Mundo
EEUU impulsa el regreso del gas ruso a Europa a través de Ucrania
Washington explora reabrir el tránsito de gas ruso por Ucrania mediante un intermediario estadounidense a cambio de una tregua energética en invierno.
Resumen
- EEUU plantea reactivar el gas ruso a Europa a través de Ucrania
- La operación usaría un intermediario estadounidense y pagaría tránsito a Kiev
- El plan choca con la prohibición europea sobre el gas de origen ruso
Estados Unidos está impulsando una fórmula para reanudar las ventas de gas natural ruso a Europa a través de Ucrania como parte de las negociaciones para lograr una tregua sobre las infraestructuras energéticas durante el invierno. La propuesta, atribuida a negociadores estadounidenses, incluiría la participación de un intermediario de EEUU entre Rusia y los compradores europeos.
La iniciativa no supone, de momento, un acuerdo cerrado. El planteamiento busca crear un incentivo económico para que Rusia acepte limitar los ataques contra el sistema energético ucraniano, mientras Ucrania volvería a obtener ingresos por permitir el tránsito del gas por su territorio. El problema es considerable: la operación tendría que encajar en una legislación europea diseñada precisamente para expulsar el gas ruso del mercado comunitario.
Washington quiere reabrir una ruta cerrada desde 2025
El gas ruso dejó de circular hacia la Unión Europea a través de Ucrania el 1 de enero de 2025, después de que expirase el acuerdo de tránsito entre Gazprom y la compañía ucraniana Naftogaz. Kiev rechazó renovar aquel contrato mientras continuara la invasión rusa, poniendo fin a una de las grandes rutas históricas de suministro energético hacia Europa central.
El acuerdo anterior había estado vigente desde 2020 y contemplaba el transporte de grandes volúmenes de combustible ruso a través de la red ucraniana de gasoductos. Su desaparición obligó a reorganizar aún más un mercado europeo que llevaba desde 2022 reduciendo aceleradamente su dependencia energética de Moscú.
Casi dos años después, Washington considera que esa infraestructura podría volver a utilizarse porque buena parte de los gasoductos continúa disponible. La diferencia sería política y comercial: el gas no se vendería directamente de Rusia a los compradores europeos, sino mediante una estructura en la que participaría una empresa estadounidense.
No es un detalle secundario. El papel de ese intermediario estadounidense está precisamente en el centro de una fórmula que intenta conciliar intereses rusos, ucranianos y europeos que, a estas alturas de la guerra, están lejos de resultar sencillos de casar.
Cómo funcionaría la operación para recuperar el gas ruso
La fórmula estudiada contemplaría que una compañía estadounidense actuara como intermediaria en las compras. Los ingresos correspondientes a Rusia podrían quedar depositados en una cuenta bloqueada o bajo un mecanismo de custodia, mientras Ucrania recibiría dinero por permitir que el combustible volviera a atravesar su territorio.
La lógica de Washington es económica. Devolver parcialmente a Moscú el acceso al mercado europeo podría convertirse en un incentivo suficientemente importante para aceptar una tregua energética. Rusia recuperaría ingresos, Ucrania cobraría tarifas por el transporte y Europa incorporaría más oferta de gas a su mercado.
El intermediario estadounidense, pieza central del plan
La estructura comercial permitiría separar formalmente al vendedor ruso del comprador final europeo. Una compañía de Estados Unidos adquiriría o intermediaría sobre el combustible antes de su llegada al mercado comunitario, un mecanismo pensado para hacer viable una operación que, realizada directamente entre Rusia y empresas europeas, tendría un encaje mucho más difícil.
Pero existe una cuestión jurídica elemental: cambiar de intermediario no cambia el origen del gas. Si el combustible procede de Rusia, la presencia de una empresa estadounidense entre productor y comprador no basta por sí misma para eliminar las restricciones europeas aplicables.
La prohibición europea es el principal obstáculo
La Unión Europea aprobó en 2026 una regulación destinada a eliminar progresivamente las importaciones de gas procedente de Rusia. El marco comunitario no se limita a las operaciones contratadas directamente con compañías rusas, sino que abarca también combustible de origen ruso comercializado mediante terceros.
Los contratos existentes disponen de determinados periodos transitorios, pero las nuevas operaciones están sometidas a restricciones mucho más exigentes. Para el gas ruso transportado por tubería, el calendario europeo fija la desaparición completa de las importaciones durante 2027, dentro de la estrategia para cortar la dependencia energética de Moscú.
La normativa también introduce controles destinados a acreditar el país de producción del gas. Bruselas quiere impedir precisamente que el combustible ruso pueda regresar al mercado comunitario después de pasar simplemente por comerciantes, empresas o terceros países.
Dicho de manera sencilla: una empresa estadounidense no convierte en estadounidense el gas extraído en Rusia por el mero hecho de comprarlo y revenderlo. Para que el plan pueda funcionar a gran escala habría que encontrar una vía compatible con la regulación existente, recurrir a alguna excepción legal o modificar el marco europeo.
La legislación contempla mecanismos excepcionales ante problemas graves de seguridad de suministro, pero están sometidos a condiciones y límites. Ese margen podría convertirse en una de las piezas de la negociación, aunque una solución temporal tampoco equivaldría a restaurar sin restricciones el antiguo comercio energético entre Rusia y Europa.
Una tregua energética como moneda de negociación
La propuesta estadounidense aparece mientras los ataques contra la infraestructura energética siguen siendo una de las dimensiones centrales de la guerra. Ucrania ha golpeado instalaciones petroleras rusas y Moscú continúa atacando centrales, redes eléctricas e infraestructuras ucranianas, una dinámica especialmente delicada cuando se acerca el invierno.
Washington quiere ampliar las conversaciones hacia una tregua energética recíproca que reduzca los ataques contra refinerías, centrales eléctricas, redes de distribución y otras instalaciones estratégicas. El regreso parcial del gas ruso al mercado europeo actuaría como incentivo económico dentro de ese pacto.
La idea de proteger determinadas infraestructuras no es nueva. Lo novedoso es utilizar el acceso ruso al mercado energético europeo como moneda para conseguirlo. El gas vuelve así a la mesa diplomática no solo como combustible, sino como activo político y financiero.
También existe una razón puramente económica. Europa sigue expuesta a oscilaciones importantes en el precio del gas por las tensiones geopolíticas, el suministro mundial de gas natural licuado y el nivel de sus reservas. Incorporar más combustible mediante los gasoductos ucranianos podría aumentar la oferta disponible y aliviar determinadas presiones sobre el mercado.
Ese argumento tiene, sin embargo, otra cara. La UE empezó a abandonar el suministro ruso precisamente porque comprobó el riesgo estratégico de depender energéticamente de Moscú. Recuperar gas potencialmente más barato podría aliviar costes inmediatos, pero también reabrir una dependencia que Europa lleva años intentando cerrar.
Qué ganaría Ucrania y qué arriesgaría Europa
Para Kiev, permitir nuevamente el tránsito significaría recuperar una fuente de ingresos desaparecida al terminar el anterior contrato. Ucrania podría cobrar tarifas por transportar el gas ruso sin convertirse necesariamente en compradora del combustible ni depender de él para su propio consumo.
Hay una contradicción difícil de ocultar. Ucrania lleva años reclamando que Europa reduzca los ingresos que llegan a Moscú mediante las compras de energía. Reactivar una de las antiguas rutas de exportación rusa significaría, aunque existieran controles sobre el dinero, volver a generar negocio para el sector energético ruso.
El posible depósito de los pagos bajo custodia intenta resolver parte de ese problema. Aun así, faltan elementos esenciales para conocer la viabilidad real del proyecto: qué empresa actuaría como intermediaria, quién controlaría los pagos, qué cantidades circularían, cuánto duraría el mecanismo y qué autorización europea necesitaría.
Para la Unión Europea el dilema es distinto. El gas ruso por tubería podría resultar competitivo y estar disponible sin construir nuevas grandes infraestructuras, pero recuperarlo supondría revisar una estrategia energética desarrollada durante años y cuya finalidad declarada es abandonar definitivamente las importaciones rusas.
La cuestión no es solo cuánto cuesta el gas. También pesa quién lo suministra, durante cuánto tiempo y qué capacidad adquiere ese proveedor para condicionar decisiones futuras. La experiencia posterior a 2022 convirtió la seguridad energética europea en algo bastante más amplio que conseguir el combustible al precio más bajo posible.
El gas ruso vuelve al centro de la negociación sobre Ucrania
La propuesta de Estados Unidos introduce una nueva variable en las conversaciones sobre la guerra: utilizar el mercado energético europeo como incentivo diplomático para conseguir que Rusia y Ucrania reduzcan los ataques contra infraestructuras críticas durante el invierno.
Desde el punto de vista económico, el mecanismo permitiría repartir beneficios: Rusia recuperaría una vía de ingresos, Ucrania cobraría por el tránsito y Europa recibiría más gas. El problema es que esa aparente cuadratura del círculo tropieza con las restricciones europeas y con cuatro años de esfuerzos para reducir la dependencia de Moscú.
Por ahora, la reapertura de los gasoductos no está acordada. Se trata de una propuesta dentro de las negociaciones, y su futuro dependerá de Rusia y Ucrania, pero también de una Unión Europea que ha convertido en ley una dirección energética bastante clara: alejarse del gas ruso, no buscarle un camino de vuelta.
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