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Cultura

Quién creó el mapamundi de Bilbao que situó la villa en el centro

El famoso mapamundi de Bilbao fue obra de Juan Echegoien Krug, que firmó como JEK Larson y convirtió una vieja broma bilbaína en icono popular

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Un viejo mapamundi de Bilbao

Resumen

  • Juan Echegoien Krug creó el célebre mapamundi de Bilbao
  • Firmó la obra como JEK Larson para separarla de su producción seria
  • El dibujo convirtió una vieja broma bilbaína en un icono popular

El famoso mapamundi de Bilbao que convierte la villa en el centro descomunal del planeta no nació de un cartógrafo extranjero ni de algún diseñador estadounidense seducido por el Guggenheim. Su autor es Juan Echegoien Krug, artista nacido en Bilbao que firmó la obra con el nombre de JEK Larson, una identidad que durante años despistó a quienes intentaban averiguar quién estaba detrás del dibujo.

La lámina, fechada habitualmente en torno al año 2000 y concebida a finales de los noventa, lleva hasta el papel una de las bromas más antiguas sobre el orgullo bilbaíno: si Bilbao es el centro del mundo, un plano de Bilbao puede ser perfectamente un mapamundi. Echegoien llevó el chiste hasta sus últimas consecuencias y construyó un universo en el que la escala geográfica obedece al afecto, no a los kilómetros. Bilbao ocupa casi todo; lo demás queda, literalmente, en las afueras.

Juan Echegoien Krug estaba detrás del misterioso JEK Larson

La firma ayudó bastante a alimentar el misterio. En distintas reproducciones aparecía JEK Larson, vinculado al supuesto Wissenschaftler Art Group de Nueva York. Era fácil imaginar a un artista norteamericano contemplando desde Manhattan aquel Bilbao transformado por el titanio del Guggenheim y decidiendo colocarlo en mitad del universo.

Nada de eso. JEK son las iniciales de Juan Echegoien Krug, un artista bilbaíno nacido en 1950 que vivió cerca de dos décadas en Estados Unidos. Su trayectoria artística incluye pintura, dibujo, grabado y escultura, además de una relación prolongada con el ambiente artístico neoyorquino. El personaje de Larson y el pomposo grupo artístico estadounidense funcionaban, en realidad, como parte del juego.

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Echegoien explicó que recurrió al seudónimo porque aquella pieza humorística tenía poco que ver con la parte más convencional de su producción. No quería mezclar el mapamundi con su obra más seria. La jugada tuvo un efecto inesperado: el dibujo comenzó a circular, se reprodujo por todas partes y el nombre ficticio terminó siendo casi tan conocido como la propia obra.

Un mapa que no pretende orientar a nadie

El dibujo funciona precisamente porque se comporta como un mapa mientras se burla de todas las reglas de un mapa. Bilbao aparece gigantesco y reconocible, con referencias al Casco Viejo, el Guggenheim, el Euskalduna, Deusto o Doña Casilda, mientras territorios inmensos del planeta quedan reducidos a pequeñas parcelas en los márgenes. España, Europa, América, África u Oceanía deben conformarse con el espacio que les deja la villa.

Hasta el espacio exterior entra en la broma. En la zona superior aparecen cuerpos celestes y referencias que ensanchan el radio de acción bilbaíno más allá de la Tierra. El resultado se parece menos a una representación geográfica que a un mapa mental del bilbainismo, una cartografía sentimental donde la importancia de cada lugar depende de lo cerca que esté del Botxo.

No falta el humor pequeño, el que obliga a acercarse al papel. Doña Casilda se transforma en Patos Park, Deusto recibe atribuciones poco compatibles con cualquier manual de historia y algunos territorios lejanos apenas merecen unas pinceladas. En otras versiones del dibujo aparecen fórmulas deliberadamente vagas para referirse al resto del planeta. Es ahí donde la obra gana gracia: cuanto más solemne parece el formato cartográfico, más absurda resulta su geografía.

El chiste del mapamundi de Bilbao es anterior al dibujo

Echegoien no inventó desde cero la idea. La expresión “mapamundi de Bilbao” llevaba tiempo formando parte del repertorio humorístico ligado a la ciudad. Una versión clásica cuenta que un bilbaíno entra en una librería buscando un mapamundi de Bilbao y el librero, lejos de sorprenderse, le pregunta si lo quiere de la margen derecha o de la izquierda.

La ocurrencia estaba documentada públicamente antes de que apareciera la obra de JEK Larson. Ya en junio de 1993, un artículo sobre la transformación urbana de Bilbao utilizaba expresamente aquel viejo chiste del cliente que pedía un mapamundi de la ciudad. Siete años después, aproximadamente, Echegoien hizo algo bastante más eficaz que explicarlo: lo dibujó.

Ahí está buena parte de su éxito. La obra no necesita conocer una historia complicada ni compartir todas las referencias locales. Basta entender una idea muy humana: casi todos miramos el mundo desde nuestro propio centro. El bilbaíno del tópico simplemente lo hace a lo grande, faltaría más.

Bilbao ocupa el mundo y el mundo cabe alrededor

La composición exagera deliberadamente las dimensiones de la ciudad. Bilbao crece hasta engullir la escala del planeta, mientras los continentes se encogen hacia los bordes. El dibujo juega así con una técnica muy antigua de la cartografía simbólica: alterar el tamaño real para representar importancia, poder, miedo, cercanía o pertenencia.

En este caso no hay aspiración científica. Hay ironía. Echegoien convirtió una actitud atribuida desde hace décadas a los bilbaínos —orgullo, exageración y cierta resistencia a considerar que pueda existir algo mejor en otro sitio— en una imagen que se entiende casi de un vistazo.

Por eso el mapamundi ha terminado colgado en bares, restaurantes, comercios y casas, y ha viajado mucho más lejos que la broma que lo inspiró. Incluso ha servido como referencia para hablar de la transformación urbana de Bilbao fuera de España. El chiste local, con el tiempo, acabó funcionando también como una pequeña tarjeta de presentación de la ciudad.

Por qué el autor ocultó durante años su verdadero nombre

La elección de JEK Larson tuvo otra consecuencia. Al desligar aparentemente la obra de Juan Echegoien, mucha gente llegó a pensar que su creador era realmente extranjero. La referencia a Nueva York cuadraba, además, con una época en la que el nuevo Bilbao posterior al Guggenheim comenzaba a atraer miradas internacionales.

Cuando la lámina alcanzó popularidad y empezó a reproducirse ampliamente, su auténtica autoría fue saliendo del pequeño círculo que la conocía. Echegoien terminó vinculando abiertamente su nombre al mapamundi, mientras las ediciones posteriores recuperaron la identidad del artista que había quedado escondido detrás de Larson.

La confusión resulta casi apropiada para una obra construida sobre una ficción. Un artista bilbaíno inventó un creador neoyorquino para dibujar un planeta imaginario en el que Nueva York quedaba relegada a la periferia de Bilbao. Visto así, la firma falsa no era un detalle administrativo: formaba parte del mismo mecanismo humorístico.

Del Guggenheim al Bilbao convertido en universo

El mapa apareció precisamente cuando Bilbao estaba consolidando una transformación que había cambiado su imagen exterior. El Guggenheim abrió en 1997, la ría atravesaba una profunda regeneración urbana y la antigua ciudad industrial empezaba a proyectar al mundo una identidad muy distinta.

Echegoien mezcló esa nueva iconografía con referencias mucho más domésticas. Ahí conviven grandes edificios, barrios, tradiciones, el Athletic y bromas que solo entiende por completo quien conoce la ciudad. Lo monumental y lo cotidiano están al mismo nivel porque el mapa no responde a una escala física, sino emocional.

Resulta significativo que una pieza nacida casi como divertimento haya sobrevivido a buena parte de la estética de aquellos años. El Bilbao real ha seguido cambiando; el del mapamundi permanece congelado en esa visión exagerada, ingenua a propósito y muy bilbaína del carácter que pretendía caricaturizar.

Una broma bilbaína convertida en icono popular

El mapamundi de Bilbao es, por tanto, obra de Juan Echegoien Krug, el artista que durante años se ocultó detrás de JEK Larson. Se creó alrededor del cambio de siglo como una pieza humorística y terminó entrando en el imaginario de la ciudad, reproducido en formatos muy distintos y reconocido mucho más allá de Euskadi.

Su mecanismo continúa funcionando porque es sencillísimo. No afirma realmente que Bilbao sea el centro geográfico del planeta; hace algo mejor: representa cómo puede verlo alguien convencido de que su pequeño trozo de mundo contiene todo lo verdaderamente importante. Eso podría ocurrir en casi cualquier lugar.

Solo que en Bilbao, naturalmente, había que dibujarlo a tamaño mundial.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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