Ciencia
Así era el rostro de los denisovanos, los humanos arcaicos de China
Proteínas antiguas halladas en fósiles de Xujiayao confirman su origen denisovano y ayudan a reconstruir los rasgos de estos humanos arcaicos
Imagen: Institute of Vertebrate Paleontology and Paleoanthropology / Chinese Academy of Sciences.
Resumen
- Proteínas antiguas confirman que los fósiles de Xujiayao eran denisovanos
- Su rostro tenía frente baja, cejas robustas y pómulos relativamente planos
- El hallazgo ayuda a reclasificar otros fósiles humanos hallados en Asia
Frente baja e inclinada, arcos superciliares muy robustos, cuencas de los ojos casi rectangulares, pómulos planos y una nariz ancha con el puente moderadamente marcado. La ciencia empieza a poner rasgos concretos a uno de los grupos humanos más misteriosos de la prehistoria: los denisovanos.
Un estudio publicado el 21 de octubre de 2026 en Nature ha identificado como denisovanos unos restos humanos encontrados en Xujiayao, en el norte de China, entre 1976 y 1979. El análisis de proteínas antiguas conservadas en dos fósiles, combinado con el estudio anatómico de otros restos asiáticos, permite reconstruir con mucha más precisión cómo pudo ser su cráneo y, por extensión, su rostro.
No se trata, conviene precisarlo, de haber encontrado de repente una cabeza completa perfectamente conservada. El trabajo une pruebas moleculares y características anatómicas de varios fósiles para definir un patrón denisovano común. El resultado cambia bastante la imagen que teníamos de unos parientes humanos conocidos durante años más por su ADN que por su aspecto.
Un rostro ancho, frente baja y cejas muy marcadas
La descripción anatómica que emerge del estudio dibuja un rostro potente. Los denisovanos habrían tenido una frente baja y huidiza, una estructura ósea muy desarrollada sobre los ojos y órbitas de forma cuadrada o ligeramente rectangular.
La zona de los pómulos era relativamente plana y el rostro presentaba poco prognatismo, es decir, no sobresalía hacia delante tanto como en otros grupos humanos arcaicos. El puente nasal podía ser moderadamente elevado, mientras que la parte inferior de la abertura de la nariz era ancha.
El cráneo también tenía una forma peculiar: era bajo, ancho y alargado, con paredes laterales bastante paralelas y una bóveda ósea gruesa. No era, por tanto, simplemente una versión más robusta de un Homo sapiens ni una copia de un neandertal.
Ahí está precisamente uno de los aspectos más interesantes del trabajo. La anatomía denisovana parece formar un mosaico evolutivo, con rasgos que recuerdan a distintas ramas de la evolución humana.
Un extraño mosaico entre erectus, neandertales y sapiens
Algunas características recuerdan al Homo erectus, entre ellas la baja altura del cráneo y el grosor de determinados huesos. Otras se aproximan a las de humanos más recientes, como la forma arqueada de parte del hueso temporal.
También aparecen semejanzas con los neandertales, incluidos determinados rasgos en la zona posterior del cráneo y del oído interno. Pero la combinación completa es diferente. Los autores consideran especialmente característicos de los denisovanos el gran arco supraorbital, los pómulos planos, la escasa proyección de la cara y el perfil bajo del cráneo.
En otras palabras, la evolución humana vuelve a resistirse a los dibujos escolares con una hilera perfectamente ordenada de figuras que avanzan hasta convertirse en Homo sapiens. La realidad fue bastante más enrevesada: poblaciones distintas convivieron, se separaron, volvieron a encontrarse y, en algunos casos, tuvieron descendencia entre sí.
Las proteínas de dos huesos resolvieron una duda de décadas
El avance decisivo llegó gracias a la paleoproteómica, el análisis de proteínas antiguas conservadas en fósiles. Esta técnica resulta especialmente valiosa cuando el ADN se ha degradado demasiado como para proporcionar información útil.
Los investigadores trabajaron con dos piezas de Xujiayao: parte de un hueso parietal del cráneo y un fragmento de mandíbula. De ellas lograron recuperar 18 proteínas antiguas endógenas, es decir, pertenecientes originalmente a los individuos y no a contaminación moderna.
Entre los fragmentos proteicos apareció una variante concreta del colágeno, denominada COL1A2-996K, que se ha identificado en individuos denisovanos confirmados molecularmente y no en humanos modernos ni neandertales.
Ese marcador permitió asignar los restos de Xujiayao al linaje denisovano con mucha más seguridad de la que ofrecía únicamente la anatomía.
Los fósiles tienen entre aproximadamente 199.000 y 138.000 años, según la datación del yacimiento. Esto convierte a los individuos de Xujiayao en representantes muy antiguos de las poblaciones denisovanas que habitaron Asia oriental durante el Pleistoceno medio.
Unos fósiles que habían cambiado varias veces de identidad
La historia de estos huesos muestra hasta qué punto clasificar restos humanos del Pleistoceno asiático puede ser complicado. Un fragmento de cráneo no lleva, desde luego, una etiqueta con el nombre de la especie.
Desde su descubrimiento hace casi medio siglo, los fósiles de Xujiayao habían pasado por distintas interpretaciones. Fueron relacionados con neandertales, humanos arcaicos y formas primitivas de Homo sapiens. Más recientemente, algunos investigadores los utilizaron para proponer una especie denominada Homo juluensis.
El nuevo estudio sostiene que esa separación no es necesaria para explicar Xujiayao. Las diferencias observadas, incluso el extraordinario volumen craneal atribuido a uno de los individuos —alrededor de 1.700 centímetros cúbicos—, podrían entrar dentro de la variabilidad de una población denisovana.
La cuestión taxonómica no queda convertida por arte de magia en un asunto cerrado. En paleoantropología casi nunca sucede eso. Pero la aparición de una señal molecular específicamente denisovana cambia considerablemente el peso de las pruebas.
El descubrimiento puede reclasificar otros fósiles de China
La importancia del trabajo va mucho más allá de saber si un denisovano tenía las cejas muy marcadas. Una vez definida mejor su anatomía, los investigadores pueden comparar ese patrón con fósiles asiáticos sin clasificación clara que llevan décadas generando debate.
El estudio encuentra semejanzas relevantes con restos procedentes de Jinniushan, Dali y Hualongdong, además del conocido cráneo de Harbin. Estas coincidencias plantean que el linaje denisovano pudo estar representado por más fósiles de Asia oriental de los que hasta ahora podían identificarse con seguridad.
Aquí conviene diferenciar grados de certeza. Xujiayao dispone de evidencia proteómica directa y Harbin ya había sido relacionado molecularmente con los denisovanos. En otros fósiles, la propuesta de pertenencia al mismo linaje se apoya principalmente en la comparación morfológica, no en una identificación genética o proteica individual.
Si futuras investigaciones confirman esas relaciones, la imagen de los denisovanos cambiará de forma notable. Dejarían definitivamente de ser una población conocida a partir de unos pocos restos aislados para aparecer como un grupo humano ampliamente distribuido por Asia.
De un pequeño hueso de Siberia a un linaje repartido por Asia
Los denisovanos entraron en los libros de evolución humana en 2010. El análisis del ADN extraído de una pequeña falange encontrada en la cueva de Denisova, en las montañas de Altái, reveló la existencia de un grupo humano desconocido y estrechamente emparentado con los neandertales.
Durante años, esa paradoja acompañó a los investigadores: conocíamos bastante de su genética, pero casi nada de su aspecto. Era una especie de retrato escrito en ADN al que le faltaba precisamente la cara.
El panorama se ha ido llenando poco a poco con mandíbulas, dientes, fragmentos craneales y, especialmente, con el cráneo de Harbin. En septiembre de 2026, otro estudio identificó además restos denisovanos en la cueva de Bianfu, en el suroeste de China, ampliando de nuevo el mapa conocido de estas poblaciones humanas arcaicas.
La distribución documentada abarca desde Siberia y el norte de China hasta la meseta tibetana y regiones mucho más meridionales de Asia. El estudio sobre Xujiayao refuerza la posibilidad de que distintas poblaciones denisovanas ocuparan Asia oriental durante largos periodos.
Y no desaparecieron sin dejar rastro. Su legado genético continúa presente en poblaciones humanas actuales, prueba de que denisovanos y Homo sapiens tuvieron descendencia común en distintos momentos de la expansión de nuestra especie por Asia.
La cara empieza a aparecer después del ADN
Durante más de una década, los denisovanos fueron casi unos fantasmas genéticos: sabíamos que habían existido, que estaban emparentados con los neandertales y que se mezclaron con nuestros antepasados, pero apenas podíamos imaginar su aspecto.
Los fósiles de Xujiayao permiten empezar a corregir esa anomalía. La reconstrucción que surge no ofrece una fotografía exacta de todos los individuos denisovanos —probablemente hubo una considerable diversidad entre poblaciones—, pero sí un conjunto anatómico mucho más sólido.
Frente baja, cejas óseas prominentes, cráneo ancho, pómulos planos y órbitas casi rectangulares. Medio siglo después de que aquellos fragmentos aparecieran en el norte de China, las proteínas conservadas dentro de los huesos han terminado contando quiénes eran. Y, por primera vez con bastante detalle, también cómo podían mirarnos.
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