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De Vannacci a Lowe: la ultraderecha que desafía a Meloni y Farage
Roberto Vannacci defiende el patriarcado y Rupert Lowe quiere deportaciones masivas. Nuevos partidos ultras radicalizan el mapa político europeo.
Resumen
- Vannacci defiende el patriarcado y cuestiona el feminicidio como delito
- Lowe propone deportaciones masivas y un referéndum sobre la pena de muerte
- En España y Alemania persisten grupos con referencias al nazismo
La extrema derecha europea empieza a tener un problema por su propia derecha. Mientras Giorgia Meloni, Nigel Farage, Marine Le Pen, Santiago Abascal y Alternativa para Alemania (AfD) consolidan sus respectivos espacios políticos, otras formaciones consideran que estos dirigentes se han vuelto demasiado moderados. Sus competidores defienden deportaciones masivas, cuestionan derechos de las minorías sexuales, reivindican modelos familiares patriarcales y, en determinados casos, recuperan elementos ideológicos o simbólicos vinculados al fascismo y al nazismo.
Entre las figuras más destacadas aparecen Roberto Vannacci en Italia, Rupert Lowe en Reino Unido y Grzegorz Braun en Polonia. A ellos se suman organizaciones como Núcleo Nacional en España, Reconquête en Francia o Der III. Weg en Alemania. No constituyen una alianza común ni representan exactamente la misma ideología, pero comparten una estrategia reconocible: competir desde posiciones todavía más radicales con partidos que ya ocupan el extremo derecho del panorama político.
El fenómeno ha adquirido una nueva dimensión durante 2026. Vannacci ha fundado Futuro Nazionale tras romper con la Liga de Matteo Salvini. Lowe ha convertido Restore Britain en un partido nacional después de abandonar Reform UK, mientras Núcleo Nacional ha inscrito una formación política propia en España. Son movimientos con capacidades muy diferentes, desde grupos extraparlamentarios hasta organizaciones que alcanzan porcentajes significativos en los sondeos.
Y las diferencias ideológicas no son menores. El programa de Vannacci incluye una defensa explícita del patriarcado mediterráneo, rechaza el feminicidio como delito específico y propone una política migratoria basada en la llamada remigración. Lowe quiere expulsar incluso a extranjeros con residencia legal si incumplen determinadas condiciones y plantea recuperar la pena capital mediante referéndum. En España, representantes de Núcleo Nacional han llegado a justificar la exhibición de un retrato de Adolf Hitler.
Conviene distinguir entre conservadurismo radical, ultranacionalismo, neofascismo y neonazismo. No son sinónimos y atribuirlos indiscriminadamente a cualquier partido sería incorrecto. Pero tampoco puede ignorarse la aparición de organizaciones que cuestionan abiertamente principios democráticos o tratan de normalizar planteamientos históricamente asociados con movimientos autoritarios.
Italia: Vannacci reivindica el patriarcado y desafía a Meloni
El caso de Roberto Vannacci es uno de los más significativos porque combina propuestas ideológicas extremas con posibilidades reales de influencia electoral. Este antiguo general del Ejército italiano, elegido eurodiputado en 2024, abandonó la Liga de Matteo Salvini en febrero de 2026 para impulsar Futuro Nazionale.
Vannacci considera que el Gobierno de Giorgia Meloni ha hecho demasiadas concesiones y que la derecha italiana necesita recuperar una identidad nacionalista más intransigente. Su propuesta se dirige especialmente a quienes creen que los partidos conservadores y de extrema derecha han suavizado sus posiciones al asumir responsabilidades institucionales.
El elemento más llamativo de su programa es la defensa del patriarcado mediterráneo. El documento político presentado en agosto sostiene que la desaparición de la sociedad patriarcal estaría relacionada con un aumento de la violencia contra las mujeres. Según esta interpretación, la estructura familiar tradicional habría servido para protegerlas gracias a la autoridad y las obligaciones del hombre.
El partido propone recuperar ese modelo mediante la formación de hombres fuertes, capaces de dominar sus emociones y proteger a las mujeres. Una idea que presenta las relaciones familiares desde una distribución tradicional de los papeles masculino y femenino y que ha provocado críticas por su carácter patriarcal.
Vannacci insiste en que no entiende el patriarcado como opresión, sino como protección y responsabilidad masculina. Durante un acto celebrado en septiembre en Orvieto defendió que ese modelo habría permitido a la sociedad italiana prevalecer durante dos milenios. La subordinación histórica de las mujeres queda así reinterpretada como una tradición protectora, una tesis que ignora las restricciones legales y sociales que durante siglos limitaron su autonomía.
Sus posiciones sobre la violencia machista también han levantado polémica. En junio de 2026 declaró que el feminicidio no debería existir como una categoría penal diferenciada, porque considera que todos los asesinatos deben recibir el mismo tratamiento jurídico, con independencia del sexo de la víctima. Su programa utiliza incluso la expresión de violencia pasional para abordar determinados asesinatos de mujeres.
La discusión no es meramente terminológica. El concepto jurídico de feminicidio pretende identificar asesinatos de mujeres motivados por razones de género o dominación. Vannacci rechaza la necesidad de esa figura específica, aunque sostiene que quienes ejercen violencia contra las mujeres deben ser castigados severamente.
El rechazo a determinadas reivindicaciones feministas se extiende a los derechos LGTBI. El exgeneral ha afirmado que no considera normal la homosexualidad en el sentido que atribuye a ese término. En junio cuestionó públicamente que la orientación sexual deba generar derechos específicos, reduciéndola a una preferencia personal.
Futuro Nazionale defiende además la familia formada por un hombre y una mujer como referencia social. Su programa insiste en la identidad cristiana, establece la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural como principio irrenunciable y presenta la diversidad familiar como una amenaza para su modelo tradicional.
En inmigración, Vannacci propone endurecer drásticamente las condiciones de residencia y ciudadanía, restringir la reagrupación familiar y promover políticas de remigración. Su formación también rechaza continuar suministrando armas a Ucrania y contempla recuperar relaciones energéticas con Rusia.
Las referencias históricas constituyen otro aspecto controvertido. En julio de 2026, una iniciativa registrada en el Senado italiano denunció que varios asistentes a un acto de Futuro Nazionale en Pescara habían realizado saludos romanos y coreado consignas relacionadas con el fascismo. Las denuncias sobre el comportamiento de esos participantes no permiten atribuir automáticamente una ideología neofascista a todos los afiliados, pero muestran el tipo de ambientes que pueden confluir alrededor del movimiento.
Su capacidad electoral resulta especialmente relevante. Futuro Nazionale alcanzó el 7,5 % de intención de voto en una encuesta de SWG publicada a finales de agosto, llegando a superar a la Liga y Forza Italia. Posteriormente registró oscilaciones importantes: otra encuesta de SWG difundida el 19 de octubre situó al partido en el 5,6 %. Sigue siendo un respaldo considerable para una organización creada pocos meses antes.
La paradoja italiana es evidente. Meloni, procedente de una tradición política posfascista, tiene que decidir cómo responder a un dirigente que le reprocha no ser suficientemente derechista. Vannacci aspira a condicionar el futuro del bloque conservador y no descarta acuerdos, siempre que sus posibles aliados acepten sus líneas ideológicas fundamentales.
Reino Unido: Rupert Lowe y Restore Britain, más allá de Nigel Farage
En Reino Unido, Rupert Lowe se ha convertido en uno de los principales competidores de Nigel Farage. Diputado por Great Yarmouth desde julio de 2024, fue elegido inicialmente bajo las siglas de Reform UK, pero acabó rompiendo con el partido después de enfrentarse con su dirección.
En febrero de 2026 anunció la transformación de su movimiento Restore Britain en un partido político nacional. En marzo pasó a figurar oficialmente como diputado de esa formación. Su principal argumento es que Reform UK, pese a sus propuestas contra la inmigración, no está dispuesto a aplicar medidas lo bastante contundentes.
La diferencia más visible aparece en su política migratoria. Lowe no se conforma con reducir las llegadas de extranjeros ni con acelerar la expulsión de personas en situación irregular. Su programa propone deportaciones masivas y contempla retirar el derecho de residencia a extranjeros legalmente establecidos si no hablan inglés, reciben determinadas prestaciones, viven en viviendas sociales, se niegan a trabajar o incumplen otros requisitos de integración.
Restore Britain defiende también restringir drásticamente el acceso a la nacionalidad británica, eliminar prestaciones públicas para extranjeros y sustituir el sistema de asilo vigente por otro mucho más restrictivo.
El propio Lowe ha sostenido que millones de personas deberían abandonar Reino Unido. La propuesta va bastante más allá de la habitual discusión sobre control de fronteras: supone plantear la expulsión de residentes por circunstancias que no necesariamente constituyen delitos ni implican una situación migratoria irregular.
Su programa social añade otros elementos. La formación quiere derogar la legislación que permite el reconocimiento legal del cambio de sexo, reforzar la enseñanza del patrimonio cristiano, prohibir el burka y el nicab en espacios públicos y eliminar determinadas excepciones religiosas aplicables al sacrificio animal.
También pretende revertir cambios legislativos relacionados con el aborto y la muerte asistida. La organización presenta esas propuestas como una defensa de la familia y de los valores tradicionales, mientras sus críticos consideran que pueden restringir derechos y libertades individuales.
Otra iniciativa polémica es la recuperación de la pena de muerte. Lowe propone celebrar un referéndum vinculante para decidir si debe restablecerse para determinados delitos especialmente graves, cuando considera que la culpabilidad está fuera de duda. Ha manifestado públicamente que él votaría a favor.
La propuesta ignora uno de los problemas fundamentales de la pena capital: la posibilidad de errores judiciales irreversibles. También abriría un conflicto con las obligaciones internacionales asumidas por Reino Unido en materia de derechos humanos.
Lowe ha conseguido asimismo el respaldo público de Elon Musk, que ha difundido mensajes favorables a Restore Britain y ha criticado a Farage. Esa exposición en redes sociales ha contribuido a dar notoriedad nacional a un partido todavía muy joven.
Más delicadas son las conexiones con el ambiente ultraderechista británico. Restore Britain ha recibido apoyos de activistas vinculados anteriormente a organizaciones como el Partido Nacional Británico (BNP), de tradición neofascista. Su antiguo líder, Nick Griffin, animó públicamente a nacionalistas radicales a participar en el nuevo proyecto.
El movimiento también ha atraído a simpatizantes próximos a Tommy Robinson, conocido por sus campañas contra el islam y la inmigración. Lowe ha dejado abierta la posibilidad de que Robinson solicite la afiliación, aunque sostiene que los simpatizantes externos no determinan las decisiones del partido.
Estos apoyos no convierten automáticamente a Restore Britain en una organización neonazi. Sí muestran cómo una formación que nace de una escisión de la derecha radical puede atraer a sectores situados considerablemente más lejos del consenso democrático tradicional.
Su fuerza electoral todavía está por demostrar. En octubre de 2026, varias encuestas situaban a Restore Britain alrededor del 2 % al 4 %, aunque otras mediciones anteriores habían ofrecido porcentajes superiores. YouGov constató durante el verano que parte de sus simpatizantes procedía de antiguos votantes de Reform UK.
El fenómeno británico resulta especialmente revelador: Farage, que durante años fue presentado como uno de los grandes agitadores de la política británica, tiene ahora un adversario que le acusa de haberse quedado corto. Y ese adversario no procede del centro político, sino de su propia derecha.
España: Núcleo Nacional lleva sus posiciones extremistas a un partido
España también cuenta con organizaciones que consideran insuficientemente radical el discurso de Vox. La más visible en los últimos años es Núcleo Nacional, surgida alrededor de las movilizaciones ultraderechistas vinculadas a las protestas de Ferraz contra la amnistía.
El 10 de febrero de 2026 quedó inscrito oficialmente el partido Noviembre Nacional, vinculado a ese entorno y presidido por Enrique Lemus, antiguo dirigente relacionado con Democracia Nacional. Iván Rico Olivares figura entre los principales rostros públicos de Núcleo Nacional.
Su discurso combina ultranacionalismo, oposición a la inmigración y rechazo de determinados principios de la democracia española surgida de la Constitución de 1978. La organización reivindica la prioridad nacional y defiende una concepción identitaria de la pertenencia a España.
Las referencias ideológicas van más allá del conservadurismo convencional. Durante una comparecencia pública celebrada en julio de 2026, representantes de Núcleo Nacional justificaron la presencia de un retrato de Adolf Hitler y reconocieron que asumían determinadas ideas del dirigente nazi. También expresaron su rechazo al sistema político establecido tras la Transición.
Estos hechos permiten entender por qué la organización ha sido caracterizada como neonazi por distintos medios e investigadores del extremismo. No se trata simplemente de una discrepancia con las políticas migratorias de los partidos tradicionales, sino de referencias expresas a una ideología totalitaria responsable de persecuciones raciales y crímenes masivos.
Núcleo Nacional también ha difundido mensajes sobre una supuesta sustitución de la población española, relacionados con la teoría conspirativa del gran reemplazo. Este planteamiento, extendido en sectores identitarios europeos, presenta la inmigración como parte de una operación deliberada para transformar étnica y culturalmente las sociedades occidentales.
Las fuerzas de seguridad han investigado contenidos difundidos por la organización por posibles delitos de odio. Además, diferentes actuaciones policiales han afectado a personas vinculadas a ese ambiente extremista. Las investigaciones y detenciones deben distinguirse, en cualquier caso, de las condenas judiciales firmes.
La nueva formación no dispone de representación parlamentaria comparable a la de Vox. Su relevancia reside, de momento, en la combinación de activismo callejero, propaganda digital y organización política, una fórmula con la que intenta atraer a jóvenes radicalizados y construir una identidad propia.
La diferencia con Vox es importante. El partido de Santiago Abascal participa en elecciones, forma parte de las instituciones y mantiene vínculos con distintas fuerzas europeas de derecha radical. Núcleo Nacional, por su parte, ha incorporado referencias explícitas al nazismo y presenta una oposición mucho más frontal al sistema político surgido de la Transición.
La inscripción de Noviembre Nacional no garantiza su crecimiento electoral. Pero demuestra que grupos con planteamientos situados a la derecha de Vox intentan transformar su presencia en las calles y las redes en una estructura política permanente.
Francia y Polonia: de los rivales de Le Pen al radicalismo de Braun
Francia lleva varios años experimentando una competencia semejante. Éric Zemmour fundó Reconquête en 2021 con la intención de ocupar un espacio más radical que el representado por Marine Le Pen y Agrupación Nacional.
El antiguo periodista convirtió la inmigración, la identidad francesa y el supuesto reemplazo demográfico de la población europea en elementos fundamentales de su programa. Sus posiciones sobre el islam y el multiculturalismo se presentan como una defensa de la civilización francesa frente a amenazas culturales.
La diferencia con Le Pen es estratégica además de ideológica. Agrupación Nacional ha dedicado años a ampliar su electorado y reducir el rechazo que históricamente despertaba el partido fundado por Jean-Marie Le Pen. Zemmour, en cambio, ha reivindicado una confrontación cultural más explícita, aunque su proyecto no ha conseguido superar electoralmente a la formación de Marine Le Pen.
Otra figura relevante es Marion Maréchal, sobrina de Marine Le Pen y dirigente de Identité-Libertés, creada en 2024. Su corriente combina conservadurismo identitario, defensa de valores tradicionales y liberalismo económico, pero busca influir en una alianza amplia de las derechas antes que enfrentarse necesariamente a Agrupación Nacional.
Reconquête e Identité-Libertés no son formaciones recién nacidas en 2026. Su trayectoria sirve, sin embargo, para comprender que la competencia por el electorado más radical precede al auge de Vannacci y Lowe.
Grzegorz Braun, antisemitismo y nacionalismo extremo en Polonia
Polonia ofrece otro caso particularmente significativo. Grzegorz Braun, eurodiputado y líder de la Confederación de la Corona Polaca, representa una corriente ultranacionalista y profundamente tradicionalista que compite con otras fuerzas de la derecha polaca.
Braun alcanzó notoriedad internacional en diciembre de 2023 al utilizar un extintor para apagar unas velas de Janucá durante una celebración judía en el Parlamento polaco. Su actuación, condenada ampliamente, dio lugar a procedimientos legales y convirtió al político en un referente de los sectores más radicales.
El dirigente ha protagonizado otras polémicas por sus declaraciones antisemitas, sus ataques a símbolos ucranianos y su oposición a determinadas políticas de reconocimiento de las minorías.
Su partido defiende un modelo de sociedad profundamente conservador, vinculado a una interpretación tradicionalista del catolicismo, y rechaza las políticas progresistas sobre sexualidad y familia.
La formación de Braun ha logrado porcentajes relevantes de intención de voto durante 2026, con encuestas que la han situado cerca del 10 %. Son cifras variables y todavía no representan un resultado electoral parlamentario, pero indican que su influencia supera ampliamente la de una organización marginal.
Su espacio compite con sectores de Konfederacja y con parte del electorado nacionalista próximo a Ley y Justicia. La singularidad polaca es que un dirigente conocido por actuaciones abiertamente antisemitas puede movilizar a un porcentaje considerable de votantes dentro de un sistema democrático.
Alemania, Hungría y otros países: la persistencia del extremismo
En Alemania, Alternativa para Alemania (AfD) ocupa un lugar central dentro de la derecha radical, pero existen organizaciones todavía más extremas y con referencias directas al nacionalsocialismo.
Entre ellas figura Der III. Weg, El Tercer Camino, partido fundado en 2013 y considerado neonazi por las autoridades de protección constitucional. Su actividad no se limita a la participación electoral, sino que incluye propaganda, movilización militante y estructuras propias del extremismo organizado.
También permanece activo Die Heimat, denominación adoptada por el antiguo Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD), históricamente vinculado al neonazismo.
La diferencia respecto a AfD reside tanto en su dimensión como en su ideología. Mientras Alternativa para Alemania disputa porcentajes elevados de voto y ocupa escaños en el Bundestag, estas organizaciones mantienen un respaldo electoral reducido y una identidad vinculada explícitamente a tradiciones políticas extremistas.
En febrero de 2026, un tribunal alemán impidió provisionalmente que los servicios de inteligencia mantuvieran la clasificación de AfD como organización de extrema derecha confirmada mientras se resolvía el litigio correspondiente. La decisión judicial no afectaba a la caracterización específica de grupos neonazis como Der III. Weg.
Hungría constituye un escenario diferente. El partido Mi Hazánk, Nuestra Patria, dirigido por László Toroczkai, ha construido un espacio nacionalista más radical que el representado por Fidesz, la formación de Viktor Orbán.
En las elecciones legislativas del 12 de abril de 2026, Mi Hazánk consiguió el 5,63 % de los votos de lista y seis diputados. Mantuvo así su representación parlamentaria en unos comicios que pusieron fin al prolongado dominio gubernamental de Orbán y dieron una amplia mayoría al partido Tisza, liderado por Péter Magyar.
Su trayectoria demuestra que las posiciones ultranacionalistas pueden mantener una representación institucional propia incluso cuando cambia por completo el equilibrio entre los grandes partidos.
En Suecia, Alternativa para Suecia, encabezada por Gustav Kasselstrand, compite desde posiciones más radicales con los Demócratas de Suecia. En las elecciones de septiembre de 2026, su respaldo se quedó alrededor del 0,4 %, muy lejos del 17,48 % y los 62 escaños obtenidos por los Demócratas de Suecia.
Los Países Bajos cuentan con Foro para la Democracia (FVD), fundado por Thierry Baudet y actualmente encabezado por Lidewij de Vos. Esta formación consiguió siete escaños en las elecciones de 2025 y defiende posiciones radicales sobre inmigración, identidad nacional y pertenencia a la Unión Europea.
FVD ha afrontado también polémicas por los vínculos de determinadas personas de su entorno con organizaciones extremistas. Esas relaciones individuales no implican automáticamente una responsabilidad idéntica para todo el partido, pero reflejan las conexiones que pueden producirse entre el nacionalismo identitario y ambientes más radicales.
En Portugal, Chega, liderado por André Ventura, se ha consolidado como una de las principales fuerzas parlamentarias. Más allá de su estructura existen organizaciones extremistas con características muy distintas.
En enero de 2026, la Policía Judicial portuguesa llevó a cabo una operación contra el grupo neonazi 1143, relacionado con Mário Machado. La intervención se saldó con 37 detenciones en el marco de investigaciones por presuntos delitos de odio y otras actividades extremistas.
Conviene distinguir Chega de 1143: el primero es un partido parlamentario y el segundo, un entorno neonazi investigado por las autoridades. No forman una misma organización.
Estas realidades muestran que el extremismo europeo no adopta una única forma. En algunos países surgen nuevos partidos capaces de disputar votos a la ultraderecha consolidada; en otros sobreviven pequeñas estructuras neofascistas, redes identitarias o movimientos extraparlamentarios.
La nueva batalla de la ultraderecha europea es por quién va más lejos
El crecimiento de formaciones situadas a la derecha de las derechas radicales plantea un problema político que va bastante más allá de sus resultados electorales. No necesitan ganar unas elecciones para influir en el debate público. En ocasiones basta con introducir propuestas extremas que otros partidos terminan discutiendo, rechazando o adaptando parcialmente.
El ejemplo más claro es la remigración. El término se ha extendido entre organizaciones identitarias europeas y aparece con significados y alcances diferentes en los discursos de Vannacci, Lowe y otros dirigentes. En determinados programas ya no se limita a reclamar la expulsión de inmigrantes irregulares, sino que contempla medidas dirigidas contra personas que residen legalmente en sus países.
Algo semejante ocurre con los derechos de las mujeres y las minorías sexuales. La reivindicación del patriarcado por Vannacci, la oposición al reconocimiento legal de las personas trans en Restore Britain y las referencias a estructuras familiares excluyentes expresan una reacción frente a transformaciones sociales consolidadas durante las últimas décadas.
Hay, además, una dimensión histórica. Las referencias al fascismo y al nazismo no pueden convertirse en un simple recurso de provocación política. Cuando una organización justifica imágenes de Hitler o cuando aparecen saludos fascistas en actos políticos, no se está hablando únicamente de diferencias entre modelos económicos o políticas migratorias. Se están recuperando símbolos de sistemas que eliminaron libertades, persiguieron minorías y destruyeron instituciones democráticas.
Eso tampoco autoriza a atribuir la misma ideología a todas las organizaciones mencionadas. Vannacci, Lowe, Braun y Núcleo Nacional tienen trayectorias, programas y grados de radicalización diferentes. Precisamente por eso conviene examinar qué propone cada uno, qué relaciones mantiene y qué posibilidades reales tiene de ejercer poder.
El auge tampoco es uniforme. Futuro Nazionale ha alcanzado cifras importantes en las encuestas italianas, pero registra oscilaciones. Restore Britain consigue notoriedad y una base de votantes todavía reducida. Núcleo Nacional continúa sin representación parlamentaria, mientras Mi Hazánk ya dispone de diputados en Hungría.
Sin embargo, todos esos casos reflejan una transformación reconocible: las fuerzas que hace unos años representaban la ruptura con el sistema político están empezando a ser acusadas de moderadas por nuevos competidores.
La paradoja tiene su importancia. Meloni gobierna Italia y Vannacci le reprocha sus concesiones. Farage ha construido una carrera enfrentándose al establishment británico y Lowe sostiene que no está dispuesto a transformar realmente el país. Vox ocupa buena parte del espacio de derecha radical en España, mientras Núcleo Nacional intenta movilizar a quienes rechazan incluso el marco constitucional de 1978.
La competición ideológica empuja así a determinados movimientos hacia posiciones cada vez más excluyentes. En algunos casos, la radicalidad se convierte directamente en una seña de identidad: cuanto más moderado consideran a su adversario, más extremo debe presentarse el nuevo partido para justificar su existencia.
El desafío democrático no consiste en impedir que existan opiniones conservadoras o nacionalistas, plenamente legítimas dentro del pluralismo político. Consiste en distinguirlas de las propuestas que buscan restringir derechos fundamentales, discriminar a colectivos o rehabilitar ideologías totalitarias.
La ultraderecha europea ya no compite únicamente contra la izquierda, el centro o la derecha tradicional. También compite contra sí misma. Y esa nueva disputa, desde el patriarcado reivindicado por Vannacci hasta las deportaciones masivas defendidas por Lowe, empieza a tener consecuencias sobre los programas, las alianzas y los límites del debate político en Europa.
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