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Trump sugiere que Venezuela sea el estado 51 y elija a un gobernador

En un mitin en Texas, Donald Trump sugirió que Venezuela se convierta en un estado de EE. UU., con un gobernador, en medio de acuerdos petroleros.

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Trump sugiere que Venezuela sea el estado 51

Resumen

  • Trump sugiere convertir Venezuela en el estado 51 de Estados Unidos
  • El comentario llega durante un mitin electoral en Texas
  • Washington negocia petróleo y apoya elecciones venezolanas en 2027

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha planteado que Venezuela se convierta en el estado número 51 de Estados Unidos y que sus ciudadanos elijan a un gobernador en lugar de a un presidente. Lo hizo el martes 27 de octubre durante un mitin republicano en Corpus Christi, Texas, donde volvió a mezclar sus aspiraciones sobre el futuro venezolano con el interés de Washington por las enormes reservas petroleras del país sudamericano.

«Hagámoslo el estado 51 y, en vez de un presidente, celebraremos una elección a gobernador», afirmó Trump ante sus seguidores. El comentario, formulado en tono de broma, llega en un momento especialmente delicado para Venezuela: Estados Unidos impulsa una transición política que podría desembocar en elecciones presidenciales en 2027, mientras estrecha sus relaciones económicas con el Gobierno de Delcy Rodríguez. La idea de convertir al país en territorio estadounidense no constituye, sin embargo, una propuesta formal de anexión.

La declaración tuvo lugar durante un acto de apoyo a los candidatos republicanos de cara a las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre. Trump aprovechó su intervención para presentar los acuerdos energéticos con Venezuela como uno de los logros de su Administración y defender el papel de Estados Unidos en la reorganización política y económica del país.

No es la primera vez que el mandatario habla de Venezuela como un posible estado estadounidense. Lo llamativo es el momento elegido para insistir en esa posibilidad: Washington acaba de respaldar una hoja de ruta para renovar las instituciones venezolanas y abrir el camino a unas nuevas elecciones. Un proceso que, al menos oficialmente, contempla elegir a un presidente venezolano, no a un gobernador estadounidense.

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El petróleo venezolano, el gran protagonista del discurso de Trump

La referencia al estado 51 no apareció de forma aislada. Trump estaba hablando de petróleo, inversiones y ventajas económicas que, a su juicio, está obteniendo Estados Unidos gracias a su nueva relación con Caracas.

Durante el mitin, el presidente estadounidense agradeció al Gobierno venezolano el acuerdo que concede a North American Blue Energy Partners (NABEP) derechos de explotación sobre 17 yacimientos petroleros. Se trata de una operación de considerable importancia económica que refuerza la presencia estadounidense en uno de los países con mayores reservas probadas de crudo del planeta.

El Gobierno de Estados Unidos cuenta con una participación del 35 % en la empresa matriz de NABEP y tiene derecho a adquirir el 20 % de la producción de la compañía a precio de coste, según las condiciones anunciadas del acuerdo.

Trump defendió públicamente el entendimiento con las autoridades venezolanas y aseguró que la relación bilateral se había vuelto «muy, muy buena, excelente». También destacó las inversiones de las grandes compañías petroleras en el país.

Un millón de barriles de petróleo venezolano llega a Texas

La intervención del presidente coincidió con la llegada a Corpus Christi de un cargamento de un millón de barriles de petróleo venezolano, transportado en dos buques bajo el nuevo acuerdo energético.

La empresa NABEP anunció el 27 de octubre que el primer millón de barriles se había entregado sin coste para el contribuyente estadounidense. El envío está destinado al mercado de refino de Estados Unidos, con operaciones previstas para instalaciones de ExxonMobil y Citgo.

Trump visitó el puerto de Corpus Christi acompañado por el secretario de Estado, Marco Rubio, para conocer uno de los petroleros recién llegados.

El episodio ayuda a entender el discurso presidencial. Mientras Trump habla de Venezuela como un posible estado estadounidense, su Administración consolida acuerdos que permiten acceder a parte de su producción petrolera en condiciones ventajosas.

Conviene distinguir ambas cuestiones. Los derechos de compra sobre la producción de NABEP no equivalen al control de todas las reservas de Venezuela, del mismo modo que un acuerdo de explotación petrolera no supone una transferencia de soberanía.

Venezuela prepara una transición política con posibles elecciones en 2027

Las declaraciones de Trump se producen casi diez meses después de la operación militar estadounidense que terminó con la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026. Desde entonces, Delcy Rodríguez ejerce como presidenta encargada de Venezuela, mientras Washington ha restablecido las relaciones diplomáticas con Caracas y aumentado su influencia sobre las decisiones políticas y económicas del país.

El lunes 26 de octubre, apenas un día antes del discurso de Trump en Texas, el Departamento de Estado estadounidense respaldó públicamente una hoja de ruta destinada a renovar las instituciones venezolanas y preparar nuevas elecciones presidenciales.

El plan contempla reformar el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) antes de que termine 2026 y renovar posteriormente el Consejo Nacional Electoral (CNE), cuya composición y funcionamiento han sido objeto de fuertes controversias durante años.

Washington pretende que el nuevo organismo electoral tenga funciones esencialmente técnicas, centradas en organizar los comicios, contabilizar los votos y comunicar los resultados, sin conservar las facultades políticas que han permitido excluir candidaturas.

Una vez completadas esas reformas, la Administración estadounidense espera que Delcy Rodríguez declare la vacante permanente de la Presidencia. Según el procedimiento constitucional expuesto por Washington, esa decisión abriría un plazo de seis meses para celebrar elecciones presidenciales.

Las votaciones podrían celebrarse en 2027, aunque todavía no existe una fecha oficialmente convocada. El calendario dependerá de las reformas institucionales y de los acuerdos entre las fuerzas políticas venezolanas.

La situación también ha cambiado con el regreso al país de María Corina Machado, una de las principales dirigentes opositoras, después de permanecer varios meses fuera de Venezuela.

Rubio ha defendido que cualquier proceso electoral deberá ofrecer garantías suficientes para los candidatos y permitir la participación política sin las restricciones que caracterizaron anteriores convocatorias.

Todo ello contrasta con la ocurrencia lanzada por Trump en Texas. La política que Washington está impulsando contempla unas elecciones para renovar la Presidencia venezolana, mientras el mandatario habla ante sus simpatizantes de sustituirla por una gobernación estadounidense.

Convertir Venezuela en el estado 51 no depende de Trump

Más allá de la repercusión de sus palabras, Venezuela no puede convertirse en un estado de Estados Unidos por una decisión unilateral del presidente estadounidense.

La Constitución de Estados Unidos establece en su artículo IV, sección tercera, que corresponde al Congreso admitir nuevos estados en la Unión. Actualmente, el país está integrado por 50 estados, y cualquier incorporación requeriría un procedimiento político y jurídico de gran alcance.

En el caso de Venezuela, la cuestión resulta todavía más compleja porque se trata de un Estado independiente y soberano, reconocido internacionalmente.

Una eventual integración tendría que respetar el derecho internacional, la soberanía venezolana y los mecanismos de consentimiento legítimo necesarios para una transformación de semejante magnitud.

La Carta de las Naciones Unidas reconoce la igualdad soberana de los Estados y prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra su integridad territorial o independencia política.

No existe constancia de que Washington haya iniciado un procedimiento formal para incorporar Venezuela a Estados Unidos, ni de que el Gobierno venezolano haya aceptado semejante posibilidad.

Una declaración política, por llamativa que resulte, no constituye un proyecto de anexión. Tampoco modifica por sí misma la condición jurídica de Venezuela como país independiente.

La influencia de Washington sobre Venezuela va más allá de una broma

La posibilidad de convertir Venezuela en el estado número 51 vuelve a ocupar titulares, pero los acontecimientos realmente decisivos se están produciendo en otros ámbitos.

Estados Unidos ha conseguido ampliar su participación en el negocio petrolero venezolano, ha recuperado relaciones diplomáticas con Caracas y participa activamente en las conversaciones sobre el futuro institucional del país.

En paralelo, la Administración de Trump mantiene su apuesta por una transición política que desemboque en elecciones, aunque todavía quedan cuestiones fundamentales por resolver: la independencia de los nuevos organismos, las garantías para la oposición y la capacidad de los venezolanos para elegir libremente a sus representantes.

La frase pronunciada en Corpus Christi puede interpretarse como una provocación dirigida a sus seguidores. Su contexto, sin embargo, resulta bastante más serio.

El futuro político de Venezuela y el acceso estadounidense a su petróleo se han convertido en dos asuntos estrechamente relacionados dentro de la estrategia de Washington.

Por ahora, Venezuela sigue siendo un país soberano, no existe un proceso de incorporación a Estados Unidos y las eventuales elecciones previstas para 2027 serían presidenciales. La propuesta de elegir un gobernador pertenece al discurso de Trump, no a la hoja de ruta institucional anunciada por su Gobierno.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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