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Nóvaya Gazeta cierra tras 33 años de presión de las autoridades rusas

Nóvaya Gazeta, símbolo del periodismo independiente ruso, cerrará tras décadas de presión, censura, registros y persecución a sus periodistas.

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El director de Nóvaya Gazeta

Imagen: Kremlin.ru, CC BY 4.0.

Resumen

  • Nóvaya Gazeta cerrará en Rusia el 9 de noviembre tras 33 años de historia
  • El diario denuncia presión, censura y persecución de las autoridades rusas
  • Nóvaya Gazeta Europe seguirá publicando desde fuera del país

El periódico independiente ruso Nóvaya Gazeta ha anunciado el fin de su actividad después de más de tres décadas de investigaciones sobre corrupción, abusos de poder y violaciones de derechos humanos. La redacción atribuye directamente su desaparición a la presión de las autoridades rusas y de los servicios de seguridad del país.

El desenlace tiene además una fecha concreta: el 9 de noviembre de 2026. Ese día, según anunció el propio medio, sus periodistas abandonarán la histórica sede de Moscú, apagarán sus servidores y pondrán fin a una trayectoria iniciada en 1993. La frase elegida para comunicarlo no dejó demasiado espacio para los eufemismos: «Nos han matado».

No se trata únicamente de un cierre por problemas económicos. La redacción denuncia una sucesión de medidas administrativas, judiciales y financieras que han ido reduciendo progresivamente su margen de actuación hasta hacerlo inviable: pérdida de licencias, bloqueo de páginas web, registros, persecución de periodistas, expulsión de su sede y, finalmente, la interrupción del sistema con el que recibía donaciones de sus lectores.

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Nóvaya Gazeta apagará sus servidores el 9 de noviembre

La redacción explica que deberá abandonar el inmueble de Moscú en el que ha trabajado durante aproximadamente tres décadas. La salida supone también desmantelar uno de los pocos espacios físicos que todavía conservaba dentro de Rusia una cabecera convertida durante años en símbolo del periodismo crítico con el Kremlin.

La orden de abandonar el edificio ha llegado en un momento especialmente delicado. Nóvaya Gazeta asegura que, prácticamente al mismo tiempo, dejó de funcionar el sistema de donaciones que constituía una de sus principales vías de financiación.

Para el periódico, ambas circunstancias forman parte de una misma ofensiva. La consecuencia práctica es bastante simple: sin sede y con sus ingresos seriamente comprometidos, además de una creciente presión legal, la continuidad de la redacción dentro del país se había convertido en algo más que precario.

El último número preparado por el equipo, según ha anunciado el propio periódico, sí llegará a publicarse.

De perder la licencia a ser declarado «agente extranjero»

El cierre anunciado en octubre de 2026 es el último episodio de un deterioro que se aceleró con la invasión rusa de Ucrania.

En 2022 las autoridades retiraron a Nóvaya Gazeta sus licencias para publicar en papel y en internet. El medio había suspendido previamente su edición impresa ante las restricciones introducidas sobre la información relacionada con la guerra.

Aun así, parte de la redacción permaneció en Rusia y buscó fórmulas para continuar trabajando. Los obstáculos se acumularon: páginas bloqueadas, restricciones para imprimir, problemas de acreditación y procedimientos contra periodistas vinculados al diario.

En septiembre de 2026, el Ministerio de Justicia ruso incluyó a Nóvaya Gazeta en el registro de «agentes extranjeros», una figura jurídica que impone fuertes obligaciones y restricciones y que durante los últimos años ha sido aplicada a numerosos periodistas, organizaciones civiles y voces críticas con el Gobierno.

Las autoridades justificaron la medida acusando al periódico de difundir información falsa sobre decisiones gubernamentales y de reproducir contenidos procedentes de otros actores clasificados también como agentes extranjeros.

Registros, detenciones y presión sobre la redacción

La ofensiva no se limitó al periódico como entidad. El actual director, Serguéi Sokolov, ha sido objeto de actuaciones policiales y judiciales, mientras la redacción ha sufrido registros y nuevas medidas de presión.

También fue detenido en 2026 el periodista Oleg Roldugin, mientras las autoridades investigaban supuestos delitos relacionados con el uso de datos personales.

Dmitri Murátov, uno de los fundadores de la cabecera y durante años su director, había sido incluido anteriormente en el registro ruso de agentes extranjeros.

La presión, por tanto, terminó afectando a prácticamente todas las piezas que permitían mantener viva la estructura del periódico.

Dmitri Murátov y un Nobel convertido en símbolo

La historia de Nóvaya Gazeta está estrechamente ligada a Dmitri Murátov, uno de sus fundadores en 1993.

Murátov recibió junto a la periodista filipina Maria Ressa el Premio Nobel de la Paz de 2021 por su defensa de la libertad de expresión. El reconocimiento puso el foco internacional en el trabajo desarrollado por Nóvaya Gazeta frente a la corrupción, el fraude electoral, los abusos policiales y las violaciones de derechos humanos.

Aquella distinción colocó al periódico entre los grandes símbolos internacionales de la libertad de prensa rusa, aunque su prestigio fuera de Rusia no sirvió para protegerlo dentro del país.

Murátov también sufrió directamente la violencia. En 2022 fue atacado durante un viaje en tren por un hombre que le arrojó una mezcla de pintura y acetona, una agresión que le provocó lesiones en los ojos.

Su historia personal resume bastante bien la paradoja de Nóvaya Gazeta: reconocimiento internacional y asfixia progresiva dentro de Rusia.

Anna Politkóvskaya y los periodistas asesinados

La presión contra el periódico comenzó mucho antes de la guerra de Ucrania. Al menos seis periodistas y colaboradores de Nóvaya Gazeta han muerto en casos relacionados con su actividad profesional desde comienzos de siglo. Ningún nombre representa mejor ese coste que el de Anna Politkóvskaya.

La periodista investigó abusos cometidos durante las guerras de Chechenia y denunció violaciones de derechos humanos tanto por las fuerzas rusas como por las autoridades chechenas. Fue asesinada a tiros el 7 de octubre de 2006 en el edificio donde vivía en Moscú.

Varias personas fueron condenadas por participar en el crimen, pero dos décadas después seguía sin haberse determinado judicialmente quién ordenó el asesinato.

El recuerdo de Politkóvskaya tenía una presencia física dentro de la propia sede del periódico. Allí se conservaba un pequeño museo dedicado a su trabajo y a su memoria. La expulsión de Nóvaya Gazeta del edificio obliga también a desmontar ese espacio.

No es un detalle menor. La historia de la cabecera está atravesada por periodistas que investigaron asuntos que otros preferían dejar tranquilos y que pagaron por ello un precio extraordinariamente alto.

Más de tres décadas investigando al poder ruso

Nóvaya Gazeta nació en 1993, apenas dos años después de la desaparición de la Unión Soviética.

Desde sus primeros años se especializó en asuntos incómodos: corrupción política y empresarial, abusos policiales, elecciones, conflictos en el Cáucaso, torturas, desapariciones, operaciones militares y funcionamiento de las estructuras de poder.

El periódico tampoco estuvo siempre alineado con la oposición política del momento. Su principal seña de identidad fue una política editorial independiente, incómoda en ocasiones incluso para sectores liberales rusos.

Con Vladímir Putin en el Kremlin, sin embargo, el espacio disponible para ese tipo de periodismo fue estrechándose. Las amenazas y asesinatos de periodistas convivieron primero con demandas y problemas económicos. Más tarde llegaron las normas sobre agentes extranjeros, los bloqueos digitales, la retirada de licencias y unas leyes sobre la guerra de Ucrania que restringieron severamente la información que podía publicarse desde territorio ruso.

Nóvaya Gazeta consiguió resistir durante años a cada uno de esos golpes. Esta vez considera que ha llegado al límite de su actividad en Rusia.

El cierre en Rusia no acaba con Nóvaya Gazeta Europe

Existe una precisión importante. La desaparición anunciada afecta a Nóvaya Gazeta y a su estructura dentro de Rusia, pero no significa que vaya a desaparecer todo el periodismo realizado bajo ese nombre.

Después del comienzo de la invasión de Ucrania, periodistas que habían trabajado en la cabecera y abandonaron Rusia crearon Nóvaya Gazeta Europe, un proyecto editorial independiente con sede fuera del país que continúa publicando información.

Las autoridades rusas declararon a Nóvaya Gazeta Europe una organización «indeseable» en 2023, una calificación que aumentó los riesgos para quienes colaborasen con ella desde territorio ruso.

La separación es relevante: la histórica redacción moscovita es la que anuncia que deja de existir en las condiciones actuales. El equipo de periodistas establecido en el extranjero mantiene otro medio y otra estructura.

Una voz menos dentro de Rusia

La desaparición de Nóvaya Gazeta deja algo más que una cabecera con 33 años de historia. Reduce todavía más el espacio disponible para el periodismo independiente que permanece físicamente dentro de Rusia.

Gran parte de los medios críticos han sido bloqueados, cerrados o trasladados al extranjero desde 2022. Otros periodistas han acabado declarados agentes extranjeros, procesados o fuera del país.

Nóvaya Gazeta había sobrevivido a asesinatos de compañeros, amenazas, restricciones económicas, retirada de licencias y censura. Incluso después de dejar de ser legalmente un periódico en el sentido tradicional, su redacción siguió trabajando.

El 9 de noviembre apagará sus servidores y abandonará su sede de Moscú. Una frase de su comunicado explica mejor que cualquier fórmula administrativa cómo interpreta la redacción lo ocurrido: no considera que haya decidido cerrar, sino que la han obligado a desaparecer.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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