Ciencia
El Nobel de Física Michel Mayor descarta colonizar Marte: «No iremos»
El Nobel de Física Michel Mayor considera inviable colonizar Marte por sus condiciones extremas y sostiene que la prioridad es proteger la Tierra.
Imagen: ESO (Observatorio Europeo Austral), CC BY 4.0.
Resumen
- Michel Mayor considera una «absoluta locura» colonizar Marte
- El Nobel alerta del suelo tóxico y de la falta de oxígeno en Marte
- Defiende buscar vida extraterrestre, pero pide proteger la Tierra
El astrofísico suizo Michel Mayor, premio Nobel de Física en 2019, ha lanzado una contundente advertencia contra los proyectos que prometen convertir Marte en una segunda residencia para la humanidad. El científico considera que colonizar el planeta rojo es una «absoluta locura» y sostiene que las promesas de establecer grandes poblaciones humanas fuera de la Tierra pertenecen más a la ciencia ficción que a las posibilidades reales de la tecnología.
Durante una entrevista con varios medios de comunicación en Granada, Mayor ha cuestionado los planes de expansión espacial defendidos por algunos multimillonarios. El científico ha criticado las afirmaciones sobre la posibilidad de instalar a millones de personas en Marte y ha rechazado que esa perspectiva sea realista. Su diagnóstico es tajante: «Es pura fantasía».
El físico, nacido en Lausana en 1942, ha participado en el Congreso Severo Ochoa «El universo a todas las escalas», organizado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC). Su intervención no se ha limitado a cuestionar la colonización espacial. También ha abordado la búsqueda de vida extraterrestre, los intereses comerciales en el espacio y los próximos descubrimientos que podrían transformar nuestro conocimiento de otros sistemas planetarios.
Por qué Michel Mayor considera inviable colonizar Marte
El principal argumento del Nobel es científico. Marte reúne unas condiciones ambientales extraordinariamente hostiles para el ser humano, y convertirlo en un lugar donde puedan establecerse poblaciones permanentes exigiría superar obstáculos técnicos, médicos y energéticos de enorme magnitud.
El planeta rojo tiene una atmósfera compuesta aproximadamente por un 95 % de dióxido de carbono, con cantidades muy pequeñas de oxígeno. Su presión atmosférica superficial equivale a menos del 1 % de la terrestre, mientras que las temperaturas medias rondan los 60 grados bajo cero.
A estas dificultades se suman la exposición a la radiación, la presencia de sustancias potencialmente tóxicas en el suelo marciano y la necesidad de garantizar un suministro continuo de agua, alimentos y energía.
La supervivencia humana dependería de instalaciones presurizadas, sistemas de reciclaje de recursos y protección frente a un entorno incompatible con la vida sin equipos especializados.
Mayor no cree que estas dificultades puedan resolverse hasta convertir Marte en una alternativa real a la Tierra. De hecho, contempla con escepticismo la posibilidad de establecer comunidades humanas bajo la superficie marciana.
El científico considera que vivir permanentemente en ese entorno, incluso mediante instalaciones subterráneas, está fuera de las posibilidades que permiten contemplar las tecnologías actuales.
Vivir en Marte no es lo mismo que enviar astronautas
Conviene distinguir entre exploración espacial y colonización permanente. Una misión tripulada podría permitir que astronautas trabajasen temporalmente en Marte dentro de instalaciones especialmente acondicionadas. Eso no equivaldría a fundar una ciudad autosuficiente.
La colonización exigiría mantener durante generaciones a una población estable, producir alimentos, reparar infraestructuras, disponer de atención sanitaria y reducir la dependencia de los suministros procedentes de la Tierra.
También se ha planteado la llamada terraformación de Marte, una transformación de su atmósfera y su clima para hacerlos más parecidos a los terrestres. Sin embargo, investigaciones respaldadas por la NASA han señalado que el planeta no dispone de suficiente dióxido de carbono fácilmente accesible para lograr ese objetivo con las tecnologías actuales.
Las declaraciones de Mayor expresan una valoración especialmente pesimista sobre el futuro de esas iniciativas. Las dificultades científicas están documentadas, aunque eso no permite demostrar que cualquier forma de asentamiento humano resulte imposible para siempre.
Las enormes distancias hacen todavía más difícil llegar a otros planetas
El escepticismo de Mayor va mucho más allá de Marte. El científico también rechaza que la humanidad pueda trasladarse a planetas situados fuera del sistema solar, incluso si en el futuro se descubren mundos con características similares a las terrestres.
El problema es la distancia. Un planeta situado a 30 años luz parecería relativamente cercano en términos astronómicos, pero la luz, que viaja a casi 300.000 kilómetros por segundo, tarda tres décadas en recorrer ese trayecto.
Una nave espacial necesitaría muchísimo más tiempo. Incluso viajando a una fracción considerable de la velocidad de la luz, la energía necesaria para transportar personas, equipos y suministros sería gigantesca.
Mayor recuerda que alcanzar velocidades próximas a las de la luz plantea dificultades físicas y tecnológicas que no pueden resolverse simplemente aumentando la inversión.
El astrofísico fue galardonado con el Nobel de Física de 2019, junto con Didier Queloz, por el descubrimiento de 51 Pegasi b, el primer exoplaneta identificado alrededor de una estrella semejante al Sol. Aquel hallazgo, anunciado en 1995, abrió una nueva etapa en el estudio de los mundos exteriores al sistema solar.
Precisamente por su trayectoria, sus advertencias tienen un significado particular: uno de los científicos que contribuyeron a demostrar la existencia de otros sistemas planetarios considera que conocer esos mundos no significa que podamos habitarlos.
Encontrar vida extraterrestre sigue siendo uno de los grandes desafíos científicos
Pese a su rechazo a la colonización, Mayor mantiene una perspectiva optimista sobre la posibilidad de encontrar vida fuera de la Tierra.
Considera que esta investigación constituye uno de los mayores retos para las próximas generaciones de astrofísicos. Los avances dependerán de instrumentos capaces de identificar planetas pequeños, estudiar sus características y analizar sus atmósferas.
Una de las prioridades consiste en localizar mundos situados en la denominada zona habitable de sus estrellas, donde las temperaturas podrían permitir la existencia de agua líquida bajo determinadas condiciones.
Los investigadores también buscan biomarcadores, señales químicas que podrían estar relacionadas con procesos biológicos.
No obstante, encontrar estas posibles huellas resulta complicado. La actividad magnética de las estrellas, sus manchas y sus erupciones producen alteraciones que pueden dificultar la interpretación de las observaciones.
Mayor también pide prudencia ante las expectativas de descubrir civilizaciones extraterrestres. Recuerda que el proyecto SETI, dedicado a buscar posibles señales tecnológicas procedentes del espacio, lleva décadas investigando sin haber confirmado ninguna señal de origen extraterrestre inteligente.
La ausencia de resultados no demuestra que estemos solos en el universo. Tampoco justifica dar por cierta la existencia de civilizaciones capaces de comunicarse con nosotros.
Gaia y PLATO podrían ampliar el catálogo de mundos conocidos
El científico ha adelantado que la misión Gaia, de la Agencia Espacial Europea (ESA), podría contribuir a anunciar alrededor de un millar de nuevos exoplanetas en diciembre de 2026.
Se trata de una previsión del propio Mayor, no de un descubrimiento confirmado. Gaia concluyó sus observaciones científicas en enero de 2025, pero sus datos siguen siendo analizados para elaborar un catálogo extraordinariamente preciso de estrellas y otros objetos de nuestra galaxia.
El Nobel también destaca el potencial de PLATO, una misión europea diseñada para buscar y estudiar planetas alrededor de otras estrellas, especialmente aquellos que puedan presentar características semejantes a las terrestres.
Estos programas permitirán conocer mejor la diversidad de mundos existentes. Sin embargo, detectar un planeta potencialmente habitable no implica que contenga vida ni que pueda recibir seres humanos.
El Nobel también cuestiona el negocio de los viajes espaciales
Las críticas de Michel Mayor alcanzan a los intereses empresariales que han adquirido protagonismo en la exploración del espacio.
El físico lamenta que parte de la actividad espacial esté pasando de la investigación impulsada por la curiosidad científica a proyectos condicionados por su rentabilidad comercial.
Entre sus preocupaciones figura la proliferación de satélites en órbita terrestre baja. Las grandes constelaciones comerciales pueden introducir interferencias en las observaciones astronómicas y complicar el trabajo de los telescopios, especialmente cuando su brillo o sus emisiones afectan a las mediciones.
Mayor teme que el aumento de estas infraestructuras termine perjudicando investigaciones fundamentales para comprender el universo.
Su posición no supone negar las aplicaciones útiles de los satélites ni los avances tecnológicos vinculados a la industria espacial. La advertencia se centra en el conflicto entre determinados intereses privados y la investigación científica.
La Tierra sigue siendo el único hogar que podemos garantizar
La reflexión de Michel Mayor termina en un lugar bastante menos exótico que Marte: nuestro propio planeta.
Frente a las promesas de establecer ciudades extraterrestres, el Nobel defiende que la humanidad debe concentrarse en proteger las condiciones que permiten la vida en la Tierra.
La investigación espacial continuará avanzando. Las sondas robóticas, los telescopios y las futuras misiones podrán descubrir nuevos planetas, analizar sus atmósferas e incluso encontrar indicios de vida. También es posible que la exploración humana de Marte registre progresos importantes.
Pero ninguna de esas perspectivas convierte automáticamente otro planeta en un sustituto viable de la Tierra.
El mensaje de Mayor distingue dos ambiciones que suelen confundirse: explorar el universo y pretender que la humanidad pueda abandonar su planeta cuando este deje de ofrecer condiciones favorables para vivir.
La primera constituye una tarea científica extraordinaria. La segunda, a juicio del Nobel, sigue estando fuera de nuestro alcance.
Y mientras la tecnología no demuestre lo contrario, la Tierra continúa siendo el único lugar donde sabemos que los seres humanos pueden vivir sin depender de un sistema artificial que mantenga cada minuto las condiciones necesarias para sobrevivir.
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