Historia
Agrigento saca a la luz un barrio arrasado por Cartago en 406 a. C.
El hallazgo en Agrigento revela un nuevo sector residencial de Akragas, sepultado tras el ataque cartaginés del 406 a. C. y ligado a canales de agua.
Resumen
- En Agrigento reaparece un barrio de la antigua Akragas destruido en 406 a. C
- Las excavaciones han sacado a la luz grandes muros y restos de edificios
- Canales y estructuras hidráulicas ayudan a reconstruir la ciudad griega
Un sector entero de la antigua Akragas, la poderosa ciudad griega que ocupaba la actual Agrigento, está reapareciendo bajo las capas de derrumbe que lo sepultaron hace más de dos milenios. Las excavaciones en el entorno de Case Montana y la Kolymbethra, dentro del Valle de los Templos, han sacado a la luz grandes muros y restos de edificios pertenecientes a un barrio del siglo V a. C. destruido durante el asedio cartaginés del 406 a. C.
El hallazgo tiene un valor especial porque no se trata de unas piedras aisladas, sino de una parte de la ciudad antigua prácticamente desconocida hasta ahora. Los arqueólogos han abierto dos áreas de excavación de unos 10 por 10 metros en la meseta de Case Montana y, bajo potentes estratos de derrumbe, han encontrado estructuras que conservan la huella física de uno de los episodios más violentos de la historia de Akragas. Una destrucción que las fuentes antiguas narraban y que el terreno, casi como una fotografía rota, empieza a mostrar con bastante más detalle.
Un barrio del siglo V a. C. oculto bajo los derrumbes
La tercera campaña arqueológica en esta zona de Agrigento está dirigida por Claudia Lambrugo, profesora de la Universidad de Milán, y por la arqueóloga Maria Concetta Parello, del Parque Arqueológico y Paisajístico del Valle de los Templos. Participa también el FAI, el Fondo Ambiente Italiano. La investigación forma parte de un proyecto de cinco años establecido mediante un acuerdo firmado en 2024 entre las instituciones implicadas.
La campaña de 2026, cuya finalización está prevista para el 24 de octubre, se ha concentrado en varios puntos del área situada entre Case Montana y la Kolymbethra. Lo más llamativo ha aparecido precisamente en la parte alta: paredes de grandes dimensiones y trazas de construcciones pertenecientes a un nuevo sector residencial de Akragas.
No es poca cosa. Durante décadas, la imagen popular de Agrigento ha estado inevitablemente dominada por sus templos. Son enormes, fotogénicos, casi insolentes frente al paso del tiempo. Pero una ciudad no vive solo de santuarios. Entre aquellos edificios monumentales había viviendas, calles, conducciones de agua, almacenes y espacios cotidianos. Es esa Akragas doméstica, la de las personas que cocinaban, trabajaban y dormían al pie de los templos, la que empieza a recuperar volumen.
Muros que conservan la señal de una catástrofe
Los investigadores relacionan la destrucción de estos edificios con el asedio cartaginés de 406 a. C., una atribución coherente con otros sectores excavados en Agrigento donde también han aparecido señales del ataque. En distintos puntos de la ciudad antigua se han documentado niveles de destrucción asociados a aquella devastación, una especie de cicatriz arqueológica extendida bajo la urbe.
La potencia de los derrumbes ha jugado, paradójicamente, a favor de los arqueólogos. Lo que aplastó y ocultó las construcciones terminó actuando como una gruesa tapa de piedra y tierra. Los restos quedaron sellados, protegidos en parte de las transformaciones posteriores que borraron otros sectores urbanos.
Esa circunstancia permite estudiar no solo dónde estaban los edificios, sino cómo se organizaba este extremo de la ciudad durante el siglo V a. C. Conforme avance la excavación podrán distinguirse accesos, habitaciones, fases constructivas y quizá materiales asociados a quienes habitaban el barrio antes de su abandono. El yacimiento todavía está hablando a media voz; conviene no hacerle decir más de lo que permiten las evidencias arqueológicas.
El 406 a. C., el año que quebró Akragas
Para entender el alcance del descubrimiento hay que regresar a una Sicilia donde griegos, cartagineses y comunidades locales competían por ciudades, rutas comerciales y territorios agrícolas. Akragas, fundada hacia el 580 a. C. por colonos procedentes de Gela, había crecido hasta convertirse en uno de los grandes centros del Mediterráneo griego occidental.
Su esplendor se aprecia todavía en el paisaje. Durante el siglo V a. C. se levantaron algunos de los grandes templos dóricos que han convertido el actual Valle de los Templos en uno de los conjuntos arqueológicos más reconocibles de Europa. La ciudad había conocido una etapa de especial prosperidad después de la victoria griega sobre Cartago en Himera, en 480 a. C.
Pero el equilibrio cambió. En 406 a. C., las fuerzas cartaginesas atacaron Akragas y sometieron la ciudad a un largo asedio. Los relatos antiguos describen finalmente el abandono de buena parte de la población y el saqueo de la urbe. La destrucción fue tan profunda que aquel año quedó convertido en una auténtica frontera arqueológica dentro de la historia de Agrigento.
El barrio descubierto en Case Montana tiene precisamente ese interés: ofrece una oportunidad de observar el episodio no únicamente desde las grandes narraciones militares, sino desde sus consecuencias materiales. Un muro caído cuenta poco por sí solo. Muchos muros y edificios derrumbados dentro de un mismo horizonte cronológico empiezan, en cambio, a reconstruir una catástrofe.
La ciudad no desapareció para siempre
Akragas volvería a levantarse. Décadas más tarde, durante la época de Timoleón, la ciudad conoció una nueva fase de desarrollo y reconstrucción. Siglos después pasaría al dominio romano y adoptaría el nombre de Agrigentum. La historia siguió acumulando pisos, literalmente, sobre las ruinas anteriores.
Eso explica parte de la dificultad de las excavaciones urbanas: una misma superficie puede contener ocupaciones griegas, helenísticas, romanas y posteriores. Identificar un sector bien conservado del siglo V a. C., asociado además a un acontecimiento histórico conocido, proporciona a los investigadores una referencia especialmente útil para ordenar el crecimiento de la ciudad.
La Kolymbethra también empieza a explicar sus secretos
La campaña no se limita al nuevo barrio. En el fondo de la Kolymbethra, un pequeño valle situado en pleno parque arqueológico, los trabajos han documentado nuevas estructuras relacionadas con la gestión del agua: conductos de evacuación y canales, algunos construidos y otros excavados directamente en la roca calcarenítica.
La Kolymbethra es uno de esos lugares donde arqueología y literatura antigua llevan tiempo mirándose de reojo. Diodoro Sículo describió en Akragas un gigantesco depósito artificial alimentado con agua y asociado a un paisaje de peces y aves. La tradición ha situado ese gran estanque en esta zona, aunque la identificación arqueológica definitiva todavía necesita pruebas.
Los nuevos canales resultan interesantes justamente por eso. Pueden ayudar a comprender cómo se recogía, conducía y evacuaba el agua en un terreno donde la ingeniería hidráulica debió de ser considerablemente más sofisticada de lo que deja adivinar el paisaje actual.
Un hipogeo con varias vidas bajo tierra
Los arqueólogos también continúan trabajando en el llamado Hipogeo Nuevo, localizado en diciembre de 2023 bajo la zona de Case Montana. Las investigaciones apuntan a que este espacio subterráneo tuvo distintas funciones a lo largo del tiempo: en una primera fase habría servido para captar agua del subsuelo y posteriormente pudo reutilizarse como refugio o espacio destinado a animales.
La importancia está en conectar piezas. Barrio, canales, depósitos y galerías subterráneas no son descubrimientos independientes cuando se estudia una ciudad antigua. Juntos permiten aproximarse a su infraestructura urbana: de dónde venía el agua, cómo se distribuía y qué relación existía entre las viviendas y el peculiar relieve de la Kolymbethra.
Otra Agrigento aparece detrás de los templos
El descubrimiento de Case Montana amplía una tendencia cada vez más clara en las investigaciones del Valle de los Templos. La arqueología está desplazando lentamente el foco desde los grandes monumentos hacia la ciudad que los rodeaba, menos espectacular a primera vista pero esencial para entender cómo funcionaba Akragas.
Otros trabajos recientes ya habían localizado viviendas y materiales vinculados al momento de la destrucción cartaginesa. En el sector residencial situado al norte de la colina, por ejemplo, las investigaciones se han centrado en casas que conservan rastros de la devastación de 406 a. C. y en objetos relacionados con la vida doméstica y las prácticas religiosas de sus habitantes.
El nuevo barrio añade otra pieza al plano. Y quizá sea esa su mayor fuerza: hace menos abstracta una ciudad que solemos imaginar mediante columnas. Akragas tenía barrios, sistemas hidráulicos, casas pegadas unas a otras y habitantes obligados un día a marcharse mientras una guerra entraba por sus calles.
No ha aparecido una Pompeya siciliana intacta ni una ciudad congelada milagrosamente en el tiempo. La arqueología rara vez concede esas escenas cinematográficas. Lo que ha surgido es más sobrio y, científicamente, quizá más valioso: un conjunto urbano desconocido cuya destrucción puede situarse en uno de los momentos mejor documentados de la historia antigua de Agrigento.
Una ciudad enterrada vuelve a recuperar sus calles
La campaña de Case Montana demuestra cuánto queda todavía bajo el suelo de un lugar recorrido cada año por multitudes. A pocos pasos de algunos de los templos griegos más famosos del Mediterráneo, un barrio perdido durante unos 2.400 años comienza a perfilarse de nuevo.
Los grandes muros y los edificios derrumbados permiten acercarse al final violento de la Akragas del siglo V a. C.; los canales y estructuras hidráulicas, en cambio, hablan de algo menos espectacular pero esencial: cómo aquella ciudad administraba el agua y adaptaba su vida cotidiana al terreno.
Agrigento ya tenía templos, crónicas de guerra y nombres ilustres como Empédocles. Lo que estas excavaciones están devolviendo es otra cosa: la textura de una ciudad real. Piedra a piedra, habitación a habitación, bajo el polvo de un asedio ocurrido en 406 a. C.
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