acabar 2026
El nuevo marco financiero no comenzará hasta el 1 de enero de 2028, pero dejar las grandes decisiones para 2027 reduciría demasiado el margen necesario para aprobar toda la legislación vinculada al presupuesto.
Una vez alcanzado el acuerdo político entre los Estados, el reglamento del marco financiero plurianual requiere unanimidad en el Consejo y el consentimiento del Parlamento Europeo. Después deben quedar cerrados los distintos programas sectoriales. La decisión sobre los recursos propios añade todavía más complejidad, porque exige unanimidad y los correspondientes procedimientos nacionales.
Costa ha advertido de que un retraso podría impedir que el presupuesto estuviese plenamente preparado cuando empiece 2028. No es un asunto menor para agricultores, investigadores, empresas, universidades y administraciones regionales, que dependen de programas comunitarios cuyo funcionamiento necesita reglas y financiación aprobadas con antelación.
Por eso finales de 2026 se ha convertido en algo más que una fecha cómoda. Es el margen que las instituciones necesitan para transformar el gran pacto político en reglamentos, programas, convocatorias y procedimientos capaces de funcionar desde el primer día del siguiente ciclo presupuestario.
La negociación entra en su tramo político decisivo
La propuesta que prepara Costa no significa que exista un acuerdo oculto ni que las diferencias hayan desaparecido. Más bien revela lo contrario: la negociación ha llegado al terreno de las decisiones políticas que difícilmente pueden resolver por sí solos técnicos, funcionarios y ministros sectoriales.
El Consejo Europeo tendrá que cuadrar intereses nacionales que no siempre encajan. Los contribuyentes netos vigilan el tamaño global de la factura; los receptores de fondos agrícolas y de cohesión defienden sus partidas; las economías más volcadas en innovación reclaman recursos para competitividad; y el nuevo escenario geopolítico exige más inversión en seguridad y defensa.
El presupuesto también pretende ser más flexible. Las crisis de los últimos años dejaron una lección incómoda: siete años son muchísimo tiempo cuando una pandemia, una guerra o una crisis energética puede cambiar prioridades enteras en cuestión de meses. Diseñar un marco capaz de reaccionar ante imprevistos se ha convertido por ello en otra pieza de la negociación.
Un presupuesto que marcará qué Europa llega a 2034
El documento que Costa presentará durante las próximas semanas será otro intento de convertir esa colección de prioridades en un compromiso aceptable para los 27. No es simplemente una discusión contable. El presupuesto europeo determina qué sectores reciben capacidad de inversión, qué territorios mantienen apoyo comunitario y cuánto músculo financiero tendrá la UE para responder a crisis que todavía ni siquiera conoce.
El objetivo sigue siendo cerrar el acuerdo político antes de terminar 2026, dedicar 2027 al recorrido legislativo y estrenar el nuevo marco financiero en enero de 2028. Costa mueve de nuevo el texto negociador, pero quedan las cifras, las líneas rojas y la unanimidad. Casi nada.
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