Salud
Los casos de anorexia y bulimia crecen un 71 % y alcanzan 18 millones
El número de personas con anorexia o bulimia creció un 71 % desde 1990, hasta 18,1 millones. Mujeres y jóvenes concentran buena parte de los casos.
Resumen
- Los casos de anorexia y bulimia crecieron un 71 % entre 1990 y 2023
- En 2023 se estimaban 18,1 millones de afectados; el 69,4 % eran mujeres
- El estudio prevé 21,8 millones de afectados en 2050
Los casos de anorexia y bulimia nerviosa han aumentado un 71 % en todo el mundo entre 1990 y 2023, hasta alcanzar los 18,1 millones de personas afectadas. Un estudio internacional publicado el 28 de octubre de 2026 en la revista científica JAMA Psychiatry confirma el crecimiento de estos trastornos de la conducta alimentaria durante las últimas tres décadas y advierte de que la tendencia podría prolongarse durante los próximos años.
Las previsiones tampoco son alentadoras. Los investigadores calculan que 21,8 millones de personas podrían padecer anorexia o bulimia en 2050, lo que supondría un incremento adicional del 20,3 % respecto a 2023. Las mujeres representan aproximadamente el 70 % de los afectados y cuatro de cada diez casos corresponden a personas de entre 10 y 24 años, aunque estas enfermedades también afectan a hombres y adultos de otras edades.
La investigación, desarrollada por un equipo internacional encabezado por especialistas vinculados a la Universidad Médica de Nanjing, en China, analiza datos de 204 países y territorios dentro del proyecto Global Burden of Disease (GBD), una de las principales iniciativas internacionales dedicadas a estudiar el impacto de las enfermedades sobre la población.
Los resultados revelan una realidad que va más allá del aumento de diagnósticos. La anorexia y la bulimia siguen constituyendo un importante problema de salud mental, con consecuencias físicas y psicológicas que pueden prolongarse durante años. Y hay un dato especialmente significativo: aunque las mujeres jóvenes continúan siendo el grupo más afectado, el crecimiento se extiende a distintas regiones y grupos de población.
El aumento del 71 % mide el número de casos, no solo los diagnósticos
El crecimiento registrado entre 1990 y 2023 es considerable, pero conviene distinguir dos indicadores que no significan exactamente lo mismo.
El 71 % de aumento corresponde al número estimado de personas que viven con anorexia o bulimia. Durante el mismo periodo, la prevalencia ajustada por edad, que permite comparar poblaciones con distintas estructuras demográficas, creció un 20,6 %.
Esta diferencia es importante. Una parte del aumento global está relacionada con el crecimiento de la población, aunque los resultados indican que los trastornos alimentarios también se han vuelto proporcionalmente más frecuentes.
En 2023, la prevalencia mundial se situaba en 225,6 casos por cada 100.000 habitantes, según los cálculos del estudio.
Los investigadores utilizaron encuestas poblacionales, investigaciones epidemiológicas y registros sanitarios para reconstruir la evolución de ambas enfermedades. Por tanto, los 18,1 millones de afectados son una estimación estadística, no un recuento de personas con un diagnóstico médico registrado.
También existen limitaciones. Los criterios diagnósticos han evolucionado desde 1990 y la disponibilidad de información sanitaria es desigual entre países. Los autores reconocen que estos factores pueden influir en las estimaciones y que no es posible determinar con exactitud cuánto corresponde a un aumento real de los trastornos y cuánto a cambios en su detección.
Mujeres y jóvenes concentran la mayoría de los casos de anorexia y bulimia
Las diferencias por sexo siguen siendo especialmente pronunciadas. De los 18,1 millones de personas afectadas en 2023, 12,6 millones eran mujeres, aproximadamente el 69,4 % del total, mientras que 5,5 millones eran hombres, el 30,6 %.
Aunque la prevalencia continúa siendo considerablemente mayor entre las mujeres, el incremento relativo del número de casos desde 1990 fue algo superior entre los hombres: un 74,6 %, frente al 69,5 % registrado entre las mujeres.
La edad también resulta determinante. El 41,2 % de los afectados tenía entre 10 y 24 años, una etapa en la que se producen importantes cambios físicos, psicológicos y sociales.
Sin embargo, la enfermedad no desaparece necesariamente al terminar la adolescencia. La anorexia presenta una especial incidencia entre los 15 y los 19 años, mientras que en la bulimia las tasas más elevadas se observan entre los 30 y los 34 años, según el análisis por edades recogido en la investigación.
Estos resultados cuestionan la idea de que los trastornos alimentarios sean exclusivamente enfermedades de adolescentes. Pueden comenzar antes, mantenerse durante la edad adulta o aparecer en etapas posteriores.
La bulimia nerviosa concentra casi ocho de cada diez casos
La investigación también encuentra diferencias importantes entre las dos enfermedades estudiadas.
La bulimia nerviosa representaba aproximadamente 14,2 millones de casos en 2023, frente a los 3,92 millones correspondientes a la anorexia nerviosa.
Su crecimiento también fue más intenso. Entre 1990 y 2023, los casos de bulimia aumentaron un 75,1 %, mientras que los de anorexia lo hicieron un 57,9 %.
Ambos trastornos comparten una preocupación intensa por el peso y la imagen corporal, pero presentan características distintas.
La anorexia nerviosa suele asociarse con una restricción persistente de la alimentación, un peso corporal significativamente bajo y un temor intenso a engordar. Puede provocar desnutrición grave, alteraciones hormonales y complicaciones cardiovasculares.
La bulimia, por su parte, se caracteriza por episodios recurrentes de atracones acompañados de conductas destinadas a compensar la ingesta, como provocarse el vómito, utilizar laxantes de forma indebida, ayunar o realizar ejercicio excesivo.
Una diferencia importante es que las personas con bulimia pueden mantener un peso aparentemente normal, lo que dificulta reconocer la enfermedad desde fuera.
Ninguno de estos problemas puede reducirse a una cuestión de voluntad, disciplina o hábitos alimentarios. Son trastornos de salud mental que requieren una valoración clínica y, con frecuencia, tratamiento especializado.
Asia registra los mayores aumentos, pero Europa mantiene tasas elevadas
La distribución geográfica ofrece otra de las conclusiones más relevantes del estudio.
Las regiones con mayores ingresos continúan registrando algunas de las prevalencias más altas de anorexia y bulimia, especialmente Australasia y Europa Occidental.
En Australasia, la tasa estimada alcanzó los 946,4 casos por cada 100.000 habitantes en 2023. Europa Occidental registró 502,4 casos por cada 100.000 habitantes, con aproximadamente 1,9 millones de personas afectadas.
Sin embargo, los incrementos más pronunciados de la prevalencia ajustada por edad se produjeron en varias regiones asiáticas.
Asia Oriental registró un aumento del 61,5 % entre 1990 y 2023. Le siguieron Asia del Sur, con un 48,5 %, y el Sudeste Asiático, con un 44,2 %.
La prevalencia aumentó en 156 de los 204 países y territorios analizados, mientras que once registraron descensos.
Los resultados muestran que la anorexia y la bulimia no son problemas exclusivos de las sociedades occidentales. Su presencia se extiende a contextos económicos y culturales muy diferentes.
Los investigadores señalan que el aumento puede responder a diversos factores, entre ellos cambios sociales, transformaciones de los criterios diagnósticos y diferencias en los sistemas de detección.
La presión estética, los ideales corporales y determinados contenidos difundidos en redes sociales forman parte del debate sobre estos trastornos. No obstante, el estudio no permite establecer que las plataformas digitales sean responsables del incremento observado.
Tampoco sería riguroso atribuirlo a una única causa. Los trastornos alimentarios tienen un origen multifactorial, en el que intervienen factores biológicos, psicológicos y ambientales.
La previsión para 2050: casi 22 millones de afectados
Los investigadores han elaborado proyecciones hasta 2050 para conocer cómo podría evolucionar la anorexia y la bulimia durante las próximas décadas.
Sus modelos estiman que el número de personas afectadas pasará de 18,1 millones en 2023 a 21,8 millones en 2050.
De cumplirse esta previsión, habría aproximadamente 3,7 millones de personas más conviviendo con alguno de los dos trastornos.
La bulimia seguiría concentrando la mayoría de los casos, con unos 17 millones de afectados, mientras que la anorexia alcanzaría los 4,7 millones.
También se prevé que la prevalencia ajustada por edad aumente hasta alcanzar aproximadamente 255 casos por cada 100.000 habitantes.
Estas cifras no representan un futuro inevitable. Son proyecciones estadísticas basadas en los datos disponibles y están sujetas a incertidumbre.
Pero sí permiten identificar un problema: si las tendencias continúan, los sistemas sanitarios tendrán que atender a un número creciente de personas con necesidades de tratamiento psicológico, seguimiento médico y apoyo nutricional.
El impacto tampoco se limita a las cifras de prevalencia. El estudio calcula que la anorexia y la bulimia ocasionaron conjuntamente 3,83 millones de años de vida saludable perdidos en 2023, una medida que combina las consecuencias de la discapacidad y la mortalidad prematura.
Las señales de alerta que pueden ayudar a detectar un trastorno alimentario
Reconocer los primeros síntomas es fundamental porque estas enfermedades no siempre se manifiestan mediante una pérdida de peso evidente.
Entre las señales que deben despertar preocupación figuran los cambios bruscos en los hábitos alimentarios, la restricción persistente de comidas, el miedo intenso a engordar o una preocupación desproporcionada por las calorías y la apariencia física.
También pueden aparecer aislamiento social, ansiedad ante las comidas, ejercicio compulsivo o visitas frecuentes al baño inmediatamente después de comer.
En el caso de la bulimia, los episodios de atracones pueden mantenerse ocultos durante mucho tiempo. La persona afectada puede experimentar una pérdida de control sobre la ingesta y recurrir después a conductas compensatorias.
Los síntomas físicos también merecen atención. El cansancio persistente, los mareos, las alteraciones menstruales, los problemas digestivos o las palpitaciones pueden acompañar a un trastorno alimentario.
El peso corporal por sí solo no permite valorar la gravedad del problema. Una persona puede presentar complicaciones importantes sin mostrar una delgadez extrema.
Cuando existe sospecha de anorexia o bulimia, es recomendable acudir al médico de atención primaria para realizar una primera evaluación y valorar la derivación a una unidad especializada.
El tratamiento puede incluir psicoterapia, seguimiento nutricional y control médico, adaptados a la edad, la situación clínica y las necesidades de cada paciente.
En menores, la participación de la familia puede desempeñar un papel importante. En los casos graves, especialmente cuando existe desnutrición intensa, deshidratación o alteraciones cardiovasculares, puede ser necesaria la atención hospitalaria urgente.
La recuperación es posible, aunque el proceso no siempre es rápido y algunas personas necesitan seguimiento durante periodos prolongados.
La detección precoz será decisiva ante el aumento de los casos
Los resultados publicados en JAMA Psychiatry refuerzan la necesidad de incorporar los trastornos de la conducta alimentaria a las prioridades de salud pública.
Los autores consideran necesario mejorar la vigilancia epidemiológica, fortalecer la detección temprana y facilitar el acceso a tratamientos especializados.
Esto implica prestar atención a los primeros síntomas en los centros educativos y sanitarios, formar a los profesionales y reducir las barreras que todavía dificultan pedir ayuda.
También significa reconocer que los hombres pueden sufrir anorexia y bulimia, aunque continúen representando una proporción menor de los afectados. La asociación tradicional de estas enfermedades con las mujeres jóvenes puede contribuir a que algunos casos pasen inadvertidos.
El reto no consiste únicamente en tratar a quienes ya presentan síntomas graves. Identificar el problema antes de que avance puede evitar complicaciones y mejorar las posibilidades de recuperación.
Las cifras internacionales muestran que la anorexia y la bulimia han aumentado durante más de tres décadas. Si las previsiones se cumplen, seguirán creciendo hasta 2050. La cuestión sanitaria de fondo es si la prevención, el diagnóstico y la atención especializada conseguirán avanzar al ritmo que exige esa evolución.
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