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Lituania retirará 8 separadores de vapor de 300 toneladas en Ignalina

Lituania prepara el desmontaje de ocho enormes separadores de vapor de sus reactores RBMK, con robots, grúas y un estricto control radiológico.

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una central nuclear soviética

Imagen: Petr Štefek, CC BY 3.0.

Resumen

  • Lituania prepara el desmontaje de ocho separadores de 300 toneladas
  • Robots, grúas y sistemas hidráulicos reducirán los riesgos de la operación
  • El último reactor cerró en 2009 y la clausura se prolongará hasta 2050

Lituania prepara una de las operaciones más complejas del desmantelamiento nuclear europeo: desmontar ocho enormes separadores de vapor de la antigua central de Ignalina, cada uno de aproximadamente 300 toneladas, 34 metros de longitud y tres metros de diámetro. La intervención exige una combinación de ingeniería especializada, robots de corte, sistemas hidráulicos y procedimientos estrictos para evitar la dispersión de contaminación radiactiva.

El proyecto afecta a los dos reactores RBMK-1500, de diseño soviético, que dejaron de producir electricidad en 2004 y 2009. La estrategia técnica desarrollada contempla desmontar las instalaciones de forma progresiva, desde las zonas inferiores hasta los grandes recipientes metálicos. No se trata simplemente de retirar maquinaria pesada: es necesario trabajar en espacios reducidos, controlar las cargas y reducir al mínimo la exposición de los operarios a la radiación.

La central de Ignalina, situada cerca de las fronteras con Bielorrusia y Letonia, se encuentra inmersa en un programa de desmantelamiento que se prolongará durante décadas. Su complejidad convierte el proyecto en una referencia internacional para determinar cómo pueden retirarse equipos de grandes dimensiones de instalaciones nucleares construidas durante la época soviética.

La operación cuenta con autorización del organismo regulador nuclear de Lituania, VATESI, desde diciembre de 2025. El inicio de los trabajos específicos sobre los separadores estaba previsto para finales de 2026, después de completar la preparación de los equipos, las instalaciones auxiliares y los sistemas de protección radiológica.

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Ocho enormes cilindros de acero que no pueden retirarse enteros

Los componentes que centran esta operación son los denominados separadores de vapor, conocidos técnicamente por las siglas SDS (Steam Drum Separators). Cada reactor RBMK dispone de cuatro, de modo que el proyecto comprende ocho grandes recipientes metálicos.

Durante el funcionamiento de la central, estos equipos formaban parte del circuito primario y permitían separar el vapor del agua utilizada para refrigerar el reactor. Su importancia era considerable: el vapor se aprovechaba para producir electricidad, mientras que el agua continuaba circulando por el sistema.

El problema aparece cuando hay que retirarlos. Cada separador tiene una estructura cilíndrica de acero, con elementos internos complejos y unas dimensiones que impiden recurrir a procedimientos convencionales de desmontaje industrial.

A sus 34 metros de longitud y 300 toneladas de peso se añaden las limitaciones del edificio, la presencia de tuberías, los soportes metálicos y las exigencias de protección radiológica.

La solución consiste en fragmentar los componentes dentro de la propia instalación, utilizando maquinaria adaptada y sistemas que permitan manipular las piezas sin comprometer la estabilidad de las estructuras.

Un desmantelamiento en tres fases para evitar riesgos

La estrategia de ingeniería presentada por especialistas de Westinghouse Electric Company plantea una secuencia de trabajos desde la parte inferior de las instalaciones hacia las zonas superiores.

No es una elección casual. El espacio disponible condiciona tanto el movimiento de las máquinas como la manipulación de componentes que pueden pesar varias toneladas.

En la primera fase se retirarán las tuberías de recirculación, los soportes y los sistemas auxiliares situados en las áreas inferiores y centrales. El objetivo es despejar el recinto y conseguir espacio suficiente para introducir una grúa móvil.

La segunda fase abordará el desmontaje de las tuberías de vapor y otros equipos instalados en la parte superior. Solo después llegará la intervención sobre los grandes separadores.

El corte de los separadores se reserva para el final

La tercera fase incluye la apertura de los cilindros, su fragmentación y la retirada de sus estructuras interiores.

Este orden permite mantener durante más tiempo la integridad de los recipientes, reducir las interferencias entre equipos y limitar la posible dispersión de contaminación radiactiva.

También facilita el control de las cargas. Antes de cortar una estructura pesada es necesario determinar cómo se sostendrán sus distintas partes y qué movimientos podrán producirse durante la operación.

En una instalación de estas características, una secuencia incorrecta puede complicar los trabajos posteriores. Por eso, el procedimiento combina cálculos estructurales, planificación del corte y sistemas de sujeción.

Robots de corte, grúas especiales y tecnología magnética

Una de las principales novedades del proyecto es la combinación de equipos industriales existentes con herramientas diseñadas específicamente para los separadores RBMK.

Los ingenieros contemplan utilizar robots de demolición controlados a distancia para cortar tuberías, manipular elementos pesados y fragmentar componentes internos.

También se emplearán sistemas hidráulicos de elevación capaces de sostener y bajar grandes estructuras de forma controlada. A ellos se sumará una grúa móvil sobre orugas, necesaria porque el recinto no dispone de un puente grúa adecuado para estas operaciones.

Los sistemas de imanes permanentes ayudarán a sujetar determinados fragmentos metálicos y facilitarán su manipulación y traslado.

Una de las soluciones más singulares todavía se encuentra en desarrollo: un vehículo robotizado que se adhiere magnéticamente a la superficie de los separadores.

Este dispositivo incorporará una antorcha de oxicorte, cámaras y mecanismos de control remoto del movimiento y del suministro de gases. Su función será permitir el corte del acero sin obligar a los trabajadores a permanecer junto a las zonas de intervención.

La maquinaria no elimina todos los riesgos, pero permite reducir la exposición humana y ejecutar operaciones que resultarían especialmente difíciles con herramientas manuales.

El problema de la radiación y los residuos nucleares

El tamaño de las estructuras no es el único obstáculo. Parte de los materiales estuvo en contacto con los circuitos de una central nuclear durante décadas, por lo que resulta imprescindible determinar su grado de contaminación antes de decidir cómo tratarlos.

La operación se rige por el principio ALARA, una norma fundamental de protección radiológica que exige mantener las dosis recibidas por los trabajadores tan bajas como sea razonablemente posible.

Esto implica limitar los tiempos de exposición, recurrir a equipos remotos cuando resulte necesario y organizar cuidadosamente las tareas de corte, manipulación y transporte.

Los materiales retirados pasarán a las instalaciones de Ignalina para su posterior caracterización, descontaminación y gestión como residuos. No todos tendrán necesariamente el mismo destino: dependerá de su composición, actividad radiológica y de los criterios legales aplicables.

La planificación también debe evitar que las partículas contaminadas se dispersen durante la apertura de los recipientes.

En este tipo de trabajos, cortar una pieza es únicamente una parte del proceso. Después hay que identificarla, acondicionarla, transportarla y determinar su tratamiento definitivo.

Ignalina prepara también el desmantelamiento del núcleo de sus reactores

La retirada de los separadores forma parte de un proyecto mucho mayor que incluye el desmontaje de los propios núcleos de los reactores RBMK-1500.

Conviene distinguir ambas operaciones. Los separadores son grandes recipientes del circuito de refrigeración. El núcleo, en cambio, contiene las estructuras de grafito y otros materiales situados en la región central del reactor, sometidos durante su vida útil a una intensa irradiación.

Lituania aspira a convertirse en el primer país que complete el desmantelamiento de reactores de este tipo. La experiencia es especialmente relevante porque los RBMK pertenecen a la misma familia tecnológica soviética que los utilizados en la central de Chernóbil, aunque Ignalina incorporaba una variante de mayor potencia.

La empresa pública Altra, responsable del programa de clausura, lanzó en julio de 2026 una licitación internacional para abordar los núcleos de ambas unidades.

El contrato tiene un valor estimado de 400 millones de euros e incluye ingeniería, licencias, suministro de equipos especializados, desmontaje y gestión de residuos.

Se calcula que habrá que retirar alrededor de 25.000 toneladas de materiales de las zonas centrales de los dos reactores. El proyecto es independiente del procedimiento específico diseñado para los grandes separadores de vapor.

La adjudicación estaba prevista para 2027 y la ejecución del contrato se extendería durante unos 16 años. El objetivo para el periodo 2028-2034 es iniciar el desmontaje de los núcleos, no completar necesariamente toda la intervención durante esos años.

El desmantelamiento de Ignalina se prolongará hasta 2050

Ignalina empezó a funcionar en la década de 1980, cuando Lituania todavía formaba parte de la Unión Soviética. Sus dos reactores tenían una potencia eléctrica de diseño de 1.500 megavatios cada uno.

El cierre fue uno de los compromisos asumidos por el país para ingresar en la Unión Europea. La primera unidad dejó de funcionar el 31 de diciembre de 2004 y la segunda, el 31 de diciembre de 2009.

Desde entonces, las instalaciones han pasado de producir electricidad a desarrollar una actividad industrial dedicada a retirar equipos, descontaminar estructuras y gestionar residuos.

El combustible nuclear gastado ya fue extraído de ambos reactores y trasladado a instalaciones especializadas de almacenamiento.

El 31 de marzo de 2026, el organismo regulador nuclear lituano, VATESI, autorizó nuevos trabajos de desmontaje y descontaminación en la segunda unidad, cuyo inicio estaba previsto para finales de ese año. La autorización comprende equipos del circuito principal de circulación y componentes de las zonas superior e inferior del reactor.

A finales de octubre, Altra anunció que había comenzado el desmontaje de los canales del segundo reactor, otro paso relevante dentro de la clausura de la instalación.

Según los datos oficiales correspondientes al primer semestre de 2026, se había completado el 46,4 % del volumen total previsto de desmantelamiento de la central.

La financiación europea resulta decisiva para mantener el programa. En septiembre, el Parlamento Europeo respaldó una propuesta de 678 millones de euros para el periodo 2028-2034, aunque su aprobación definitiva todavía dependía del Consejo de la Unión Europea.

El calendario de clausura ha sido revisado a medida que se concretan las necesidades técnicas. Aunque anteriormente se manejaba 2038 como horizonte, las previsiones más recientes de Altra sitúan la finalización del desmantelamiento de los núcleos en 2043 y la conclusión general de los trabajos de clausura de Ignalina hacia 2050.

La gestión de los materiales radiactivos continuará requiriendo instalaciones especializadas. Lituania también proyecta un almacén geológico profundo para el combustible gastado y otros residuos de larga vida, cuya puesta en servicio se contempla para décadas posteriores.

Ignalina representa así un desafío que trasciende las fronteras de Lituania. Los procedimientos desarrollados para retirar los separadores de vapor y los núcleos de grafito podrán aportar experiencia a otros países que afronten el cierre de instalaciones nucleares de diseño similar.

La central lleva casi 17 años sin producir electricidad, pero su desaparición industrial está lejos de ser inmediata. Y esa es una de las grandes particularidades de la energía nuclear: apagar definitivamente un reactor puede ser mucho más sencillo que desmontar todo lo que queda después.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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