España
Antonio Acedo, el maquinista del AVE que murió en Urda tras un frenazo
Antonio Acedo, de 36 años, murió al conducir el AVE accidentado en Urda. Su pasión por la fotografía, su militancia y las órdenes previas al choque.
Imagen: Instagram.
Resumen
- Antonio Acedo, maquinista del AVE, murió en el choque de Urda
- Era hijo y nieto de ferroviarios, fotógrafo y militante de Izquierda Española
- Los audios recogen una orden de reanudar la marcha antes del accidente
Antonio Acedo Meneses tenía 36 años, era natural de Móstoles (Madrid) y llevaba el ferrocarril en la sangre. Su padre había sido maquinista y su abuelo trabajó como electricista de Renfe. Él siguió la tradición familiar y acabó convirtiéndose en el conductor del AVE que chocó contra un tren Iryo detenido en Urda (Toledo) el miércoles 28 de octubre de 2026. Murió en el accidente, después de una secuencia de fallos y decisiones que las autoridades todavía investigan.
Los testimonios de varios pasajeros describen un frenazo muy brusco antes del impacto, una maniobra que apunta a un intento de reducir la velocidad del convoy. Acedo no consiguió evitar la colisión. Tampoco se ha determinado todavía cuánto pudo reducir la velocidad ni si su reacción evitó más víctimas. Son cuestiones que deberán aclararse mediante el análisis de los registros ferroviarios y la reconstrucción técnica del accidente.
Su muerte ha permitido conocer la historia de un hombre que, además de conducir trenes, era fotógrafo, estudiaba humanidades y militaba en Izquierda Española. Había participado en la elaboración de propuestas políticas sobre transporte ferroviario y, según sus compañeros, llevaba tiempo preocupado por el deterioro de las infraestructuras.
El accidente de Urda ha dejado, según el balance comunicado este jueves 29 de octubre por el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, 69 fallecidos y decenas de heridos hospitalizados. Entre las víctimas está Antonio Acedo, uno de los profesionales que trabajaban a bordo del AVE.
Antonio Acedo, una vida ligada al ferrocarril desde niño
Antonio Acedo nació en Móstoles en 1990 y creció en una familia estrechamente vinculada al mundo ferroviario. Su abuelo había trabajado en el área eléctrica de Renfe y su padre fue maquinista. Los trenes formaban parte de su entorno mucho antes de que decidiera dedicarse profesionalmente a conducirlos.
Él mismo contaba esa relación familiar en su página personal, donde recogía sus proyectos fotográficos y reflexiones sobre el arte. El paisaje ferroviario, explicaba, había estado presente en su vida desde muy pequeño.
En 2012 comenzó sus estudios para convertirse en maquinista. Aquella decisión lo llevó a Barcelona, ciudad en la que acabaría estableciendo su residencia y desarrollando buena parte de su actividad profesional y artística.
Su vinculación con el sur de Madrid, sin embargo, permaneció. Aunque había nacido en Móstoles, también pasó buena parte de su vida en Fuenlabrada, localidad con la que su familia mantiene una estrecha relación.
Acedo llegó a ejercer como maquinista titular de los servicios de alta velocidad de Renfe. El miércoles 28 de octubre estaba al frente del tren que había salido de Madrid-Puerta de Atocha a las ocho de la mañana con destino Sevilla.
Su otra pasión era la fotografía: del paisaje ferroviario al arte
La profesión de maquinista no agotaba sus intereses. Antonio Acedo tenía una marcada inclinación por la fotografía, el arte y la historia, tres disciplinas a las que dedicó parte importante de su formación y de su tiempo libre.
Su afición comenzó durante la adolescencia, cuando descubrió las fotografías analógicas de antiguos viajes familiares. En su biografía recordaba cámaras como la Werlisa Color, la Minolta 7000 y la Start polaca, modelos que despertaron su curiosidad por las técnicas fotográficas tradicionales.
En 2010 inició estudios de Fotografía. Posteriormente amplió su formación con asignaturas relacionadas con Arte, Historia y Geografía en la Universitat Oberta de Catalunya.
Entre sus trabajos destaca Paisajes desde el tren, una serie fotográfica que comenzó a desarrollar en 2016 durante sus desplazamientos entre Madrid, Barcelona y Valencia.
Las primeras imágenes fueron tomadas con un teléfono móvil colocado junto a la ventanilla. Acedo buscaba captar los paisajes que aparecen durante unos segundos ante los ojos del viajero y desaparecen por la velocidad del tren.
El proyecto reunía imágenes de campos, carreteras, tendidos eléctricos, montañas y otros elementos cotidianos vistos desde el ferrocarril. Una mirada artística sobre un medio de transporte que conocía desde dentro.
También desarrolló otras obras, como La vida del maquinista, que reflejaban su interés por la actividad ferroviaria y por las personas que forman parte de ella.
Militante de Izquierda Española y comprometido con el transporte público
Antonio Acedo también tenía inquietudes políticas. Era militante de Izquierda Española, formación encabezada por Guillermo del Valle, quien confirmó públicamente su fallecimiento y le dedicó un mensaje de despedida.
Del Valle lo recordó como «un hombre bueno», además de destacar su prudencia, amabilidad y compromiso.
No se trataba únicamente de una afiliación política. Según explicó el dirigente, Acedo había participado en la preparación de buena parte del programa de Izquierda Española relacionado con el transporte.
Su experiencia como maquinista le permitió aportar conocimientos sobre el funcionamiento del ferrocarril y sus problemas estructurales.
Entre las cuestiones que había planteado figuraban la financiación del mantenimiento ferroviario, el incremento de viajeros tras la liberalización del sector y el deterioro de determinadas infraestructuras.
Del Valle ha defendido que las responsabilidades por el accidente no pueden reducirse a la actuación de los trabajadores. Considera necesario examinar las decisiones de gestión y las condiciones en las que opera el sistema ferroviario.
Son valoraciones políticas, pero también reflejan una preocupación que Acedo compartía con personas de su entorno profesional.
Su amiga Paula Fraga ha recordado que el maquinista había advertido del deterioro de las infraestructuras ferroviarias. También ha criticado la difusión de sus conversaciones con el centro de control de Adif poco después del accidente.
La formación política publicó un mensaje de condolencia en el que lo describió como una persona excepcional, prudente y comprometida.
Qué ocurrió antes de que el AVE de Antonio Acedo chocara en Urda
Las circunstancias del accidente ayudan a entender los últimos minutos de trabajo del maquinista, aunque todavía quedan aspectos esenciales sin resolver.
Según la reconstrucción inicial ofrecida por el Ministerio de Transportes, alrededor de las 8.30 horas del miércoles 28 de octubre, una avería informática provocó la caída del sistema de protección ferroviaria LZB en un tramo de aproximadamente 63 kilómetros de la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía.
El fallo obligó a detener automáticamente varios trenes que circulaban por esa zona.
A las 8.36 horas, el centro de control de Adif en Atocha autorizó al AVE de Renfe conducido por Acedo a reanudar la circulación.
Las grabaciones difundidas posteriormente recogen la instrucción de desconectar y volver a conectar el sistema LZB y continuar bajo el sistema de bloqueo de señalización lateral, con marcha normal.
El conductor repitió las instrucciones recibidas para confirmar que las había comprendido.
Mientras tanto, el tren de Iryo que circulaba por delante permanecía detenido ante una señal de entrada a Urda. Su maquinista comunicó al centro de control que tenía problemas para reiniciar el sistema de seguridad y que no conseguía avanzar.
El AVE continuó su recorrido y recorrió aproximadamente 25 kilómetros hasta alcanzar al Iryo alrededor de las 8.53 horas.
El frenazo antes del impacto y las preguntas sobre la seguridad
Varios viajeros del AVE han relatado que sintieron una frenada especialmente violenta inmediatamente antes de la colisión.
Uno de los pasajeros explicó que se produjo un frenazo brusco que hizo que los ocupantes salieran despedidos de sus asientos.
Estos testimonios son compatibles con una maniobra de frenado destinada a reducir la velocidad, pero todavía no permiten establecer con precisión cuándo comenzó, cuánto duró ni qué distancia quedaba hasta el tren detenido.
Algunas informaciones sostienen que Acedo consiguió disminuir la violencia del choque y salvar vidas. Es una posibilidad que, por el momento, no cuenta con una confirmación técnica definitiva.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha calificado de inexplicable la decisión de autorizar la circulación del AVE sin que se hubiera restablecido el sistema LZB.
Según su explicación inicial, la circulación debería haberse realizado, en su caso, mediante marcha a la vista, un procedimiento que obliga al conductor a mantener una velocidad que permita detener el tren ante cualquier obstáculo. En aquellas circunstancias, el límite indicado era de 40 kilómetros por hora.
La investigación deberá determinar qué instrucciones se transmitieron, cómo se aplicaron los procedimientos alternativos de seguridad y qué información estaba disponible para cada uno de los profesionales implicados.
También será necesario analizar los registros de velocidad y frenado del AVE para reconstruir los últimos instantes.
Con lo conocido hasta el momento, atribuir la responsabilidad exclusivamente a quien conducía el tren sería precipitado. Las conversaciones difundidas muestran que existieron órdenes expresas desde el centro de control, un elemento fundamental para esclarecer la cadena de decisiones que precedió al accidente.
El recuerdo de Antonio Acedo y las responsabilidades pendientes
La muerte de Antonio Acedo ha provocado numerosas muestras de pesar entre sus compañeros, amigos y personas vinculadas al ferrocarril.
Quienes lo conocieron destacan su carácter tranquilo, su generosidad y su interés por mejorar el transporte público. Guillermo del Valle ha insistido en su compromiso personal y en el conocimiento que aportaba a los debates sobre política ferroviaria.
Hay una circunstancia especialmente dolorosa. Acedo había dedicado parte de su actividad política a señalar problemas de un sector que conocía profesionalmente y en el que acabaría perdiendo la vida.
Eso no significa que hubiera anticipado el fallo concreto que provocó el accidente de Urda. No existe constancia de que hubiera advertido de esa avería específica. Sus preocupaciones estaban relacionadas con cuestiones más amplias de mantenimiento, financiación y seguridad.
Mientras continúa la investigación, España guarda tres días de luto oficial, del 29 al 31 de octubre, por las víctimas de la tragedia ferroviaria.
Antonio Acedo tenía 36 años. Era hijo y nieto de ferroviarios, conductor de alta velocidad, fotógrafo y estudiante de humanidades. También un ciudadano con ideas políticas propias, que había decidido implicarse en la mejora de un servicio público.
Sus últimos minutos de trabajo forman parte de una investigación que tendrá que aclarar por qué un AVE recibió autorización para avanzar mientras otro tren permanecía detenido en su camino.
Determinar qué falló, quién tomó cada decisión y qué medidas deben adoptarse para impedir otra tragedia es una responsabilidad que va bastante más allá de la cabina en la que murió Antonio Acedo.
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