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Trump afirma controlar Venezuela y más del 50 % del petróleo mundial

Trump presume del control estadounidense sobre Venezuela y de la mitad del petróleo mundial. La OPEP sitúa las reservas conjuntas en torno al 22 %.

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Trump con Delcy

Foto: Presidencia de Venezuela / Wikimedia Commons (dominio público en Venezuela).

Resumen

  • Trump asegura que Estados Unidos tiene «control total» sobre Venezuela
  • La OPEP sitúa sus reservas conjuntas cerca del 22 %, no del 50 %
  • El pacto petrolero llega en plena campaña electoral y crisis de gasolina

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha asegurado que Washington tiene el «control total» de Venezuela y que, sumando las reservas petroleras estadounidenses y venezolanas, dispone de más del 50 % del petróleo mundial. El mandatario realizó estas declaraciones el lunes 2 de noviembre, durante una entrevista con Sean Hannity en Fox News, en vísperas de las elecciones legislativas de mitad de mandato.

Sin embargo, las cifras oficiales no respaldan su afirmación sobre el petróleo. Según las estadísticas de la OPEP correspondientes a 2025, Estados Unidos y Venezuela reúnen aproximadamente el 22 % de las reservas probadas de crudo del planeta, muy lejos de la mitad que reivindica el presidente. Tampoco existe una equivalencia entre los acuerdos petroleros suscritos con Caracas y el control político de todo el territorio venezolano.

Trump presentó la relación con Venezuela como uno de los grandes éxitos de su Administración. Durante la conversación televisiva, aseguró que Estados Unidos había destinado personal al país sudamericano, que ambas naciones mantienen buenas relaciones y que Washington obtiene importantes beneficios económicos de su intervención.

El mensaje llega en un momento especialmente delicado para la Casa Blanca. El encarecimiento de la gasolina, las consecuencias económicas de la guerra con Irán y el descontento por el coste de la vida dominan la campaña electoral estadounidense. En ese escenario, Trump ha vuelto a colocar el petróleo venezolano en el centro de su discurso político.

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Trump presume del control estadounidense sobre Venezuela

Durante su intervención en Fox News, el presidente estadounidense sostuvo que su país había conseguido una posición de dominio sobre Venezuela después de la operación militar de enero de 2026, que terminó con la captura y salida del poder de Nicolás Maduro.

Trump describió aquella intervención como un conflicto de duración inferior a un día y aseguró que su resultado había permitido a Washington obtener importantes beneficios económicos. También señaló que Estados Unidos mantiene personal desplegado en Venezuela y dispone de una influencia decisiva sobre sus recursos energéticos.

La realidad institucional es más compleja. Tras la caída de Maduro, Delcy Rodríguez asumió la presidencia interina de Venezuela, mientras Washington incrementaba su participación en la reorganización económica y energética del país.

La Administración estadounidense conserva una influencia considerable sobre el proceso político venezolano, pero esa posición no equivale jurídicamente a ejercer la soberanía sobre Venezuela.

De hecho, el propio Gobierno interino continúa manteniendo relaciones diplomáticas y gestionando sus instituciones. El lunes 2 de noviembre, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, se reunió en Washington con el ministro venezolano de Exteriores, Oliver Blanco, para abordar las reformas necesarias para organizar futuras elecciones democráticas.

Las autoridades venezolanas y representantes de la oposición habían acordado previamente una hoja de ruta para reformar el sistema electoral, con la perspectiva de celebrar comicios en 2027.

El acuerdo petrolero que explica las declaraciones de Trump

Las palabras del presidente tienen un antecedente directo: el gran acuerdo energético anunciado por la Casa Blanca a finales de agosto de 2026.

Washington presentó entonces un convenio destinado a garantizar una participación mayoritaria estadounidense en la explotación de yacimientos venezolanos que contienen aproximadamente 65.000 millones de barriles de petróleo.

La operación comprende 17 campos petrolíferos asignados a North American Blue Energy Partners (NABEP), una compañía privada que recibió concesiones para desarrollar esas reservas.

El acuerdo incorpora mecanismos de participación y supervisión estadounidenses. Entre ellos destaca una participación accionarial del 35 % concedida a una oficina de inversión estratégica vinculada al Departamento de Defensa de Estados Unidos.

También contempla el derecho del Gobierno estadounidense a adquirir una parte de la producción a coste de extracción, junto con derechos preferentes para comprar el resto del crudo producido por la compañía.

Se trata de condiciones económicamente relevantes que podrían reforzar el acceso de Estados Unidos al petróleo venezolano durante las próximas décadas.

Venezuela mantiene la propiedad de sus recursos naturales

El Gobierno venezolano ha insistido en que el convenio no supone una transferencia de soberanía ni de propiedad sobre los hidrocarburos que permanecen en el subsuelo.

La ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, explicó en septiembre que Venezuela conservaba la titularidad de esos recursos y que la operación debía entenderse como un acuerdo comercial destinado a atraer inversiones y tecnología.

La distinción es fundamental. Una empresa puede recibir derechos para explotar un yacimiento sin convertirse en propietaria del territorio donde se encuentra. Del mismo modo, adquirir participaciones en una compañía petrolera no significa asumir el gobierno de un país.

El convenio constituye una expansión considerable de la influencia económica estadounidense sobre Venezuela, aunque no acredita el control total proclamado por Trump.

El 50 % del petróleo mundial no coincide con las reservas reales

La afirmación más llamativa del presidente estadounidense es también la más difícil de sostener con los datos disponibles.

Durante la entrevista, Trump aseguró que Estados Unidos y Venezuela acumulan conjuntamente más petróleo que Arabia Saudí, Rusia y otro gran productor sumados. Su declaración apuntaba a que Washington dispondría de más de la mitad del crudo existente en el planeta.

Las estadísticas energéticas muestran una situación bastante diferente.

El informe estadístico anual de la OPEP de 2026, elaborado con datos correspondientes al cierre de 2025, sitúa las reservas probadas mundiales de petróleo en aproximadamente 1,572 billones de barriles.

Venezuela encabeza la clasificación internacional con unos 303.700 millones de barriles, mientras que Estados Unidos cuenta con aproximadamente 41.900 millones.

Sumando ambas cantidades, el resultado ronda los 345.600 millones de barriles, equivalentes a cerca del 22 % de las reservas probadas mundiales.

Es una proporción importante, pero queda muy lejos del 50 % mencionado por Trump.

Hay otra diferencia que conviene aclarar: tener reservas no significa producir petróleo inmediatamente. Las reservas probadas representan los volúmenes que se consideran recuperables bajo determinadas condiciones técnicas y económicas. Su extracción puede requerir años de inversión, instalaciones adecuadas y capacidad de transporte.

Venezuela concentra gran parte de sus recursos en la Faja Petrolífera del Orinoco, donde predomina un crudo extrapesado cuya explotación resulta técnicamente compleja y costosa.

El país dispone de enormes reservas, pero su producción petrolera está muy por debajo de la que registraba antes del deterioro de su industria.

En septiembre, las autoridades venezolanas situaban la extracción en aproximadamente 1,24 millones de barriles diarios, frente a los 3,1 millones que producía en 1998.

Por eso, incluso suponiendo que Estados Unidos tuviera acceso preferente a toda la producción venezolana, no podría interpretarse que controla automáticamente una cuarta parte, y mucho menos la mitad, del mercado mundial del petróleo.

La gasolina y la guerra con Irán condicionan las elecciones

Las declaraciones del presidente se producen apenas unas horas antes de las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre de 2026, en las que se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado.

Los republicanos intentan conservar sus mayorías parlamentarias, mientras los demócratas buscan recuperar el control del Congreso y limitar la capacidad legislativa de Trump durante los dos años restantes de su mandato.

La economía se ha convertido en una preocupación central para los estadounidenses.

Según una encuesta del Centro de Investigación Pew publicada en octubre, el 74 % de los estadounidenses está muy preocupado por el precio de la gasolina y la energía, frente al 43 % registrado en enero, antes del comienzo de la guerra con Irán.

El conflicto ha contribuido a encarecer notablemente los combustibles. Los datos recopilados por la Universidad Brown a partir de los registros de la Asociación Estadounidense del Automóvil indican que el precio medio nacional de la gasolina regular pasó de 2,98 a 4,25 dólares por galón.

La subida equivale aproximadamente a un 42,4 %, un incremento que afecta directamente al presupuesto de millones de hogares.

La situación también se refleja en la valoración política del presidente. Una encuesta de AP-NORC publicada en octubre señalaba que el 79 % de los votantes desaprueba la gestión de Trump sobre el coste de la vida, mientras que el 84 % considera esta cuestión determinante a la hora de decidir su voto.

En este contexto, la exhibición de poder sobre los recursos venezolanos tiene una evidente dimensión electoral. Trump intenta presentar su política energética exterior como una garantía de abastecimiento y fortaleza económica en un momento en el que los precios están castigando a los consumidores.

Pero disponer de acuerdos de suministro no implica que la gasolina vaya a abaratarse inmediatamente. El precio depende de numerosos factores, entre ellos la oferta mundial, los conflictos internacionales, la capacidad de refinado y los costes de distribución.

Venezuela, entre la influencia de Washington y su futuro político

La relación entre Estados Unidos y Venezuela atraviesa una transformación profunda desde la operación militar de enero.

Washington ha conseguido ampliar su influencia económica y diplomática sobre Caracas, especialmente en un sector estratégico como el petróleo. El acuerdo sobre los 17 yacimientos representa una oportunidad de inversión considerable y podría contribuir a recuperar parte de la capacidad productiva venezolana.

Sin embargo, quedan asuntos fundamentales por resolver: la reconstrucción de las infraestructuras energéticas, las garantías para los inversores, la recuperación institucional y la celebración de elecciones libres y creíbles.

Los beneficios económicos del convenio tampoco serán necesariamente inmediatos. Incrementar la producción de crudo extrapesado exige financiación, tecnología especializada y tiempo, independientemente de las declaraciones políticas.

Trump puede exhibir un acuerdo petrolero de gran alcance y una influencia estadounidense reforzada sobre Venezuela. Lo que no puede deducirse de esos hechos es que Estados Unidos posea el país o controle la mitad de las reservas mundiales.

La distancia entre el poder político proclamado y los datos comprobables sigue siendo considerable. Y, mientras Washington celebra sus ventajas energéticas, el futuro democrático venezolano y el impacto real de esos acuerdos sobre el mercado petrolero continúan pendientes de resultados concretos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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