Salud
Dormir a distintas horas se asocia con más riesgo de infarto e ictus
Un estudio con 10.362 adultos vincula el sueño irregular con más riesgo de infarto e ictus. Los datos son preliminares y no demuestran causalidad.
Resumen
- Un estudio vincula el sueño irregular con más infartos e ictus
- Analizó más de un millón de noches de sueño de 10.362 adultos
- Los resultados son preliminares y no demuestran causa y efecto
Dormir ocho horas no siempre es suficiente para cuidar el corazón. Una nueva investigación difundida por la Asociación Americana del Corazón (AHA) apunta a que mantener horarios regulares de descanso podría ser tan relevante como prestar atención a la cantidad de sueño. Los cambios frecuentes en la hora de acostarse, despertarse o en las horas dormidas se han relacionado con un mayor riesgo de sufrir infartos, ictus e insuficiencia cardíaca.
Los resultados, difundidos el 2 de noviembre de 2026, proceden del análisis de más de un millón de noches de sueño de 10.362 adultos. Los investigadores encontraron que una mayor irregularidad en los horarios se asociaba con incrementos del 20 % al 23 % en el riesgo relativo de determinados acontecimientos cardiovasculares graves. La investigación es preliminar y no demuestra que cambiar la hora de dormir provoque directamente estas enfermedades.
El hallazgo introduce un matiz importante en las recomendaciones habituales sobre descanso. No basta con contar las horas que pasamos en la cama. También importa la regularidad del sueño, especialmente cuando las diferencias entre los días laborables y los fines de semana se convierten en una costumbre.
Acostarse tarde, por otra parte, no significa necesariamente dormir mal. Una persona que se duerme a medianoche y mantiene un descanso suficiente y estable presenta un patrón diferente al de quien alterna noches de cinco horas con otras de nueve, aunque ambas puedan acostarse tarde algunos días. La investigación cardiovascular empieza a prestar más atención a esas diferencias entre duración y estabilidad del descanso.
Un estudio de más de un millón de noches relaciona el sueño irregular con el riesgo cardíaco
La investigación, desarrollada por científicos vinculados al Boston Children’s Hospital y la Facultad de Medicina de Harvard, se presentará en las Sesiones Científicas de la Asociación Americana del Corazón, previstas del 6 al 9 de noviembre de 2026 en Chicago.
El equipo examinó los datos de 10.362 participantes del programa estadounidense All of Us, una iniciativa de investigación sanitaria de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
Los voluntarios utilizaron dispositivos de seguimiento de actividad que permitieron estudiar distintas características del descanso durante un periodo aproximado de seis meses. Posteriormente, los investigadores analizaron la aparición de problemas cardiovasculares durante una mediana de 3,7 años de seguimiento.
La edad media de los participantes era de 53 años y alrededor del 69 % eran mujeres. Ninguno presentaba enfermedades cardíacas o metabólicas al comienzo del estudio.
El análisis no se limitó a calcular cuántas horas dormía cada persona. También examinó los horarios habituales, las variaciones entre noches, las fases del sueño y la duración de los ciclos nocturnos.
Los resultados mostraron que los cambios en los horarios de descanso se asociaban con un riesgo cardiovascular entre un 20 % y un 23 % superior, según los indicadores estudiados.
Qué significa el aumento del 24 % asociado a la variación del sueño
Uno de los datos más llamativos aparece al analizar las diferencias en la duración del descanso de una noche a otra.
Por cada incremento de 29 minutos en una medida estadística de la variabilidad de las horas dormidas, los investigadores observaron un 24 % más de riesgo relativo de experimentar un acontecimiento cardiovascular dentro del conjunto estudiado.
Esa mayor variabilidad también se relacionó con un riesgo un 29 % superior de enfermedades del músculo cardíaco y un 20 % mayor de insuficiencia cardíaca.
Conviene interpretar correctamente las cifras. No significa que acostarse 29 minutos más tarde una noche aumente automáticamente un 24 % las probabilidades de sufrir un infarto. Los porcentajes describen asociaciones estadísticas entre patrones de sueño y acontecimientos cardiovasculares observados durante el seguimiento.
El estudio también encontró que completar un mayor número de ciclos de sueño se relacionaba con un 28 % menos de riesgo de arritmias auriculares, mientras que los ciclos inusualmente prolongados se asociaban con un aumento del 55 % en el riesgo de infarto o ictus.
Son resultados que requieren nuevas investigaciones, particularmente porque las fases del sueño se estimaron mediante dispositivos portátiles y no mediante pruebas especializadas realizadas en laboratorios.
Acostarse tarde y dormir sin horario no son exactamente lo mismo
Durante años, buena parte de las recomendaciones sobre higiene del sueño se han concentrado en evitar las noches demasiado cortas y los horarios excesivamente tardíos.
La evidencia más reciente añade otra variable: la estabilidad de los horarios.
Una persona puede acostarse habitualmente a las 23.30 horas, levantarse a las 7.00 y mantener una rutina relativamente constante. Otra puede dormirse a las 22.00 un lunes, a la 1.30 un miércoles y a las 3.00 durante el fin de semana.
Aunque ambas acumulen una cantidad parecida de horas de descanso a lo largo de la semana, sus patrones nocturnos presentan diferencias importantes.
La investigación no establece una hora universal a partir de la cual acostarse resulte peligroso. Tampoco demuestra que mantener un horario tardío sea completamente inocuo.
De hecho, otro estudio publicado en enero de 2026 en el Journal of the American Heart Association, basado en más de 300.000 adultos del Reino Unido, encontró que las personas con una marcada preferencia por la actividad nocturna presentaban un 16 % más de riesgo de infarto o ictus que quienes tenían un cronotipo intermedio.
Parte de esa asociación podía explicarse por diferencias en hábitos como el tabaquismo, la alimentación o la duración del descanso.
Es importante distinguir, por tanto, entre el cronotipo, que refleja la tendencia biológica a estar más activo por la mañana o por la noche, y la irregularidad de los horarios, que describe cuánto cambia la rutina de una jornada a otra.
Los dos factores pueden coincidir, pero no son equivalentes.
Por qué los cambios de horario pueden influir en el corazón
El organismo funciona mediante distintos ritmos biológicos que se coordinan a lo largo de unas 24 horas. El más conocido es el ritmo circadiano, relacionado con los ciclos de luz y oscuridad y con numerosos procesos fisiológicos.
Durante el descanso nocturno se producen cambios en la actividad del sistema nervioso, la regulación hormonal, la presión arterial y el metabolismo.
La alteración frecuente de los horarios puede generar desajustes entre el reloj biológico y las actividades cotidianas. Es una de las hipótesis que estudian los científicos para explicar la relación entre el sueño irregular y los problemas cardiovasculares.
La falta de descanso adecuado también se ha relacionado con alteraciones de la presión arterial, la regulación de la glucosa, los procesos inflamatorios y otros factores que intervienen en la salud del sistema circulatorio.
Sin embargo, todavía no se conoce con precisión qué parte del riesgo observado corresponde directamente a la irregularidad del sueño y cuánto puede atribuirse a circunstancias relacionadas.
El trabajo por turnos, el estrés, determinadas enfermedades y las obligaciones familiares pueden alterar simultáneamente el descanso y la salud cardiovascular.
No es una distinción menor: encontrar una asociación estadística no equivale a demostrar una relación de causa y efecto.
Dormir ocho horas no compensa necesariamente una rutina irregular
Las recomendaciones sanitarias actuales aconsejan que la mayoría de los adultos duerman entre siete y nueve horas por noche. Esa orientación continúa siendo válida.
Lo que cambia es la importancia concedida a otros aspectos del descanso.
Una investigación publicada anteriormente en Journal of Epidemiology & Community Health, con datos de 72.269 adultos del Biobanco del Reino Unido, observó que quienes mantenían patrones de sueño muy irregulares presentaban un 26 % más de riesgo relativo de acontecimientos cardiovasculares graves que las personas con horarios regulares.
El seguimiento se prolongó durante aproximadamente ocho años.
Los investigadores también comprobaron que alcanzar la duración recomendada no eliminaba completamente la asociación entre una irregularidad elevada y el riesgo cardiovascular.
Esto no significa que la regularidad sea más importante que dormir suficientes horas. Ambas dimensiones pueden influir en la salud y no deben presentarse como alternativas.
El nuevo análisis de 2026 refuerza esa línea de investigación, aunque sus resultados siguen siendo preliminares.
La experta Marie-Pierre St-Onge, de la Universidad de Columbia, que no participó en el trabajo, ha advertido de que todavía faltan pruebas suficientes para atribuir a la regularidad del descanso un efecto causal independiente sobre las enfermedades cardiovasculares.
La evidencia sobre los perjuicios de dormir demasiado poco es más sólida. El siguiente paso consiste en determinar si modificar específicamente los horarios permite reducir infartos, ictus y otras complicaciones.
Cómo mantener horarios de sueño más regulares
Las recomendaciones prácticas no exigen convertir el descanso en una disciplina inflexible. El objetivo es establecer una rutina compatible con las necesidades fisiológicas y las obligaciones diarias.
Una de las medidas más útiles consiste en mantener horas parecidas para acostarse y levantarse, también durante los fines de semana.
Los cambios ocasionales no deben interpretarse como un riesgo inmediato. Lo que interesa es evitar diferencias constantes y pronunciadas que terminen alterando el patrón habitual de descanso.
La exposición a la luz natural durante las primeras horas del día también ayuda a sincronizar el reloj biológico. Por el contrario, reducir la iluminación intensa antes de acostarse puede facilitar la preparación para dormir.
Los especialistas recomiendan igualmente prestar atención al consumo de cafeína durante las últimas horas de la jornada, limitar el alcohol antes de dormir y procurar que el dormitorio sea oscuro, tranquilo y tenga una temperatura confortable.
La actividad física regular favorece el descanso y aporta beneficios cardiovasculares propios.
Quienes trabajan en turnos nocturnos o rotatorios afrontan dificultades adicionales. En estos casos, mantener horarios estables puede resultar complicado o incluso imposible, por lo que las estrategias deben adaptarse a las circunstancias laborales y personales.
También conviene diferenciar una rutina irregular de un verdadero trastorno del sueño. Los ronquidos intensos acompañados de pausas respiratorias, la somnolencia diurna persistente o las dificultades prolongadas para dormir pueden requerir una valoración médica.
La apnea obstructiva del sueño, por ejemplo, está estrechamente relacionada con la hipertensión y otros problemas cardiovasculares. Acostarse siempre a la misma hora no sustituye su diagnóstico ni su tratamiento.
La regularidad del descanso gana peso en la prevención cardiovascular
La investigación presentada para las jornadas científicas de noviembre de 2026 amplía el conocimiento sobre una relación que lleva años estudiándose: la conexión entre el sueño y la salud del corazón.
Su aportación principal consiste en analizar de manera conjunta la duración, los horarios, la variabilidad nocturna y distintos indicadores de la estructura del sueño durante un periodo prolongado.
Los resultados sugieren que dormir con regularidad merece mayor atención dentro de las estrategias de prevención cardiovascular. No obstante, el trabajo todavía debe superar la revisión científica completa y sus conclusiones deberán contrastarse con nuevos estudios.
Tampoco existe una cifra que permita establecer cuánto puede reducirse el riesgo individual simplemente adelantando o estabilizando la hora de acostarse.
Mientras llegan esas respuestas, la recomendación sanitaria sigue siendo razonable: procurar suficientes horas de sueño, mantener una rutina estable cuando sea posible y atender al resto de factores de riesgo cardiovascular.
La presión arterial, el colesterol, la alimentación, el ejercicio y el tabaquismo siguen desempeñando un papel fundamental. El descanso se suma a ese conjunto de hábitos, no lo reemplaza.
Y hay una enseñanza práctica que merece atención: el corazón no depende únicamente de cuánto dormimos, sino también de la regularidad con la que conseguimos descansar.
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